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El proceso de Zacarias Moussaoui

Zacarias Moussaoui es un francés de origen marroquí y militante islamita radical, que ha llevado a cabo varios viajes a Afganistán y a Pakistán. El 23 de febrero de 2001 salió de Londres, donde se encontraba desde el 9 de ese mes, para ir a Chicago. Había obtenido una visa de turista con una duración de tres meses. Luego siguió cursos de pilotaje en una escuela aeronáutica cercana a Minneapolis, con el fin de iniciarse en el manejo de los Boeing en un simulador de vuelo. El 16 de agosto de 2001 fue interrogado por el servicio de inmigración por infracción al derecho de estadía a causa de la expiración de su visa y detenido en la prisión de Minneapolis. Por una indagatoria judicial abierta en Francia por el juez Bruguière, se sabe que las autoridades estadounidenses manifestaron en aquel momento su intención de expulsar al ciudadano francés Zacarias Moussaoui al término de su investigación.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 modificaron las cosas. Es cierto que Moussaoui no puede ser acusado de haber participado directamente en los ataques, porque estaba encarcelado en Minnesota desde hacía cerca de un mes. Pero la Justicia federal estadounidense lo presenta como quien habría podido ser el vigésimo pirata aéreo kamikaze y el quinto miembro del comando que desvió el vuelo 97 de United Airlines, estrellado en un campo cerca de Pittsburg, en Pennsylvania. Como todos los autores de los atentados encontraron la muerte, Moussaoui se convierte en un culpable ideal. Transferido a la prisión de Alexandria en Virginia, sus condiciones de prisión y aislamiento son extremadamente deplorables. El 11 de diciembre de 2001, una requisitoria determinó seis cargos en contra de Zacarias Moussaoui, a quien se acusaba de conspirar con Osama Ben Laden y otros miembros de Al-Qaeda para matar a miles de personas en Nueva York, Virginia y Pennsylvania. El 18 de julio de 2002, el gran jurado federal de Virginia estipuló que Moussaoui sufriera la pena de muerte por los crímenes de que se le acusaba.

"Vigésimo pirata del aire"

A cargo de la jueza Leonie Brinkema, el procedimiento tuvo varias peripecias y contramarchas. Moussaoui, perjudicado por su comportamiento antojadizo y provocador, exigió asumir él mismo su defensa, lo que en un primer momento le fue otorgado y luego negado, por sus excesos. Moussaoui proclama rechazar el apoyo de los abogados que se le pusieron de oficio, quienes, sin embargo, siguen asistiéndolo con tenacidad. Después de haber negado cualquier responsabilidad en los hechos imputados, Moussaoui decide durante el verano de 2002 declararse culpable, admitiendo haber tenido participación en la red terrorista Al-Qaeda, al mismo tiempo que niega haber estado implicado en los atentados del 11 de septiembre de 2001: sostiene que él preparaba un ataque por separado. Pero luego se desdice y renuncia a declararse culpable.

Haciendo valer el hecho de que no había cometido ningún delito en territorio estadounidense, solicita que se tome declaración a tres responsables de Al-Qaeda, en condiciones de exculparlo, detenidos secretamente por el ejército estadounidense. Se trataba de Khalid Sheik Mohammed, considerado como el artífice de los atentados del 11 de septiembre, Ramzi Ben Al Shaiba, uno de los líderes de Al-Qaeda, también fuertemente implicado, y Moustafa Ahmed Al Hansawi, que habría participado en el financiamiento de la operación.

A comienzos de 2003, la jueza Brinkema creyó necesario hacer las tres indagatorias, basándose en la sexta enmienda de la Constitución de Estados Unidos, según la cual: "En toda diligencia criminal, el acusado tendrá el derecho... a exigir por medios legales la comparecencia de testigos de descargo". Ante el rechazo interpuesto por el Poder Ejecutivo estadounidense, la jueza estimó que Moussaoui estaba privado de la facultad de producir testimonios en apoyo de su defensa y excluyó la posibilidad de pedir la aplicación de la pena de muerte. El 22 de abril de 2004 la jurisdicción de recurso dicta una resolución denegando la decisión de la jueza.

El 13 de septiembre de 2004 la Corte de apelaciones de la cuarta circunscripción judicial abre la vía para el proceso de Moussaoui, incluyendo la posibilidad de una pena capital. La jueza trata, sin embargo, de encontrar un compromiso para la declaración por vía escrita de los tres responsables de Al-Qaeda, cuyo testimonio solicitaba la defensa. El 21 de marzo de 2005 la Corte Suprema rechaza esta apelación interpuesta por Moussaoui, que seguía reclamando una confrontación directa con los tres detenidos. Un mes más tarde, el 22 de abril de 2005, Zacarias Moussaoui rechaza la opinión de sus defensores e indica que él se declarará culpable del cargo de complicidad en los atentados del 11 de septiembre de 2001, negando al mismo tiempo su compromiso directo. Sigue sosteniendo haber estado programado para un asunto diferente, a saber, un ataque posterior contra la Casa Blanca. El acusado afirma no esperar ninguna indulgencia, aunque no ignora que su confesión de complicidad lo expone a la pena de muerte. A pesar de las peticiones de la defensa, la jueza Brinkema declara a Moussaoui mentalmente apto para declararse culpable y consciente de las consecuencias de la decisión tomada.

