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Fundamentalismos

El conflicto en Medio Oriente se presenta de tal modo inextricable, que una de dos: o nos abandonamos al fatalismo y esperamos que algún acto desesperado de alguna de las partes desencadene una catástrofe 1 que no dejará de ser mundial -sea porque medio mundo se involucre en una conflagración, o porque dure tanto y provoque tantos daños que todo el planeta se vea afectado- o empezamos a reclamar y a movilizarnos para que el resto del mundo, a través de unas Naciones Unidas con mandato firme, se implique y detenga esta locura.

Porque de una locura se trata; otra más de esas en las que el género humano se sumerge de tanto en tanto, al cabo de un lento proceso durante el que las partes que acabarán haciéndose pedazos esgrimen argumentos atendibles, lógicos, racionales, que justamente les dan razón... para terminar en la sinrazón de la guerra.

Todo lo que hace actualmente Israel en el Líbano (y no sólo eso) es repudiable, injustificable, pero no incomprensible: ni por un instante debe olvidarse que "Israel es el único país del mundo que no puede permitirse el lujo de aceptar una derrota militar" 2. Que para recordar esto haya que citar a un periodista beato del american way of life y de los intereses de Estados Unidos indica hasta qué punto, ante la potencia militar de Israel y sus desmanes, el progresismo internacional ha caído en la trampa de olvidar que, sobre el terreno, se trata del enfrentamiento de un Estado democrático moderno de unos siete millones de habitantes y 21.060 kilómetros cuadrados (algo menos que la provincia de Tucumán), rodeado por decenas de millones de árabes, persas, etc., que viven en Estados monárquicos y/o teocráticos y/o despóticos en los que la democracia y los derechos humanos tienen la misma vigencia que tenían en la Europa cristiana medieval.

La única excepción democrática es justamente el Líbano, pero por razones que no pueden desarrollarse aquí y que tienen que ver con los tironeos de las potencias internacionales desde la Guerra Fría -y con sus propios conflictos religiosos internos- se trata de una democracia, de un Estado tan débil, que debe tolerar que en su frontera sur se instale y desarrolle una guerrilla fanática que no podía sino acabar sumergiendo a todo el país en un drama como el actual 3.

La mayoría de los países árabes e Irán, apoyados tácita o explícitamente por la mayoría de sus poblaciones, desean la desaparición del Estado de Israel y llegado el caso estarían dispuestos a apoyar una cruzada que borrara a los judíos al menos de Medio Oriente. Si una sociedad como la estadounidense puede terminar apoyando masivamente una invasión injusta, mendaz y absurda como la de Irak, da escalofríos pensar lo que harían las poblaciones árabes y persas -lo que hacen ahora mismo parte de ellas- con la excusa adecuada y el acicate de líderes religiosos ciegamente obedecidos. Basta comprobar la forma en que sunnitas y chiitas se exterminan entre ellos por razones religiosas en Irak, con su país invadido por una potencia extranjera 4, para comprender lo que podrían llegar a hacer unos y otros con un Israel indefenso. Muy a pesar de los cada vez más numerosos árabes y persas que bregan por la paz y la concordia junto a sus pares judíos 5, el rechazo de Israel es un elemento central de la cultura política en sus países, tanto de las elites como de la opinión pública.

La razón por la cual el Estado de Israel ha desarrollado el ejército más poderoso de la región es que arriesga el exterminio, algo a lo que nadie se expondría, y menos los judíos. Los acontecimientos posteriores a su fundación hicieron que el poder y el control de las cosas acabasen en manos del ejército, de sus generales más implacables 6 y de la derecha política, por lo general aliada al fundamentalismo judío. Del ideal comunitario de los pioneros casi nada queda y hoy Israel es un país ultracapitalista y colonialista más (dossier, pág. 16), aliado incondicional de Estados Unidos. Pero Israel sigue siendo una democracia, en la que ahora mismo se escuchan numerosas voces no ya disidentes, sino extremadamente críticas, y tienen lugar manifestaciones de oposición a la guerra, algo que "no puede ni soñarse en Siria, en Egipto, en Jordania o en Irán" 7, por no hablar de Arabia Saudita....

Dicho esto, vuelve a decirse, y con razón, que lo que viene haciendo Israel en el Líbano suministra la excusa adecuada al fundamentalismo islámico; que no hace más que fortalecerlo y propagarlo. ¿Pero acaso la Organización para la Liberación de Palestina, que ahora es moderada y dialoguista, no tardó en reconocer el derecho a la existencia del Estado de Israel? 8. El actual primer ministro palestino, Ismael Haniyeh, declaró a The Washington Post, a mediados de julio pasado, que se trata de resolver "las cuestiones esenciales de 1948, más que las cuestiones secundarias de 1967", o sea la existencia misma del Estado de Israel, antes que la devolución de las tierras ocupadas después de la guerra de los Seis Días, que Israel sigue negándose a restituir desde entonces, a pesar de la resolución 242 de Naciones Unidas... 9. ¿Acaso Mahamud Ahmadinejad, el presidente de Irán, principal sostenedor de Hezbollah y potencia económica, demográfica, petrolera (quizá pronto atómica), no dice lo mismo con toda la boca y mayor brutalidad? 10.

