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Ingredientes de un desastre estratégico

Imperturbable, George W. Bush reforzó la intervención militar en Irak mientras piensa en Irán. Nada le hizo cambiar el rumbo: ni el revés de su ejército, ni la desaprobación de los electores, ni la oposición de muchas capitales extranjeras. En nombre de la amenaza chiita, la Casa Blanca intenta congregar a dirigentes árabes complacientes pero dubitativos respecto a la fiabilidad de la dirección estadounidense.

Después de la revolución iraní de 1979, algunos dirigentes políticos estadounidenses fueron seducidos por la idea de que las fuerzas islámicas podían ser utilizadas contra la Unión Soviética. Según esta teoría, elaborada por Zbigniew Brzezinski, consejero de seguridad nacional del presidente James Carter, existía un "arco de crisis" que se extendía desde Marruecos a Pakistán, zona donde se podía movilizar el "arco del islam" para contener la influencia soviética 1. Después de todo, en las décadas de 1960 y 1970 esas fuerzas islámicas conservadoras ya habían servido para marginar y llevar al fracaso a los partidos de izquierda y nacionalistas laicos en la región, y también antes en 1953, en Irán. El fundamentalismo iraní ¿no podría ser el catalizador de una insurrección musulmana en el "punto débil" de la Unión Soviética?

Ulteriormente, Estados Unidos osciló entre varias políticas en Medio Oriente y Asia Central. Tenía un objetivo doble: la victoria en la Guerra Fría y el apoyo a Israel, pero los recursos utilizados y los Estados a los que apoyaba variaban al punto de entrar a veces en conflicto. Estados Unidos apoyó oficialmente a Irak en la guerra contra Irán (1980-1988), al mismo tiempo que consentía la entrega de armas israelíes a Irán. En ese momento, los conservadores cercanos a Tel-Aviv eran los que maniobraban activamente por un vuelco a favor de Teherán, porque Israel consideraba al nacionalismo laico árabe como su principal enemigo y apoyaba a los Hermanos Musulmanes en los territorios palestinos ocupados para hacer contrapeso a la Organización de Liberación de Palestina (OLP). El apogeo de esta estrategia fue la alianza de Washington con Arabia Saudita y Pakistán, que hizo posible en los años 1980 la creación de un ejército internacional de la yihad para combatir a la Unión Soviética en Afganistán 2.

En 1990, cuando la Unión Soviética se desmoronaba, Estados Unidos construyó una coalición internacional para sacar al ejército iraquí de Kuwait. Los Estados árabes, de Siria a Marruecos, respondieron positivamente a un llamado basado en el derecho internacional y las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Habían recibido la seguridad de que no se trataba sólo de salvar a una monarquía petrolera amiga, sino de establecer un nuevo orden basado en la justicia internacional. Una vez restablecida la soberanía de Kuwait, debían llevarse a la práctica todas las resoluciones de la ONU, incluso las que exigían la retirada israelí de los territorios palestinos ocupados.

A pesar de las presiones, la administración estadounidense decidió no derrocar el régimen del presidente Saddam Hussein. "Para derrocar a Saddam... teníamos que comprometer fuerzas militares. Una vez desembarazados de Saddam Hussein y de su gobierno, hubiéramos debido instaurar un gobierno nuevo. Pero ¿qué tipo de gobierno? ¿Un gobierno sunnita o un gobierno chiita, un gobierno kurdo o un régimen baasista? ¿O tal vez quisiéramos hacer participar a algunos fundamentalistas islámicos? ¿Cuánto tiempo deberíamos habernos quedado en Bagdad para apuntalar ese gobierno? ¿Qué sucedería después de la retirada de las fuerzas estadounidenses? ¿Cuántas pérdidas podría aceptar Estados Unidos para tratar de asegurar la estabilidad? Mi opinión es que... hubiéramos cometido un error si nos quedábamos atascados en el atolladero iraquí. Y la pregunta que se me ocurre es ¿cuántas pérdidas estadounidenses suplementarias vale Saddam? La respuesta es: muy pocas" 3. Esta opinión mesurada era la del secretario de Defensa de la época, Richard Cheney. El actual vicepresidente de Estados Unidos...

