Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Islamismos sunnitas y Hezbollah

Continúan en Beirut las manifestaciones contra el gobierno libanés convocadas por Hezbollah y el movimiento del general Michel Aoun. Con este transfondo de crisis se intensifican los intentos de atizar la discordia entre las comunidades chiita y sunnita, no sólo en el Líbano sino en toda la región, dónde sin embargo la mayor parte de las organizaciones islamistas han apoyado a Hezbollah en su lucha contra Israel.

La "batalla de la umma" -según la expresión utilizada por el secretario general de Hezbollah, el sayid Hassan Nasrallah, para describir la guerra entre el ejército israelí y su organización en julio de 2006- no movilizó demasiado a los distintos grupos que componen el espectro del islamismo sunnita en el Líbano. Sus panfletos y comunicados se dedicaban más a denunciar el "salvajismo" de los bombardeos israelíes que a proclamar un apoyo franco y masivo a los islamistas chiitas. Esta relativa discreción contrasta con las tomas de posición de los Hermanos Musulmanes en Egipto o en Jordania, quienes manifestaron su solidaridad con Hezbollah, en sentido propio y figurado, durante toda la crisis 1.

Para entender las actitudes de las diversas corrientes del islamismo sunnita resulta necesario establecer diferentes niveles de análisis -el ideológico, el confesional y el  político- y diferentes espacios de intervención -el local, el nacional y el regional-. Así, los Hermanos Musulmanes jordanos, palestinos y egipcios proclamaron su solidaridad con Hezbollah en nombre de un imperativo estratégico e ideológico -la lucha contra Israel-, mientras que los Hermanos Musulmanes libaneses hicieron prevalecer un imperativo de cohesión confesional al apoyar al primer ministro Fuad Siniora en su voluntad de obtener el desarme progresivo de Hezbollah.

A pesar de esta división de principio entre el prisma regional e ideológico y el prisma nacional y confesional, todas estas corrientes se presentan en el interior de sus sociedades como los guardianes de la ortodoxia sunnita frente al islam chiita. Además, otro de los puntos clave de la región -la crisis iraquí- modifica las prioridades de unos y otros ya que, en este aspecto, los frentes están invertidos: los Hermanos libaneses promueven un acercamiento confesional entre chiitas y sunnitas, mientras otras direcciones nacionales apoyan a los actores iraquíes poco proclives a la reconciliación.

Contener la influencia iraní

En un contexto dividido entre las reticencias y la admiración frente al dinamismo de Hezbollah y del islam chiita en general, existen múltiples combinaciones, cuyo punto de equilibrio podría determinar la evolución ulterior del islamismo en la región.

Para los islamistas de los países vecinos, en efecto, Hezbollah constituyó desde principios de los años '90 la expresión de una revancha de las sociedades del Oriente árabe frente al poderío israelí. El partido de Dios supo llegar a un público mucho más amplio que los chiitas libaneses, reactivando, gracias a un vector audiovisual de gran eficacia (el canal de televisión Al-Manar), un ideal unitario nacionalista e islámico que los regímenes árabes, exclusivamente preocupados por sobrevivir, no supieron defender de las numerosas iniciativas de Estados Unidos y de Israel en la región. La "victoria" de Hezbollah en mayo de 2000 -la evacuación del Sur del Líbano por parte del ejército israelí- también consolidó, entre la población palestina, la idea de que era posible recuperar un territorio ocupado por Israel por la acción violenta, sin caer en la trampa de negociaciones humillantes e ineficaces. Silenciosamente, Hezbollah logró así redefinir el sentido de la lucha palestina contra la dirección nacional del movimiento, y otorgó a los sectores radicales del poder iraní la posibilidad de actuar en el frente árabe-israelí.

El entusiasmo político que suscitó la resistencia de Hezbollah frente al ejército israelí durante la guerra del verano (boreal) de 2006 provocó numerosas reacciones de defensa en el seno de los Estados musulmanes sunnitas. En el plano político y diplomático, Arabia Saudita, Egipto y Jordania constituyeron un "triángulo árabe-sunnita" con el fin de oponerse a una dinámica radical asimilada a una influencia iraní refractada por Hezbollah en relación con las opiniones públicas de esos tres países.

Desde una postura conservadora que apunta a someter lo político a lo religioso, los ulemas wahabistas de la institución religiosa saudita reactivaron las tesis de la heresiografía sunnita contra el islam chiita, con el objeto de contener la influencia iraní en el Oriente árabe. Un gran ulema saudita, el sheik Abdallah ben Jabrin, llegó incluso a proscribir, a principios de la guerra, toda forma de solidaridad con Hezbollah.

