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Ritual democrático y sociedad de castas

Este 7 de noviembre los electores estadounidenses juzgarán la gestión republicana, al cabo de la votación de medio mandato, generalmente marcada por una importante abstención. Un eventual viraje de una o ambas cámaras en favor de la oposición democráta complicaría más aun el mandato de George W. Bush, que vence en enero de 2009, cuando la guerra de Irak resulta un pantano cada día más sangriento.  

Para los militantes republicanos, la hora actual es grave: "Todo lo que logramos en seis años puede perderse en un día. Los demócratas quieren aumentar los impuestos, reducir la eficacia de nuestra guerra contra el terrorismo y lanzar un procedimiento de impeachment  (contra el presidente)", les escribió Sam Brownback, senador por Kansas. En la segunda circunscripción de Indiana, llamados telefónicos provenientes de computadoras acosan a los electores potenciales. La orden fue dada por lobbies exteriores a ese Estado favorables a la reelección del parlamentario republicano.

A veces la solicitud pretende ser más personalizada. En un correo electrónico dirigido a uno de sus presuntos seguidores  -que en el caso en cuestión resultó ser un francés bastante alejado de sus ideas-  el presidente George W. Bush expresaba el 17 de octubre: "Estimado Serge: en 2004 usted participó en la organización de mi campaña victoriosa. Juntos hemos enviado al pueblo estadounidense un mensaje claro sobre la necesidad de preservar la seguridad de nuestra Nación, de mantener bajos los impuestos y de seguir creando empleos. Este año le pido nuevamente que me ayude (...) A falta de una mayoría republicana en el Congreso nuestros adversarios políticos harán todo lo posible para abrogar el Patriot Act, aumentar vuestros impuestos e impedirme designar jueces conservadores en los tribunales federales".

La estrategia de Rove

El tono militante de ese mensaje revela la apuesta de Karl Rove, encuestador y estratega de la Casa Blanca. Dado que la participación en una elección de medio mandato (midterm) es generalmente baja (39% en 2002), convencer a los indecisos sería menos importante que volver a amotinar a la propia base electoral. "En 2004 -precisó hace algunas semanas el director de la campaña republicana- 62 millones de estadounidenses votaron por el presidente Bush, un récord. En las midterms de 2002 fueron a votar 77 millones de estadounidenses. Por consiguiente, si logramos movilizar a todos los republicanos [de 2004] que no van espontáneamente a votar fuera de las elecciones presidenciales, demostraremos que los comentaristas se equivocaron y conservaremos la Cámara y el Senado".

La hipótesis es audaz. Las cosas van tan mal para la Casa Blanca que el periodista Bob Woodward -legendario oportunista en una profesión legendaria por su oportunismo- ataca a su vez a George W. Bush, al que había cubierto de elogios en sus dos libros anteriores. Entre el mortífero pantano de Irak, la seducción de un adolescente que trabajaba en el Capitolio por un parlamentario apasionado por los "valores morales", y la sensación creciente de que la vida se hace cada vez más dura, "movilizar" a los partidarios del Presidente no será tarea fácil.

Sin embargo, no escasean los medios para lograrlo, ni técnicos ni financieros. En cada una de las circunscripciones donde el resultado parece incierto, los candidatos pueden -cruzando una gran cantidad de datos sobre la edad, el tipo de vivienda, la preferencia religiosa, las costumbres de consumo más diversas- identificar el tipo de elector potencial a quien les interesa prioritariamente convencer. El procedimiento no es para nada nuevo: en 1995 el presidente William Clinton había dejado de lado el yate durante sus vacaciones de verano, pues su especialista en encuestas lo había convencido de que debía seducir ante todo a los estadounidenses aficionados a los paseos campestres, al camping y al golf...

