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De moros y cristianos

Tiene razón el historiador marxista Eric Hobsbawm al afirmar que el origen de las violencias que hoy se cometen en nombre del islamismo hay que buscarlo en la historia reciente de los países colonizados y en las consecuencias de la globalización actual, más que en cuestiones de religión 1.

Puesto que en la lectura de los libros sagrados de cualquiera de las tres grandes religiones monoteístas todo depende de sus intérpretes; y puesto que éstos son siempre variados (basta ver las diferencias de enfoque que van desde el integrismo hasta la Teología de la Liberación en el catolicismo), la influencia política de una u otra perspectiva depende de las necesidades de la hora. "El islam puede ser tan capaz de belleza y caridad como de violencia y de guerra. Todo depende de quien lo interpreta (...) El Corán no dice ni más ni menos que lo que el intérprete le hace decir" 2.

¿Acaso no ocurre exactamente lo mismo con el Antiguo y el Nuevo Testamento? ¿Y acaso los libros sagrados, escritos tanto por visionarios, profetas, iluminados y luchadores sociales de su tiempo como por "paranoicos y embaucadores" 3, no han servido de excusa y mandato para las peores atrocidades y los más conmovedores martirios? El problema es que, salvo excepciones, las atrocidades han sido obra de regímenes políticos y ejércitos -es decir que sus consecuencias fueron masivas- y los martirios apenas acciones individuales, cuyos efectos alcanzaron, en el mejor de los casos, el radio de influencia de una o unas pocas personas 4.

Es bajo esta luz que deben leerse las provocativas citas del Papa católico respecto al Islam formuladas en Alemania en septiembre pasado. La deliberada incuria de Benedicto XVI al elegir una cita de un remoto emperador bizantino para acusar al Islam de violento se llevó la primera plana y los comentarios en todo el mundo. Pero pasó casi desapercibido que al reclamar para el catolicismo la herencia del logos griego y su supuesto maridaje con la fe católica, Benedicto XVI incurrió en una falsedad histórica que, o bien lo desautoriza como el intelectual de fama que es, o lo desnuda como un político vulgar, dispuesto a cualquier distorsión y omisión.

En materia de distorsiones, y tratándose de Occidente, los árabes y la herencia griega, cualquier estudiante de historia sabe en efecto que fueron filósofos árabes como Avicena (980-1037) y Averroes (1126-1198), entre otros, quienes reintrodujeron en Occidente al pensamiento griego, en particular a Aristóteles. Fue medio siglo después de la muerte de Averroes que Tomás de Aquino (1227-1274), se apoyó en Aristóteles para pergeñar su teoría sobre la improbable alianza entre razón y fe cristiana.

Pero más allá de cuestiones de religión y filosofía, el Papa católico comete un gravísimo pecado histórico al borrar de un plumazo a la cultura -y por lo tanto a la religión- árabe de la historia de Europa, como si hasta 1492 occidentales y orientales; cristianos, musulmanes y judíos, no hubiesen convivido en general pacíficamente a orillas del Mediterráneo, sobre todo en España. Y como si la cultura o las culturas orientales no hubiesen sido predominantes hasta la caída de Granada y el descubrimiento y conquista de América. Durante la siesta medieval de Occidente, fue en todo caso en Bizancio, esa monarquía oriental y romana -cristiana es cierto, pero asentada sobre un dominio griego- que el logos se mantuvo latente. Pero ese sería hoy un mérito más atribuible, si cabe, al cristianismo ortodoxo que al catolicismo. En cualquier caso, la Iglesia católica no tiene el menor derecho histórico para reclamar la exclusividad de la herencia cultural-religiosa de Occidente, tal como se manifiesta por ejemplo en sus pujas para que "la herencia cristiana" figure en el proyecto de Constitución Europea. Como si no hubiese una herencia islámica, judía y, ya que de griegos se habla, incluso pagana...

Por último, y en materia de omisiones, la verdad es que hay que tener una cara de piedra para referirse a la supuesta vocación de violencia del Islam citando una oscura fuente medieval y omitiendo la terrible, odiosa historia de violencias cristiana, anterior y posterior a esa cita. ¿Habrá que medir la parte de logos griego que impregna al catolicismo por los cinco siglos que le llevó reconocer que Galileo tenía razón; su pacifismo y amor al prójimo y a la razón por las Cruzadas y los siglos de Inquisición?

Confuso fin de época

Es que Benedicto XVI parece haber hecho una opción estratégica crucial. Juan XXIII y Pablo VI reinaron en tiempos de descolonización y grandes inquietudes y convulsiones sociales. Un momento de la historia en el que la Ilustración parecía tender a que alumbrara la igualdad, el foco que faltaba de las Luces. Por lo tanto fueron elegidos para que dejaran libre curso a la "opción por los pobres" y a la Teología de la Liberación. Al fin y al cabo, el secreto de supervivencia de todas las iglesias es su finísimo olfato secular, su manera de apoyar los pies en la realidad y mantener la cabeza en los posibles efectos de sus vaivenes en el mediano y largo plazo. Su mercancía, su formidable baratija, es el Más Allá, y no pierden de vista la llegada de esos momentos de la historia en que ese brillo se convierte nuevamente en la única ilusión que resta a los seres humanos.

Pero aquella primavera de acercamiento a la razón duró poco, porque los revolucionarios tendían a ir demasiado lejos y la Unión Soviética comenzó a dar signos de debilidad, a desilusionar y ser fuertemente cuestionada 5. De modo que Pablo VI sobre el final de su vida, y sobre todo Juan Pablo II -no por casualidad un polaco- trasladaron sus afanes liberadores al Este de Europa, mientras las dictaduras latinoamericanas masacraban a los luchadores sociales (entre ellos muchos cristianos, algunos sacerdotes y hasta obispos), con el consentimiento de la jerarquía católica 6. Al mismo tiempo, en el interior de la Iglesia los sectores más abiertos y progresistas eran desplazados por la ortodoxia 7.

