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Recuadros:

La dinámica del nacionalismo islámico

“La idea es poner a dieta a los palestinos, pero no dejarlos morir de hambre.” Así resumía Dov Weiglass, asesor del Primer Ministro israelí, la estrategia de su país inmediatamente después del triunfo de Hamas. Estados Unidos y la Unión Europea se han aliado a esa lógica inmoral que no hará más que agravar la ya dramática situación de las poblaciones de Cisjordania y Gaza. Doble discurso occidental.

Resulta curioso que los observadores políticos de todo el mundo se asombren de la aplastante victoria de Hamas en las elecciones legislativas de enero de 2006 en Palestina. Sin embargo, una cuota de sentido común hubiera bastado para describir ese acontecimiento como la crónica de una victoria anunciada. En efecto, lo que ocurre en los territorios palestinos ocupados por Israel desde 1967 es un escándalo absoluto desde el punto de vista del derecho internacional y de los principios de humanidad.

A diferencia de los habitantes de Timor Oriental, que lograron su independencia de Indonesia; a diferencia de Bosnia y Kosovo, que fueron objeto de acciones de envergadura internacional destinadas a proteger a las poblaciones afectadas y otorgarles una autonomía que preludia su independencia, los palestinos siguen viendo lo que les queda de su territorio, carcomido año tras año por la extensión de las colonias de asentamientos en Cisjordania y, más recientemente, por la construcción ilegal de un muro cuyo objetivo es hacer de ese territorio una inmensa cárcel colectiva para sus habitantes 1. Mientras tanto, en Gaza, evacuada con gran pompa por el ejército israelí y por unos ocho mil colonos, no existe la seguridad: las incursiones y los bombardeos israelíes siguen causando todos los días víctimas civiles.

Actualmente, ya nadie se atreve a invocar el proceso de paz iniciado en Madrid en octubre de 1991, o los acuerdos de Oslo de 1993 entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el Estado de Israel. Pero se continúa haciendo creer que existe un "proceso de paz" representado por la Hoja de Ruta estadounidense, avalada por la Unión Europea, Naciones Unidas y Rusia, cuando en realidad se trata de un papel ajado y olvidado. Fue particularmente chocante oír a los comentaristas denunciar la victoria del movimiento Hamas en las elecciones como un hecho susceptible de frenar un proceso de paz inexistente.

¿Cómo Hamas no iba a ganar holgadamente esas elecciones? Hace ya bastante tiempo que la Autoridad Palestina, dirigida principalmente por Fatah -principal componente histórico de la OLP- había renunciado, en vano, a todas sus cartas y hecho todas las concesiones posibles a Israel y a la comunidad internacional que lo apoya: reconoció al Estado de Israel sin reconocimiento recíproco del derecho de los palestinos a poseer su propio Estado; declaró su Carta "caduca"; renunció a la resistencia armada contra la ocupación; aceptó de hecho la colonización y su extensión.

La reanudación de la Intifada en septiembre de 2000 -resultado del callejón sin salida en que se hallaba la OLP ante la intransigencia de Israel- dio lugar a que el ejército israelí volviera a ocupar la mayor parte de Cisjordania y de Gaza y a la destrucción de la mayoría de la infraestructura de la Autoridad Palestina -financiada principalmente por la Unión Europea- así como a una pronunciada caída en el nivel de vida de la población. La instalación de numerosas barreras militares de control, que hacen cada vez más difíciles los desplazamientos de los palestinos en lo que les queda de territorio, completa el panorama.

El apoyo a Hamas 

Abandonados a su suerte, los palestinos pasaron entonces por una doble evolución. Por un lado, la burocracia de la OLP se hundía en la ineficacia y la corrupción denunciada por todos los gobiernos occidentales, de la que responsabilizaron exclusivamente a su jefe, Yasser Arafat, prácticamente puesto en cuarentena política -y hasta física- en su cuartel general de Ramallah. Por otro, Hamas continuaba la lucha armada, llevándola al interior de las ciudades israelíes por medio de atentados suicidas, al tiempo que era objeto de represalias israelíes que causaron numerosas víctimas entre la población civil, en particular en Gaza.

