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Profunda ruptura de las lealtades

Durante los años ’90 la realidad del sindicalismo mutó considerablemente. El giro neoliberal de Carlos Menem y el colapso del modelo nacional-desarrollista provocaron importantes cambios en un campo tradicionalmente peronista, un fenómeno ya ocurrido y duramente reprimido en los ‘70 (Camarero, pág. 8). Ahora las circunstancias son otras: el impacto de la flexibilización salvaje de los ‘90, la amenaza disciplinadora del desempleo, etc., lo que augura una suerte de “neovandorismo” y nuevos actores de izquierda.

La expansión de nuevas formas de contratación precarias e inestables, la tercerización de servicios, el cuestionamiento de las formas de negociación colectiva y su reemplazo por los acuerdos individuales y por empresa, los aumentos por productividad, en fin, los cambios implicados por la imposición de nuevas formas de gestión y organización del trabajo, repercutieron profundamente en las formas de representación sindical. Este proceso fue acompañado por el decrecimiento de la conflictividad laboral, sobre todo en el sector de los trabajadores industriales, quienes sufrieron directamente el impacto de la flexibilización y, a partir de 1994, la amenaza disciplinadora del desempleo.

En consecuencia, el conflicto sindical tendió a concentrarse en el sector público, donde se sostuvieron niveles de conflictividad similares a los años '80, con un notorio incremento de las acciones de carácter defensivo en los sectores de salud y educación. Por último, a diferencia de épocas anteriores, la década del '90 marcó la hegemonía de las estructuras partidarias por sobre las estructuras sindicales, confirmando -una vez más- que la clave de bóveda del modelo sindical peronista se asienta en la subordinación de los actores sociales al líder político.

En este contexto de desestructuración del escenario laboral y de profunda ruptura de las lealtades se produjo una reorientación del actor sindical, que daría cuenta de la reducción drástica del espacio tradicional de acción, de la pérdida de espesor ideológico y, al mismo tiempo, de la consiguiente búsqueda de nuevos espacios de intervención. En este proceso de reconfiguración de estrategias y de fines, la posición que los sindicatos asumieron respecto al Partido Justicialista, resultaría central.

Retomando a Albert Hirschman 1 es posible leer los realineamientos sindicales producidos en los '90 a través de tres figuras fundamentales: la lealtad, la voz y la salida. Así, en primer lugar, se fue erigiendo un poderoso bloque representado por los voceros de la "lealtad", encarnado por la CGT, el que optaría por la adaptación pragmática a los nuevos tiempos. En segundo lugar, se constituyó el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), un ala disidente de la CGT oficial, encabezado por el sindicato de los Camioneros y la Unión Tranviarios Automotor (UTA). Allí se ubicarían los que, cada tanto, hacían escuchar su "voz" y pugnaban por revivir el modelo sindical asociado a una política sustitutiva de importaciones y a un Estado proteccionista. Por último, están aquellos que eligieron la "salida" y apuntaron a la construcción de una central alternativa, la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), que aglutinaría básicamente a los sectores estatales, sobre todo los docentes estatales (CTERA) y la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).

El sindicalismo empresarial

Comencemos con los sindicatos de la CGT, los llamados "gordos". A cambio del apoyo al gobierno y sus políticas neoliberales, la CGT obtuvo la confirmación de una buena parte de sus prerrogativas corporativas, a saber: la afirmación del monopolio de la representación sindical, basada en la personería gremial; el control de los fondos de obras sociales; la participación en las listas partidarias del Partido Justicialista (PJ) 2. Por otro lado, varios sindicatos de la CGT intervinieron en el campo empresarial, a través de las privatizaciones de las empresas públicas, la reforma previsional y las reformas de seguro de los accidentes de trabajo. Entre los beneficiados por estas reformas estuvieron el Sindicato Unido de Petroleros del Estado (SUPE), la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza (FATLyF) y la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECyS).

En suma, si la tendencia a la burocratización era ya una dimensión fuerte de la acción sindical, en los '90 desembocó en la cristalización de las estructuras burocráticas, con un control férreo de las dirigencias sobre las comisiones de delegados, tanto a través del disciplinamiento, vía acción patoteril, como de la cooptación, a través del ofrecimiento de cargos y nuevos servicios. Esta modalidad de sindicalismo empresarial, en la cual "el afiliado aparece mucho más como un cliente que como un representado a la hora de discutir un salario y las condiciones de trabajo" 3, tendría cierta pregnancia de la mano de un discurso modernizador y binario, que enfatizaba la necesidad de los cambios en las formas de organización laboral: polivalencia, trabajo en equipo y colaboración con la empresa.

