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La rebelión independentista se extiende en Baluchistán

En el mes de agosto, y como consecuencia de la muerte de un dirigente independentista, estallaron graves conflictos en Baluchistán, una provincia del multiétnico Pakistán. Esta región fronteriza con Irán y Afganistán, que siempre impugnó la autoridad de Islamabad, es desde hace algunos meses escenario de una nueva insurrección, que fragiliza un poco más el régimen del presidente Pervez Musharraf.

Comparada con las carnicerías en Chechenia o Darfur, la masacre a fuego lento de las tribus baluches en las montañas y los desiertos del sudoeste de Pakistán todavía no entra en la categoría de las grandes catástrofes humanitarias. "Sólo" 2.260 baluches huyeron de sus aldeas en agosto último, escapando de los bombardeos y las ráfagas de metralla provenientes de los cazas F-16 y los helicópteros de combate Cobra con que Estados Unidos equipó al ejército pakistaní. Sin embargo, a medida que se acumulan las pérdidas civiles resulta más difícil ocultar el costo en vidas humanas de la lucha de los baluches 1 por su independencia, y las resonancias políticas que esta lucha tiene en otras regiones del Pakistán multiétnico 2.

En la provincia limítrofe de Sind, los separatistas que comparten con los baluches su hostilidad al régimen militar de predominio panyab del presidente Pervez Musharraf están reavivando un movimiento independentista latente desde hace años. Preconizan la creación de o bien un Estado soberano, o bien una federación Sind-Baluchistán que se extienda a lo largo del mar de Arabia, desde Irán hasta la frontera con India. Muchos dirigentes sindis proclaman a los cuatro vientos su esperanza de que la inestabilidad política en Pakistán finalmente convenza a India de que los ayude militar y económicamente a independizarse, tal como lo hiciera con Bangladesh en 1971.

Los seis millones de pakistaníes baluches fueron incorporados a la fuerza a Pakistán cuando se creó el país, en 1947. La actual insurrección es la cuarta que desatan para protestar contra la discriminación económica y política de que son objeto. Uno de estos enfrentamientos feroces, entre 1973 y 1977, opuso a veces hasta a 80.000 soldados pakistaníes contra 55.000 sublevados baluches.

En esa época Irán era aliado de Estados Unidos, igual que Pakistán. El sha Mohammed Reza Pahlavi, temiendo una revuelta de los 1,2 millones de baluches de Irán oriental, envió 30 helicópteros Cobra con sus pilotos para ayudar a Pakistán. Ahora, Teherán ya no es un aliado de Washington, y sus relaciones con Islamabad son malas. Irán denuncia que las fuerzas especiales estadounidenses usan bases pakistaníes para lanzar operaciones secretas en el interior de ese país y así sublevar a los baluches contra el régimen de Mahmud Ahmadinejad.

Muchos piensan que la cólera que motiva al Ejército Baluche de Liberación se alimenta del recuerdo de la táctica pakistaní de "tierra arrasada", utilizada en enfrentamientos pasados. En una de las temibles batallas de 1974, las fuerzas del gobierno, incapaces de desalojar a los guerrilleros escondidos en las montañas, bombardearon, ametrallaron e incendiaron los campamentos de unas 15.000 familias que hacían pastar a su ganado en el fértil valle de Chamalang, obligando a los guerrilleros a salir de sus escondites para proteger a sus mujeres e hijos.

Emerge una nueva dirigencia 

En los combates actuales, la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Pakistán señala que "los bombardeos y los ametrallamientos ciegos" se utilizan una vez más para obligar a la guerrilla a exponerse. Seis brigadas del ejército pakistaní, sumadas a unidades paramilitares que reúnen a 25.000 hombres, se despliegan en las montañas de Kohlu y los alrededores, donde se desarrollan los combates más encarnizados.

El régimen del general Musharraf introdujo nuevos métodos de represión, más feroces aun que los de sus predecesores. Hace no mucho tiempo, los activistas eran arrestados en debida forma, y se los condenaba a penas fijas cuya duración conocían sus respectivas familias. En la actualidad, los portavoces baluches hablan de "secuestros" y "desapariciones" a gran escala, y acusan a los militares pakistaníes de haber arrestado a cientos de jóvenes, sin que nadie presentara ningún cargo contra ellos, y de habérselos llevado con paradero desconocido.

La gran diferencia entre las etapas anteriores de la lucha de los baluches y la actual es que esta vez Islamabad no ha logrado sembrar la discordia entre las diferentes tribus. Por otra parte, actualmente se relaciona con una dirigencia más joven, salida no ya de las filas de los jefes de tribu solamente, sino también de una nueva clase media instruida que emerge desde hace tres años. Otro elemento nuevo: el Ejército de Liberación constituye un cuerpo de combate mejor armado y más disciplinado que en el pasado. Los dirigentes afirman que compatriotas ricos y simpatizantes, instalados en el país del Golfo, financian la compra de armas en el mercado negro que prospera a lo largo de la frontera afgana.