Yasser Arafat, y luego Mahmud Abbas (Abu Mazen), que a la muerte del primero fue elegido como presidente de la Autoridad Palestina, sufrieron permanentes presiones por parte de Israel, Estados Unidos y la Unión Europea para que pusieran en caja a Hamas, incluso por medio de la fuerza. Las relaciones entre Fatah y Hamas llegaron a picos de tensión: la Autoridad detuvo muchas veces a militantes, pero los palestinos supieron evitar la sangrienta guerra civil que desea Israel para acabar con toda forma de resistencia armada. Para hacer contrapeso a los movimientos laicos de la resistencia palestina, en la década de los '80 el Estado de Israel favoreció la implantación del movimiento Hamas, que luego, con el paso de los años, adquirió una experiencia a la vez militar y social. El fracaso de los acuerdos de Oslo y la política de compromiso aplicada por la OLP, sin contrapartida real en cuanto al acceso a la independencia y al fin de la colonización a través de asentamientos por parte de Israel, le facilitaron la tarea. Dotado de medios financieros puestos al servicio de la ayuda social y de la lucha armada contra el ocupante, Hamas vio crecer su popularidad en la medida en que la política y la conducta de los viejos y gastados dirigentes de la OLP daba como resultado más miseria y opresión 2.

Además, la victoria de la resistencia armada del Hezbollah libanés sobre el ejército israelí -que se retiró del sur de Líbano sin contrapartida en mayo de 2000, luego de veintidós años de ocupación- consolidó en Hamas y en amplias capas de la opinión pública palestina y árabe la idea de que la lucha armada es el único medio eficaz para hacer retroceder la ocupación israelí.

Los dirigentes israelíes, y quienes los apoyan en el mundo occidental, hubieran podido comprender fácilmente que una población encerrada en semejante situación de opresión, lejos de responsabilizar a Hamas por las sangrientas represalias israelíes, experimentaría por el contrario una gran admiración por esa organización y le ofrecería su apoyo de múltiples maneras. Su victoria sólo sorprendió a los ingenuos de todo el mundo, atrapados en la vacua retórica antiterrorista que invadió la esfera de los medios y de los responsables internacionales de Occidente. Esa retórica oculta la realidad de lo que ocurre en el terreno y los sufrimientos que ello provoca, que es de mal gusto describir y poner de manifiesto, so pena de ser acusado de simpatía por los terroristas.

En el sur de Líbano, ocupado por Israel de manera ininterrumpida desde 1978 a 2000, ocurrió lo mismo, pero de manera aun más caricaturesca. La milicia local, movilizada por Israel para ayudar a sus fuerzas, se presentó a menudo ante los medios occidentales como defensora de la independencia de Líbano frente a los "terroristas", primero palestinos y luego libaneses de Hezbollah. El gobierno estadounidense incluyó a este último grupo en la lista de organizaciones terroristas. A comienzos de septiembre de 2004, una enérgica resolución del Consejo de Seguridad (N° 1559) exigió su desarme y la presencia del modesto y mal equipado ejército libanés en la frontera con Israel. Pese a que desde su retirada del sur de Líbano,  que no fue verdaderamente total,  Israel sigue violando casi a diario el espacio aéreo, marítimo y a veces terrestre de ese país e impide al gobierno de Beirut explotar sus recursos hídricos en el sur, es Hezbollah el considerado por Estados Unidos y por Naciones Unidas como fuente de desestabilización de Líbano y como una amenaza para la seguridad de Israel 3. Por otra parte, a menudo se lo acusa de ayudar a Hamas. Como en Palestina, la comunidad internacional erigió para Líbano una doctrina que no tiene para nada en cuenta la realidad local y que aumenta las tensiones.

"Frente de rechazo"

Hace algunos meses, en junio de 2005, la "comunidad internacional" también quedó consternada al ver que los iraníes elegían por amplia mayoría al "extremista" Mahmoud Ahmadinejad, que hizo morder el polvo a su rival, el ex-presidente Hachemi Rafsandjani, símbolo de la corrupción que reina en ese país, pero considerado un "moderado" en cuestiones internacionales. También en este caso la ceguera fue total. Bajo la presidencia de Mohammed Khatami, partidario convencido del diálogo de civilizaciones, la política estadounidense no sólo siguió aislando a Teherán política y económicamente, sino que además lo incluyó en el eje del mal, junto a Irak y a Corea del Norte. Mientras que este último país parece haber desaparecido de las preocupaciones estadounidenses y europeas, Irán quedó más que nunca en la mira (Teitelbaum, pág. 10). Aprovechando las declaraciones incendiarias -y condenables- del nuevo Presidente iraní, Washington aumentó la presión internacional sobre ese país para obligarlo a abandonar toda veleidad de desarrollo de cualquier tecnología nuclear.

