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Francia y la segunda era nuclear

Mientras Jacques Chirac negociaba en Nueva Delhi una posible cooperación nuclear con India, aumentaban las presiones sobre Irán para que abandone su programa de enriquecimiento de uranio. Tiempo después, el mandatario pronunciaba un discurso sobre la estrategia militar de París, que considera por primera vez el uso de armas nucleares para hacer frente a Estados que recurran a amenazas terroristas contra Francia.

El discurso de Jacques Chirac pronunciado en la base nuclear de la Force Océanique Stratégique Française  (FOSF) en Ile Longue, el 19-1-06, reabrió el debate sobre los medios y fines de la política de disuasión nuclear francesa desde hace más de cuarenta años y suscitó controversias sobre la legitimidad y la pertinencia de una definición extensiva de los intereses vitales que justifiquen el recurso a la ultima ratio nuclear. El Presidente francés afirmó que si bien "la integridad del territorio, la protección de la población y el libre ejercicio de la soberanía" constituyen la esencia de los intereses vitales de su país, éstos no se limitan a ello. Así, en un mundo signado por la independencia creciente de los países europeos y los efectos de la mundialización, la "garantía de nuestros aprovisionamientos estratégicos y la defensa de los países aliados" podrían también ingresar en el terreno de los intereses vitales.

Por otra parte, reconociendo que la disuasión nuclear sería ineficaz para hacer entrar en razones a los "terroristas fanáticos", Chirac considera que los Estados dispuestos a usar contra Francia medios terroristas o armas de destrucción masiva podrían desistir de sus proyectos, ya que se convencerían de que al dar ese paso se expondrían a una respuesta firme y adecuada de París. Esta respuesta podría ser "convencional o de otra naturaleza".  

Esta inflexión en la doctrina nuclear francesa fue considerada inoportuna, si no peligrosa, por algunos observadores y responsables políticos 1 y dio lugar a explicaciones por parte de las autoridades gubernamentales. Éstas aseguran que nada ha cambiado en los fundamentos de la política de disuasión y que las hipótesis contempladas por el Presidente de la República aludían a una situación de "gravísima crisis internacional en la que se viera amenazada la propia capacidad de funcionamiento de nuestro país" 2.

La cuestión del aporte de la fuerza nuclear a la defensa de Europa, por su parte, se plantea desde hace más de diez años y es objeto de conversaciones permanentes entre París y Londres, llamadas a desempeñar un papel importante el día que la Unión Europea (UE) decida contar con una defensa común de ejercicio pleno. Por el momento, el futuro y la finalidad de la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD) siguen siendo inciertos. Sólo pueden hacerse conjeturas sobre las posibilidades de éxito de una disuasión europea que se enfrenta a una marcada reticencia tanto por parte de los países donde la opinión pública es mayoritariamente antinuclear, como por aquellos que se conforman con la protección estadounidense en el marco de la alianza atlántica y quisieran reducir el papel de la UE al cumplimiento de las misiones de Petersberg 3.

Esto no implica que la dimensión nuclear de la seguridad europea pueda ignorarse por más tiempo. Resulta significativo que durante el encuentro de Versalles del 23 de enero pasado, la canciller alemana Angela Merkel dijera sobre el discurso del presidente Chirac, que "se inscribía plenamente en la continuidad de la doctrina nuclear francesa". Puesto que las armas nucleares francesas están destinadas exclusivamente a la disuasión y no a utilizarse en los campos de batalla, los alemanes no tienen de qué preocuparse... Además, la adaptación de la doctrina a las nuevas amenazas es una necesidad en un mundo que cambia y las decisiones tomadas con vistas a una mayor flexibilidad de la herramienta militar no se traducirían necesariamente en una reducción del umbral nuclear.

La paja en el ojo ajeno

Sin embargo, estas palabras tranquilizadoras dejan abiertos numerosos interrogantes, especialmente sobre la inserción de las fuerzas nucleares francesas (y británicas) en un dispositivo de defensa común de Europa 4, y las críticas realizadas en Alemania contra el discurso de Chirac, incluso en la filas de los dos partidos gubernamentales -SPD y CDU- impiden augurar un acercamiento de los puntos de vista de París y Berlín en este terreno sensible.

Asimismo, se advierte el carácter inoportuno de este discurso, ya que al presentar la disuasión nuclear como la "garantía fundamental de nuestra seguridad" y la "expresión última" de una estrategia de prevención de conflictos, Francia brinda argumentos a los Estados que aspiran a poseer la bomba. Se corre el riesgo de comprometer el éxito de los esfuerzos desplegados por la comunidad internacional para contener la proliferación de las armas nucleares.

