Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Israel confisca Jerusalén Este

La visita realizada a mediados de enero por la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, a Israel y Palestina, “sin propuesta ni plan”, terminó con el simple anuncio de una cumbre entre Ehud Olmert y Mahmud Abbas para el mes de febrero. Mientras tanto, en el terreno, la colonización israelí de los territorios palestinos se acelera, en primer lugar en Jerusalén Este, literalmente confiscada.

Desde Tel Aviv la ruta principal es recta, pero luego de pasar el aeropuerto Ben Gurión comienza a serpentear subiendo hacia Jerusalén, entre las colinas conquistadas por las fuerzas judías en 1948. A 700 metros de altitud, la ruta entra en la ciudad santa por el oeste. En realidad, tanto los israelíes como los extranjeros pueden alcanzar el centro de la ciudad por muchas otras rutas, por el norte o por el sur.

Pero para los palestinos de Cisjordania, llegar a la ciudad tres veces santa no es tan fácil. Si logran pasar las barreras de control interiores, se toparán con el más brutal de los obstáculos jamás inventado para controlar y limitar los movimientos de personas en los territorios ocupados: un muro de unos diez metros de alto, que dentro de poco rodeará completamente la parte oriental de la ciudad, haciendo desaparecer el paisaje y cerrando los accesos tradicionales. Ese muro llega a cortar totalmente las dos principales rutas históricas: Jerusalén - Amman (ruta 417) y Jenín-Hebrón (ruta 60). La monstruosa serpiente sólo se interrumpe -para los habitantes de Cisjordania- en cuatro puntos: Qalandiya en el norte; Shuafat en el noreste; Ras Abu Sbeitan en el oeste; y Gilo en el sur. De todas formas, antes de llegar allí, esas personas deberán dar muchas vueltas, abandonar sus autos y cruzar a pie, ya que los vehículos palestinos (con matrículas verdes) están estrictamente prohibidos en Jerusalén...

El coronel Danny Tirza, apodado por los palestinos "Segunda Nakba" 1, fue durante mucho tiempo la persona designada por el Ministerio israelí de Defensa para concebir, trazar y construir la "barrera de seguridad", tal como la terminología oficial designa al muro. Tirza prometió que al cabo de su grandioso proyecto, Jerusalén tendrá once barreras de control semejantes a "terminales de aeropuertos". Pero no es esa la impresión que se tiene al pasar -incluso rápidamente- por el control de Gilo. Por todos lados los carteles sermonean: "Entren de a uno a la vez"; "Espere pacientemente su turno"; "Mantenga la limpieza del lugar"; "Quítese el abrigo"; "Obedezca las instrucciones". Los corredores, enrejados tanto en los costados como en la parte superior, se parecen a los túneles por los que las fieras entraban en la arena del circo romano...

Pero aquí no hay director de pista: una vez pasado el pórtico -operación que autoriza una lucecita- una voz metálica ordena colocar el equipaje en el detector. Tras los vidrios blindados y polarizados se adivina una presencia. Finalmente alguien aparece: un soldado sin demasiados modales, con los pies sobre la mesa y la ametralladora Uzi sobre el pecho, controla los papeles, murmurando o ladrando, según la cara del "usuario". A la salida, otros carteles en tres idiomas desean a "los usuarios" la bienvenida a Jerusalén (que sin embargo, queda a 4 kilómetros). "Y que la paz los acompañe"...

El plan de repartición de la ONU de 1947 había dotado a la ciudad de un "régimen internacional particular", que aún en 2007 es el único mundialmente reconocido. Pero la guerra de 1948 acabó con su división entre Jordania e Israel, país éste que instaló su capital en la parte occidental, para luego apoderarse en 1967 de la parte oriental, que anexó. Luego, en 1980, una ley fundamental proclamó: "Jerusalén, íntegra y unificada, capital eterna de Israel". A falta de eternidad, la política de todos los gobiernos israelíes consistió desde entonces en preservar la hegemonía judía sobre la ciudad y en impedir su división, lo que implica impedir el nacimiento de un Estado palestino con Jerusalén Este como capital.