Al mismo tiempo, gracias a la resolución de Naciones Unidas sobre Líbano, y luego del asesinato desestabilizante del ex-primer ministro libanés Rafic Hariri, Estados Unidos y Francia usaron a fondo la situación creada en Líbano para arrinconar a la vez a Siria y a Irán, dado que Hezbollah es considerado únicamente como una extensión de ese nuevo "frente de rechazo" a la política occidental en la región. Las denuncias permanentes contra Irán y el Hezbollah libanés, sumadas al cerco que se cierra sobre el régimen sirio, gracias a la desestabilización de Líbano, no pueden sino alimentar la retórica anti-occidental en el mundo árabe y musulmán, y jugar a favor del "islam político", ya sea moderado o radical y yihadista.

Para completar este cuadro sombrío, cómo no evocar también los numerosos discursos de George W. Bush que -con el pretexto del espectacular desarrollo del terrorismo en Irak generado por la invasión estadounidense, pero también de los atentados del 11-9-01 y de los de Madrid y Londres, reivindicados por grupos islamistas- denuncia el intento de Osama Ben Laden de restaurar un califato islámico cuyo objetivo sería someter al mundo civilizado 4.

Por su parte, el Secretario General de Naciones Unidas produjo en septiembre de 2005 un documento de base para la reforma de la institución que dirige, en el cual estima que un solo peligro militar y político acecha a la humanidad: el del "terrorismo transnacional", que trata de apropiarse de las armas de destrucción masiva 5. Esto equivale a endosar sin la menor restricción ni matiz la doctrina estadounidense que hace del terrorismo, evidentemente "islámico", el enemigo de la humanidad.

Los partidarios de la teoría de la guerra de civilizaciones se frotan las manos. Los grandes responsables políticos internacionales no sólo adoptaron esa ideología, sino que contribuyen a que se cumpla su siniestra predicción. El mundo civilizado, es decir, el mundo "judeo-cristiano", según la nueva terminología a la moda, se halla frente a la hidra "islámica", que puede contar con temibles aliados -chinos, rusos...- y que utiliza los medios más perversos: el terrorismo y en un futuro cercano, sin lugar a dudas, las armas de destrucción masiva que podrían suministrarle los "Estados canallas".

"Integrismo imperial" 

Por su parte, los diferentes movimientos yihadistas (nacidos y alentados en su desarrollo durante la Guerra Fría, cuando sirvieron de carne de cañón contra el ejército soviético en Afganistán, y luego en otros puntos del globo, los Balcanes y el Cáucaso en primer lugar) nunca habían soñado con gozar de semejante publicidad, hecha por el Presidente de la mayor potencia mundial y por la ONU. También ellos, que ven en Occidente un mundo de barbarie y de injusticia respecto del islam y de los musulmanes, tienen el viento en popa. El ejército estadounidense y los contingentes occidentales que lo apoyan se empantanan en Afganistán y en Irak, territorios transformados en campos de batalla ideales entre las "fuerzas del mal judeo-cristianas", que agreden al mundo musulmán, y las "fuerzas del bien islámicas", que defienden la integridad de las sociedades musulmanas frente a las agresiones exteriores.

La permanente injusticia que siguen sufriendo los palestinos, la reprobación general y el temor que generó la victoria de Hamas, sin mencionar las amenazas de matar de hambre a la población palestina a través de un bloqueo israelí, constituyen evidentemente otro fenómeno objetivo que juega a favor de esa lógica. Para no hablar de la prisión extra-territorial de Guantánamo, o de las escandalosas vejaciones sufridas por los prisioneros iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib a manos del ejército estadounidense.

Tampoco es de extrañar que los comicios parlamentarios realizados en Egipto en noviembre y diciembre de 2005 hayan significado la elección de 80 miembros del partido de los Hermanos Musulmanes, lo que confirma el nuevo avance islamista en el mundo árabe. ¿Qué ocurriría si mañana hubiera elecciones libres en Siria? Las elecciones iraquíes, a pesar de la ocupación estadounidense, o a causa de ella, ¿no acabaron acaso marginalizando a los elementos liberales y laicos en beneficio de los conservadores religiosos, ya sean sunitas o chiitas?