Una derrota irreversible

A quienes entonces recomendaban vivamente un "cambio de régimen" en Bagdad se los podía tranquilizar con las sanciones infligidas a Irak durante más de una década. Se organizaron en grupos de presión, como el Project for the New American Century (Proyecto para el Nuevo Siglo Americano) y construyeron metódicamente apoyo político para un futuro ataque contra Irak, cuando las circunstancias fueran propicias. Mientras tanto, los israelíes se sentían reconfortados al ver que el breve intento del secretario de Estado James Baker (a partir de la conferencia árabe-israelí de Madrid en octubre de 1991), de aplicar la política estadounidense oficial en Palestina era progresivamente abandonado. Después de 1996, el "proceso de paz" ya no era más que una cobertura para duplicar los colonos en Cisjordania.

Pero más hacia el este del arco de la crisis, el desenlace de la guerra de Afganistán se decidía entre los jefes de la guerra de la Alianza del Norte y los talibanes. Con el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos volvió a apoyarse totalmente en Pakistán, que a su vez se iba convirtiendo en un régimen militar islamizado, al que el Afganistán islamita le ofrecía una profundidad estratégica contra India. La victoria de los talibanes, ampliamente favorecida por los servicios de información del ejército paquistaní, le permitió a Islamabad fortalecer sus vínculos con el nuevo régimen.

Así, durante todas estas décadas, Estados Unidos no tomó nunca en cuenta las aspiraciones de los pueblos árabes y musulmanes. Se implementaron políticas, se movilizaron ejércitos, se hicieron y deshicieron alianzas, se libraron guerras en las tierras y sobre los cuerpos de árabes y musulmanes, pero por razones vinculadas con otros intereses. Tal como lo ilustran las incoherencias y los virajes de las políticas respecto de Irak, Irán, los fundamentalismos chiita y sunnita, la ideología de la yihad, la dictadura, la democracia, la monarquía absoluta, Yasser Arafat y la OLP, las colonias israelíes y el "proceso de paz", etc... Estados Unidos se movilizó por sus propios objetivos -ya fuera para garantizar su aprovisionamiento de petróleo, ganar la Guerra Fría, afirmar su hegemonía o apoyar a Israel- y, desde el momento en que alcanzaba uno de esos objetivos, se "olvidaba" de todas las preocupaciones de los árabes y musulmanes que había invocado para obtener su apoyo.

Nada resulta más insultante para el mundo árabe y musulmán que esa célebre respuesta de Brzezinski, tres años antes del 11 de septiembre de 2001, cuando ante una pregunta sobre su eventual arrepentimiento por haber permitido la implementación, gracias a la ayuda estadounidense, de un movimiento yihadista para provocar la invasión soviética en Afganistán, respondió: "¿Arrepentirme de qué? ¿Qué es lo más importante al mirar la historia del mundo? ¿Los talibanes o la caída del imperio soviético? ¿Algunos islamitas excitados o la liberación de Europa Central y el fin de la Guerra Fría?" 4.

Fue en ese terreno donde tuvieron lugar los acontecimientos "que cambiaron el mundo" en estos últimos cinco años, desde los ataques del 11 de septiembre a la invasión y ocupación de Irak. En 2003, la única "victoria" estadounidense posible habría sido una transición rápida hacia un Estado estable, unificado, democrático, no teocrático y, sobre todo, no ocupado. Era una apuesta muy arriesgada y Estados Unidos la perdió. Según un general estadounidense retirado, se trata del "más grande desastre estratégico de la historia de Estados Unidos" 5. Esta derrota es irreversible.

Resistencia conservadora

El ganador es, sin ninguna duda, Irán. La estrategia estadounidense de desmantelamiento del ejército y de las estructuras baasistas del Estado iraquí permitió eliminar al enemigo tradicional de Teherán, mientras la confianza estadounidense en los clérigos chiitas ayudó a los aliados de Irán dentro de Irak. Así, Washington fortaleció al mismo Estado contra el cual pretendía luchar.