Al respecto, se recordaron las negociaciones iniciadas en 2003 por tres países miembros de la Unión Europea -Alemania, Francia y Reino Unido- para convencer a Irán de respetar las obligaciones contraídas al adherir al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) y dar garantías tangibles de su renuncia a la opción militar tras dieciocho años de actividades nucleares clandestinas cuyo carácter exclusivamente pacífico no pudo demostrarse. Estas negociaciones entraron en una etapa crítica luego de que las autoridades iraníes decidieran reanudar el enriquecimiento de uranio y el Consejo de Gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) se pronunciara en favor de la remisión del caso iraní al Consejo de Seguridad de la ONU 5.

Es por eso que parlamentarios alemanes de la Unión Demócrata Cristiana -como Andreas Schockenhoff y Eckart von Klaeden- y diputados británicos criticaron el discurso del Presidente de la República Francesa, que podría tener una incidencia negativa en la solidaridad de los tres Estados nucleares comprometidos en la búsqueda de una solución negociada de la crisis nuclear iraní 6. Las explicaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores francés de que no se apuntaba a ningún país en particular y las declaraciones del jefe del Estado Mayor de la Fuerzas Armadas, general Henri Bentégeat, asegurando que Irán no representaba una amenaza y que se descartaba una acción militar 7 no disiparon todas las dudas. En todo caso, no se puede sino coincidir con la opinión del analista estadounidense John Wolfstahl, del Center for Strategic and International Studies de Washington, cuando afirma que "la extensión del papel de las armas nucleares preconizada por Francia sólo puede debilitar los argumentos invocados por los europeos para cuestionar el derecho de Irán a tenerlas" 8.

En este caso, el reproche dirigido a Francia se refiere a la compatibilidad de una estrategia de disuasión con la implementación de una política activa de no proliferación. Otrora, el gobierno francés había cuestionado la filosofía que sustentaba al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares y, al ser consciente de los peligros que conlleva la multiplicación de las potencias nucleares, estimaba que sólo se podía "impedir el acceso de nuevos Estados al círculo nuclear si éste preparaba al mismo tiempo su propia desaparición. ¿Cómo pretender prohibir a los demás, salvo renuncia voluntaria de su parte, aquello que se permite a sí mismo?" 9.

Ampliar el club 

Tras la caída del orden bipolar, Francia decidió brindar un apoyo activo a la consolidación del régimen de no proliferación y su posición ya no se distingue particularmente de la de las otras cuatro potencias nucleares homologadas por el TNP. Los cinco Estados Dotados de Armas Nucleares (EDAN) no piensan renunciar a la capacidad militar que les confiere un estatuto privilegiado en la sociedad internacional y les permite protegerse de toda amenaza a sus intereses vitales mediante una maniobra de prohibición disuasiva. Pero consideran que la ampliación del club incrementaría los riesgos de un conflicto apocalíptico. Para conjurarlos se esfuerzan en consolidar el TNP, según el cual los Estados No Dotados de Armas Nucleares (ENDAN) asumen el compromiso de renunciar a ellas a cambio de que se garantice la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos y se otorguen garantías de seguridad. Ahora bien, numerosos analistas consideran que el equilibrio de las obligaciones entre las partes contratantes no se respeta en la medida en que la abstinencia nuclear de unos no se compensa con el compromiso firme de los demás de avanzar en el camino del desarme.

En su discurso de Ile Longue, el presidente Jacques Chirac instó al respeto del TNP y recordó que en la reunión cumbre del 31 de enero de 1992, el Consejo de Seguridad adoptó una declaración que califica a la proliferación de armas de destrucción masiva de "amenaza contra la paz y la seguridad internacionales". Así, ésta justifica las acciones preventivas y represivas previstas en el capítulo VII de la Carta de la ONU. Pero el Presidente de la República afirmó además que Francia apoya "los esfuerzos internacionales en favor del desarme general y completo", y dio a entender que fue para adecuarse al espíritu del TNP que Francia procedió a una reducción unilateral de sus "fuerzas de disuasión", aplicando el principio de estricta suficiencia.

Es poco probable que estos dichos eliminen las prevenciones de los Estados que se sienten profundamente discriminados por el TNP y que sólo tienden a reprochar a las potencias nucleares el incumplimiento del compromiso asumido en el año 2000 de propender a la eliminación total de sus arsenales estratégicos 10. Por otra parte, en los últimos diez años, las negociaciones con vistas al control del armamento y el desarme se estancaron o sólo produjeron resultados decepcionantes 11. Por eso, la VII Conferencia de Revisión del TNP, celebrada en mayo de 2005, estuvo caracterizada por grandes tensiones entre los ENDAN, que insistieron en establecer un vínculo entre el desarme y la consolidación del régimen de no proliferación, y los EDAN, que sólo querían acordar al desarme la porción adecuada, estimando que las reducciones llevadas a cabo desde el fin del orden bipolar demostraban su buena fe en la aplicación del artículo VI del Tratado 12.

La voluntad manifestada por Francia de modernizar su fuerza nuclear para reforzar su credibilidad en un mundo donde los riesgos se diversifican indudablemente no contribuirá a aclarar estos malentendidos. Debería incitar a quienes toman las decisiones a abordar los problemas de la proliferación en términos menos maniqueos y con un tono menos predicante que el de costumbre.

