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El petróleo saudita también se acabará

El Consejo de Seguridad se dispone a analizar el dossier nuclear iraní en momentos en que la imposición de sanciones tendría un efecto temible sobre un mercado petrolero ya tenso. Una agresión militar llevaría el precio del barril a más de 100 dólares. A pesar de las declaraciones oficiales de Ryad, Arabia Saudita no está en condiciones de aumentar sensiblemente su producción ni de reemplazar a su vecino.

Mientras que en Estados Unidos y en otros países la inquietud respecto al tema energético aumenta cada día, los expertos están divididos en dos campos: los optimistas creen que la abundancia de petróleo seguirá primando por largos años, mientras que los pesimistas estiman que pronto comenzará a escasear. Sin embargo, ambos coinciden en pensar que Arabia Saudita -primer productor mundial- desempeñará un papel central. ¿Será así?

Para los optimistas, Arabia Saudita seguirá aumentando su producción al ritmo de la demanda; para los pesimistas, ese país verá mermar sus reservas petrolíferas en poco tiempo, a raíz de lo cual todas las esperanzas de aumentar el abastecimiento neto mundial serán vanas. Por lo tanto, antes de especular sobre el futuro del suministro mundial, es necesario analizar con mucho cuidado el caso de Arabia Saudita.

No hace falta demostrar la importancia de ese país en la economía petrolera. No sólo es el primer productor y exportador de crudo, sino que además es el único proveedor que posee grandes reservas, lo que le permite aumentar rápidamente la producción en caso de crisis. Esa particularidad fue de una importancia decisiva en 1990, cuando Irak invadió Kuwait y la producción de ambos países desapareció del mercado: al aumentar rápidamente su ritmo de extracción, Arabia Saudita evitó por sí sola un nuevo "shock petrolero", comparable a los que generó el embargo árabe de 1973-74 y la revolución iraní de 1979-80.

Dada esa capacidad única de poder aumentar su producción en caso de crisis, Washington percibió durante mucho tiempo a Arabia Saudita como un elemento clave de su seguridad energética. Así, cuando en la primavera boreal de 2005 el precio del petróleo comenzó a aumentar, el primer gesto del presidente Bush fue recibir al entonces príncipe heredero Abdallah (posteriormente, rey) en su rancho de Texas, para suplicarle que aumentara la producción de su país. Antes de ese encuentro con Abdallah, George Bush había dicho a la prensa: "El príncipe heredero comprende la importancia de mantener un precio razonable" 1. Al término de la entrevista, el príncipe prometió aumentar la producción saudita, indicó un portavoz, añadiendo que "eso incidirá sin duda a favor de una baja" del precio del petróleo 2. A pesar de que hasta la fecha las promesas de Abdallah no produjeron ninguna baja sensible, Washington continúa presionando a Ryad para que aumente aun más la producción.

Aunque su rol de productor complementario (swing producer) en caso de crisis es muy importante, la cuestión del futuro de la producción saudita es aun más determinante. "Con un cuarto de las reservas mundiales comprobadas, Arabia Saudita será probablemente el principal exportador mundial en un futuro previsible", señalaba en 2004 el Ministerio de Energía estadounidense 3. Todas las estimaciones publicadas por ese ministerio prevén que la producción saudita aumentará constantemente en los próximos años y que el reino desempeñará un papel fundamental en la satisfacción de la sed mundial de petróleo. Ese país debería generar por sí solo más de un cuarto del aumento del suministro mundial entre 2001 y 2025.