Las repercusiones son considerables tanto para Estados Unidos como para todo el mundo árabe-musulmán. El nacionalismo árabe, laico y de izquierdas, que había definido el marco ideológico de la resistencia a la dominación occidental, cedió terreno ante las corrientes islamistas, que encierran esa resistencia en ideologías profundamente conservadoras. Los conflictos políticos en torno a la independencia nacional y las vías de desarrollo se mezclan con los enfrentamientos religiosos, culturales y comunitarios. En el pasado, este cambio de paradigma a veces fue alentado por Occidente. Hoy, la debacle estadounidense en Irak le da a Teherán nuevas ocasiones para retomar la antorcha del nacionalismo árabe bajo la bandera del Islam.

La República Islámica aparece como campeona de un nuevo frente de lucha, que asocia el nacionalismo árabe con la ola ascendente de la resistencia islámica. Tiene cartas de triunfo importantes, porque puede facilitar o complicar la situación de las tropas estadounidenses, puede ayudar a que los israelíes fracasen en el Líbano gracias a sus aliados del Hezbollah, puede incluso tender una mano de socorro a los palestinos a través de su apoyo a Hamas. Su influencia se extiende hasta las regiones petroleras del Golfo de Arabia Saudita, de mayoría chiita. Y más aun, está en condiciones de llenar el inmenso vacío de poder regional creado con la destrucción del Estado iraquí, de pesar en el conflicto árabe-israelí y de transformar la naturaleza misma de las relaciones seculares entre chiitas y sunnitas.

Las amenazas, especialmente militares, de Estados Unidos e Israel no hacen más que reforzar la importancia estratégica de Irán y valorizan su posición de vanguardia de la resistencia del mundo árabe-musulmán. Más aun porque Washington y Tel-Aviv se debaten en una contradicción: están persuadidos de la necesidad de una intervención armada, aunque limitada a bombardeos aéreos y a operaciones de las fuerzas especiales; pero un ataque semejante no puede destruir el régimen, sino todo lo contrario. ¿Es por eso que el Presidente y el Vicepresidente estadounidenses están considerando el uso de armas nucleares 6? Claro que las consecuencias de semejante aventura en el plano regional e internacional serían incalculables. Pero Estados Unidos necesita restablecer su credibilidad y suscitar de nuevo el miedo que sustenta a todo imperio.

Otra estrategia discutida en Washington consiste en explotar la división confesional con ayuda de Arabia Saudita. Dos tendencias contradictorias están en marcha. La primera es un acercamiento entre sunnitas y chiitas, particularmente desde la guerra del Líbano del verano de 2006, que reveló afinidades evidentes entre Teherán y el Hezbollah, transformando al sheik Hassan Nasrallah en héroe del mundo árabe y, en menor grado, entre Teherán y Hamas. Un hecho sin precedentes es que ahora respetados religiosos sunnitas afirman que las diferencias con los chiitas están referidas a aspectos menores de la religión. La segunda tendencia son las tensiones que la ocupación ha hecho surgir entre las dos familias del Islam, particularmente en Irak. En la medida en que desde hace siglos la población chiita, concentrada en regiones estratégicas, con frecuencia ha sido tratada despectivamente por los poderes sunnitas, persiste un terreno fértil para su resentimiento y cólera. A la inversa, las exacciones que cometen las milicias chiitas y la ejecución vergonzosa de Saddam Hussein empujan a los sunnitas al odio.

Algunos dirigentes estadounidenses piensan que Riyad podría convertirse en el proveedor de fondos de un movimiento sunnita de resistencia a los chiitas desviados. En efecto, el régimen saudita es muy hostil a la perspectiva de que en la región se desarrolle la influencia de la teología chiita y de la República Islámica. Ya ha prometido proteger a los sunnitas iraquíes si es necesario. Arabia Saudita y las monarquías del Golfo, Egipto, Jordania, los kurdos, los sunnitas iraquíes y libaneses, y el Fatah ¿podrán contra la influencia del Irán chiita, de la Siria alauí y de sus aliados, el Hezbollah libanés y el Hamas palestino? Para ser creíbles, los "moderados" árabes deberían poder ofrecer una solución equitativa y rápida al problema palestino. Pero si Estados Unidos e Israel se lanzan a esta aventura, es para sustraerse a todo compromiso serio.