En medio de esta atmósfera irrespirable se produjo el episodio de las estúpidas caricaturas danesas que denigraban al profeta Mahoma, imputándole la responsabilidad de los actos terroristas. La virulencia de las manifestaciones en todo el mundo musulmán resulta del aumento de las frustraciones y del sentimiento de injusticia. A falta de poder liberar Palestina o el Golán sirio, o de poder liberarse de la férrea dominación occidental sobre el mundo árabe y musulmán (Irak, Afganistán, Irán y Palestina en primer lugar), las muchedumbres que manifiestan su ira atacan las representaciones diplomáticas de los países donde se publicaron las provocadoras caricaturas.

Este impulso islámico manifiesta por doquier sentimientos nacionalistas que han abandonado desde hace mucho tiempo el lenguaje laico de los años de la descolonización y el tercermundismo. Lenguaje que, por otra parte, fue desapareciendo en todo el mundo en los últimos treinta años 6. ¿Crecerá como un torrente que ya nada puede detener? Es exactamente lo que teme el muy laico y gran poeta palestino Mahmud Darwich, quien lo expresó enérgicamente en una reciente entrevista para el diario Le Monde: "Si hubiera elecciones libres en todo el mundo arabo-musulmán, los islamistas se impondrían en todos lados, ¡la cosa es así de simple! Es un mundo que vive con un profundo sentimiento de injusticia, de la que responsabiliza a Occidente. Y éste responde con una forma de ‘integrismo' imperial que refuerza el sentimiento de injusticia" 7.

Responsables de ambos lados

¿Estamos en vísperas de vuelcos trascendentes, dado que la explosiva situación actual no puede perdurar sin que todo acabe en un estallido? Tal es la pregunta de sentido común que cabe formular, especialmente ante el autismo de los dirigentes occidentales por una parte y la inanidad de los dirigentes árabes por otra.

¿Es posible que el mundo occidental continúe ignorando la crueldad y lo absurdo de los hechos en Medio Oriente?; ¿que los palestinos sigan siendo víctimas de la ocupación, de la construcción del muro de separación y de la ampliación de las colonias de población en Cisjordania 38 años después de la guerra árabe-israelí de 1967?; ¿que Estados Unidos, una potencia democrática, invada dos países soberanos con el pretexto de represalias por un acto violento cometido en su territorio, por repudiable que sea?; ¿que una categoría conceptual única, "el terrorismo", englobe ante los ojos del mundo occidental y de Naciones Unidas movimientos y acciones violentas tan diversas como la resistencia a la ocupación, los atentados de Nueva York, Madrid y Londres y las decenas de atentados que tienen lugar casi sin interrupción desde 1995 en los países musulmanes (Egipto, Jordania, Marruecos, Yemen, Arabia Saudita, Indonesia, Pakistán)?

¿Es concebible que no se utilicen los medios policiales clásicos, como los que se aplicaron con éxito para acabar con el terrorismo en los países industrializados hace treinta años (Brigadas Rojas italianas, Banda Baader alemana, Acción Directa francesa, Ejército Rojo japonés) y en cambio se desplieguen ejércitos en cuatro continentes, fomentando así las vocaciones de jóvenes candidatos a la acción violenta y a convertirse en "mártires" contra los ocupantes ilegítimos y para colmo "infieles"? ¿Que la posesión de armas de destrucción masiva sea permitida a los países occidentales, a Israel, a India, incluso a Pakistán, aliado de Estados Unidos, y hasta a Corea del Norte, pero que cada vez que un país árabe o musulmán insinúe la posibilidad de desarrollar esa capacidad se produzcan tensiones insoportables?

¿Hasta cuándo se considerará de mal gusto reflexionar sobre la forma en que se crea el terreno geopolítico propicio a la aparición masiva de jóvenes yihadistas?; ¿o mostrar compasión e indignación por la suerte de los palestinos, sean cuales fueren los argumentos antiterroristas invocados por el Estado de Israel, Estados Unidos y la Unión Europea, cada vez más alineada tras los gobiernos de esos dos países?

Los gobiernos árabes tienen también una alta cuota de responsabilidad por el actual estado de cosas. Ignoran olímpicamente los sentimientos de su opinión pública y ceden a todos los deseos de Estados Unidos, sin conseguir nunca la más mínima contrapartida para una justa solución al problema palestino, o para obtener un trato equilibrado entre Israel y los países árabes en cuestiones de armamento o de desarme. La manera en que el gobierno de Estados Unidos se inmiscuye en las cuestiones internas de los países de la región y su arrogancia 8, sin que ello genere una reacción de los diplomáticos árabes, es otro atentado a la dignidad de esos pueblos, que sienten su honor pisoteado desde la época de la colonización europea. En atención a la estabilidad de la región, más valdría que los gobiernos árabes más sumisos resistieran a las presiones estadounidenses. Entonces sus propios pueblos los respetarían más y organizar elecciones libres no significaría necesariamente que los movimientos que invocan el islam se impusiesen, como está ocurriendo.

