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El sueño de una “segunda independencia”

Se termina en África un período de transición. Comenzó con la democratización posterior al término de la Guerra Fría en 1989 y se cerró con el fracaso, con trasfondo de desastre social, de los planes de ajuste estructural y su reemplazo por nuevos programas al inicio de 2000. Las consecuencias y el sentido de este giro histórico surgen lentamente y comienza un nuevo juego en el continente.

Si bien los cambios que se producen en África, muchas veces dramáticamente (movimientos sociales, golpes de Estado, guerras, enfermedades, pobreza, etc.), dan la impresión de un gran caos, las cosas no son menos comprensibles allí que en otras partes. Con frecuencia son las simplificaciones mediáticas y los prejuicios despreciativos los que crean la "insoluble complejidad" del continente 1.

Durante la década bisagra de 1989-1999, fueron cuestionados la mayoría de los modelos políticos y económicos que estructuraban el continente. El final del enfrentamiento Este-Oeste puso fin a los conflictos atizados desde el exterior, como en Angola o Mozambique; los regímenes cripto-comunistas desaparecieron o se convirtieron a la economía de mercado (Benín y Etiopía, por ejemplo); la eliminación del apartheid en Sudáfrica selló el final simbólico de los regímenes coloniales; el multipartidismo se expandió desde la República Democrática del Congo (RDC) a Cabo Verde, pasando por Kenia o la República Centroafricana...

Estos cambios se pueden considerar de dos maneras. Cara: las tensiones de todo tipo que estos cambios ocasionan inevitablemente y de las cuales el continente da ejemplos todos los días. Cruz: el espacio político y social, el margen de maniobra que, por definición, abre el cuestionamiento de cualquier statu quo. Es decir que cada drama o peligro tiene como reverso una esperanza o la posibilidad de un cambio positivo. Esto también ocurre con los golpes de Estado, que a veces sirven para conducir hacia la democracia, como en Mali en 1991, cuando los militares derrocaron al dictador Moussa Traoré antes de poner a los civiles en el poder. Los golpistas mauritanos de 2005 afirman tener la misma intención.

Daños estructurales

Tres líneas de fractura permiten observar estas ambivalencias. Por un lado, las terapias neoliberales y su fracaso hicieron estallar, en la mayoría de los países, el contrato social proveniente de las independencias (el África al sur del Sahara es la única parte del mundo en desarrollo donde la esperanza de vida al nacer cayó al mismo nivel que tenía a comienzos de los años 1970 y sigue siendo inferior a 50 años). Este acontecimiento desestabilizador constituye un poderoso motor de conflictos sociales o tensiones armadas. Al mismo tiempo, provoca un debate, todavía incipiente, sobre la necesaria redefinición de las políticas económicas. Por otro lado, la democratización amplió el espacio político, pero de manera incompleta. En particular, la tutela de las instituciones financieras internacionales (IFI) plantea dudas sobre la legitimidad de las autoridades públicas. Finalmente, la emergencia de nuevas potencias africanas o extranjeras rediseña la geopolítica del continente, dejando entrever la posibilidad de una nueva distribución del juego.

El fracaso de los planes de ajuste estructural es actualmente reconocido por la mayoría 2. Incluso cuando los Estados africanos logran alcanzar tasas de crecimiento relativamente elevadas -5% en promedio en 2005, con picos en los países petroleros como Chad (7,7%) o Guinea Ecuatorial (9,3%)-, la pobreza no se reduce. Los economistas neoliberales, obligados a constatar sus escasos resultados en el terreno, comienzan a preguntarse sobre los determinantes de este crecimiento -y sobre su contenido-, como lo observa un documento de trabajo del Fondo Monetario Internacional (FMI) significativamente titulado "Dolores y crecimiento": "Algunos estudios trataron recientemente de determinar lo que caracteriza un crecimiento favorable para los pobres, noción para la cual no existe una definición única. (...) En África, el papel de las desigualdades merece ser examinado, dada la profunda modificación en la distribución de los ingresos desde 1980 (...). Se sabe que la evolución de las desigualdades puede contribuir a reducir la pobreza, así como puede anular una parte del retroceso de la pobreza acarreada por el crecimiento" 3.

