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Treinta años después

A cabo de tres décadas, conviene preguntarse qué es más importante, si volver a subrayar los males que trajo al país la última dictadura o analizar cuál ha sido el desempeño de la sociedad civil y su dirigencia respecto de la democracia y las instituciones de la República. Después de todo, de estos 30 años algo más de 22 transcurrieron en democracia...

Plantearse así las cosas conduce a un espacio de tiempo mayor, que alcanza al 4 de septiembre de 1930, cuando el entonces teniente Juan D. Perón participó entusiasta en el primer golpe de Estado. Y desde allí, a repasar el contubernio de las elites civiles y el poder militar durante la "Década Infame", que con protagonistas y asociados variables se prolongó en todas las interrupciones de la vida institucional hasta la última, el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que se conmemora este mes.

Nunca será ocioso recordar que cada golpe de Estado contó con la aprobación de los representantes políticos, sindicales, empresarios y sociales de una amplia franja de la sociedad. El golpe de 1955 contra Perón fue apoyado por la Iglesia católica, la derecha, radicales, socialistas y comunistas; el de 1966 contra Arturo U. Illia lo fue por el peronismo político y sindical, la derecha... y la Iglesia católica.

También es necesario apuntar las "desprolijidades" (con este eufemismo se denomina al irrespeto institucional) del gobierno peronista anterior al golpe de 1976, al cabo de una sangrienta lucha para acabar con la proscripción y recuperar la democracia: la masacre de Ezeiza, la renuncia de Héctor J. Cámpora, su reemplazo por un parvenu coleccionista de corbatas de seda, Raúl Lastiri, yerno a su vez de José López Rega, un "brujo" miembro de la Logia P2 y secretario privado de Perón y, en fin, la designación como vicepresidenta de María Estela Martínez, la mujer del líder, una señora que no habría sido capaz de liderar un club de fans de Julio Iglesias. Y, después del golpe, el dirigente radical Ricardo Balbín de gira por Europa para justificar a los militares; o el socialista Américo Ghioldi, embajador de la dictadura en Portugal...

Dirigencia al desnudo

Lo que evidentemente ha cambiado en estos años es la disposición de los dirigentes políticos y de la sociedad a los golpes de Estado. Disposición de la que, todo hay que decirlo, es componente esencial el descrédito y la cuasi dilución por desguace en que cayeron las fuerzas armadas al cabo de la dictadura más criminal, mafiosa, incompetente y absurda (allí está la guerra de Malvinas para certificar al menos los dos últimos adjetivos) de que haya memoria en la larga historia argentina de apelaciones del desorden civil al orden militar. También ha terminado la Guerra Fría y Estados Unidos y los países desarrollados han dejado de propiciar o tolerar golpes de Estado. Democracia es la voz de orden del poder central del mundo; aunque el concepto empieza a perder adeptos o a prestarse a peligrosas interpretaciones (Ramonet, pág. 40).

Lo cierto es que, ya sea porque la sociedad ha cambiado o porque simplemente han cambiado las cosas, desde 1983 se respeta la continuidad institucional. Pero ¿hay democracia?; ¿hay República? O más modestamente: ¿se ha avanzado hacia la democracia? ¿Se ha progresado en el respeto a las instituciones de la República?

Se han hecho notables adelantos en derechos humanos, desde el ejemplar juicio de 1985 a las Juntas Militares hasta el actual gobierno, el que más se ha adentrado en ese terreno. Se ha respetado, con preocupantes altibajos, la libertad de expresión, y también el calendario electoral.

Pero casi nada más. Si los derechos humanos se entienden como lo que son; políticos, económicos y sociales, el déficit de las dos últimas décadas es pavoroso. No es necesario detallar, en este espacio, la situación económica y social en la que se encuentra la gran mayoría de la población. Sólo señalar que en democracia la situación ha empeorado, y mucho. El Dipló ha insistido en subrayar la relación entre el edificio económico impuesto por la dictadura y la indolencia de los sucesivos gobiernos democráticos para demolerlo. Al contrario, el peronista de Carlos S. Menem lo elevó a las nubes -actividad mafiosa incluida-, y el de la alianza radicales-frepasistas lo apuntaló hasta su derrumbe en la crisis de 2001.