Desde entonces el sistema se fue perfeccionando. El trabajo sobre "micro-objetivos" (microtarget) permite a los partidos que tienen los medios necesarios construir perfiles tipo de sus simpatizantes. Los republicanos establecieron cuarenta y dos tipos diferentes nada más que en el Estado de Michigan, sintetizando (en una operación onerosa, pero para eso sirve el dinero de los lobbies industriales) una masa de datos informatizados relativos por ejemplo a la suscripción a una revista, donaciones caritativas, inscripción en una escuela privada, posesión de una moto de nieve... Dado que esta última característica define en general a un partidario del presidente, basta con comunicarles a los adeptos de las motos de nieve -por correo postal o electrónico, pero también por medio de visitas a domicilio- que el "extremismo ecológico" del Partido Demócrata amenaza con impedir la construcción de nuevas pistas en las montañas. En cuanto a las religiosas, practicantes, blancas, que viven en zonas rurales, se les enviarán preferentemente mensajes que reactiven la hidra del matrimonio homosexual 1. Antes del 7 de noviembre los dos grandes partidos habrán gastado 500 millones de dólares. Sin contar las sumas invertidas por los propios candidatos. O sea que la cantidad de mensajes enviados será enorme.

Opuestos y semejantes

El trabajo sobre "micro-objetivos" no impide que se recurra a procedimientos menos refinados, en materia de lucha contra el terrorismo, por ejemplo. "Vote como si su vida dependiera de eso. Porque ése es el caso", vocifera una publicidad republicana. Al-Qaeda "va a atacarnos otra vez, debido al fracaso de las políticas de George Bush", responden los demócratas. La demagogia ambiente y el deseo de protegerse de ella explican que decenas de parlamentarios demócratas hayan validado los reiterados atentados a las libertades públicas orquestados desde la Casa Blanca, incluida la legalización de la tortura 2. El pasado 29 de septiembre, el Senado aprobó por unanimidad el presupuesto del Pentágono, de 448.000 millones de dólares (un alza de 40% respecto de 2001), que incluye 70.000 millones de créditos extra para la guerra en Irak y en Afganistán.

A pesar de que la guerra en Irak ocupa un lugar preferencial en la campaña, a veces es difícil diferenciar, en las cuestiones de fondo, las posiciones de los partidos que se enfrentan. La mayoría de los representantes republicanos hablan de "mantener el rumbo" hasta el día en que sea posible pasar el relevo a las autoridades iraquíes; la mayoría de los representantes demócratas afirman querer cambiar de rumbo, pero se niegan a establecer un calendario para la retirada de las tropas. En un análisis de las opciones que presentan los candidatos que, se afirma, serán los que habrán de enfrentarse en 2008, el director de la revista diplomática The National Interest concluyó: "Cuando se comparan las declaraciones de la senadora (demócrata) Hillary Clinton y las del senador (republicano) John McCain, se observa un enfoque casi idéntico de las cuestiones internacionales" 3. Y de la derecha suelen proceder las críticas más enérgicas al aventurerismo imperial del presidente Bush 4.

El contraste entre la vehemencia electoral, potenciada por los spots publicitarios y por internet, y la ausencia de una perspectiva de ruptura con las orientaciones fundamentales de la Casa Blanca, aparece también en materia de política interna. Fuera del aumento del salario mínimo federal, cuyo nivel (5,15 dólares la hora) permanece sin cambios desde 1997, y de algunos efectos visuales contra el dumping social practicado por la gigantesca firma de supermercados Wal-Mart, es difícil percibir en torno de qué "nuevo acuerdo" económico podría nuclearse una eventual mayoría parlamentaria demócrata y superar la obstrucción de un veto presidencial. También en ese punto, un hipotético cambio de rumbo deberá esperar  hasta noviembre de 2008.

A menos que la recesión se desate antes de lo previsto, dado que el estallido de la burbuja inmobiliaria funcionaría como un acelerador en un país donde la tasa de ahorro es negativa, donde aumentaron las tasas de interés, y donde millones de estadounidenses se endeudaron poniendo como garantía sus viviendas (actualmente sobrevaluadas). Sin embargo el panorama de conjunto no es uniformemente sombrío: el déficit comercial rozará los 800.000 millones de dólares a fin de año (¡cerca del 6% del PNB!), pero la inflación se mantiene baja (2,1%), la tasa oficial de desempleo estable (4,6%), el crecimiento bastante sostenido, y el déficit presupuestario (260.000 millones de dólares, o 2% del PNB) soportable para una nación en guerra. ¿Pero qué significan en realidad esas estadísticas, esos promedios, en un país donde las clases sociales se endurecen al punto de constituirse en castas?