Tal estrategia de tensión confesional podría conducir a una guerra civil entre musulmanes. Los que participaran serían percibidos como agentes que desgarran la región por cuenta de Israel y Estados Unidos. ¿Y a cuáles de esas fuerzas musulmanas, sunnitas y antichiitas, ayudar? Las opiniones occidentales, e incluso la propia estadounidense, corren el riesgo de descubrir con pánico que su gobierno está otra vez en vías de constituir "ejércitos wahhabitas de la yihad"... Al-Qaeda, bajo otro nombre. Tal escenario no conduciría a la "victoria", sino a una serie de nuevas crisis.

Los neoconservadores califican a esta estrategia de "inestabilidad constructiva" (o de destrucción creadora), pero una observadora inteligente la bautiza de manera más adecuada como destrucción de los Estados, "estaticidio" 7. Estados Unidos ha terminado por aceptar esa orientación en el Líbano y Palestina. Si se examinan los resultados y no las intenciones, cabe comprender por qué los árabes y los musulmanes concluyen que la política de Washington en Medio Oriente no consiste en salvar a "Estados en quiebra" sino en producirlos.

El ataque contra el Líbano, que provocó mucha destrucción, terminó con una derrota. Israel se aisló un poco más en la región y el mundo; el Hezbollah, militarmente, no perdió nunca su capacidad para comunicarse con sus combatientes, para difundir por radio y televisión sus mensajes a la población, para infligir pérdidas a los invasores o para lanzar misiles sobre Israel 8. Los israelíes no alcanzaron ninguno de sus objetivos declarados, ni el desarme del Hezbollah ni el retorno de sus soldados capturados.

La pregunta que se le plantea a Israel en el Líbano, como a Estados Unidos en Irak, es la de saber si pueden aceptar esos reveses o se verán tentados a "doblar la apuesta". ¿Esas derrotas son signos que anuncian guerras de nueva generación? ¿O son sólo derrotas temporarias? Una cosa es cierta: el modelo de victoria con "cero muertes", preconizado durante la guerra del Golfo (1990-1991) o en los Balcanes, a través de bombardeos masivos y el uso de armas con tecnología de punta, quedó atrás. Ahora el desafío es el control a largo plazo y el sometimiento de poblaciones, que la fuerza aérea no puede garantizar y que exigen un costo político y humano importante.

Washington ya pagó un muy alto precio por su papel en esta pequeña guerra. La imagen del primer ministro libanés Fuad Siniora, con lágrimas en los ojos, implorando a Estados Unidos que impidiese la destrucción de su país, puede considerarse como un punto de inflexión. El Movimiento 14 de marzo tomó el poder gracias a la "revolución del cedro", apoyada por la Casa Blanca y alabada como el tipo de reforma democrática que el presidente Bush deseaba alentar en el mundo árabe. Pero, ante el deseo de Israel de infligir una lección al Líbano, Siniora fue abandonado. No sólo Washington impidió todo alto el fuego durante un mes, sino que también reabasteció a Israel con armas destructoras.

De eso resultó lo que Siniora describió como una destrucción "inimaginable" de la infraestructura civil libanesa 9, y también un debilitamiento del propio gobierno. El Hezbollah exige hoy desempeñar un papel más importante y, en una "revolución del cedro" invertida, organiza sus propias manifestaciones callejeras, masivas, pacíficas y disciplinadas, imitando las tácticas alentadas por Estados Unidos y Occidente.