Cuando se desmoronó la URSS, en 1991, el catolicismo quedó sólidamente asentado en Europa Central, sobre todo en Polonia, mientras Rusia permaneció territorio ortodoxo y en los países árabes e Irán el Islam fundamentalista prevaleció sobre las demás corrientes en las cuestiones seculares, a causa del estruendoso fracaso de la "occidentalización" que suplantó al régimen colonial en muchos países. No es casual que el régimen de los ayatollahs se haya impuesto en Irán en 1979, luego de la decepción con Occidente y sus valores provocada por el Sha, su corte extravagante, sus millonarios amigos occidentales, su herética megalomanía y el espectacular aumento de la pobreza.

Con el neoliberalismo triunfante a finales de los '80, desaparecido el referente soviético, aplastados o en grave crisis los pujos revolucionarios en Occidente, la manera de Juan Pablo II de mantener los pies de la Iglesia en el siglo fue un ecumenismo sincero, al tiempo que sus ojos miraban uno hacia los efectos del neoliberalismo en las sociedades y en el tablero mundial, otro hacia los que provocaba en su feligresía: crisis de vocaciones, avance del laicismo, masiva irrupción de evangelistas, otras corrientes cristianas y todo tipo de sectas y modas milenaristas. Esto le llevó a criticar fuertemente al capitalismo y a la globalización, pero obviando las propuestas de los teólogos de la liberación, algunos de los cuales fueron excomulgados o apartados de la Iglesia.

Fue un papado confuso, pero muy adecuado a las circunstancias. Cuando concluyó, la Iglesia había ganado en imagen planetaria lo que había perdido en influencia, fieles, vocaciones y espacio mundial. Había estado del lado ganador en la guerra contra un enemigo mortal, el comunismo, pero el precio era una gran debilidad ante el desenfrenado individualismo, la multiculturalidad, la disolución de la familia y la moral burguesas, el paganismo neoliberal; ante la creciente influencia en Occidente de otras religiones y culturas, inmigración y globalización mediante.

Ratzinger, que había pasado los años de Juan Pablo II a cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la antigua Inquisición, parece haber concluido en que esa debilidad de la Iglesia es al mismo tiempo su fuerza, porque es el fruto de su alianza con el capitalismo que gobierna al mundo; que frente al Occidente capitalista se alza un tumulto mundial en el que tallan otras religiones y el esbozo de una propuesta social que vuelve a atemorizarla más que nada. El Estado de Israel está del lado de Occidente; también los países de la tradición cultural greco-latina. Del otro, la cultura, las tradiciones y las religiones del mundo árabe-persa. Este es nuestro lugar. Un mortífero enfrentamiento global es altamente probable. Ya estamos en uno grave y prolongado. Antes o después no se podrá mantener los pies en ambos lados, porque uno de ellos va a estallar.

¿Será esa la conclusión de Benedicto XVI? Si es así, se está incubando la alianza de los varios fundamentalismos cristianos y el judío; un muy mal asunto para la cristiandad, para el judaísmo y para la civilización occidental. Del mismo modo que el fundamentalismo islámico es un muy mal asunto para el Islam y para el mundo árabe, persa y bastante más allá. La razón podría quedar sepultada tanto de un lado como del otro por largo tiempo.

O acabar por imponerse, como en otros momentos de la historia. "Las épocas regresivas y en proceso de disolución son siempre subjetivas, mientras que en las épocas progresivas se impulsa lo objetivo... Cada logro realmente válido sale desde dentro hacia el mundo, como puede verse en las grandes épocas que fueron sinceras en el progreso y las aspiraciones, todas las cuales fueron de naturaleza objetiva", sentenció Goethe 8.

Un viejo conflicto, sólo que ahora globalizado y nuclearizado, en un momento de cambios sísmicos que lo reconfiguran todo.

Dilema para el pensamiento y la acción progresistas, que deberán orientarse con la luz de la razón humana -la filosófica, histórica, científica, política y social- en la maraña de necesidades, tradiciones, creencias, supercherías, arrebatos y desesperaciones que oscurecen todo fin de época, dure cuanto dure.

  1. El País, Madrid, 13-9-06.
  2. Entrevista a Malek Chebel, autor de L'Islam et la raison, Tempus, París, 2006, aparecida en Le Monde, París, 17-9-06.
  3. Lisandro de la Torre, Intermedio Filosófico; La cuestión social y los cristianos sociales, editorial Anaconda, Colegio Libre de Estudios Superiores, Buenos Aires, 1937.
  4. Deben excluirse de esa calificación los "martirios" de sabios como Giordano Bruno, Miguel Servet...
  5. Hubo excepciones, por supuesto, como fue el caso de la Vicaría Católica en Chile, o el obispo Helder Cámara en Brasil, remanentes de los tiempos de Juan XXIII.
  6. Paolo Flores D'Arcais, El desafío oscurantista, Anagrama, Barcelona, 1994.
  7. Immanuel Wallerstein, La decadencia del poder estadounidense, Ediciones Le Monde diplomatique, Buenos Aires, septiembre de 2006.
  8. Citado en R. Hughes, La cultura de la queja, Anagrama, Barcelona, 1996.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 88 - Octubre 2006
Páginas:3
Temas Iglesia Católica, Islamismo