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Argentina y los inversores europeos

Organizado por el Senado de Francia y el Centro Francés de Comercio Exterior, el 4 de diciembre pasado se realizó en París un seminario titulado “Argentine: espoirs et sortie de crise” (esperanzas y salida de la crisis), en el que se inscribieron más de un centenar de directivos de grandes empresas con intereses en el país y numerosos observadores. Transcribimos la parte final, dedicada a las relaciones Europa-Argentina, de la conferencia de apertura que pronunciara el director de el Dipló, Carlos Gabetta.

(...) No obstante, creo que podemos analizar el presente y el futuro con un cierto optimismo. Como ustedes saben, desde el 19 de diciembre de 2001, cuando decenas de miles de argentinos salieron espontáneamente a la calle atronando con sus cacerolas y forzaron la renuncia del mediocre presidente Fernando de la Rúa, algo nuevo y promisorio empezó a manifestarse. "Que se vayan todos" fue entonces la consigna de las cientos de "asambleas populares" que se formaron espontáneamente en todo el país. El repudio abarcó a dirigentes políticos y sindicales e incluso a la Corte Suprema de Justicia. Al menos una parte de la sociedad argentina ha reaccionado y parece decidida a tomar las cosas en sus manos. No es menor el dato de que, al menos por ahora, el apoyo a la democracia es prácticamente unánime.

Se trata de un proceso complejo, extremadamente dinámico y en permanente evolución que, desde el punto de vista institucional, desembocó en la elección del presidente Néstor Kirchner, quien asumió en mayo de este año y parece decidido a, como él mismo dice, "hacer de Argentina un país serio". Teniendo en cuenta los antecedentes históricos y políticos que he mencionado, eso sería una verdadera revolución, al menos en el plano institucional. Al parecer atento a los reclamos de los ciudadanos, el nuevo gobierno ha iniciado un proceso de saneamiento de las instituciones, no sólo las del Estado, sino también las sindicales y corporativas. Se está produciendo además una lenta y dificultosa renovación generacional. (...)

Ahora tenemos un nuevo gobierno peronista, lo que a priori no es una garantía de honestidad y buena gestión, pero lo mismo podría decirse de las otras formaciones políticas, a derecha e izquierda, con las honrosas excepciones del caso. En mi país existe una verdadera cultura de la transgresión, pero debe entenderse que una sociedad que no ha conocido una democracia estable necesita tiempo para cambiar sus hábitos.

Las sociedades y sus instituciones son organismos vivos, que contraen enfermedades -a veces graves- pero también generan anticuerpos y pasan por períodos históricos de excelente salud y desarrollo. Hay numerosos síntomas que indican que la sociedad argentina y sus instituciones han ingresado en una fase positiva. (...)

No quisiera concluir sin algunas reflexiones sobre Europa y su relación con Argentina. No se me escapa que estas jornadas dedicadas a mi país tienen como objetivo comprender lo que allí ocurre en función de intereses concretos. Los países europeos tienen cuantiosas inversiones en Argentina y es legítimo que se interesen por su presente y futuro.

Les recuerdo mi primera afirmación, en el sentido de que, desde el punto de vista de su formación política e institucional, Argentina se encuentra en lo que podríamos llamar su fase primaria.

A ese respecto, el filósofo Alain Badiou, en una reciente conferencia pronunciada en la Alianza Francesa de Buenos Aires, calificó a Argentina de "país-niño", no a causa de alguna forma de retraso o limitación cultural, sino de lo breve de su historia, comparada con la de los países europeos.

Creo que va en el interés de Europa tener en cuenta este factor "juventud", no para establecer una relación adulto-niño con Argentina o retroceder al trato colonial, sino con una actitud introspectiva y, desde allí, constructiva: Europa no debe jamás olvidar que a pesar de su civilización milenaria, hace apenas poco más de medio siglo aquí campeaban personajes como Hitler, Mussolini y Franco y un gran país como Francia, faro de la democracia para el mundo, tenía un gobierno como el de Vichy. Si la democracia y las instituciones de la República pudieron sufrir semejante tropiezo histórico en países antiguos, no hay razón para ser intolerantes o condescendientes con los países jóvenes.

¿Qué quiero decir concretamente con esto? Que los países desarrollados, en su trato con el resto de los países, se permiten o toleran transgresiones inadmisibles dentro de sus fronteras. Respecto de la corrupción, si uno lee la prensa europea, concluye que ésta es un fenómeno de los países subdesarrollados que los gobiernos y empresas de los países desarrollados se ven obligados a soportar con estoicismo. Y bien señoras y señores, creo que no es necesario subrayar aquí que un corrupto necesita un corruptor; que para bailar un tango hacen falta dos.

Pero además, las compañías de los países desarrollados en general no toleran, en aquellos países en desarrollo donde se han instalado, las regulaciones y controles laborales, ambientales, sanitarios, etc., que son normales en sus propios países, por no hablar de cualquier intento de reforma impositiva que las obligue a pagar las tasas que son normales en sus países de origen.

Por supuesto que hay excepciones: no todas las empresas tienen el mismo comportamiento. Tampoco todos los países tienen la misma actitud. Pero el meollo de lo que quiero decir es que mi país se encuentra en un proceso similar, salvando todas las distancias y diferencias históricas, al de la Europa de la inmediata posguerra, a cuya reconstrucción, discúlpenme por recordarlo, Argentina contribuyó por cierto de manera generosa.

Mi país saldrá adelante en base al esfuerzo de sus propios ciudadanos, pero también necesita de la comprensión y de la colaboración de otros países. Por razones históricas y culturales que no es necesario señalar aquí, Europa tiene una responsabilidad y un papel esencial que representar en ese proceso.

Muchas gracias. 

Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 55 - Enero 2004
Páginas:4
Temas Ciencias Políticas, Desarrollo
Países Argentina, Francia