Discrepancias

Para apreciar correctamente el rol asignado al reino saudita, hay que referirse a las proyecciones anuales publicadas por el Ministerio de Energía estadounidense sobre el futuro de la oferta y la demanda. En 2004 previó que la demanda mundial aumentará en un 57% entre 2001 y 2025, pasando de 77 a 121 millones de barriles diarios (b.d.). Para responder a ese aumento de la demanda, la producción saudita debía crecer un 120% en ese período, pasando de 10,2 a 22,5 millones de b.d. Ese porcentaje de crecimiento es totalmente desproporcionado respecto del que se espera de los otros países o grupos de países productores. Los que más se aproximarían son Rusia y las ex repúblicas soviéticas del Mar Caspio, con un aumento esperado de 8,5 millones de b.d. entre 2001 y 2025. En el caso de Irán, Irak y Kuwait, el crecimiento sería de 7,6 millones de b.d., mientras se prevé que el principal productor africano, Nigeria, sólo aumentaría en 1,6 millones de b.d. El ministerio estadounidense preveía que la producción en la mayoría de las otras regiones del mundo sería igual o inferior en ese período, de manera que el aporte saudita previsto, de 12,3 millones de b.d., resulta fundamental para satisfacer la demanda mundial 4.

Pero no sólo cabe preguntarse si Arabia Saudita es verdaderamente capaz de aumentar su producción en 12,3 millones de b.d. en 25 años, sino, incluso, si podrá lograr algún aumento en la misma, aunque sea mínimo. Tal es el interrogante que quita el sueño a los analistas en todo el mundo.

La controversia salió a la luz en febrero de 2004, cuando The New York Times afirmó que muchos analistas habían llegado a la conclusión de que los principales yacimientos petrolíferos sauditas están más cerca del agotamiento de lo que se supone. Esos expertos dudaban de la capacidad del reino para aumentar su producción por encima del nivel actual de 9 a 10 millones de b.d. El periódico afirmaba que si bien la producción saudita había logrado hasta entonces seguir el ritmo de la demanda internacional, "los yacimientos petrolíferos del país están actualmente en decadencia, a tal punto que los responsables de la industria y del gobierno se interrogan si el reino será capaz de satisfacer la sed mundial de petróleo en los próximos años" 5.

Claro que ese artículo despertó la ira y la inquietud de Ryad. Días después, Mahmoud Abdoul-Baqi, vicepresidente de Aramco, a cargo de la prospección de la Saudi Aramco, afirmó: "Somos capaces de aportar al mercado más petróleo que nadie. (...) Seguiremos suministrando petróleo durante al menos 70 años" 6. Por su parte, el ministro del Petróleo saudita, Alí Al-Naimi, se mostró incluso más afirmativo, pues sostuvo que si la demanda internacional sigue aumentando "estaremos en condiciones de satisfacerla" 7.

Esas promesas fueron retomadas por los responsables estadounidenses: el ministro de Energía afirmó en el International Energy Outlook de 2004 que los responsables sauditas "confían en su capacidad para mantener niveles de producción sensiblemente superiores hasta mediados de siglo y aun después" 8.

Un autorizado pesimista

Pero eso no puso fin a la controversia. En mayo de 2005, un banquero de Houston, Matthew R. Simmons, publicó un libro que causó el efecto de una bomba: Twilight in the Desert: The Coming Saudi Oil Shock and the World Economy (Crepúsculo en el desierto. La futura crisis petrolera saudita y la economía mundial). Allí, Simmons afirma enérgicamente que la mayoría de los principales yacimientos petrolíferos sauditas ya están en decadencia, y que por lo tanto será imposible aumentar su producción en los próximos años. Sostiene que "es poco probable que Arabia Saudita sea capaz algún día de suministrar la cantidad de petróleo que se espera de ella. La producción saudita se acerca a su pico de producción duradera... y puede comenzar a decaer en un futuro cercano" 9.

Sin embargo, Simmons no es ni un ambientalista militante ni un adversario de las empresas de hidrocarburos. Gerente y director general de uno de los más importantes bancos del mundo en inversiones petrolíferas, el Simmons & Company International, hace décadas que invierte miles de millones en el sector energético y que financia la prospección y el desarrollo de nuevas reservas de petróleo en todo el mundo. Así se hizo amigo de muchas personalidades de primer plano en el ambiente petrolero, incluidos George W. Bush y su vicepresidente Richard Cheney. Además acumuló una enorme cantidad de datos sobre los principales yacimientos petrolíferos del globo, y es por cierto una de las personas mejor informadas en el mundo en ese terreno. Es por estas razones que hay que tomar en serio su evaluación pesimista.