Sin embargo, y esa es una de las paradojas de la situación, la ilusión de movilidad social, "de los harapos a la fortuna", nunca fue tan grande. En 1983, 57 % de estadounidenses pensaban que es posible "comenzar la vida pobre y terminarla rico". En 2006, la cifra subió al 80 %. Sin embargo, entre 1983 y 2006, la parte del ingreso nacional que quedó en poder del 1%  más rico prácticamente se duplicó,  pasando de 9 % a 16 % 5.

Considerado sobre un período más largo, el cuadro no mejora: los salarios representan actualmente la fracción más débil del producto nacional desde que se realiza esa estadística. De manera simétrica, los beneficios representan una parte nunca antes alcanzada en casi medio siglo. Por otra parte, es a su crecimiento que se atribuye la abundancia de ciertas recaudaciones fiscales (+ 27% en el impuesto a las empresas) y, en consecuencia, la buena situación relativa del déficit presupuestario.

La derecha estadounidense ve en ese último resultado el triunfo de una "política de la oferta" (supply side): la baja de la tasa de impuestos impulsada por el presidente Bush desde 2001 habría dado lugar a un alto nivel de recaudación fiscal. Eso significaría olvidar, por una parte, que la política de la oferta tenía como objetivo primordial aumentar el porcentaje de ahorro (que se volvió negativo por primera vez desde 1933), y por otra parte que el aumento de recaudación obtenido por el Tesoro fue, como lo admite The Wall Street Journal, "ampliamente alimentado por los ricos, que gozaron de salarios más altos, de bonificaciones y de ganancias bursátiles" 6. En el fondo, el "milagro" se puede resumir en pocas palabras: los ricos pagaron un poco más de impuestos, porque ganaron mucho más dinero.

El que gana se lleva todo

El acaparamiento siempre creciente del producto del crecimiento por parte de los ricos caracteriza actualmente a la sociedad estadounidense. Un estudio de la Northwestern University, dirigido por Ian Dew-Becker y Robert Gordon, aportó datos impresionantes, a pesar de que el trabajo no tomó en cuenta las ganancias del capital. Entre 1966 y 2001, el salario mediano (el nivel por encima del cual se halla la mitad de los trabajadores) progresó apenas el 11% en valor real. Pero para el 10% de los asalariados mejor remunerados, el aumento fue del 58%. Y de 121% para el 1% de los asalariados de esa categoría, de 256% para el 1 por 1.000 más favorecido, y de 617% para el 1 por 10.000 situado en la cima de la pirámide 7. Basta de compartir, ahora "el que gana se lleva todo" 8.

No siempre fue así: "En el pasado, la productividad era como una ola que levantaba a casi todos los barcos. Durante los veinte años de constante crecimiento de la productividad que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, los ingresos medianos aumentaron al mismo ritmo que los ingresos más altos" recuerda Clive Crook 9. Entre 1996 y 2001, en cambio, según el estudio de la Northwestern University antes mencionado, el 1% de los más ricos se apoderó de una fracción de las ganancias de productividad más importante que el 50% de los más pobres. Se entiende que a la mayoría de los electores estadounidenses les resulte tan fácil contener su alegría cuando se les anuncian los buenos índices del crecimiento...

Los años de los mandatos de Bush acentuaron una tendencia ya visible durante la presidencia Clinton, cuando la liberalización comercial, las deslocalizaciones, la inmigración y el debilitamiento de los sindicatos influyeron sobre el salario de los trabajadores menos calificados. En la actualidad el sistema estadounidense favorece de tal manera a las fortunas, que ciertos "remedios" ya no funcionan. Así, en 1993, con la intención de poner en evidencia a los consejos de administración que se mostraban demasiado generosos con sus directivos, las autoridades federales obligaron a las empresas cotizadas en Bolsa a hacer públicos los sueldos y otros beneficios voluptuosos de los empresarios. En 1984, el Congreso ya había eliminado ciertos beneficios fiscales en los casos en que el salario y la "protección social" (indemnización en caso de alejamiento, por ejemplo) del gerente general de una firma superaran el millón de dólares.