Instrumentos de una estrategia

"La clave es la demografía. La prioridad absoluta de los israelíes fue siempre imponer una amplia mayoría judía. Pero los palestinos, que en 1967 representaban el 20% de la población, son ahora el 35%, y podrían ser mayoría en 2030" 2, precisa Khalil Tufakji, director del departamento de cartografía de la Sociedad de Estudios Árabes y consejero de la delegación palestina hasta las negociaciones de Camp David. Ese crecimiento es producto de la diferencia de natalidad, pero también del éxodo de judíos a causa del desempleo, de la crisis de la vivienda y del clima de intolerancia creado por la presión ultraortodoxa.

Al punto que acaba de caer un tabú que duraba desde hace sesenta años: el plan director para 2020 reitera efectivamente la proporción política 70%/30%, pero "considera" otra, pragmática, de 60%/40% 3. "Como si existiera un buen porcentaje", exclama Meron Benvenisti, sin dudas el mejor especialista de Jerusalén, para el cual se trata "de puro racismo. Vivimos en la única ciudad del mundo donde un porcentaje étnico sirve de filosofía". Más tranquilo, Menahem Klein -también ex consejero en Camp David, pero del lado israelí- añade: "Los pragmáticos comprueban, los políticos luchan: estamos asistiendo al mayor esfuerzo realizado por Israel desde 1967 para anexar Jerusalén".

Históricamente, el primer instrumento de esa tarea fue la extensión ilegal de las fronteras municipales. Amos Gil, director de la asociación Ir Amim (La Ciudad de los pueblos), resume: "La ciudad vieja sólo mide un kilómetro cuadrado; con los barrios árabes que la rodean llegaba en tiempos de Jordania a 6?km2. En 1967, Israel anexó 64?km2 de tierras cisjordanas -incluyendo 28 poblaciones-, alcanzando así 70?km2. Cuando el muro esté terminado, rodeará por el este 164?km2".

"Hay un color que sólo existe aquí: el verde político." Meir Margalit, coordinador del Comité israelí contra la destrucción de casas (ICAHD) recuerda que cuando el jefe del partido de izquierda Meretz, Ornan Yekutieli, se indignó por la edificación de la colonia Har Homa en un sitio donde existía un magnífico bosque palestino, el alcalde de entonces, Teddy Kollek, recientemente fallecido, replicó: "Eso sólo es verde para los árabes". Apartheid ecológico: en esas zonas "más bien color amarillo polvoriento y llenas de desperdicios" -se burla el arquitecto Ayala Ronel- se prohíbe construir a los árabes, pero se permite colonizar a los judíos...

La colonización constituye el segundo instrumento de la estrategia israelí. Shmuel Groag, arquitecto y dirigente de la asociación Bimkom, que lucha por el derecho de todos a planificar la ciudad, recapitula: "El primer gran perímetro englobaba siete grandes colonias: Gilo, Armon Hanaziv Talpiot Este, French Hill Ramat Eshkol, Ramot, Ramot Shlomo, Neve Yaacov y Har Homa. El segundo comprendía dos, Pisgat Zeev y Maale Adoumim. El tercero agregó nueve: Givon, Adam, Kochav Yaacov, Kfar Adoumim, Keidar, Efrat, Betar Illit y las colonias del Guch (bloque) Etzion. En total, reúnen la mitad de los 500.000 colonos que cuenta Cisjordania".

Fundador del Centro de Información Alternativo y figura del movimiento pacifista isarelí, Michel Warschawski organiza tours militantes para mostrar concretamente"el principio rector de la colonización: crear una continuidad territorial judía que quiebre la continuidad territorial árabe". Y agita una hoja, casi en jirones de tanto pasar de mano en mano. Se trata de una cita del ex alcalde de la colonia de Karrnei Shomron, que propone "garantizar que la población judía de Yesha 4 no tenga que vivir rodeada de alambrados, sino en una continuidad de presencia judía. Si tomamos por ejemplo la región que se halla entre Jerusalén y Ofra, y le agregamos una zona industrial a la entrada de la colonia de Adam y una estación de servicio a la entrada de Psagot, entonces tendremos un eje de continuidad israelí".

El tercer instrumento es el control total de las vías de comunicación para dislocar el espacio palestino, reducir la movilidad de la población y anular las posibilidades de desarrollo. Israel no sólo se apropió de las grandes rutas existentes, las que reparó y ensanchó, sino que además construyó otras para que los colonos puedan llegar a Jerusalén lo más rápido posible; objetivo al que también apunta el proyecto del futuro tranvía (pág. 17).