Ante la amplitud de los estragos, el Banco Mundial y el FMI decidieron apadrinar nuevos programas económicos, con objetivos centrados en torno a la lucha contra la pobreza y la corrupción, el desarrollo de los recursos humanos y de las infraestructuras. Los Documentos Estratégicos para la Reducción de la Pobreza (DERP) 4 deben, especialmente, hacer posible alcanzar los Objetivos del Milenio (ODM) fijados por Naciones Unidas 5.

Con los Acuerdos de Asociación Económica (AAE), implementados en el marco del Acuerdo de Cotonou (Benín) en 2000, la Unión Europea se puso en armonía con ese nuevo consenso. Lo mismo ocurre con la Nueva Alianza Económica para el Desarrollo de África (Nepad) 6. Para financiar el desarrollo, también se anunciaron reducciones o anulaciones de la deuda, especialmente por parte del G8, como la iniciativa Países Pobres Muy Endeudados (PPME) 7. Diferentes organismos multilaterales lanzaron llamados para aumentar la ayuda internacional 8.

Sin embargo, estas iniciativas, presentadas como aprovechando las enseñanzas de las políticas pasadas, siguen siendo prisioneras de los "a priori" ideológicos neoliberales, y se cuidan de abordar el "debate prohibido" 9 sobre políticas macroeconómicas alternativas. El informe "Nuestro interés común", redactado a iniciativa de Anthony Blair en 2005, es típico de esos callejones sin salida 10. Así, las reducciones de deuda están siempre condicionadas a los medicamentos que matan (liberalización -privatizaciones, encorsetamiento del poder público y librecomercio- y apertura de los mercados a la competencia mundial). La Conferencia de  Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) sugiere, en vano, cambios más claros de estrategia, especialmente el cuestionamiento de las reglas del comercio mundial 11.

Pero algunos politólogos y observadores acuden en ayuda de los economistas dominantes: no es que sus prescripciones sean malas -dicen-, son los africanos los que no comprenden nada. Se destaca el periodista francés Stephen Smith, que se ha convertido en el campeón de una crítica violenta y degradante de las "mentalidades", que serían el verdadero obstáculo para el desarrollo 12. Cualquiera sea la erudición de sus autores, estas críticas comportan un "vicio de construcción": sólo son válidas si se considera a la economía liberal como la única posible. En resumen, los africanos se niegan a morir curados. Sin duda, una falta de imaginación de su parte... Pero, con su desgracia, el Continente Negro se ha convertido en el símbolo de la violencia de la economía mundializada y, por solidaridad, el Foro Social Mundial se realizará en Nairobi (Kenia) en enero de 2007.

Por el momento, son considerables los daños estructurales ocasionados a las sociedades africanas, donde se pusieron en movimiento tres motores de desestabilización social y política. En primer lugar, la inserción acompasada en los mercados internacionales fragilizó al sector agrícola (dos tercios de la población al sur del Sahara es rural), especialmente por el juego de una competencia desleal, que favorece la pauperización y el éxodo hacia las ciudades. En segundo lugar, las clases medias resultaron debilitadas. A partir de los años 1980, las sociedades africanas se polarizaron fuertemente entre los muy pobres y los muy ricos: el 20% de la población más rica tiene ingresos diez veces superiores al 20% ubicado en la parte más baja de la escala 13. Ahora bien, el desarrollo de un país se apoya en gran parte en el dinamismo de las clases medias, cuyo desarrollo se supone que ofrece perspectivas a las capas más desfavorecidas. "Durante la fase actual de expansión del capital, con sus nuevas formas de acumulación -observa el politólogo ghanés Kwame A. Ninsin-, mucha gente (incluso la clase media) se vio privada de recursos para la existencia, resultó empobrecida, maltratada y destruida por las fuerzas del mercado" 14.

Finalmente, la ideología liberal demolió los Estados predicando disciplina presupuestaria, liberalización financiera, apertura de los mercados y privatizaciones. Esta situación constituye en primer lugar un handicap para el desarrollo: la UNCTAD ha mostrado que el impulso público (financiamiento de infraestructura, instauración de un marco legislativo favorable para los negocios, etc.) es indispensable para la llegada de las inversiones y de los empresarios privados 15. Por otra parte, en estos últimos años África se ha beneficiado muy poco con el boom de las inversiones extranjeras directas 16.

