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La cruz y la espada

¿Qué hay de realidad en el tópico que vincula el autoritarismo y la inestabilidad de las instituciones políticas argentinas con una particular relación entre la Iglesia católica y las Fuerzas Armadas? Si bien la conquista de América estuvo signada por la conjunción de la cruz y la espada, las relaciones entre la Iglesia católica y las Fuerzas Armadas en Argentina independiente tienen un punto de inflexión en la década de 1930. A partir de entonces, aunque con intermitencias, parece haberse establecido entre ambas instituciones una intimidad que se ancla en la creciente preeminencia de tendencias nacionalistas corporativas, en un antiliberalismo articulado con embates antidemocráticos y en el fortalecimiento de ambas instituciones a partir de un juego de legitimaciones mutuas.

La unión entre la cruz y la espada es uno de los tópicos más frecuentes para referir a la conquista de América por parte de los reinos de Castilla y Aragón. Tópico que también ha servido como explicación recurrente de varios de los fenómenos políticos y sociales que caracterizaron a América Latina en general y a Argentina en particular. Así, el autoritarismo y la inestabilidad política fueron interpretadas como un baldón o un destino inevitable derivado del "tipo" de conquista que padeció nuestra región.

Mucho se ha dicho acerca de las relaciones entre la conquista de América y la importancia del catolicismo en ese violento proceso. Las visiones contrapuestas de la conquista -que en términos historiográficos pueden sintetizarse como "la leyenda negra" y "la leyenda rosa"- refieren por igual al proceso de transición entre el sistema feudal y los inicios del capitalismo. Los teóricos de la modernidad reformularon la cuestión medieval de las relaciones entre el sacerdocio y el imperio en términos de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. La relación entre la cruz y la espada está en el origen de la empresa de la conquista: la espada lleva adelante la tarea de exploración y dominación y la cruz la legitima. Son las bulas papales las que adjudican a los reyes de España y Portugal las tierras descubiertas o por descubrir.

Esta trama, inextricable de los orígenes de la conquista, incidirá fuertemente en la Argentina del siglo XX. No porque la conquista en sí misma signifique una marca indeleble que condiciona los procesos posteriores, sino porque a partir de los años '20 la redefinición de la nación se remite a una idea de la conquista que concluye con un nuevo pacto entre la cruz y la espada.

La "nación católica"

Respecto de otras experiencias latinoamericanas -como México y Perú- la Iglesia argentina fue durante el siglo XIX la más maleable y con menos tradición. Por eso el fortalecimiento eclesiástico se basó en dos pilares: el proceso de romanización de la Iglesia argentina del último cuarto del siglo XIX y el estrechamiento de las relaciones con el Estado nacional de fines de ese siglo, una vez resueltos los conflictos provocados por el proceso de secularización llevado adelante por la generación del '80 1.

Este es un período crucial para entender el proceso de creciente intimidad entre la Iglesia y las Fuerzas Armadas, que llega a su cenit en 1934, con el XXXII Congreso Eucarístico Internacional, realizado en Buenos Aires. Fueron décadas decisivas, recorridas por fuertes tensiones entre católicos "liberales" e "intransigentes"; entre católicos sociales y conservadores, entre "democracia cristiana" y "centralización eclesial". En su transcurso las relaciones entre Iglesia y política se complejizaron a partir de los embates que llevaron a la consolidación del concepto de "nación católica", esa conformación ideológica que a partir de 1930 promueve la militarización y confesionalización de la vida política 2.

Un elemento central que alimenta este proceso es el avance del nacionalismo, tanto en la Iglesia como en las Fuerzas Armadas. La confluencia entre nacionalismo y catolicismo se basó en la combinación de tres cuestiones: la oposición al liberalismo, la preferencia por las políticas corporativas y la reinterpretación del concepto de argentinidad, ahora ligada a las raíces hispanas y católicas de la herencia colonial. El liberalismo, y las formas políticas que había adquirido desde el período de la formación del Estado, era percibido como un cuerpo de ideas y estilos foráneos, ajenos a la idiosincrasia y los valores del pueblo argentino. Sin embargo, hay otro elemento que es preciso contemplar: la creciente identificación que se produce entre fe y cultura. Si la historia argentina que el nacionalismo católico necesita reescribir remite al pasado hispánico, la cultura nacional que esa historia supone comienza a confundirse con la fe católica.

Este viraje del nacionalismo argentino acentuó las tendencias antidemocráticas que la propia Iglesia contenía. En el contexto de fuerte romanización, que la convierte en modelo del resto de las Iglesias latinoamericanas, la Iglesia argentina de los años '30 llevó adelante algunas de las más caras iniciativas del reciente Estado Vaticano, como por ejemplo la organización, en 1931, de la Acción Católica Argentina, creada a imagen y semejanza de su par italiana. Sin embargo, el catolicismo argentino se negó a crear un partido político confesional, otra de las estrategias católicas italianas 3.