Todo forma una impresionante red de rutas de dos manos en cada dirección, iluminadas de noche, en el borde de las cuales se cortaron los árboles, se demolieron las casas consideradas "peligrosas" y se construyeron muros de protección, con el argumento -evidentemente- de la seguridad. Esas "rutas de rodeo" que unen entre sí las diferentes colonias están prohibidas a los palestinos, que deben utilizar una red secundaria de mala calidad, casi sin mantenimiento y en la que existen numerosas barreras de control, fijas o volantes.

Veamos por ejemplo la barrera de control llamada Container, situada al sur de Abu Dis, puesto que controla -y a menudo cierra- la última ruta importante palestina que une el norte con el sur de Cisjordania. Esa vía hace honor a su nombre de Wadi Nar, "Valle de fuego", y por extensión, "del infierno": su calzada es a veces tan estrecha que dos camiones apenas pueden cruzarse, suponiendo que lograran subir y bajar esas pendientes vertiginosas. En cambio, no lejos de allí, la amplia autovía que Itzhak Rabin construyó para los colonos les permite a éstos ir rápidamente a las colonias del bloque de Gush Etzion y de Hebrón... sin cruzar un solo árabe.

Este "apartheid tácito" -como dijera el jefe negociador palestino Saeb Erekat 5- se torna explícito con el proyecto de "circulación fluida" que defiende el coronel Tirza: allí donde los judíos y los árabes deberían verdaderamente cruzarse, gracias a puentes y túneles... ya no se verán. "Para sacar de su aislamiento a los poblados palestinos de Bir Nabala y Al Jib -explica en el terreno el arquitecto Alon Cohen Lifschitz, de Bimkom- los israelíes construyen a lo largo de dos kilómetros, y a quince metros de profundidad, una ruta en trinchera y enrejada, dos túneles y un puente." Pero en materia de segregación hay algo aun más infame: a partir del 19 de enero de 2007 una ley prohíbe a todo israelí o palestino "residente", transportar en su auto a un habitante de Cisjordania que no sea judío...

Cuarto instrumento: la infiltración de la ciudad vieja y de la "cuenca sagrada". "Para los colonos, Jerusalén es como una cebolla: lo mejor es el centro", bromea Meir Margalit. La recuperación de antiguos bienes judíos, las confiscaciones en virtud de la Ley de Ausentes y las compras a través de colaboradores aumentan a un ritmo tal que el periodista Meron Rappoport llegó a hablar de una "República de Elad" 6, por el nombre de la organización de colonos a la que las autoridades delegaron -de manera muy inusual- la gestión de la "Ciudad de David" 7.

A partir de esta implantación de carácter histórico se puede evaluar, por la cantidad de casas árabes que lucen banderas israelíes y de hombres armados deambulando por las calles, hasta qué punto la colonización se apodera de Silwan, desciende hacia Bustan (donde 88 edificios corren riesgo de ser demolidos), luego sube hacia Ras al-Amoud (Maale Zeitim) y Jabal Mukaber (Nof Zion). Y las dos primeras casas de Kidmat Zion ya desafían, por encima del muro, al Parlamento palestino, terminado pero vacío, en Abu Dis. El plano confirma que todas esas metástasis diseñan una verdadera diagonal de depuración étnica...

"No hay que concentrarse en las cifras", insiste Fuad Hallak, consejero del equipo de negociación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP); "es cierto que los diecisiete puntos de colonización de la ciudad vieja y de sus alrededores inmediatos cuentan apenas con 2.600 habitantes sobre 24.000, pero se inscriben en una tenaz estrategia de "despalestinización".

Esa judaización, quinto instrumento de la estrategia israelí, comienza con símbolos. Un amigo palestino evoca esos signos, que cubren la Jerusalén árabe con un decorado de ciudad judía. "De los más espectaculares -como los memoriales a los héroes militares de Israel y los edificios públicos instalados al Este- a los más discretos: pavimento, columnas de alumbrado, cestos de papeles. Sin olvidar el nombre de las calles." Plaza de Tsahal, Calle de los Paracaidistas; Cruce del Cuartel General: "Esos nombres fueron puestos luego de la anexión de Jerusalén Este en 1967 -observa el periodista Danny Rubinstein 8- aparentemente para que los árabes no olviden quién ganó".