Democratización y tensiones

Pero el debilitamiento del poder público contribuye también a la dislocación de las sociedades. Por un lado, el Estado se encuentra privado de recursos para redistribuir los ingresos, como lo ilustra el debate sobre la ausencia de protección social o la degradación de la enseñanza que tuvo lugar en Ruanda, República Democrática de Congo, Costa de Marfil, etc. La pauperización favorece el malestar en los ejércitos, mal mantenidos, creando contextos favorables a los golpes de Estado (los últimos ocurrieron en 2003 en Guinea Bissau, en 2005 en Mauritania, etc.). A los funcionarios se les paga con meses e incluso años de atraso. Así, el primer gesto del general golpista François Bozizé en 2003, en República Centroafricana, fue anunciar el pago a los funcionarios.

Por otro lado, no existe una autoridad verdaderamente legítima capaz de fijar un rumbo para la sociedad. El poder público ya no está en condiciones de definir el interés general, por lo que se desarrollan discursos sustitutivos, especialmente étnicos. Se defiende la autenticidad de la "congolidad" en la República Democrática de Congo; se menciona la "togolidad" o la "marfilidad"... Estos discursos simplificadores no dejan de recordar la expresión "Francia para los franceses", tan apreciada por Jean-Marie Le Pen. "Cuando vino la crisis, trayendo consigo la repentina destrucción del crecimiento de los excedentes, que había permitido el financiamiento de políticas transétnicas por el nuevo Estado -explica el economista egipcio Samir Amin-, la propia clase dirigente se dividió en fracciones que, al perder toda la legitimidad basada en los resultados del desarrollo, se esfuerzan por crear por sí mismas nuevas bases, que con frecuencia son sinónimos de repliegue étnico" 17. La idea misma de bien público, que defendían las elites de la independencia, debe ser reconstruida teniendo como motor una nueva definición del contrato social.

La situación en Costa de Marfil, típica de las crisis posteriores al ajuste estructural, constituye un buen ejemplo de esos desafíos. El conflicto que allí se desarrolla desde septiembre de 2002 encuentra sus raíces en la sucesión catastrófica de Félix Houphouet-Boigny. Ese líder histórico había instaurado un sistema paternalista basado en la renta de la economía del cacao y en el apoyo displicente de París. Las cosas se complicaron con la privatización de la cadena del cacao, la caída de su rentabilidad y la del nivel de vida de la población. Creció la cólera en la juventud urbana pauperizada, de la cual Gbagbo fue su campeón, mientras que la población rural, en otros tiempos mimada por Houphouet-Boigny, trata de asegurar su futuro volviendo a tomar posesión de las tierras que habían sido generosamente distribuidas, en los tiempos del "milagro marfileño", a los extranjeros que vinieron a explotarlas. Por eso el discurso nacionalista sobre la "marfilidad" y la división del país, porque cada uno encuentra que el otro se enriquece en detrimento suyo: urbanos contra rurales, extranjeros contra marfileños, jóvenes contra viejos, etc.

Las tensiones son muy fuertes en África porque la democratización permite expresarlas, a veces con éxito. Los electores se movilizan en todas partes: la fuerte participación (70%) en las elecciones generales de julio de 2006 en República Democrática de Congo es emblemática de este movimiento. Surgen nuevos actores, como las asociaciones -de mujeres, de artesanos, de pequeños empresarios, etc.- o sindicatos, que se imponen en el debate público. Así, luego de manifestaciones populares masivas, en octubre de 2006 se instaló en Togo un gobierno "plural", bajo la presidencia de Faure Gnassingbé, hijo del fallecido dictador Gnassingbé Eyadema.

En Madagascar, en 2002 la movilización de los habitantes precipitó la salida de Didier Ratsiraka. En República Democrática de Congo, se organizaron en 2003-2004 operaciones del tipo "ciudades muertas" (ciudades completamente paralizadas) para protestar contra la lentitud del proceso de transición. Estallaron conflictos sociales, como las huelgas generales contra el fuerte costo de vida en Guinea, en la primavera boreal de 2006; el movimiento contra la privatización del ferrocarril en Mali; las luchas contra los cortes de electricidad en las villas miseria de Sudáfrica, etc. Los foros sociales, que cuestionan la tutela del FMI y del Banco Mundial, se realizan regularmente en todo el continente 18. Los artistas (cantantes, raperos, pintores callejeros o dibujantes de diarios, creadores de videos y cineastas), muy populares, propagan la protesta.