La política estadounidense e israelí parece apostar al cansancio de la opinión pública árabe y a la división entre los que piensan seguir resistiendo a ambos países y los que, por motivos diversos, quisieran acelerar una sumisión total con la esperanza de lograr por fin la paz en la región, lo que supondría la caída de las dictaduras y la emergencia del Estado de derecho y la prosperidad económica.

Esa división en la opinión pública árabe se profundiza considerablemente desde la invasión de Irak y la resolución N°1.559 del Consejo de Seguridad de septiembre de 2004, que instaba al desarme de Hezbollah y de los campamentos palestinos en Líbano. Este país es nuevamente, en su desafortunada historia, la caja de resonancia y el espacio tapón de esas contradicciones del mundo árabe, agravadas por la geopolítica de la región. En realidad resurge en la región la Guerra Fría, pero sin el socio soviético, desaparecido de la escena.

En efecto, es evidente que en Medio Oriente sigue existiendo un "frente de rechazo", cuyo centro de gravedad es el eje Teherán-Damasco y que comprende los diferentes movimientos políticos que dicen representar al islam, en su variedad caleidoscópica e ideológica. El caso de las caricaturas danesas favorece el fortalecimiento de ese bando, al unir a los movimientos chiitas y sunitas en un mismo rechazo a las políticas occidentales en la región. En realidad, los movimientos islámicos polarizan hábilmente, a través del discurso religioso, la reivindicación nacionalista -en Irán y en el mundo árabe- abandonada desde hace tiempo por los intelectuales laicos ante el fracaso del nasserismo y de diversos movimientos nacionalistas árabes, como Baas.

Nueva ideología dura

En esta nueva Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Europea se esfuerzan por consolidar a toda costa el campo de los denominados "demócratas", partidarios de proyectos de reforma política en el mundo árabe y musulmán, del fin de la resistencia a las nuevas realidades de la globalización y de la hiperpotencia estadounidense. Partidarios también de dar prioridad a la lucha contra el terrorismo, sin distinguir entre resistencia a la ocupación extranjera y acciones violentas de desestabilización, dirigidas contra capitales occidentales, árabes o musulmanas.

Los coloquios, seminarios y congresos sobre las reformas políticas, la transparencia y el buen gobierno se suceden de manera monótona y repetitiva, a veces patrocinados por gobiernos árabes, que así muestran su buena voluntad 9. Están dirigidos a movilizar la intelligentzia árabe en favor de la paz y la democracia y a ejercer presión sobre los gobiernos árabes. Sin embargo, los límites de esas acciones se pusieron de manifiesto crudamente en tres recientes elecciones: en Irán, en Egipto y en Palestina. En realidad, esa política occidental es réplica fiel de la aplicada por las potencias europeas en el siglo XIX, que con la excusa de la modernización y la democratización del Imperio Otomano y de la monarquía persa, ocultaba las ambiciones coloniales y el desmembramiento de los territorios de esas dos entidades en plena decadencia.

La caldera de los Balcanes, recalentada por las ambiciones coloniales de las potencias europeas en el siglo XIX, prendió la chispa de la Primera Guerra Mundial, que condujo a la Segunda. En la actualidad nos enfrentamos al riesgo cada vez más grande de las dolorosas sorpresas que podría depararnos la caldera de Medio Oriente y la sorprendente difusión de la ideología de la ineluctabilidad de las guerras de civilización (entiéndase, de religión), verdadera ideología dura en este comienzo de siglo.