El presidente Musharraf muchas veces acusó a India de proveer de armas a los insurgentes baluches y de dinero a los separatistas sindis, pero nunca pudo presentar pruebas. India barrió de un manotazo la idea de que pueda estar interesada en ayudar a los insurgentes de Sind o de Baluchistán. Por el contrario, afirma querer un Pakistán estable, en condiciones de negociar un acuerdo de paz en Cachemira para que ambos países puedan terminar gradualmente con su costosa carrera armamentista. Al mismo tiempo se confiesa "preocupada" por estos enfrentamientos, y llama al diálogo político. Sin embargo, muchos analistas indios parecen felices de ver al presidente Musharraf empantanarse en Baluchistán, y esperan que esta crisis lo obligue a reducir su ayuda a los extremistas islámicos de Cachemira.

A diferencia de India, Irán tiene su propia minoría baluche, cuyas veleidades nacionalistas le dan miedo. Uno de los movimientos baluches más importantes, el Partido del Pueblo Baluche, declaró el 5 de agosto de pasado que un religioso radical chiita, Hedjatolislam Ibrahim Nekoonam, recién designado ministro de Justicia de la provincia iraní de Sistán y Baluchistán, lanzó una campaña de represión conducida por la policía secreta. Cientos de baluches habrían sido arrestados y en muchos casos acusados de colaboración con Estados Unidos y ejecutados.

Los baluches de Irán son menos numerosos, pero también menos politizados y peor organizados que sus hermanos pakistaníes, y sus principales líderes rechazan la idea de secesión o de unirse a los baluches pakistaníes. El Partido del Pueblo Baluche, por ejemplo, forma parte de una coalición que agrupa a organizaciones representativas de las otras minorías descontentas de Irán: los kurdos, los azeríes y los árabes de Khuzestán. En otras palabras, el partido aspira a una reestructuración federal del país, donde Teherán conservaría el control de las relaciones exteriores, la defensa, las comunicaciones y el comercio exterior, pero otorgaría la autonomía en otras áreas a las tres regiones donde viven estas minorías.

Discriminación económica 

En Pakistán, en cambio, donde las luchas armadas periódicas contra Islamabad radicalizaron a los baluches, muchos de sus dirigentes creen que el objetivo de la revuelta debería ser la independencia (salvo que el régimen militar otorgara la autonomía a la provincia). Esta última está prevista por la Constitución de 1973 3, pero los sucesivos regímenes militares, incluido el actual, siempre se negaron a poner en práctica este compromiso. Antes que nada, los baluches y los sindis -y una tercera minoría étnica, más asimilada, los pachtunes- quieren terminar con la discriminación económica que les impone el grupo dominante de los panyabíes. La mayor parte de los recursos naturales de Pakistán se encuentran en Baluchistán (gas natural, uranio, cobre y reservas de petróleo potencialmente abundantes). Y aunque el 36% del gas producido en Pakistán proviene de esta provincia, Baluchistán sólo consume una pequeña fracción, dado que se trata de la región más pobre del país. Desde hace décadas, los gobiernos centrales bajo dominación panyabí privaron a Baluchistán de una parte justa de los fondos de desarrollo y sólo pagaron un 12% de los cánones que se deben a la provincia por el gas que produce. Asimismo, las regiones sindi y pachtún fueron sistemáticamente expoliadas de la parte que les corresponde de las aguas del Indus por represas que desvían la mayor parte de esta agua hacia la provincia de Panyab.

En su discurso televisivo del 20 de julio de 2006, el general Musharraf rechazó las acusaciones de discriminación económica contra los baluches y anunció el lanzamiento de un programa de desarrollo en la provincia por un monto de más de 39 millones de euros, la mitad del cual se invertirá en rutas y otras obras infraestructurales. "Los verdaderos explotadores" de los baluches, afirmó, "son los jefes de las tribus, los sardares", que "desviaron los fondos de desarrollo en beneficio propio". Las fuerzas armadas fueron enviadas a la provincia para proteger al pueblo ¡de sus propios dirigentes! El presidente denunció sobre todo a Akbar Bugti, muerto el 26 de agosto, cuando el ejército dinamitó la cueva donde se escondía (este asesinato originó violentos tumultos en todo el país). Pero lo que caracteriza a la insurrección actual es que está dirigida no por patriarcas tribales sino por una nueva generación de nacionalistas politizados.