La decisión del detenido pone así fin a la búsqueda de una culpabilidad, ahora considerada merecida, para los seis cargos elegidos, de conspiración con vistas a la ejecución de actos de terrorismo, piratería aérea, destrucción de aviones, uso de armas de destrucción masiva, asesinato de empleados de la administración estadounidense y destrucción de bienes. El jurado de la Corte del Estado de Virginia, que tiene su sede en Alexandria, debía entonces pronunciarse únicamente sobre la sanción, sabiendo que el ministro estadounidense de Justicia había declarado en varias oportunidades "querer la pena de muerte". Una vez concluida la elección de los jurados, que puede durar un mes, los debates deberían iniciarse el 6 de marzo de 2006. La primera fase, que es esencial, tendrá la finalidad de determinar si Moussaoui puede merecer la pena capital. Para solicitarla, los procuradores harán valer que, al declararse culpable el 22 de abril de 2005, el propio acusado admitió haber mentido a los agentes federales ocultando, después de su arresto, su conocimiento acerca de la preparación de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que aún no habían sido perpetrados. Sobre este punto, los abogados de Zacarias Moussaoui tienen la intención de objetar, con el apoyo de declaraciones probatorias, que las autoridades estadounidenses disponían de muchos otros elementos de información sobre los atentados proyectados, aunque fueron incapaces de impedirlos.

Las condiciones para el desarrollo del proceso a Moussaoui generan una legítima inquietud. Mientras una de las certidumbres del expediente es que no participó directamente en los atentados del 11 de septiembre de 2001 -ya que se encontraba encarcelado desde hacía casi un mes- el encarnizamiento manifestado por las autoridades estadounidenses al presentarlo como el "vigésimo pirata del aire" arroja de entrada una sospecha sobre el respeto del derecho a un proceso justo. Es evidente el riesgo de que se utilice a un acusado como chivo expiatorio entregado a la opinión pública, con la ventaja suplementaria de permitir eludir así la cuestión de la responsabilidad de la administración Bush en la defectuosa prevención de los atentados. Bajo la apariencia de un procedimiento regular, los dados están cargados. Los límites que no deben sobrepasarse para seguir en el marco circunscripto por el poder estadounidense fueron puestos en evidencia con el rechazo al pedido de declaración de los tres miembros de Al-Qaeda, cuyos testimonios habrían podido exculpar a Moussaoui.

Respetar los derechos humanos

Las autoridades francesas, por su parte, no han dudado en entregar a los estadounidenses información sobre Moussaoui sin haber obtenido antes la garantía de que no sería condenado a muerte, contentándose con un compromiso del procurador de utilizar los elementos suministrados sólo para establecer su culpabilidad, y no para requerir la pena... Finalmente, el propio acusado tampoco facilita el desarrollo de un proceso sereno. Ha lanzado imprecaciones contra la jueza que, sin embargo, se esforzó por realizar la instrucción de manera justa, ha cuestionado a sus abogados que realizan un enorme trabajo para su defensa, ha sostenido expresiones contradictorias sobre su implicación, para terminar por declararse culpable de los cargos, por otra parte no reconocidos, ya que negó haber participado en los atentados del 11 de septiembre. Finalmente, ha desafiado a la opinión estadounidense al reivindicar la legitimidad de la lucha de Al-Qaeda y al rechazar cualquier clemencia ante la pena capital.

La verdadera justicia se apoya en una instrucción racional y no sobre elementos pasionales. La voluntad legítima de castigar a los responsables de la muerte de miles de víctimas no debe traducirse en la condena ejemplar de un falso culpable, convirtiéndolo en una víctima de lo arbitrario. Moussaoui no ha cometido directamente ningún crimen mortal en territorio estadounidense. Ahora bien, aun suponiendo que se acepta la pena de muerte, ésta nunca fue impuesta en Estados Unidos cuando no se había cometido un asesinato desde el restablecimiento de este castigo supremo en 1976. La ejecución de Moussaoui, que a veces él mismo parece desear, lo convertiría en un mártir de referencia, que podría generar nuevas vocaciones de kamikazes. El gobierno francés, que ha hecho muy pocos esfuerzos en favor de su ciudadano, se honraría al reclamar con firmeza que su suerte se decida conforme a las normas internacionales de los derechos humanos. El presidente Jacques Chirac acaba de proponer incluir en la Constitución la abolición de la pena de muerte. Salvo que practique el doble discurso que a veces se le reprocha, podría comprometerse aun más con esa intención, reaccionando ante la amenaza que pesa sobre Zacarias Moussaoui.

Autor/es Patrick Baudouin
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 79 - Enero 2006
Páginas:27
Traducción Lucía Vera
Temas Discriminación, Política, Derechos Humanos
Países Estados Unidos