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Discretos cambios en México DF

En sus tres años de gestión, el alcalde del Distrito Federal de México, Andrés Manuel López Obrador, ha logrado un arduo equilibrio entre satisfacer las demandas de seguridad y embellecimiento de la ciudad de las clases más pudientes y las prioridades de los más pobres, a las que se había comprometido durante la campaña. Su eficacia y popularidad hacen de él un posible candidato presidencial.

Situada en Santa María la Rivera, barrio popular de México cerca del centro histórico, la calle del Nogal tiene un aire de fiesta. Globos de todos los colores cuelgan a lo largo de las casas. Hace cerca de cincuenta años que el vecindario esperaba el arreglo de la callejuela. Bajo un cielo gris, una multitud entusiasta asiste a la inauguración de la arteria, antes intransitable, que el alcalde de la ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, ha venido a bautizar. "Las casas se encimaban cada vez más -relata Francisco, un vecino- y reinaba una gran inseguridad, a pesar de que nuestro barrio es tranquilo".

La personalidad de López Obrador, elegido el 15 de diciembre de 2000, con la boleta del Partido de la Revolución Democrática (PRD), es diferente de las figuras políticas clásicas. Aunque, como la mayoría de los dirigentes mexicanos 1, viene del Partido Revolucionario Institucional (PRI) -que estuvo en el poder durante setenta años- su carrera no obedeció al esquema tradicional. Con una formación universitaria en ciencias políticas, dirigió durante siete años el Instituto Indigenista de Tabasco, su provincia de origen. Para El Fisgón, un caricaturista político del diario nacional de izquierda La Jornada, "ha conservado un aspecto del modelo priísta, lo que le permite moverse en diversos ámbitos y preservar un vínculo tradicionalmente fuerte con las organizaciones sociales de base. Por otra parte, cultiva una política de transparencia. Es un hombre simple y honesto".

Antes de convertirse en alcalde se comprometió durante varios años con los movimientos indígenas y campesinos denunciando fraudes electorales y el proyecto de privatización de la empresa petrolera mexicana Pemex, revelándose de esa manera como "un ferviente adepto a la resistencia ciudadana y a la desobediencia civil", hasta el punto de atraerse la furia de las clases pudientes. Pero también sabe cómo tranquilizar a la oligarquía. Carlos Slim, un magnate de las comunicaciones y el hombre más rico de América Latina, cuyas empresas se extienden por toda la economía mexicana, se ha ido convirtiendo gradualmente en un aliado importante para el alcalde, que le confió el proyecto de revalorización arquitectónica de los barrios del centro de México; lo cual provocó la cólera de numerosas organizaciones sociales, preocupadas ante la transferencia de una misión de carácter social a la esfera privada.

En efecto, el programa de renovación se saldó con desalojos violentos. Habitantes y vendedores ambulantes fueron desplazados del centro de la ciudad. Los vendedores de jugos de frutas o de ropa, los lustradores de zapatos, etc., son el símbolo de una economía discriminatoria, pero representan una economía paralela difícil de ignorar.

Durante su campaña, López Obrador indicó sus prioridades: "Por el bien de todos, en primer lugar los pobres". Desde hace tres años sus esfuerzos se han dirigido ante todo a la inseguridad, bestia negra de los habitantes de la capital. En esta ciudad, una de las más grandes del mundo (22 millones de habitantes), la tasa de criminalidad alcanza cifras altísimas. Las agresiones cotidianas en taxis y ómnibus alimentan un clima de tensión 2. La política del PRI de dejar hacer precipitó a la megalópolis a un desorden absoluto, territorial, social y económico. De la misma manera que el país, la capital se hundió en una corrupción generalizada, desde un extremo a otro de la escala social, comenzando por la policía, cuya práctica de "la mordida" (coima) incrementó la inseguridad y la falta de confianza en la justicia.

Error o nuevo compromiso, López Obrador recurrió a Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York, financiado con un monto de 4,3 millones de dólares por ricos industriales del país, para transponer su política de "tolerancia cero". Con esto, a las felicitaciones de unos responden con acierto las críticas de otros. "Yo me opongo a esta política de represión policial, que se supone debe contener la delincuencia y restablecer la seguridad pública", dice Marcos Tello, miembro del Frente Popular Francisco Villa, una organización social de trabajadores. "No es una solución para terminar con los problemas sociales. El presupuesto asignado a la seguridad es demasiado importante con relación al del transporte público, la salud o la vivienda. En el fondo, el alcalde no ataca el sistema de exclusión sino a los más pobres".