Política de discriminación

En París, algunos amigos nos habían prevenido: "La ciudad vieja se está vaciando". Efectivamente, jamás en los últimos treinta años nos pareció tan triste. "Los israelíes quieren colonizar la parte esencial y reducir el resto a unas pocas calles folklóricas, como en Jaffa", afirma el nuevo embajador palestino ante la UNESCO, Elias Sanbar. El funcionario acaba de desbaratar una maniobra apenas creíble: un truco israelí para obtener en 2000 la inscripción de la ciudad vieja árabe en la lista del patrimonio... ¡del Estado judío!

La judaización se manifiesta también en el cuestionamiento del libre acceso a los Lugares Santos, que sin embargo es un principio común de todos los textos internacionales desde el Tratado de Berlín (1885). "Hace años que los musulmanes y los cristianos de Cisjordania no tienen acceso a (la explanada de la mezquita) Al-Aqsa ni al Santo Sepulcro", protesta el director del Waqf 9, Adnan Al-Husseini. Y añade que "los ‘residentes' en Jerusalén deben tener al menos 45 años de edad para poder venir a orar aquí. Sin contar las humillaciones que provoca la presencia de cerca de 4.000 soldados desplegados en ocasión de las fiestas importantes". ¿Y las excavaciones realizadas bajo la explanada? "No quiero imaginar lo que pasaría si los locos que sueñan con ‘reconstruir el Templo' llegaran a dañar nuestras mezquitas", agrega.

No menos inquietos, los patriarcas y jefes de las Iglesias cristianas de Jerusalén publicaron el 29 de septiembre de 2006 una declaración reafirmando la exigencia de un "estatuto especial" que asegure sobre todo "el derecho humano a ejercer la libertad de culto de todos, individuos y comunidades religiosas; la igualdad de todos los habitantes ante la ley en conformidad con las resoluciones internacionales; el libre acceso a Jerusalén para todos, ciudadanos, residentes y peregrinos".

En el texto se insistía en que "los derechos de propiedad, de protección y de culto que las diferentes iglesias adquirieron a lo largo de la historia continúen en poder de las mismas comunidades". Y se hacía un llamado a la comunidad internacional para hacer respetar el "statu quo de los Lugares Santos" 10...

Todos sabemos la increíble violencia de que es capaz cualquier ocupante, sea judío, cristiano o musulmán; pero la demolición de una casa con una topadora y en presencia de sus habitantes es un espectáculo insoportable 11. Desde el año 2000 la municipalidad y el Ministerio del Interior repitieron esas operaciones 529 veces; sin hablar de las multas aplicadas a los propietarios: ¡22,5 millones de euros! 12. Se trata de una represión muy desigual: según Betselem, en 2005, las 5.653 infracciones comprobadas en el Oeste dieron lugar a 26 demoliciones parciales o totales, mientras que las 1.529 registradas en el Este produjeron 76 13.

Para Meir Margalit, la municipalidad "vive con la obsesión de que la soberanía israelí sobre Jerusalén esté en peligro. En esa mentalidad paranoica, cada casa, cada árbol y cada planta en una maceta pasa a formar parte de una conspiración política mundial". Argumentos que ni siquiera invoca Yigal Amedi. Para ese alcalde adjunto, las demoliciones "excepcionales" se justifican pues conciernen "edificios construidos ilegalmente". Pero resulta curioso que, siendo miembro del Comité para la planificación y la construcción, afirme ignorar que en muchos casos los inspectores de su municipalidad proceden a demoliciones violando fallos de justicia. "La municipalidad -alega- se esfuerza en poner un poco de orden en todo ese caos."