Para los salafistas yihadistas, Hezbollah es un competidor desleal que viene a ubicarse en un mercado ya ocupado. Con el mismo punto de vista sobre los chiitas que la institución religiosa wahabita, los salafistas yihadistas invocan su proximidad imaginaria con el islam de los orígenes (salaf) para liberarse de toda obligación de obediencia frente a los gobiernos musulmanes comprometidos por sus lazos con la impiedad occidental. Su discurso de rechazo a la influencia occidental en la región a veces tiene el mismo tono que el de los dirigentes iraníes pero, a diferencia de estos últimos, los salafistas inscriben su lucha en la perspectiva utópica de un califato islámico. (...)

Obligado a reaccionar tras dos semanas de guerra y ubicado, a su pesar, en una relación de rivalidad mimética con Hezbollah, Ayman al-Zawahiri, el ideólogo de Al-Qaeda, incitó a "todos los musulmanes, dondequiera que estén, a responder a la guerra que llevan a cabo los cruzados y los sionistas" sin hacer la menor alusión al movimiento chiita libanés 2. Zawahiri quiso recordar que la batalla de la umma ya había empezado, en Afganistán y en Irak, y que Hezbollah, cuya acción se limitaba al Sur del Líbano, no tenía los medios que correspondían a sus ambiciones de grandeza.

Finalmente, las grandes figuras de los Hermanos Musulmanes, tales como el sheik Yussef Al-Qaradawi, supieron traducir la ambivalencia de la opinión pública árabe al ofrecer un apoyo político a Hezbollah, inmediatamente compensado con una advertencia de naturaleza confesional contra la presunta ofensiva del islam chiita en toda la región.

Entre los islamistas sunnitas de Bilâd al-Shâm (Siria Histórica) existe un punto de litigio particular con Hezbollah. Para ellos se trata, en primer lugar, de la organización que excluyó a los sunnitas, a fines de los años '80, de la lucha contra Israel en el Sur del Líbano: al disimularse bajo la etiqueta de "resistencia islámica", sus dirigentes procedieron a una apropiación exclusivamente chiita del último frente activo contra Israel. Hezbollah fue el instrumento gracias al cual el Irán revolucionario pudo establecer en los años '80 una frontera común con la "Palestina ocupada". Esta expropiación, a la vez ideológica y sociológica, rompió el vínculo natural que existía entre una base árabe sunnita y la causa palestina. Defendida por Hezbollah, islamizada por la propaganda religiosa del ayatollah Jomeini, la causa palestina se les fue de las manos a los refugiados palestinos y a los militantes del islam sunnita en general. Víctimas de la causa palestina en tiempos en que los fedayin de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) ejercían la ley en las aldeas, los chiitas libaneses recuperaron, mediante una guerrilla de baja intensidad, el prestigio de la lucha armada frente a Israel. Mientras tanto, los Estados árabes sunnitas habían perdido hacía mucho tiempo toda capacidad de acción militar, y la OLP se comprometía a partir de 1988 en el camino de la solución negociada. (...)

Entre teología y estrategia

La guerra contra la Unión Soviética en Afganistán sirvió de distracción a los islamistas sunnitas del Oriente árabe. Una coyuntura geopolítica excepcional les permitió combinar, por primera vez, sentido religioso, violencia militar y sostén internacional gracias al apoyo de Arabia Saudita y Pakistán. Pero la nueva ideología que había nacido en Peshawar y que hacía de la yihad un fin en sí misma alejaba a los militantes del acceso al poder de Estado y aislaba su compromiso religioso de toda raíz territorial o estratégica. En los '90, el islamismo sunnita se agotó en las interminables disputas sobre las condiciones legítimas de la pertenencia religiosa, mientras que el islamismo chiita, conducido por el Estado iraní, adaptaba su mesianismo revolucionario al nuevo sistema de poder que Siria había implementado en el Líbano para ganar un reconocimiento regional obtenido gracias a su guerrilla anti-israelí.

El fracaso estratégico del islamismo de Medio Oriente explica la fascinación de los militantes por la lectura de textos directamente extraídos de la literatura medieval anti-chiita. La acusación recurrente de "hipocresía" proferida contra los chiitas tiene sentido en un contexto en que los militantes sunnitas se sintieron despojados de toda capacidad militar o estratégica frente a Israel. La influencia en la región de las corrientes salafistas salidas de la península arábiga confirmó la tendencia: la vuelta al islam de los orígenes induce casi automáticamente a una exacerbación de la relación con los rafidun, "la gente del rechazo" 3.