Los movimientos religiosos, que ocupan el lugar dejado por el poder público, desempeñan un papel cada vez más importante, especialmente en el ámbito social. Así ocurre con las asociaciones musulmanas, pero también con las iglesias evangélicas venidas de Estados Unidos. El presidente Gbagbo se afilió a una de ellas. Desarrollan discursos milenaristas y proféticos 19, pero también intervienen como mediadores en algunos conflictos, como en República Democrática de Congo. El islam africano, tradicionalmente tolerante, sufre las consecuencias de los acontecimientos en Medio Oriente y de las aporías de la guerra estadounidense contra el terrorismo. Una cierta radicalización va apareciendo en todas partes, cuyos ejemplos saltan a la vista en Nigeria, Sudán o Somalia, aunque con frecuencia se ven deformados por los medios de comunicación.

Pero la irrupción de los jóvenes en la escena social es lo que más presiona a las democracias africanas (40% a 49% de la población, según los países, tiene menos de 15 años al sur del Sahara) 20. Fuertemente afectados por la degradación de una educación que carece de recursos, y también por las grandes pandemias como el sida 21, oscilan entre manifestaciones de cólera, especialmente en los ámbitos urbanos -como lo muestra la agitación permanente que reina en Abiyán y la juventud de los líderes rebeldes del norte del país-, y derivas en bandas más o menos mafiosas, como lo ilustran los sabotajes criminales en las zonas petroleras de Nigeria.

En los barrios periféricos de las grandes ciudades como Nairobi o Johannesburgo, los jóvenes se agrupan en pequeñas sociedades paralelas o, cuando acceden a la universidad, estudian en la mayor precariedad. Movimientos contra los derechos de inscripción demasiado elevados, la ausencia de becas o la indecencia de las residencias y de la alimentación universitaria sacuden regularmente los campus, como en Dakar el pasado invierno boreal. "La juventud tiene sed de justicia. (...) Quiere que hagamos las cuentas -analiza el cineasta mauritano Abderhamane Cissako-. Es decir que quiere al mismo tiempo encontrar dignidad y una explicación para la difícil situación del continente" 22.

Cuestionar las dependencias

A estos fenómenos se agrega la tentación de la emigración -con los dramas humanos que revela la actualidad-, a veces alentada por las familias y los pueblos, que se endeudan para hacer partir a un joven, con la esperanza de que luego podrá sostenerlos. La emigración se vuelve un fenómeno paradójico ya que priva a los Estados de sus "fuerzas vivas" al mismo tiempo que le significa al continente 232.000 millones de euros anuales, más que la ayuda para el desarrollo.

"Nuestros dirigentes dan un mal ejemplo -deplora el historiador senegalés Ibrahima Thioub-. Al enviar a sus hijos a estudiar o a enriquecerse al Norte, dan crédito a la idea de que no se puede tener éxito aquí." Más que en otras partes, las elites africanas viven como levitando por encima de las sociedades. En efecto, la concomitancia de la democratización con la expansión de la mundialización creó un nuevo tipo de régimen político, que podríamos llamar "democracias FMI". Es decir que la selección de las elites es el producto de una doble dinámica: elecciones multipartidarias y "aprobación" por las Instituciones Financieras Internacionales (IFI), acarreando muchas veces este segundo elemento concesiones sobre la efectividad del primero.

Como los Estados africanos están prácticamente bajo la tutela de las IFI, los candidatos a las funciones supremas pasan todos por la "oficina de préstamos", de la cual deben asegurarse el apoyo o por lo menos la neutralidad. El presidente malí Amadou Toumani Touré declara haber "descubierto muchas injusticias en las relaciones económicas internacionales" y experimentar no "vergüenza" sino una "molestia" ante esta dependencia 23. Algunos responsables han salido directamente de las filas del FMI o del Banco Mundial, como la presidente de Liberia Ellen Johnson-Sirleaf. Entre los actores de años recientes, Alassane Dramane Ouattara, ex director de departamento del FMI, fue primer ministro de Costa de Marfil; Nicephore Soglo, ex gobernador del FMI, fue presidente de Benín; la señora Ngozi Okongo-Iweala, ministro de Finanzas de Nigeria, es una ex secretaria general del Banco Mundial; hombres de negocios como el presidente malgache Marc Ravalomana, o banqueros, como el primer ministro marfileño Charles Konan Banny, ex gobernador del Banco Central de los Estados de África Occidental (BCEAO), cuentan con el favor de las instituciones financieras.