Afortunada idea. Pues la "ilegalidad" en que se halla el 40% de las casas de Jerusalén Este (15.000 sobre 40.600) se debe a que la municipalidad concede muy pocos permisos a los palestinos: de 2000 a 2004, 481 sobre 5.300 inmuebles edificados. Además, los permisos son caros: más de 20.000 euros y meses de trámites para una construcción de unos 200 m2... Pero sobre todo, la superficie destinada a construir se redujo enormemente. Luego de 1967, Jerusalén Oeste totalizaba 54?km2 y Jerusalén Este 70?km2, 24 de los cuales fueron expropiados en beneficio de colonias. Sobre los 46 restantes, 21 no tienen plan de urbanización. De los 25 km2 planificados, 16 están reservados a espacios verdes, edificios públicos, rutas, etc. Por lo tanto, los 9?km2 donde los palestinos pueden construir representan... ¡el 7,25% de la superficie de la ciudad!

Arquitecto y militante de Bimkom, Efrat Cohen-Bar enarbola el enorme volumen del nuevo "Master plan". "Aunque hay algunas mejoras, la desigualdad de trato se mantiene. Desde ahora y hasta 2020, nuestros planificadores conceden otros 3 kilómetros cuadrados para construir a los 158.000 palestinos adicionales, y 9,5 km2 a los 110.000 judíos adicionales". La geógrafa Irene Salenson menciona además una "limitación horizontal y vertical al desarrollo urbano palestino": en el Este se podrá edificar en promedio hasta cuatro pisos (en lugar de dos actualmente), pero en el Oeste ¡de seis a ocho! 14.

Esa desigualdad es sólo una de las facetas de una política global de discriminación, que constituye el sexto y último instrumento de la hegemonía de Israel. Sólo son ciudadanos los judíos. Con su cédula de identidad verde, los palestinos de Cisjordania no tienen ningún derecho, ni siquiera el de entrar a la ciudad, salvo autorización, cada vez más difícil de obtener. Los "residentes permanentes", que poseen cédula de identidad azul, gozan de los beneficios sociales y de derecho a voto en las elecciones locales, que no son extensivos automáticamente ni al cónyuge ni a los hijos.

El famoso informe europeo, cuya censura por el Consejo de Ministros de la Unión Europea causó un escándalo a fines de 2005, revela otro desfasaje: "Entre 1996 y 1999, Israel aplicó un procedimiento titulado ‘centro de vida', en virtud del cual los poseedores de una cédula de identidad azul cuyo domicilio o cuyo trabajo se hallaba fuera de Jerusalén Este -por ejemplo, en Ramallah- perdían ese documento. Por lo tanto, una oleada de poseedores de esas cédulas azules se replegó sobre Jerusalén Este" 15.

Y el presupuesto municipal no es menos discriminatorio. Jerusalén Este, que cuenta con el 33% de la población, recibe apenas el 8,48%: a cada judío se le dedica un promedio de 5.968 shekels (1.190 euros), y a cada árabe 1.311 (260 euros). Por lo tanto, no debe sorprender -precisa Betselem- que el 67% de las familias palestinas vivan bajo el nivel de pobreza, contra el 29% de las familias israelíes 16. Yigal Amedi, él mismo originario de un barrio pobre, no niega "los atrasos que padecen en materia de infraestructuras y servicios los barrios árabes y ultra-ortodoxos". Sin embargo, asegura que la ciudad, cuando el alcalde se llamaba Ehud Olmert, "invirtió más que nunca para llenar esos vacíos". Y enumera los proyectos en curso: "Son gotas de agua en medio del Océano -reconoce- pero por algo hay que empezar".

Monumento a la desesperación

No queda más remedio que comprobar que, por ahora, todo comienza y termina con la construcción del muro, que absorbe la mayor parte de los medios, pues cuesta 800.000 euros el kilómetro. Y tendrá en total 180, de los cuales sólo cinco sobre la Línea Verde. Es decir, el argumento de la seguridad no es creíble. Los atentados suicidas -171 víctimas en seis años- traumatizaron a la ciudad. Pero aquí, el muro, en la parte esencial de su trazado, no separa israelíes de palestinos: separa a los palestinos de sus escuelas, de sus tierras, de sus olivares, de sus hospitales y de sus cementerios...

"El muro es una herramienta que el gobierno utiliza para controlar Jerusalén y no para garantizar la seguridad de los israelíes", dice terminante Menahem Klein. De hecho, esa obra es la quintaesencia de todas las herramientas de dominación evocadas hasta ahora. Permite multiplicar la superficie de Jerusalén Este por 2,3, dibujando una especie de trébol que incluye las nuevas colonias con sus zonas de desarrollo: al norte Bet Horon, Givat Zeev, Givon Hadasha y el futuro "parque metropolitano" de Nabi Samuel; al sur Har Gilo, Betar Ilit y también el conjunto de Guch Etzion; y al este, Maale Adoumim.