Y aquí estamos. La crisis dejó al desnudo a la dirigencia política, que durante semanas hizo bailar un dantesco vals a las instituciones hasta que el peronismo -el menos golpeado porque había perdido las elecciones que antecedieron a la crisis que él mismo había cimentado- consiguió que su "centro", el duhaldismo, lograra rumbear hacia aguas más calmas y luego su "izquierda", el actual gobierno, se abriera camino como la única opción para la sociedad ante su "derecha", el menemismo.

Las elecciones que Néstor Kirchner ganó limpiamente probaron, por sus opciones y resultados, que si peronistas y radicales habían monopolizado al 80% del electorado durante la segunda mitad del siglo pasado, ahora el peronismo acababa de hacer un big-bang durante el que absorbió casi todo el centro y buena parte de la derecha, dejando a su izquierda lo que la izquierda es en todo el mundo en este momento de la historia; un enfermo en recuperación, un mosaico de desconcierto.

Vacío institucional

La política reproduce así los cambios estructurales de la economía y el mundo empresario; tendencia a la concentración; desplazamiento de varios centros de gravedad hacia un único eje gravitacional; preeminencia desembozada del interés sobre el servicio. La actividad política ha devenido un asunto de negocios entre dirigentes políticos, sindicales, empresarios, caudillos de provincia, fuerzas de seguridad y de inteligencia, mafiosos empresarios, sindicales y barriales, etc., cuya principal preocupación es mantener en funcionamiento al conjunto del sistema acomodando la realidad a sus necesidades.

La sociedad, por su parte, está dividida entre una mayoría que se deja mecer por el barco de la política y la espuma de los medios de comunicación masivos, y un sector cada vez más amplio que protesta como puede y de manera sistemática: huelgas, manifestaciones, cortes de ruta, "escraches", por asuntos que van desde la seguridad hasta la inflación, pasando por los aumentos de impuestos abusivos.

Esta manera de moverse de la sociedad -que llegó a su clímax en diciembre de 2001- está plenamente justificada por el vacío institucional: nadie se siente representado por sus representantes, ni amparado por las leyes, ni protegido por las fuerzas de seguridad. En suma, nadie se siente considerado como un ciudadano. Pero eso conduce inevitablemente al desorden, al horror y al esperpento habituales. ¿Qué otra cosa simbolizan sino las tragedias del joven Axel Blumberg y Cromañón y sus derivaciones? En el primer caso, el dolor de un padre y la solidaridad de miles con su drama llevaron a que los legisladores votaran bajo presión y a toda marcha una serie de leyes inicuas, a que un reaccionario peligroso deviniese mentor social; en el segundo, una tragedia horrible viró hacia el grotesco: una calle cerrada desde hace un año porque allí se instaló un "santuario" para las víctimas; un grupo numeroso de padres que profieren amenazas de muerte y ejercen violencia contra legisladores y abogados defensores; un juicio político viciado de nulidad... mientras los "patovicas" de los boliches para jóvenes siguen provocando lesiones graves todos los días y las "barras bravas" asolando los estadios de fútbol con la negligencia o complicidad de empresarios y dirigentes deportivos, políticos y la policía.

En cuanto al actual gobierno, lo menos que puede decirse, ateniéndose a la historia del propio peronismo, es que su evolución es preocupante. Parece haber abandonado todo intento de modificaciones de fondo (reformas política, impositiva, comunicacional, sindical; transparencia institucional, igualdad social) y optado por los peores mecanismos de la política, como prueban por ejemplo sus ilegítimas concesiones a los grupos más concentrados de comunicación; su negativa a conceder la personería jurídica a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA); su asociación blindada con la petrolera Repsol 1, y recientemente la manera en que presentó y manipuló la aprobación de la reforma del Consejo de la Magistratura (pág. 4 a 9).

Hasta nuevo aviso, más de lo mismo, a pesar de algunas medidas iniciales muy promisorias y de una retórica y gesticulación progresistas.

  1. Esta empresa afronta actualmente varias demandas en Estados Unidos por engañar a sus inversores con respecto a sus reservas, en particular en Argentina. El País, Madrid, 11-2-06.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 81 - Marzo 2006
Páginas:3
Temas Política
Países Argentina