La legitimidad y la representatividad de las elites proceden entonces menos de la población que de los organismos internacionales. Durante un debate en el Parlamento, un ministro senegalés pudo hacer callar a la oposición con esta simple frase: "Los prestamistas de fondos están de acuerdo". En 2003, el conflicto del algodón ilustró paradójicamente la connivencia de las elites con los economistas dominantes, ya que los dirigentes africanos exigían el respeto de las reglas del librecomercio y no el cuestionamiento de un juego mundial atrapado por la violencia de las relaciones de fuerza entre el Norte y el Sur.

A veces, sin embargo, el candidato de las instituciones de Bretton Woods sufre el castigo popular. En Benín, el ex dictador Mathieu Kérekou, desplazado del poder en 1991 por Nicephore Soglo, venció a este último en 1996 (antes de dejar voluntaria y definitivamente la presidencia en 2006). Más recientemente, la señora Sirleaf, elegida en 2005 en Liberia, debe transigir con un parlamento hostil.

Más allá de la benevolencia carnívora de la "comunidad internacional", la cuestión económica perturba sin cesar el juego democrático, tanto más aleatorio porque los partidos políticos no tienen militantes, ya que éstos -entre otras razones- no pueden pagar las cotizaciones. El derroche de recursos de algunos candidatos, cuando otros no tienen prácticamente nada, falsea la competencia electoral. La paradoja es que los regímenes hábiles suscitan la creación de formaciones de oposición, pero con el objetivo de dividir mejor a sus adversarios (como en Gabón y Burkina Faso, por ejemplo). La mayor parte del tiempo, los "observadores internacionales" validan los resultados y no parecen verdaderamente cuidadosos, salvo cuando el régimen en cuestión no es un buen alumno en economía (tal el caso de Zimbabwe). En cualquier caso, la cultura democrática tiene dificultades para anclarse: algunos hacen modificar la Constitución para hacerse reelegir sin restricciones (Burkina Faso, Uganda, Chad), y la corrupción pudre a las administraciones. Los opositores, los periodistas y los jueces son objeto de intimidaciones. Es lo que ocurre en Senegal (arresto del ex primer ministro Idrissa Seck, paliza al diputado Talla Sylla, etc.) y también en Níger, donde dos periodistas fueron llevados ante la Justicia en el verano boreal de 2006 por "difundir noticias falsas" sobre el estado del país.

"¿Por qué no surge un Chávez africano?", se lamentaba recientemente un estudiante de un campus de Abiyán 24. Durante el invierno de 2005-2006 tuvo lugar un enfrentamiento significativo entre Chad y el Banco Mundial, lo que aporta algunos elementos de respuesta. Invocando la urgencia de los problemas sociales a solucionar en su país, N'Djamena reclamó el desbloqueo de los fondos petroleros impuesto por el Banco para "preservar los intereses de las generaciones futuras". Aunque el régimen de Idris Deby pensara más en su ejército (y en su conflicto con el vecino Sudán) que en su pueblo, el juego de dependencia en el cual está inscripta la economía de Chad ilustra lo que se llama en África la "maldición del petróleo". La dependencia económica, el apetito de ganancias de las multinacionales que juegan en el continente como en un gran casino abierto a los cuatro vientos 25 y la corrupción de elites poco representativas se conjugan para privar a los pueblos de las repercusiones de sus inmensas riquezas.

Sin embargo, la geopolítica del continente está en pleno cambio y podrían abrirse nuevos márgenes de maniobra para los Estados. Las antiguas dependencias están siendo cuestionadas, especialmente el neocolonialismo francés. Discutido en algunos lugares (como Costa de Marfil, Togo, Senegal, etc.), perdura en otros (como Chad, Gabón, etc.) 26. Otras potencias extranjeras toman posiciones, como la China comerciante o Estados Unidos (entre big business y guerra al terrorismo). Y se desarrollan los vínculos Sur-Sur, con asociados como Brasil o Venezuela, que abrió tres nuevas embajadas en África. Para las elites nacidas después de las independencias, los vínculos coloniales son realidades obsoletas y todas las asociaciones son posibles.

Surgen dentro del mismo continente padrinos regionales, como Sudáfrica, Nigeria 27 o Sudán. El conflicto de Darfur -en parte un conflicto de hegemonía entre Jartum (Sudán) y N'Djamena (Chad)- es seguido por la Unión Africana, que también participa en operaciones de mantenimiento de la paz (en Sierra Leona en años anteriores, en República Democrática de Congo hoy). De hecho, las organizaciones interafricanas se refuerzan y tienen un papel cada vez más importante. Así, en octubre de 2006, el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana y la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao) trataron de desbloquear el proceso de paz en Costa de Marfil. Sin embargo, la falta de recursos es un límite cierto para la acción de estas organizaciones.