Desde el mirador del Hospital Augusta Victoria se tiene más conciencia de la amenaza mortal que representan las obras en curso en el Este para el futuro Estado Palestino. La colonia en sí misma ocupa 7 km2. Pero el plan municipal del "bloque de Maale Adoumim" cubre una superficie total -aún mayoritariamente desierta- de 55 km2 (más que Tel-Aviv: 51 km2). Ese bolsón se extiende casi hasta el Mar Muerto, cortando en dos la Cisjordania. Al norte, la famosa zona E1, representa con sus 12 km2 (¡doce veces la ciudad vieja!), el último espacio de crecimiento posible para Jerusalén Este. Ahora bien, ni siquiera la oposición -formal- de Washington pudo impedir la edificación de un nuevo Cuartel General de la policía para Cisjordania, a la espera de viviendas, centros comerciales, hoteles, etc. En cuanto a los beduinos Jahalin, sus pobres y precarias viviendas se alzan sobre una colina a la que fueron "transferidos" y desde la que tienen una vista panorámica sobre... los basurales.

La mayor cantidad posible de tierras palestinas con la menor cantidad de palestinos: ese viejo principio guió el trazado del muro, que incluye colonias judías y excluye barrios árabes. Así es que, de norte a sur, deja en Cisjordania la localidad de Qafr Aqab, junto al campamento de refugiados de Qalandiya, la mitad de Beit Hanina, la mayor parte de A-Ram, Dahiyat al-Bared, Hizma, el campamento de Shuafat, Dahiyat AlSalam, Anata, Ram Khamzi y, en el extremo sur, Walaja. Algo nunca visto: 60.000 de los 240.000 palestinos de Jerusalén fueron expulsados... ¡sin siquiera moverse!

Y padecerán otras pérdidas. De tiempo: "Antes iba a la facultad a pie en diez minutos. Ahora necesito una hora y media en auto", declara Mohammad, un estudiante de Ramallah inscripto en medicina en la Universidad Al Qods. De ingresos: los comerciantes que quedaron del "lado malo" de A-Ram lamentan una baja en sus ventas del 30% al 50%; un dentista directamente tuvo que cerrar su consultorio, mientras que el propietario de un edificio cuyas ventanas ahora dan sobre el muro no tiene ni un solo inquilino. Pérdida de personal: entre un tercio y la mitad de los médicos, enfermeras y docentes ya no pueden ir a trabajar a Jerusalén. Pérdida anunciada de la "residencia": a la persona que no pueda justificar tener vivienda o trabajo en Jerusalén ya no se le renovará su cédula de identidad azul. Y pérdida también -y sobre todo- del rol de metrópoli palestina que poseía Jerusalén Este.

"Todos saben que las próximas negociaciones se harán a partir de los ‘parámetros de Clinton', fundamentalmente la partición de la ciudad para dar lugar a dos capitales", resume Menahem Klein. Y agrega: "Eso es lo que el muro trata de evitar, quebrando Al Qods como centro metropolitano, desconectándolo de su hinterland económico, social y cultural palestino. Pero si nuestros dirigentes esperan aprovecharse de la debilidad de los palestinos, están haciendo un cálculo a corto plazo. La generación joven va a levantar cabeza. ¿Qué quedará entonces de la ambición de Sharon y de Olmert de ‘volver a liberar Jerusalén'?".

Otros interlocutores vinculan la escalada israelí con la situación del proceso de paz. Como el embajador Sanbar, para quien las cosas se aceleraron "a partir del momento en que Jerusalén fue inscrita oficialmente en el orden del día de las negociaciones. A fuerza de hechos consumados, se procura que no quede nada para negociar". Para Wassim H. Khazmo, consejero del equipo negociador palestino, "Sharon aprovechó la debilidad de la comunidad internacional para apoderarse de lo que George W. Bush le había prometido en su carta del 14 de abril de 2004: los bloques de colonias".