Los escollos con los que podrían tropezar las eventuales negociaciones son el fisco y las reglas de reparto de las ganancias del petróleo, el gas y los otros recursos naturales. La mayoría de las propuestas de descentralización ofrecidas por los dirigentes baluches y sindis recusan el actual reparto de los ingresos fiscales que recolecta el gobierno central, reparto fundado exclusivamente en la población de cada provincia y que por lo tanto favorece a Panyab. La propuesta es repartir la mitad de las ganancias según este criterio demográfico y la otra mitad en función de las sumas que reúna cada provincia. Y dado que cada una tiene, en el Senado, el mismo número de representantes -según lo estipula la Constitución de 1973-, la Cámara Alta también debería tener poderes más extendidos: debería ser ella, y no el Presidente ni el Primer Ministro, la que pudiera disolver una asamblea provincial o declarar el estado de emergencia. Voces más radicales exigen una estricta paridad entre baluches, pachtunes, sindis y panyabíes, tanto en la cámara de diputados como en el reclutamiento de los funcionarios y los militares, independientemente de las disparidades demográficas.

El papel de Washington 

Pero todas las facciones están de acuerdo en la necesidad de una promoción masiva de las minorías en la función pública y las fuerzas armadas, y todas piden garantías constitucionales que prohíban al gobierno central revocar arbitrariamente las autoridades electas en una provincia, como hizo el primer ministro Ali Bhutto en 1973. Esta cuestión de las cláusulas de salvaguarda contra la arbitrariedad del gobierno central será sin duda una condición sine qua non que exigirán las minorías, ya que el sentimiento de autonomía les resulta tan importante como su sustancia.

Los baluches representan sólo un 3,57% de los 165 millones de pakistaníes, y las tres minorías juntas apenas llegan al 33%. Y sin embargo se reivindican como regiones étnicas que cubren el 72% del territorio nacional. Para los panyabíes, la reivindicación de tierras tan vastas es una verdadera provocación, y no parecen muy deseosos de ceder.

En último análisis, la esperanza de un compromiso constitucional es inseparable de la evolución general de la lucha por la democracia. Teniendo en cuenta la persistencia del régimen militar, la insurrección baluche y el movimiento nacionalista sindi corren el riesgo de radicalizarse. Pero es poco probable que los baluches, aun con la ayuda de los sindis, logren vencer a las fuerzas pakistaníes y crear un Estado independiente. A menos que intervenga India, en el marco de una confrontación más amplia con Islamabad. Pero en el futuro sólo parece haber una lucha interminable entre baluches y sindis por un lado e Islamabad por el otro, una lucha cuya única consecuencia será debilitar aun más a Pakistán.

Para estas minorías, Estados Unidos tiene una responsabilidad primordial en la actual crisis. El material militar que se emplea contra su insurrección es estadounidense, y lo que permite sobrevivir al régimen del general Musharraf es la ayuda económica de Washington a Islamabad. Desde el 11 de Septiembre, la ayuda militar alcanzó los 900 millones de dólares (incluida la venta de 36 F-16 recientemente aprobada por el Congreso), a lo que habría que agregar 600 millones de dólares de aquí a 2009. El apoyo económico asciende a 3.600 millones de dólares entre donaciones bilaterales y multilaterales, e incluye 1.350 millones de cancelación de deuda obtenida gracias a la intercesión de Washington.

En lugar de presionar al presidente Musharraf para conseguir una solución política de la cuestión de las minorías, como han hecho ciertos dirigentes de la Unión Europea, la administración Bush considera estos problemas un "asunto interno". Sin embargo, numerosas organizaciones de derechos humanos llamaron a presionar internacionalmente al general Musharraf y criticaron a Estados Unidos, argumentando que la desviación de las fuerzas pakistaníes de la frontera afgana hacia Baluchistán socava incluso las limitadas operaciones contra Al-Qaeda y los Talibanes que Musharraf implementa en respuesta a las presiones de Estados Unidos. No obstante, mientras George W. Bush siga al mando de Estados Unidos, es poco probable que asistamos a un cambio en su actitud respecto de los dirigentes pakistaníes. A menos que presiones internas fuertes lo obliguen a retirarse.

  1. Los baluches son un pueblo que habla una lengua iraní de la familia indoeuropea (como la mayoría de las lenguas en Pakistán) y son musulmanes sunnitas.
  2. Pakistán está formado por las provincias de Sind, Panyab, Baluchistán y Frontera del Noroeste, la capital Islamabad, y los territorios administrados por el gobierno federal y Cachemira Azad (reivindicado por India).
  3. Esta Constitución sigue en vigencia, pero varias reformas fortalecieron el rol del Presidente.
Autor/es Selig S. Harrison
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 88 - Octubre 2006
Páginas:24,25
Traducción Mariana Saúl
Temas Conflictos Armados, Movimientos de Liberación, Geopolítica
Países Afganistán, Pakistán, Irán