Estas provocaciones de uno y otro lado (las de Israel son tan graves y numerosas), y las discusiones sobre quién lanzó la primera piedra, resultan en lo del huevo y la gallina, porque el hecho es que, gracias ellas, en ambos campos los que marcan el paso son los fundamentalistas. ¿Acaso a Itzak Rabin no lo asesinó la extrema derecha israelí cuando se había decidido firmemente por la paz? Unos apoyados por la administración cristiana fundamentalista estadounidense; otros por el fundamentalismo islámico iraní...

Tal como están las cosas y acabe como acabe este nuevo "incidente", el conflicto en Medio Oriente no tendrá fin. Al contrario, se agravará si la comunidad internacional no se interpone por un largo tiempo, con la mayor energía y los medios de coerción diplomáticos, económicos, políticos y militares necesarios.

Las principales potencias deberían consensuar con los demás países para imponer que Israel devuelva los territorios ocupados desde 1967; que los palestinos dispongan de un Estado; que unos y otros gocen de fronteras seguras y que el resto del mundo árabe-persa respete la situación.

Deberían, pero tal como están las cosas es difícil que ocurra. Después de todo, el fundamentalismo campea en Estados Unidos; la extrema derecha asoma cada vez más el hocico en Europa y en algunos países árabes que mantienen una apariencia de democracia, como Egipto y Argelia, no son "los judíos" la única ni principal causa de que el fundamentalismo islámico se haya desarrollado de manera alarmante. En Argelia estuvo a punto de provocar una guerra civil.

Y están el petróleo y el gas, ambicionados por todos; están China, que quiere ser gran potencia, y Rusia, que quiere volver a serlo; está la Unión Europea, que no se sabe si quiere y no puede, o al revés, o ninguna de las dos cosas. Después de la Guerra Fría, habrá que buscar un nombre para el peligrosísimo juego de poder e intereses al que se han lanzado las potencias, una ruleta rusa con Medio Oriente como punto de ignición. No van descaminados quienes, como Noam Chomsky, John Berger, José Saramago y Harold Pinter, ven que "cada provocación y su contragolpe se impugnan y son motivo de sermones. Pero los subsecuentes alegatos, acusaciones y solemnes promesas sólo sirven de distracción, para evitar que el mundo preste atención a una estratagema militar, económica y geográfica de largo plazo cuyo objetivo político es nada menos que la liquidación de la nación palestina" 11. ¿Pero alguien puede imaginar lo que ocurriría en el mundo árabe y en el mundo entero si ese hipotético plan israelo-estadounidense se llevara a cabo y las demás potencias dejaran hacer?

Lo cierto es que entre todas podrían parar esta guerra sucia forzando una solución, como por ejemplo la detallada en algunos acuerdos explícitos ya logrados entre prominentes palestinos e israelíes 12. Hay que apostar y luchar por eso, porque en el desenlace que vaya a tener el interminable conflicto de Medio Oriente, a todos nos va el futuro. 

  1. En un artículo luminoso, el militante pacifista israelí Uri Avnery describe el panorama de guerras civiles y conflictos generalizados que acabarán envolviendo Medio Oriente si no se encuentra algún tipo de solución. Uri Avnery, "The next crusades", Gush Shalom, Tel Aviv, 5-3-05 (www.gush-shalom.org), y "Au bout de Gaza, c'est l'impasse", Le Monde, 12-7-06.
  2. Carlos Mendo, "¿Qué se quiere de Israel?", El País, Madrid, 21-7-06.
  3. Walid Jumblat, el druso que lideró el desalojo de las tropas sirias del Líbano, afirmó: "Hemos provocado a Israel", María Laura Avignolo, "Walid...", Clarín, Buenos Aires, 26-7-06.
  4. Juan Goytisolo, "La historia no les absolverá", El País, Madrid, 22-7-06.
  5. Sergio Rotbart, "En Israel las voces que cuestionan la guerra están empezando a hacerse oir", Página/12, Buenos Aires, 27-7-06.
  6. "El jefe del Estado Mayor del ejército israelí, general Dan Halutz, ha amenazado con bombardear diez edificios de los barrios chiitas por cada Katiusha lanzado contra Israel. Lo está cumpliendo. Y ha prometido que ‘hará retroceder al Líbano 20 años', y a la vista está que también lo está cumpliendo". Lluis Bassets, "¿Somos antisemitas?", El País, Madrid, 27-7-06.
  7. Ibid.
  8. La Declaración Nacional palestina de 1964, revisada en 1968, y los programas políticos de los Consejos Nacionales palestinos hasta 1973, declaraban nula la creación del Estado de Israel y apuntaban a establecer, mediante la guerra de guerrillas, un Estado palestino-árabe sobre la Palestina histórica, el territorio ocupado por el Estado de Israel legal y los territorios palestinos ocupados y administrados desde 1967.
  9. Daniel Vernet, "Un conflit sans fin...", Le Monde, París, 19-7-06.
  10. Ahmadinejad envió una carta a la canciller alemana Angela Merkel de tal contenido antisemita, "en particular sobre el derecho a la existencia del Estado de Israel y el Holocausto", que el gobierno alemán la calificó de "inaceptable". "Le président iranien...", Le Monde, París, 23-7-06.
  11. "Una carta", La Jornada, México, 21-7-06.
  12. Qadura Fares, "Una ventana abierta a la esperanza", y Monique Chemillier-Gendreau, "Israel-Palestina, una paz conforme a derecho; los acuerdos de Ginebra", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, diciembre de 2003 y febrero de 2004.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 86 - Agosto 2006
Páginas:3
Temas Conflictos Armados, Política, Derechos Humanos
Países Israel, Palestina