¿Pero cuáles fueron los resultados? El sueldo de los directores de empresas importantes alcanzó 10,5 millones de dólares en 2005, es decir, 369 veces la remuneración promedio de sus asalariados (contra 131 veces en 1993, y 36 veces en 1976). Paradójicamente, la divulgación de las remuneraciones llevó a los directivos peor pagos a reclamar tanto como los más satisfechos. En cuanto al límite de un millón de dólares a partir del cual el impuesto debía aplicarse, fue directamente tomado como "el salario mínimo para un gerente general". Sin embargo, la contrapartida de la eficacia capitalista no siempre se manifiesta: a fin del año pasado, el máximo responsable de Pfizer había acumulado 83 millones de dólares bajo la forma de diversas jubilaciones, mientras que bajo su dirección las  acciones de la firma habían perdido un 37% de su valor 10.

La mitad de los estadounidenses posee, en conjunto, apenas el 2,5% de la fortuna del país; el 10% de los más ricos ostenta el 70% 11. Entre estos últimos figuran numerosos parlamentarios que a menudo fueron elegidos para representar a su partido por su capacidad para financiar una campaña. Es decir, que lo político y la panoplia "democrática" que se exhibe cada dos años no corrigen en nada, sino al contrario, los veredictos del "mercado". Tampoco el "contrapoder" mediático; y por las mismas razones.

El próximo Congreso confirmará así, pase lo que pase, un perfil social singularmente poco representativo del país: 40 senadores sobre 100 son millonarios en dólares y 123 de los 435 representantes ganan esa suma en apenas un año. Por otra parte, esos parlamentarios abandonan generalmente el Capitolio más ricos que cuando llegaron. Un estudio demostró que nadie, ni siquiera los profesionales de Wall Street, evidencia tanta inteligencia como ellos para hacer fructificar una inversión 12. La coincidencia vale también para los adversarios del presidente Bush. Por otra parte, prudentes pero tranquilos, Boeing, Wal-Mart y General Electric acaban de reequilibrar sus "inversiones" políticas a favor de los demócratas. 

  1. Véase por ejemplo Dan Gilgoff, "Everyone is a Special Interest: In their hunt for voters, microtargeters study how you live and what you like", U.S. News and World Reports, Nueva York, 25-9-06; y Caroline Daniel, "Party arsenals feature duelling databases", Financial Times, Londres, 13-10-06.
  2. Doce senadores y treinta y nueve representantes demócratas votaron a favor de esa ley, firmada el 17 de octubre por el presidente Bush, que legaliza las arbitrariedades en materia de detención y de interrogatorios a personas sospechadas de terrorismo.
  3. Nikolas K. Gvosdev, "In foreign policy, don't hold your breath", International Herald Tribune, 18-10-06.
  4. Véase Jeremy Brecher y Brendan Smith, "Bush: ¿un conservador o un idiota?", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2006.
  5. Harper's, Nueva York, septiembre de 2006.
  6. Deborah Solomon, "Budget Deficit Shrinks On Strong Tax Receipts", The Wall Street Journal, 12-10-06.
  7. Datos citados en Clive Crook, "The Height of Inequality", The Atlantic Monthly, Nueva York, septiembre de 2006.
  8. Para retomar el título de un libro profético de Robert Frank y Philip Cook publicado en 1995, The Winner Take-All Solution, The Free Press, Nueva York.
  9. Clive Crook, op. cit.
  10. Sobre los datos precedentes, véase Joann S. Lublin y Scott Thurm, "Money Rules: Behind Soaring Executive Pay, Decades of Failed Restraints. Instead of Damping Rewards, Disclosure, Taxes, Options Helped Push Them Higher. Return of Golden Parachutes", The Wall Street Journal, 12-10-06.
  11. David Wessel, "U.S. rich are still getting richer, but not as fast as you'd think", The Wall Street Journal, 2-3-06.
  12. William K. Tabb, "The Power of the Rich", Monthly Review, julio-agosto de 2006.
Autor/es Serge Halimi
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 89 - Noviembre 2006
Páginas:14,15
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Política
Países Estados Unidos