"Sin miedo de tomar parte" en esta lucha interna, Estados Unidos duplica ahora su ayuda al ejército libanés y a las fuerzas de seguridad interior, que intensifican su reclutamiento entre sunnitas y drusos 10. Estas políticas, poco comentadas en Estados Unidos, son denunciadas en la prensa árabe, israelí y mundial. Después de esta guerra, será muy difícil persuadir al mundo árabe-musulmán de que Estados Unidos no está dispuesto a traicionar a cualquier aliado o principio de justicia con el exclusivo propósito de apoyar a Israel.

Una miniatura de Irak

La destrucción de la infraestructura civil, el debilitamiento de su coherencia social y política, la creación de una lógica que conduce hacia un conflicto confesional y una guerra civil. Cuando esta dinámica se aceleró en Irak, parecía que se trataba de una terrible consecuencia no planificada por Washington. Cuando esos mismos elementos se volvieron a encontrar en Líbano, se podía invocar una desgraciada coincidencia. Pero desde el momento en que una dinámica similar se esboza en Palestina, muchos observadores ya no dudan en hablar de "modelo" de la estrategia estadounidense.

Los territorios palestinos viven una crisis humanitaria de gran amplitud. Desde la victoria de Hamas en las elecciones de enero de 2006, Estados Unidos y la Unión Europea se unieron a Israel para tratar de hambrear a los palestinos y empujarlos a rechazar a su gobierno, democráticamente elegido. Los resultados previsibles de estos ataques son el derrumbe del orden social y el deslizamiento hacia un conflicto civil.

Un clarividente observador estadounidense describe así ese atormentado paisaje: "Los palestinos de Gaza viven encerrados en un gueto sórdido y superpoblado, rodeado por el ejército israelí y una enorme barrera eléctrica; les es imposible salir o entrar a la Franja de Gaza y sufren ataques cotidianos. (...) Los intentos israelíes de provocar una escasez generalizada son visibles en las propias calles de Gaza, donde los palestinos pasan ante los escombros del Ministerio del Interior palestino, del Ministerio de Relaciones Exteriores y del Ministerio de Economía Nacional, de la oficina del Primer Ministro palestino y de algunas instituciones educativas que fueron bombardeadas por la aviación israelí. (...) Y Cisjordania se hunde rápidamente en una crisis parecida a la de Gaza. (...) ¿Qué es lo que esperan ganar Estados Unidos e Israel haciendo de Gaza y Cisjordania una versión en miniatura de Irak? (...) ¿Creen que así lograrán debilitar el terrorismo, frenar los ataques suicidas e instaurar la paz?" 11.

Una nueva etapa se ha iniciado con la entrega de armas por parte de EE.UU., con ayuda de Israel, "a los militantes de la Fuerza 17 de Gaza, vinculados al hombre fuerte de Fatah, Mohammed Dahlan"; "según representantes oficiales de los servicios de seguridad israelíes y palestinos, estas entregas de armas estadounidenses han desencadenado una carrera armamentista con Hamas" 12.

Cualesquiera sean las intenciones, la lógica de desintegración social y de guerra civil se despliega a través de la política estadounidense en tres países identificados por Israel como lugares de resistencia a sus ambiciones regionales. Existe un nudo duro de sionistas de derecha que desean someter a los palestinos o desplazarlos de todos los territorios codiciados por Israel. Para lograrlo, quieren debilitar a todos los vecinos recalcitrantes. Es tremendo, pero poco sorprendente, ver a tales fanáticos ocupar posiciones de poder en el gobierno israelí. Resulta chocante pensar que Washington pueda seguir, e incluso ser el artesano de semejante estrategia destructora y autodestructora, en nombre de una falsa idea de lo que es ser un amigo de Israel.

Si Estados Unidos fuera amigo de Israel, debería no sólo resistirse a tomar ese rumbo, sino además acordar con este comentario de una observadora israelí: "La política de Israel no amenaza únicamente a los palestinos sino también a los propios israelíes... Un pequeño Estado judío de 7 millones de habitantes (de los cuales 5,5 millones son judíos), rodeado de 200 millones de árabes, se constituye en el enemigo de todo el mundo musulmán. No hay ninguna garantía de que semejante Estado pueda sobrevivir. Salvar a los palestinos significa también salvar a Israel" 13.