  1. La decisión de la Corte Internacional de Justicia de La Haya del 9-9-04 constituye una severa condena del conjunto de las acciones israelíes en los territorios ocupados, desde el punto de vista del derecho internacional. Decisión que no fue seguida de efecto. Ver Willy Jackson, "Destruir el muro ilegal en Cisjordania", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2004.
  2. Hussein Agha y Robert Malley, "El poder palestino, sin aliento", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2006.
  3. Georges Corm, "Crise libanaise dans un contexte régional houleux", y Alain Gresh, "El viejo Líbano se resiste al cambio", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril y junio de 2005, respectivamente.
  4. Ver en particular su discurso ante la National Endowment for Democracy en Washington, en octubre de 2005, y los comentarios que generó, principalmente "Doing the 9/11 time warp again", International Herald Tribune, París, 8 y 9-10-05.
  5. Ver In Larger Freedom. Towards Development Security and Human Rights for All, Documento A/59/2005 de la Asamblea General de Naciones Unidas, 21-3-05.
  6. Ver al respecto los análisis hechos en nuestro reciente libro, La question religieuse au XXIè siècle. Géopolitique et crise de la post-modernité, La Découverte, París, 2006.
  7. Le Monde, París, 12-2-06.
  8. En particular, la célebre frase de George W. Bush que calificaba a Ariel Sharon de "hombre de paz". Más recientemente, el canciller británico John Straw, en visita oficial a Beirut, pidió a los libaneses que rezaran por Ariel Sharon, olvidando las masacres de Sabra y Chatila y las muchas víctimas que dejó la invasión israelí de 1982, dirigida por el general Sharon.
  9. Sólo en 2004 se contabilizaron no menos de cinco documentos de reformas solemnes relativas al mundo árabe: documento de Sana'a, del 10 de enero; discurso del ministro de Relaciones Exteriores alemán, el 2 de febrero; documento estadounidense, del 13 de febrero, que sirvió de base al plan de acción para Medio Oriente de la cumbre del G8, en junio de ese mismo año; discurso del canciller británico, del 1 de marzo; documento de Alejandría, del 13 de marzo.

“Algo huele a podrido en Dinamarca…”

Gresh, Alain

Una pequeña y valiente nación europea que defiende la libertad de expresión; un pueblo hospitalario y tolerante sorprendido por la barbarie; un régimen consternado por la irrupción de lo religioso en la esfera política, son otros tantos lugares comunes sobre Dinamarca que recorrieron las polémicas de las últimas semanas en torno de las caricaturas del profeta Mahoma.
Sin embargo hay que arañar ese barniz para descubrir una imagen muy diferente de estas imágenes de Espinal. Recordemos que Dinamarca es todo menos un Estado laico. No sólo la Iglesia no está separada del Estado, sino que existe una religión de Estado, el protestantismo luterano. Los sacerdotes son funcionarios, los cursos de cristianismo son obligatorios en la escuela, etc. 1.
La tolerancia está seriamente empañada en un país donde la mayoría de centroderecha se mantiene gracias al apoyo de un partido de extrema derecha, el Partido del Pueblo danés, que no tiene nada que envidiarle al Frente nacional francés. Como observa el periodista Martin Burcharth: “Los daneses nos hemos vuelto cada vez más xenófobos. La publicación de las caricaturas tiene poco que ver con la voluntad de ver emerger un debate sobre la autocensura y la libertad de expresión. Sólo puede comprenderse en el clima de hostilidad que impregna todo lo musulmán entre nosotros” 2.
Por último, el diario Jyllands-Posten, que publicó las caricaturas de Mahoma 3, se había negado hace unos años a publicar una caricatura que mostraba a Cristo con una corona de espinas transformada en bombas atacando clínicas donde se practica la interrupción voluntaria del embarazo.
La libertad de prensa merece ser defendida. Es inadmisible saquear consulados y embajadas, y más aun quemarlos. Sí, los medios deben desafiar los tabúes, aun cuando es una mayor prueba de coraje impugnar los tabúes de la propia sociedad que los de las demás. Esperamos entonces las caricaturas y los artículos que tengan como objetivo a los empresarios mediáticos franceses que son Dassault y Lagardère… u otros.

  1. Heidi Bojsen, profesor en la universidad de Roskilde y Johan J. Malki Jepsen, politólogo en Copenhague, “Un contexte danois caricatural”, Libération, París, 9-2-06.
  2. “Denmark’s problem with Muslims”, International Herald Tribune, 13-2-06.
  3. El periodista responsable de la publicación de las caricaturas había realizado el 29-10-04 una entrevista complaciente a Daniel Pipes, uno de los responsables de la caza de brujas en los campus estadounidenses contra todos los que se oponen a la política israelí.


Autor/es Georges Corm
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 81 - Marzo 2006
Páginas:24,25,26
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Conflictos Armados, Unión Europea, Islamismo, Política internacional
Países Estados Unidos, Cisjordania (ver Autoridades Palestinas), Gaza (ver Autonomías Palestinas), Irán, Israel, Palestina