Más de cuatro millones de habitantes viven en situación de precariedad en México DF (el distrito federal) y José Zamarripa, un consejero cercano al alcalde, está de acuerdo: "Solucionar en primer lugar los problemas sociales es una manera de combatir la inseguridad, ya que la delincuencia más fuerte se encuentra en los barrios desfavorecidos". En realidad, atenazado entre la exigencia de lograr resultados eficaces y la dificultad de hacerlo en poco tiempo, el nuevo alcalde parece haber optado por dar pruebas de su acción a la parte del electorado que le es menos favorable. Sin embargo, a los aspectos discutibles de su política responde con una serie de medidas apreciadas por los más pobres de entre sus administrados.

Su administración elaboró cuarenta propuestas a partir de las demandas frecuentes de los ciudadanos más modestos. También se han tomado en cuenta los problemas estructurales más serios de la ciudad: la corrupción, la vivienda, los transportes y la educación. Casi excusándose de recibirnos en una oficina desproporcionada, César Yañez, director de Comunicación de la alcaldía, explica la implementación de una "política republicana de austeridad". "Los gobiernos anteriores aprovecharon el poder para enriquecerse. Nosotros tratamos de administrar honestamente los presupuestos. Hemos reducido un 15% los salarios de los funcionarios más altos y puesto término al sistema de guardaespaldas y de primas elevadas. Nuestro objetivo es terminar con el clientelismo".

Sin embargo, según Lorenzo Meyer, historiador del Colegio de México, "combatir y acabar con la corrupción en México es un trabajo de titanes. López Obrador necesitaría varios mandatos para erradicarla". Lo cual no impide que su política, mal vista por los sindicatos de la policía y de la administración, enteramente controlados por el PRI, sea bien recibida por la opinión pública. Las medidas anticorrupción, ya iniciadas por su antecesor Cuautemoc Cárdenas (líder del PRD), han permitido modificar poco a poco las reglas del juego 3.

El crecimiento caótico de la megalópolis exige la reorganización del espacio urbano y, en particular, la construcción de viviendas en las zonas más desfavorecidas de México. Aunque retomar el control de la ciudad parece una tarea imposible de cumplir en seis años, el objetivo de las viviendas parece más realizable. En su mensaje gubernamental del 17 de septiembre de 2003 ante la asamblea del distrito federal de la ciudad, López Obrador hizo el balance de tres años de trabajo mencionando, entre otros, los proyectos referidos a la vivienda: 150.000 iniciativas de desarrollo del hábitat cuyo horizonte es el año 2006. "Hasta ahora hemos concretado alrededor de la mitad -precisó-. También hemos otorgado numerosos créditos para agrandar y mejorar la vivienda familiar".

Víctor, estudiante de arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha observado cambios concretos en su entorno desde la llegada del alcalde del PRD: "Los créditos para la construcción de viviendas son una idea del gobierno del PRI. Pero éste se los daba prioritariamente a sus amigos. Cuando el nuevo alcalde asumió sus funciones, eliminó esos privilegios especiales. Mi hermano gana muy poco. Con una familia a su cargo, le resultaba imposible construir una casita. Pero hace un año y medio se le otorgó un crédito y pudo comenzar los trabajos. Hoy tiene una casa de material".

La manera de gobernar la ciudad del nuevo alcalde es tan atípica como discreta su carrera política anterior. Imbuido de un rigor casi monástico, se levanta todos los días a las 5 de la mañana. A las 6:30 da una conferencia de prensa en presencia de una treintena de periodistas de la prensa nacional. Una técnica infalible para hacer que hablen de él al menos una vez al día. Como político hábil y consciente de sus límites para cambiar profundamente la situación de la ciudad, el alcalde ha sabido administrar el presupuesto con acciones al mismo tiempo concretas, visibles y benéficas. Puso en práctica un programa social de asistencia para los jóvenes de 160 barrios que tienen las tasas más elevadas de delincuencia. Numerosos educadores están a su lado para ayudarlos. Las personas minusválidas que lo solicitan reciben una asignación de 668 pesos (60 dólares) por mes en las zonas más pobres. Lo mismo ocurre con las madres solteras que deben cubrir los gastos escolares de sus hijos. Se han distribuido desayunos escolares y libros a 642.000 niños.