No es sólo en Medio Oriente donde la derrota de Estados Unidos parece posible. Más al este, en Afganistán, están sometidos a una ruda prueba. Después del 11 de septiembre, nadie dudaba de que Washington tenía derecho a perseguir por la fuerza a Osama Ben Laden y Al-Qaeda. La decisión de desencadenar una vasta operación militar, que incluyera a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para reconstruir la infraestructura política del país era, sin embargo, arriesgada. Para tener éxito, se precisaba una victoria militar decisiva, seguida de un sólido compromiso financiero y político de largo aliento para una reforma de la sociedad, con apoyo en socios locales confiables, igualmente comprometidos en el camino de la reforma.

Un arco de crisis

En el terreno, Estados Unidos descansó en los jefes de la guerra de la Alianza del Norte para obtener resultados rápidos y en un Presidente importado para componer una apariencia de gobierno central en Kabul. Fue incapaz de eliminar a los jefes de Al-Qaeda y de los talibanes, abandonando rápidamente el terreno afgano para ir a Irak. Osama Ben Laden y Ayman Al-Zawahari siguen difundiendo casetes y los talibanes, que mantuvieron vínculos estrechos con las tribus pashtun a ambos lados de la frontera entre Pakistán y Afganistán, se reagrupan y constituyen una real amenaza para las tropas de la OTAN, encerradas en sus bases y limitadas a ejecutar incursiones y bombardeos aéreos 14. El ministro de Relaciones Exteriores paquistaní llegó a declarar que la OTAN debería "aceptar la derrota" y que sus tropas deberían retirarse.

El torpe intento de Washington de llevar a cabo una batalla clara y noble contra Al-Qaeda se extravió, no sólo en la complejidad de las tribus y jefes de la guerra afganos, sino también a causa del peligroso y complicado juego de Pakistán (ver Jean-Luc Racine, pág. 11) que, en su batalla vital por Cachemira, debe apostar a sus propios grupos islámicos. Islamabad recurre así a la OTAN y el gobierno afgano acepta la inevitable presencia de "talibanes moderados" en Afganistán, a los cuales, por otro lado, les ha cedido el control de una de sus provincias, Waziristán del Norte. Se instala así una base a partir de la cual "talibanes no tan moderados" atacan a los soldados de la OTAN e incluso recurren, cosa antes nunca vista en este país, a la técnica de los "atentados suicidas": ¿la conexión con Irak se habrá hecho realidad? De pronto, la "guerra contra el terrorismo" terminó por hacer a Estados Unidos dependiente de Pakistán que, a su vez, tiene una alianza estructural con el islamismo radical. ¿Y si la "paquistanización" de Al-Qaeda se transformara en "Al-Qaedización" de Pakistán? Los medios de comunicación estadounidenses ignoran este inquietante fenómeno...

Un arco de crisis se extiende así desde los países del Levante hasta el subcontinente indio. En los próximos meses se tomarán decisiones, sobre todo en Washington, que van a exacerbar estas crisis o las encaminarán hacia nuevas vías más favorables a soluciones razonables. Para operar ese giro, los dirigentes occidentales deberán comprender que Al-Qaeda, el partido Baas, el Hezbollah, Hamas y Siria, así como Irán, no pueden ser clasificados bajo la misma y abstracta etiqueta ideológica de "eje del mal". Existen vínculos entre las crisis, pero también hay que tratar de disociar y desactivar sus diversos componentes.

Así ocurre con Siria, un país que no amenaza a Estados Unidos, que lo ha ayudado en varias ocasiones y que tiene también sus propios intereses nacionales legítimos en juego. Habría que firmar con ella un acuerdo sobre la evacuación de los Altos del Golán, cuya ocupación por parte de Israel no da ningún beneficio a Estados Unidos. Lo mismo con Hezbollah en el Líbano y Hamas en Palestina, que actúan sobre todo en función de sus intereses nacionales. Estados Unidos puede liberarse de una cierta cantidad de problemas y hacer avanzar sus propios intereses, incluyendo la derrota del verdadero "terrorismo" fanático. Para eso, debe reconocer que todos estos grupos no son filiales o clones de Al-Qaeda y que no llegarán a serlo, así como Vietnam no se convirtió en el instrumento de un "imperio del mal". Las negociaciones podrían hacer de cada uno de estos Estados o movimientos adversarios administrables.