Así fue que, con gran sorpresa, oímos a Tufakji renunciar a reivindicar esos "bloques" en nombre del realismo. "¿Incluso Maale Adoumim?" "Sí." "¿Incluso la Zona E1?"?"Sí." Como respuesta a ese abandono, Hasib Nashashibi, de la Coalición para Jerusalén, evocó la "crisis de liderazgo" en la OLP: "Evidentemente, los israelíes explotan nuestras divisiones y nuestros errores". Mientras que Amos Gil señala que "los atentados kamikaze brindaron el principal argumento para justificar el muro".

Al verlos, uno piensa en Kafka o en Ubú: son los palestinos que viven en los enclaves de Biddu (35.500 personas), Bir Nabala (20.000) y Walaja (2.000), atrapados por el muro o por las barreras, que los rodean totalmente.

El caso de la familia Gharib es seguramente ejemplo de víctima expiatoria. Uno a uno, los colonos de Givon Hadasha construyeron, sobre terrenos privados palestinos, sus casas en torno a la de los Gharib. Esta quedó así transformada en un mini enclave, unido a su pueblo original por un camino totalmente bordeado por una reja, que pronto estará electrificada y vigilada por una cámara... Los vecinos son simpáticos: al vernos, uno de ellos gritó por la ventana: "¡Tengo un arma. Los voy a matar!". Y no parecen ser puras bravuconadas: ya mataron a uno de los hijos de los Gharib. A pesar de la persecución, los Gharib resisten desde hace más de veinte años...

¡Cómo no pensar en lo dicho la víspera por Meron Benvenisti! "¿El muro? ¡Es el monumento a la desesperación total! Mire Belén: de un lado la Iglesia de la Navidad, del otro el bunker construido en torno de la tumba de Raquel. Es la arrogancia del ocupante que pretende definir y redefinir las comunidades a su antojo: como si la ‘barrera' pudiera separar los ‘buenos' árabes, aceptados en Jerusalén, de los ‘malos', que deben ser excluidos de la ciudad. Los inventores de ese horror razonan con la misma lógica colonial del siglo XIX con que ustedes, los franceses, se aferraban a Indochina y al Maghreb. Pero las cosas no terminarán mejor que entonces. El muro de Jerusalén acabará como el de Berlín."

  1. La Nakba designa la desaparición de la Palestina y el éxodo forzado de 800.000 de sus habitantes en 1948. En cuanto al coronel Tirza, fue destituido de su cargo por haber mentido a la Corte Suprema para justificar el trazado de su muro.
  2. A fines de 2006 se estimaba que Jerusalén tenía unos 700.000 habitantes: 470.000 judíos y 230.000 palestinos.
  3. Bulletin du Centre de recherche français de Jerusalén, N° 16, 2005.
  4. Haaretz, Tel-Aviv, 17-7-96. "Yesha" es la contracción de Yehuda ve Shomron (Judea y Samaria), nombre que los colonos dan a Cisjordania.
  5. René Backmann, Mur en Palestine, Fayard, París, 2006.
  6. Haaretz, Tel Aviv, 26-4-06.
  7. El rey David habría fundado allí su capital cerca del año 1.000 a.C.
  8. Haaretz, Tel-Aviv, 26-11-06.
  9. A cargo de la gestión de los bienes religiosos musulmanes.
  10. http://paxchristi.cef.fr/docs/jerusalem.rtf
  11. Les bulldozers en action/2006-12-06
  12. Discriminations in the Heart of the Holy City, IPCC, Jerusalén, 2006. Las cifras que siguen -salvo indicación en contrario- provienen de esa fuente.
  13. A Wall in Jerusalem, Jerusalén, 2006.
  14. Bulletin..., op. cit.
  15. Francia - Palestina La Seguridad Social incita a que se le retire la cédula de identidad a los residentes que se hallan en el exterior de la ciudad, por motivos fundamentalmente financieros. Pero el Ministerio del Interior, y sobre todo la municipalidad, preocupados por reducir el número de palestinos que viven efectivamente en Jerusalén, prefieren que conserven su cédula de identidad aun fuera de los límites municipales.
  16. A Wall in Jerusalem, op. cit.
Autor/es Philippe Rekacewicz, Dominique Vidal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 92 - Febrero 2007
Páginas:14,15,16
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Conflictos Armados, Política
Países Estados Unidos, Israel, Palestina