Por lo demás, el general Lucien Poirier, quien reflexionó especialmente sobre el futuro de las fuerzas nucleares al finalizar la Guerra Fría y cuyos escritos sientan cátedra, tomó distancia respecto del conformismo imperante y hoy preconiza, en materia de proliferación, un enfoque con mayores matices tendiente a la implementación de una estrategia de intereses compartidos basada en el surgimiento de una "cultura nuclear universal" 13.

Seguridad cooperativa 

En definitiva, el discurso de Chirac de enero de 2006 se inscribe en la continuidad de las preocupaciones de los dirigentes franceses desde el fin del orden bipolar. Contrariamente a lo que a veces se piensa, el fin del antagonismo Este-Oeste y la desaparición de la amenaza soviética no permitieron ingresar en un mundo posnuclear, sino que inauguraron una "segunda era de la edad atómica". Se entiende pues que desde hace quince años los sucesivos gobiernos se hayan preocupado por conservar y modernizar una herramienta militar que garantiza la defensa de los intereses vitales del país, salvaguarda la identidad nacional, contribuye a la estabilidad regional y permite prevenirse contra las incertidumbres del futuro.

Desde luego se plantean muchas cuestiones, especialmente respecto de la definición de los intereses vitales, los medios que se utilicen para protegerlos contra amenazas diversificadas, los riesgos de desvíos de una estrategia de respuesta selectiva y las perspectivas de una defensa europea que integraría a las fuerzas nucleares francesas y británicas desde el momento en que se identifiquen intereses comunes permanentes. Actualmente, los principios que sustentan la doctrina francesa de la disuasión son objeto de un muy amplio consenso nacional y la "postura de espera estratégica" definida por el general Poirier da cuenta perfectamente de las exigencias de la seguridad durante el proceso de europeización de la defensa. El contexto es pues favorable a la apertura de un debate fructífero sobre todas las cuestiones controvertidas. Este ejercicio es tanto más necesario cuanto que el fin de la estrategia francesa no es urgente y la eliminación completa de las armas nucleares está fuera de alcance. Entonces, es preferible optar por una estrategia de seguridad cooperativa basada en la posesión de una capacidad de disuasión mínima en un mundo donde la amenaza seguirá latente, porque el arma nuclear no puede "desinventarse".

  1. Louis Gautier, "Nucléaire: clarifier le propos",  Le Monde, París, 24-1-06; y entrevista a François Heisbourg, Le Temps, Ginebra, 21-1-06.
  2. Le Monde, París, 26-1-06.
  3. Según la declaración de Petersberg del Consejo de la Unión Europea Occidental (UEO) del 19-6-1992, las unidades militares de los Estados miembros podrían utilizarse para "misiones humanitarias o de evacuación de residentes, misiones de mantenimiento de la paz y misiones de fuerzas de combate para la gestión de crisis, incluidas las operaciones de restablecimiento de la paz".
  4. En un artículo de opinión ("Ne sous-estimons pas la doctrine Chirac", Le Monde, París, 3-2-06), una investigadora alemana de la Fundación Bertelsmann, Stefani Weiss, señala el interés de la defensa europea por una dimensión nuclear reconociendo que esta opción es improbable en el corto y mediano plazo.
  5. Véase el dossier "Proyecto monopólico occidental", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, noviembre de 2005.
  6. The Financial Times, Londres, 20-1-06; Le Monde y Libération, París, 21-1-06.
  7. Michaela Wiegel, "Atomschläge als letzte Warnung" (Ataques nucleares como última advertencia),
    Frankfurter Allgemeine Zeitung, Frankfurt, 21-1-06.
  8. The Financial Times, Londres, 20-1-06.
  9. Discurso de Maurice Couve de Mourville en la Asamblea Nacional francesa, París, 3-11-1964.
  10. Declaración de las delegaciones de las cinco potencias nucleares en la Conferencia de Revisión del TNP del 1 de mayo de 2000, Politique Etrangère de la France, París, mayo-junio de 2000.
  11. Jean Klein, "Entre maîtrise et développement, une course permanente", dossier sobre armas de destrucción masiva, Questions Internationales N° 13, París, mayo-junio de 2005.
  12. Cada Estado "se compromete a celebrar negociaciones de buena fe sobre medidas eficaces relativas a la cesación de la carrera de armamentos nucleares en fecha cercana y al desarme nuclear, y sobre un tratado de desarme general y completo bajo estricto y eficaz control internacional".
  13. Lucien Poirier, La crise des fondements, Economica, París, 1994, y, en colaboración con François Géré, La réserve et l'attente. L'avenir des armes nucléaires françaises, Economica, París, 2001.
Autor/es Jean Klein
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 81 - Marzo 2006
Páginas:12,13
Traducción Gustavo Recalde
Temas Política internacional
Países India, Francia, Irán