El potencial liberador del actual período histórico está, por el momento, fuertemente encuadrado por la dependencia "vertical" de los países, la representatividad sesgada de sus dirigentes y su tropismo liberal. También está condicionado por el aliento de una cultura democrática propia de África. Pero sobrevuela por el continente el sueño de una "segunda independencia", que sería también sinónimo de progreso económico y social.

 

  1. Jean-François Dupaquier, "De la françafrique à la maffiafrique", Mouvements, 17-5-02
  2. Jean-Pierre Foirry, L'Afrique continent d'avenir, Ellipses-Transversales, París, 2006.
  3. "Dolores y crecimiento. África finalmente retoma el crecimiento, pero cómo acelerar y sostener la cadencia para reducir la pobreza", Finanzas y desarrollo, FMI, Washington, marzo de 2006.
  4. Elaborados con el FMI y el Banco Mundial, los DERP describen las políticas y los programas macroeconómicos, estructurales y sociales de un país durante varios años, así como las necesidades de financiamiento externo.
  5. Naciones Unidas
  6. Adoptada por la Unión Africana, en Lusaka (Zambia), en julio de 2001, la Nepad fue concebida por cinco "pesos pesados" de la política africana: Sudáfrica, Nigeria, Argelia, Egipto y Senegal.
  7. La iniciativa PPME es un dispositivo global de reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados que aplican programas de ajuste y de reforma apoyados por el FMI y el Banco Mundial.
  8. "The 25 billion dollars question", The Economist, Londres, 2/8-7-05.
  9. Jean-Pierre Foirry, op. cit.
  10. Commission for Africa
  11. UNCTAD, Informe sobre comercio y desarrollo 2006
  12. Stephen Smith, Negrologie. Pourquoi l'Afrique meurt, Hachette, París, 2004.
  13. www.un.org
  14. Véase Kwame A. Ninsin, "Les nouveaux mouvements sociaux africains", Et si l'Afrique refusait le marché?, L'Harmattan, París, 2001.
  15. UNCTAD, Flux de capitaux et croissance en Afrique, Ginebra, 2000.
  16. Durante el período 1975-1982, las entradas de capitales extranjeros representaron el 3,9% del Producto Nacional Bruto (PNB) de los países africanos. Durante el período 1983-1998, no representaron más que el 1,8%. Y lo que es peor, se constató una fuga de capitales africanos hacia países extranjeros.
  17. Samir Amin, "L'économie politique de l'Afrique et la mondialisation", en Et si l'Afrique refusait le marché, op. cit.
  18. Forum social Africain
  19. Lauent Fouchard, René Otayek, André Mary, "Des imaginaires partagés", Courrier de la planète, N° 79, Montpellier, enero-marzo de 2006.
  20. Contra menos del 30% en los países industrializados. Sudáfrica es un país intermedio que se ubica entre el 30% y el 39%.
  21. Stephen Ellis, "La crise universitaire", Courrier de la planète, N° 79, Montpellier, enero-marzo de 2006.
  22. Le Rideau rouge, TV5, febrero de 2003.
  23. Le Rideau rouge, TV5, febrero de 2003.
  24. Habría que tomar también en cuenta la antigüedad y la especificidad de las relaciones de dominación en África, desde la trata hasta nuestros días. Y también recordar que el Chávez africano, Thomas Sankara (de Burkina Faso), fue asesinado en 1987, probablemente con el aval de París.
  25. La áspera batalla emprendida, en octubre de 2006, por Johnson-Sirleaf para renegociar un acuerdo leonino establecido con el gigante del acero Mittal Steel también ilustra lo dicho.
  26. Delphine Lecoutre y Admore Mupoki Kambudzi, "Vers un divorce entre Paris et le continent afrcain?", Le Monde diplomatique, París, junio de 2006.
  27. Nigeria y Sudáfrica representan el 60% del Producto Interno Bruto de África al sur del Sahara.
Autor/es Anne-Cécile Robert
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 89 - Noviembre 2006
Páginas:30,31
Traducción Lucía Vera
Temas Política, Derechos Humanos