La voz de los camioneros

Para los partidarios de la "voz", también fueron años de reorientación de la acción sindical, así como de silenciosa acumulación de poder. Así, durante el gobierno de Menem, el MTA expresaría su rechazo al modelo neoliberal, pero nunca rompería lazos con la CGT ni con el gobierno peronista. Sin embargo, sería capaz de desarrollar una estrategia de presión, como demuestra su participación en las movilizaciones y medidas contestatarias, protagonizadas por la CTA y la Corriente Clasista y Combativa (CCC). La fractura con la CGT recién sobrevendría en el 2000, bajo un gobierno no peronista, momento en el cual el MTA pasaría a conocerse como la CTG "rebelde" o "disidente". Cabe agregar que dicha ruptura (la "salida") se dio también en el marco de la reforma laboral impulsada por la Alianza en el gobierno, que implicaba una profundización de la precarización laboral.

Por otro lado, varios factores contribuyeron a la expansión del sector liderado por Hugo Moyano, entre ellos, el fuerte crecimiento que experimentaron los servicios, en el marco de la crisis y desmantelamiento del modelo industrial. Otro factor relevante fue la cuasi desaparición del sector ferroviario, luego de la privatización y cierre de una gran cantidad de ramales. Por último, durante la segunda mitad de los '90, los sindicatos de transportes se vieron beneficiados por el desarrollo del comercio regional, lo cual desembocó en 1997 en el surgimiento de la Confederación de Camioneros del Mercosur, encabezada por el propio Moyano. Cierto es que, a nivel del Mercosur, la creación de un nucleamiento sindical regional terminó en un rotundo fracaso 4.

Sin embargo, a nivel nacional dicho ensayo abrió un nuevo espacio de oportunidades políticas a los camioneros, que reclamaban un posicionamiento diferente del Estado argentino, en pos de la defensa del trabajo nacional. Así, entre fines de 1996 y comienzos de 1997, los camioneros argentinos realizaron diferentes bloqueos en las fronteras con Brasil, Paraguay y Chile, en contra de la "competencia desleal" y de las "empresas extranjeras de transporte". Dichos reclamos, que mostraron una importante capacidad de presión, hicieron que el sector fuera ganando voz ante el gobierno nacional. Finalmente, los esfuerzos dieron sus frutos luego de la devaluación, cuando los sindicatos de transporte, junto con los empresarios del sector, comenzaron a percibir subsidios de la Secretaría de Transporte de la Nación 5.

Durante los '90 el MTA no fue el actor central de las protestas (como sí lo fueron las organizaciones de desocupados, la CTA y la CCC), ni tampoco el sector más innovador. Sin embargo, los hechos lo irían mostrando como el verdadero heredero de la tradición vandorista, capaz de alternar con habilidad la confrontación con la negociación. Para el caso de los camioneros, el corolario de esta estrategia sería el afianzamiento de una suerte de "orgullo sindical", un sentimiento de identificación positiva, asociado a las ventajas salariales del sector, reconocido por gran parte de las clases trabajadoras precarizadas 6.

Así, más allá del prejuicio antisindical tan arraigado en las clases medias, e independientemente del carácter patoteril de sus acciones, Moyano se iría ganando una fama de "batallador", hecho confirmado por el conflicto que protagonizaría con el sindicato de comercio, entre 2003 y 2005, por el reencuadramiento de los trabajadores que realizan la actividad de carga y descarga de grandes hipermercados.

Para comprender el alcance de este diagnóstico, vale la pena referirse nuevamente a la CTA, cuya acción apuntaría a la construcción de una central pluralista, independiente de los partidos políticos. La estrategia más innovadora de la CTA consistió en la ampliación de las formas de representación a partir del armado de multisectoriales y de la inclusión de otras zonas de la clase trabajadora golpeadas por el modelo económico, como los desocupados. Fue sin duda la expansión de la plataforma discursiva y representativa lo que otorgó una gran visibilidad a la CTA, pese a la ausencia de trabajadores industriales entre sus filas.

Esta estrategia, que encontró su culminación en el Frenapo (Frente Nacional contra la Pobreza), mostraría sus limitaciones hacia fines de 2001, con la entrada a un período de gran efervescencia social y política. Frente a este nuevo escenario, la CTA quedó virtualmente paralizada, con grandes dificultades para redefinir su modalidad de intervención político-institucional, mientras sus premisas eran retomadas y distorsionadas por el gobierno provisional de Eduardo Duhalde, encargado de implementar un programa social masivo para los desocupados. En diciembre de 2002, todavía atrapada por la parálisis política y con la vista puesta en la entonces exitosa experiencia brasileña, la CTA lanzaría un llamado a la creación de un movimiento político-social. Sin embargo, este llamado se traduciría meses después en una suerte de diáspora política, visible en la candidatura de conocidos referentes de la CTA en diferentes partidos políticos...