En este sentido, no parecen casuales las agrias reacciones que despertaron las conferencias de Jacques Maritain en algunos de los principales ámbitos católicos argentinos, como por ejemplo la influyente revista Criterio. Maritain, uno de los principales impulsores de la democracia cristiana, visitó Buenos Aires en 1936 y desató una ola de reacciones al plantear, en contra de lo que se esperaba, la imposibilidad de reestablecer una cristiandad de corte medieval. También abogó por el carácter secular de las instituciones políticas y concluyó que el fascismo era más peligroso que el comunismo.

"Logros" institucionales

Esa relación entre la Iglesia y las Fuerzas Armadas, forjada al calor de los críticos años '30, continuaría con altibajos en los años sucesivos. No parece un elemento menor que durante las dictaduras militares la Iglesia católica haya conseguido algunos objetivos institucionales fundamentales.

Sin pretender exhaustividad, se pueden destacar algunos "logros". En cuanto al desarrollo institucional de la Iglesia, la mayoría de las diócesis existentes en el país fueron creadas durante las dictaduras militares. Si bien este hecho remite a un complejo proceso en el que intervienen tanto el Estado nacional como el Vaticano y las Iglesias nacionales, no parece desmedido interpretar que "la lógica de la relación de la Iglesia con los regímenes militares marcan una constante. La neutralización de otras organizaciones, religiosas y no religiosas, competidoras en la pugna por hegemonizar las representaciones sociales, impensable en un sistema democrático con plena vigencia de sus instituciones, se implantó casi como una norma a cumplir por las autoridades de los gobiernos de facto" 4.

Finalmente, en el plano de la estructura institucional, conviene atender la evolución del clero castrense. El vicariato castrense fue creado por el Vaticano en 1957, durante la dictadura de la autodenominada Revolución Libertadora; elevado a obispado castrense en 1992, puede ser considerado el sector más reaccionario de la Iglesia 5.

En el ámbito cultural y simbólico, la Iglesia también se legitimó y fortaleció institucionalmente durante regímenes militares. El gobierno de facto instaurado por el golpe de Estado de 1943 reinstauró la enseñanza religiosa en Argentina, casi sesenta años después de la imposición de la enseñanza pública laica por la Ley 1.420. En el plano simbólico, el mismo régimen, en 1943, concedió el grado de generalas del Ejército a la Virgen del Carmen y a Nuestra Señora de las Mercedes. El presidente de la autoproclamada Revolución Argentina, teniente general Juan Carlos Onganía, consagró en 1969 la República Argentina al Sagrado Corazón de la Santísima Virgen María, en Luján.

Para concluir, la última dictadura militar (1976/1983), contó con la legitimación de la Iglesia -y en no pocos casos con la complicidad de sus miembros- para llevar adelante sus políticas de exterminio físico, material y cultural. En esos años, las peligrosas relaciones entre la cruz y la espada desplegaron, como durante la conquista de América, toda su potencial ferocidad 6.

  1. La ruptura de relaciones diplomáticas entre Argentina y el Vaticano se produjo a partir del conflicto entre el presidente Julio A. Roca y el delegado apostólico monseñor Matera, por la Ley 1.420 de 1884, de enseñanza laica.
  2. Loris Zanatta, Del Estado liberal a la nación católica. Iglesia y Ejército en los orígenes del peronismo (1930-1943), UNQ, Bernal, 1996.
  3. El Partido Popular italiano fue fundado por Luigi Sturzo en 1919. Considerado por algunos como un antecedente del Partido Demócrata Cristiano de la posguerra. En Argentina, el Partido Demócrata Cristiano fue fundado en 1954, al calor del conflicto entre Perón y la Iglesia.
  4. Juan Esquivel, "Los dilemas de la Iglesia Católica argentina a fines de siglo", IX Jornadas sobre alternativas religiosas en América Latina, Instituto de Filosofia e Ciências Sociais - UFRJ, Rio de Janeiro, 21 al 24-9-1999. www.ifcs.ufrj.br/jornadas/papers/09st0403.rtf
  5. La última de estas manifestaciones reaccionarias fue la del vicario castrense, monseñor Antonio Basseoto, quien sugirió que "habría que arrojar al mar" a quienes postulan la legalización del aborto, lo que motivó la airada reacción del gobierno argentino...
  6. Horacio Verbitsky, Doble juego. La Argentina católica y militar, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2006; y Laura Lenci, "Iglesia y dictadura. Heridas que no cierran", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2006.
Autor/es María Laura Lenci
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 86 - Agosto 2006
Páginas:10
Temas Militares, Política, Iglesia Católica
Países Argentina