Voces influyentes en el corazón del sistema político estadounidense exigen un cambio de rumbo, cuya expresión más evidente es el informe Baker-Hamilton. A su vez, el ex presidente James Carter llamó a abrir un debate honesto sobre la política estadounidense en Palestina 15. Para reparar los daños ya provocados, habría que reconocer que se tomaron decisiones equivocadas e ir hacia cambios políticos muy serios. Esto exigiría renunciar a la idea de que la sola utilización unilateral de la fuerza militar puede resolver problemas políticos y sociales complejos. Esto exigiría también renunciar a un apoyo incondicional a Israel. Y, por encima de todo, exigiría abandonar la idea de que las diversas naciones y pueblos del mundo árabe-musulmán son elementos intercambiables inscriptos en un mismo esquema ideológico, manipulables a voluntad según las necesidades de las grandes potencias, según las ambiciones territoriales de los colonos israelíes o según los sueños de Al-Qaeda de una imaginaria umma.

  1. Robert Dreyfuss, Devil's Game: How the United States Helped Unleash Fundamentalist Islam, Metropolitan Books, Nueva York, 2005.
  2. Pierre Abramovici, "Relaciones sospechosas entre Estados Unidos y los talibanes", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, enero de 2002.
  3. Sorel Symposium, 29-4-1991. (http://web.archive.org/web/20041130090045/http://www.washingtoninstitute... )
  4. Le Nouvel Observateur, París,15/21-1-1998.
  5. William E. Odom, "What's Wrong with Cutting and Running?", The Lowell Sun, Lowell, Massachusetts, Estados Unidos, 30-9-05.
  6. Jorge Hirsch, "Nuking Iran Is Not Off the Table", 6-7-06, www.antiwar.com/orig/hirsch.php?articleid=9255. Philip Giraldi, "Deep Background", The American Conservative, Arlington, Virginia, Estados Unidos, 1-8-05.
  7. Sarah Shields, "Staticide, Not Civil War in Iraq", Common Dreams.org, 6-12-06.
  8. Alastair Crooke y Mark Perry, "How Hezbollah Defeated Israel, Parts 1 and 2", Counterpunch.org, 12 y 13-10-06.
  9. "Siniora criticises West for failing model democracy", Gulfnews.com (en Los Angeles Times-Washington Post), 21-7-06.
  10. "U.S. Considers New Aid to Lebanese Armed Forces", The Chosun Ilbo (Voice of America), 12-12-06 (http://english.chosun.com/w21data/html/news/200612/200612160010.html). Véase también Megan K. Stack, "Lebanon builds up security forces", Los Angeles Times, 1-12-06.
  11. Chris Hedges, "Worse than Apartheid", (http://www.truthdig.com/report/item/20061218_worse_than_apartheid/)
  12. Aaron Klein, "US Weapons Prompt Hamas Arms Race?" (www.wnd.com/news/article.asp?ARTICLE_ID=53411)
  13. Tanya Reinhardt, "Introduction", The Road Map to Nowhere - Israel/Palestine since 2003. (www.zmag.org/content/showarticle.cfm?ItmID=11140).
  14. Véase Syed Saleem Shahzad, "Ofensiva primaveral de los talibanes", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, setiembre 2006.
  15. A estas voces se sumó el influyente senador Ted Kennedy, quien afirmó que "Irak es el Vietnam de George Bush", Le Monde, París, 11-1-07.
Autor/es Hicham Ben Abdallah El Alaoui
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 92 - Febrero 2007
Páginas:8,9,10
Traducción Lucía Vera
Temas Estado (Política), Islamismo
Países Estados Unidos, Irak, Irán