En lo referente a la educación, en una ciudad donde los establecimientos públicos tienen dificultades para satisfacer la demanda y donde los recursos otorgados a los docentes siguen siendo escasos frente a las necesidades, la alcaldía ha establecido como prioridad el desarrollo de las estructuras educativas. La construcción de dieciséis liceos en la capital ha permitido la escolarización de 8.585 alumnos. Y la primera Universidad pública de la ciudad de México, que se está construyendo en Iztapalapa, podrá recibir a 10.000 estudiantes en 2006.

Entre las promesas cumplidas, hay una que ha tenido gran éxito: la implementación de una pensión alimentaria de 70 dólares para las personas de más de 70 años. Esto ha permitido que 325.000 personas reciban rápidamente una ayuda material. Hay quienes piensan, como cada vez que un dirigente, en cualquier país, lleva a cabo una política beneficiosa para los más desfavorecidos, que esta medida es el símbolo de una política populista y electoralista. Pero, a pesar de todo, los proyectos se concretan. Para Guadalupe Arrieta, de 75 años, que vive en un pequeño departamento del centro de la ciudad, esta pensión constituye una ayuda muy importante. Lo que no le impide señalar sus límites: "Algunos de nosotros tienen jubilaciones importantes y no necesitan la ayuda. Habría que dársela con prioridad a los viejos más necesitados, pero al menos, la alcaldía ha dado un paso".

A pesar del fatalismo y la resignación que reinan en la población, Andrés Manuel López Obrador, "AMLO", como lo llama la prensa local, parece haberse ganado la adhesión general, beneficiado además por el contraste con la falta de habilidad y la ineficacia del presidente Vicente Fox. "He visto varias veces a López Obrador venir a inaugurar la llegada del agua y la electricidad, dice tímidamente María del Carmen Barra Sánchez, que es empleada doméstica. Estoy de corazón con él porque, a diferencia de los otros, que lanzan promesas y no hacen nada, este señor hace lo que dice; y aunque sea poco, ya es algo".

Durante setenta años el PRI fue el único partido que tuvo el poder en México. El país sigue todavía muy marcado por este partido, que ha conservado bases populares sólidas en las provincias. La ruptura se produjo con la elección de Vicente Fox, del Partido de Acción Nacional (PAN), en el año 2000. Es cierto que "AMLO" se niega a pronunciarse sobre el tema de una potencial candidatura para las elecciones presidenciales de 2006 -en parte porque la competencia sigue viva incluso dentro del PRD- pero resulta difícil no pensar en ello. "López Obrador quiere mostrar que está más preocupado por su mandato de alcalde que por las presidenciales y tiene razón -analiza Lorenzo Meyer, historiador del Colegio de México-. Es una persona carismática, pero vive modestamente y sabe hablarle a la gente. Si el personaje logra superar el membrete político, podría ser elegido".

En todo caso, aun cuando no se trata más que de un indicador, López Obrador hizo una aparición notable en las encuestas 4. Si mantiene la voluntad de una mejora social y sigue llevando a la práctica proyectos con ese fin, su candidatura presidencial podría llegar a ser, si resultase elegido, más que una ruptura, una perspectiva de cambio. Y constituir una etapa suplementaria hacia la democratización del país.

  1. El PRD nació en abril de 1989, después de que su fundador, Cuautemoc Cárdenas, fuera excluido del PRI, donde lideraba una "corriente democrática", luego de ser derrotado fraudulentamente en las elecciones presidenciales de 1988, "ganadas" por Carlos Salinas de Gortari.
  2. Según las estadísticas oficiales, en 2002 hubo en la capital mexicana 1.758 homicidios y 12.428 comercios asaltados.
  3. Hasta la elección en 1997 de Cuautemoc Cárdenas (PRD), era el Presidente de la República quien nombraba al alcalde de la capital. Sólo el PRI tenía el control. Por primera vez en décadas, los ciudadanos de México DF votaron en sufragio universal directo gracias a una modificación de la Constitución.
  4. Especialmente en la primera encuesta del grupo Reforma, publicada el 8-9-03, que lo coloca a la cabeza en la carrera presidencial (37%).
Autor/es Ixchel Delaporte
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 55 - Enero 2004
Páginas:11,12
Traducción Lucía Vera
Temas Ciencias Políticas
Países México