Desde febrero de 2005, los Hermanos Musulmanes libaneses y una parte del movimiento salafista en el Líbano se alinearon tras la familia Hariri, a pesar de las reservas de que dieron muestras sobre la figura política del fundador de la dinastía. Para estos actores, el conflicto árabe-israelí constituye un asunto secundario respecto de la necesidad vital de proteger la identidad sunnita en Medio Oriente. La instauración de un poder chiita en Irak en marzo de 2003, el poder ideológico, social y militar de Hezbollah en el Líbano y la emergencia de Irán como potencia regional son elementos cuya acumulación suscita los peores pronósticos sobre el futuro del islam sunnita en la región. (...)

Sin embargo dicha alineación, paradójicamente, no es en absoluto incondicional: los grupos salafistas, aunque tienen un núcleo ideológico "duro", pueden modificar el orden en que han clasificado a sus enemistades y activar otros recuerdos y otras referencias en función de los beneficios que esperan obtener del curso de las cosas. El cosmopolitismo de la familia Hariri, así como sus lazos con la familia real saudita, pueden constituir cómodamente un argumento para combatir la figura dominante del islam sunnita libanés. Asimismo, la irrupción de cuestiones simbólicas de naturaleza transnacional puede despertar contradicciones internas en el seno de la coalición que dirige el país desde las elecciones de mayo y junio de 2005 4. Es por ello que los ámbitos islamistas sunnitas representan una amenaza potencial tanto para el régimen sirio como para el equipo formado alrededor de Saad Hariri. Tras el despliegue de una fuerza internacional de la ONU en el Sur del Líbano, en agosto de 2006, la cuestión del control de la orientación ideológica de estos militantes reviste una importancia primordial.

En efecto, contra la opción confesional y política antes descripta, otra parte del movimiento radical sunnita eligió una opción ideológica y religiosa, que implica el rechazo del juego institucional libanés, la lucha contra las resoluciones internacionales de la ONU, la continuidad del estado de guerra con Israel, el apoyo a la resistencia islámica -aunque esta última esté encarnada por el Hezbollah chiita- y la solidaridad con el régimen sirio, a pesar de su litigio con los islamistas. Instalados en Damasco, los miembros de la rama política de Hamas se inscriben en esta perspectiva. Los dirigentes de la organización palestina están tratando de convencer a sus correligionarios libaneses de modificar su actitud respecto del régimen sirio en nombre de la exigencia, más fundamental, de la lucha contra Israel.

Los ámbitos yihadistas de los campos palestinos de Ain el-Helué y de Nahr al-Bared, en el litoral libanés, comparten una orientación similar. Para no renegar de su identidad religiosa, introducen una distinción entre el nivel teológico y el nivel estratégico: a los chiitas se los sigue detestando en el plano confesional, pero la urgencia de la lucha regional justifica un pacto, aunque implícito, con Hezbollah, para hacer fracasar los proyectos occidentales en la región. Ésa es la razón por la que los ámbitos salafistas de Ain el-Helué rechazan las resoluciones internacionales que exigen el desarme de las milicias libanesas y palestinas, mientras procuran impedir que Hezbollah se instale en los campos de refugiados, en nombre de la defensa de la identidad sunnita. También bloquean toda forma de solidaridad confesional con los sunnitas libaneses que se alinearon con la familia Hariri, imputándole a Rafic Hariri el régimen de exclusión que sufrieron los refugiados palestinos durante los años '90. (...)

  1. Este texto está extraído de un capítulo del libro Liban, une guerre de trente-trois tours, dirigido por Franck Mermier y Elizabeth Picard, de próxima aparición en Francia bajo el sello La Découverte.
  2. Intervención de Ayman al-Zawahiri reproducida en el diario Al-Hayat, Beirut, 28-7-06.
  3. Esta expresión peyorativa designa al "partido de Alí" (chî'at Alî), que rechaza lo que hoy en día es el "bloque de la fe" del islam sunnita: la generación de los compañeros del Profeta y las dos generaciones siguientes.
  4. Tal fue el caso, sobre todo, de la manifestación organizada en Beirut el domingo 5 de febrero de 2006 contra las caricaturas del Profeta aparecidas en la prensa danesa, cuando algunos manifestantes quemaron autos y arrojaron piedras a las iglesias del barrio cristiano de Achrafieh, donde estaba ubicado el consulado de Dinamarca.
Autor/es Bernard Rougier
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 91 - Enero 2007
Páginas:20,21
Traducción Mariana Saúl
Temas Islamismo
Países Israel, Líbano