El nuevo liderazgo

Como era de esperar, la consolidación del liderazgo de Néstor Kirchner contribuyó al realineamiento del espacio sindical peronista, a partir de la reunificación de la CGT, en 2004. Por otro lado, en el marco de crecimiento de la economía, los conflictos sindicales volvieron a la orden del día. El gobierno buscó correr el eje del conflicto hacia la matriz sindical, a fin de despojar de protagonismo a las organizaciones piqueteras. Aunque la mayoría de los conflictos sindicales han sido en demanda de una recomposición salarial, no son pocos los que apuntan contra las consecuencias de la precariedad, buscando reducir las disparidades salariales entre los trabajadores de un mismo sector, fomentadas por el tercerismo y la política de flexibilidad salarial impuesta en los '90.

Los conflictos más resonantes fueron liderados por comisiones internas, en ciertos casos por fuera de la dirigencia de los sindicatos o de las centrales reconocidas, entre los cuales se destacan los que se produjeron en el sector telefónico (empresas de call-center), transporte (subterráneos) y salud pública (hospitales). Ello condujo a que, en diciembre de 2005, se conformara un nuevo espacio de coordinación sindical, el Movimiento Intersindical Clasista, el cual reúne aquella izquierda basista con una clara afinidad con las organizaciones piqueteras independientes.

Por el momento, los nuevos tiempos confirman el liderazgo de Moyano, cuyo protagonismo creció al compás del auge de los servicios, muchos de ellos afectados por la precarización. Pese a que Moyano fue cuestionado recientemente a raíz de los graves enfrentamientos intrasindicales (Brienza, pág. 4), el propio Kirchner apoyó su continuidad. En este sentido, a diferencia de los "gordos" la gran ventaja del sector que representa Moyano es que puede combinar las actividades empresariales con la capacidad de presión, de modo tal de interpelar a un conjunto de sectores precarios ligados a los nuevos servicios y proclives a la movilización autónoma.

Por otro lado, el liderazgo de Kirchner y el cambio de clima ideológico en varios países latinoamericanos volvió a recordar el origen de muchos dirigentes de la CTA, procedentes de la tradición nacional-popular. La CTA, que hoy pelea por obtener la personería jurídica que le fuera negada nuevamente por el gobierno actual en 2005, atraviesa un período de gran ambigüedad, acosada por las diferencias internas. Varios dirigentes simpatizan con la política oficial, entre ellos el nuevo secretario general, Hugo Yasky, procedente del gremio docente.

En suma, de seguir así, todo parece indicar que en el nuevo escenario, marcado por el retorno de la tradición nacional-popular, la acción neovandorista ilustrada hoy por los sindicatos de servicios (pero que puede extenderse a otros sindicatos peronistas) confirmará su hegemonía, alternando el protagonismo con las nuevas expresiones de acción sindical, ligadas a la izquierda de base asamblearia.

  1. Albert Hirschman, Salida, Voz, Lealtad, Buenos Aires, FCE, 1992.
  2. Héctor Palomino, "Los cambios en el mundo del
    trabajo y los dilemas sindicales -1975-2003", Nueva Historia Argentina, dir. Juan Suriano, Sudamericana, Buenos Aires, 2005.
  3. Daniel Campione y Beatriz Rajland, "Piqueteros y
    trabajadores ocupados en la Argentina de 2001 en adelante", en www.bibliotecavirtual.clacso.org.ar
  4. M. Badaró, "El movimiento sindical regional: los camioneros y los judiciales", en E. Jelin, Más allá de la nación: las escalas múltiples de los movimientos sociales, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2005. Badaró subraya el fracaso en la estrategia por desarrollar una acción sindical a escala regional.
  5. Entre 2001 y 2004 los distintos gobiernos destinaron 1.600 millones de pesos, extraídos del "Fondo fiduciario  de gasoil", a los sindicatos y empresarios del
    sector del transporte. En junio de 2006, la Auditoría General de la Nación reclamó una rendición de cuentas de esos fondos, sobre cuyo destino no existe ninguna información.
  6. Daniel Campione y Beatriz Rajland sostienen en el texto citado que "Moyano construyó unas prácticas movilizadoras y una mística gremial con cierto paralelo con las de la UOM y otros grandes sindicatos de la década del '70".
Autor/es Maristella Svampa
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 91 - Enero 2007
Páginas:6,7
Temas Ciencias Políticas, Neoliberalismo, Nueva Economía
Países Argentina