Los cuatro puntos fundamentales de los argumentos de Simmons son los siguientes: 1) la mayor parte del petróleo saudita proviene de una reducida cantidad de yacimientos gigantescos; 2) los mismos comenzaron a ser explotados hace 40 a 50 años y en su mayoría ya no contienen petróleo fácil de extraer; 3) para mantener niveles de producción elevados en esos cuatro o cinco yacimientos, los sauditas recurren cada vez más a la inyección hidráulica y a otros métodos de recuperación secundaria, con los que compensan la baja de presión de los pozos, y 4) con el tiempo, la proporción agua/petróleo en los yacimientos subterráneos será tal que hará la extracción difícil, si no imposible.

Twilight in the Desert no es un libro fácil de leer. Se trata fundamentalmente de una descripción detallada de la inmensa infraestructura petrolífera del reino, a partir de documentos de servicio redactados por los técnicos sauditas que tratan diversos aspectos de la producción en tal o cual yacimiento. En el libro se evoca muy a menudo el problema del envejecimiento de los yacimientos y del empleo cada vez más frecuente de la inyección de agua para mantener la presión subterránea, técnica que puede llevar a un deterioro de las reservas aún intactas. Sobre la base de esos estudios Simmons puede mostrar que los yacimientos sauditas más importantes van llegando rápidamente al fin de su vida productiva.

Inflexión en Washington

Es ese punto el que irrita y a la vez inquieta a los responsables sauditas. Durante un coloquio en Washington, el ministro de Petróleo, Al-Naimi, refutó las afirmaciones de Simmons y reiteró que su país tiene plena capacidad para aumentar su producción en respuesta a la demanda mundial. "Quiero tranquilizarlos solemnemente: las reservas sauditas son de gran riqueza y estamos en condiciones de aumentar nuestra producción según las exigencias del mercado", declaró el 17 de mayo de 2005. Durante una reunión en París, Al-Naimi evocó el proyecto de aumentar el nivel de producción en 10 a 12 millones de b.d. y aun más -hasta 15 millones de b.d. si fuera necesario- si la demanda mundial sigue aumentando 10.

Esta vez, sin embargo, se percibe un mayor escepticismo de parte de los expertos. Muchos analistas notaron que el petróleo extra actualmente producido por Arabia Saudita tiene un alto porcentaje de azufre. Por ejemplo, Jason Schenker, de la Wachovia Corporation, al tomar la palabra durante el encuentro Bush-Abdallah en Texas, observó: "De esta reunión no saldrá ningún cambio sustancial" 11.

El indicio más impactante de esa evolución en las estimaciones lo hallamos en el International Energy Outlook de julio de 2005. Hay que tener presente que el año anterior esa publicación había pronosticado un aumento de la producción saudita de 12,3 millones de b.d. en el primer cuarto de este siglo, hasta situarla en 22,5 millones de b.d. en 2025 12. Sin embargo, en 2005 sólo prevé un aumento de 6,1 millones de b.d., para una producción total de apenas 16,3 millones de b.d. en 2025: una reducción considerable respecto de las cifras de hace un año. Aunque no se dio ninguna explicación por ese cambio, se supone que los análisis de Simmons y de otros escépticos comenzaron a modificar la visión oficial en Washington.

Por otra parte, parece probable que las previsiones del ministerio para 2025 aparecerán ridículamente optimistas. Ni siquiera Al-Naimi, durante sus efusiones más verborrágicas, se comprometió explícitamente a superar los 12 millones de b.d. Y si Simmons tiene razón, incluso ese nivel podría resultar inalcanzable.

Por supuesto, en ningún momento la discusión evocó otro factor importante: el eventual impacto del contexto político sobre la producción saudita. Un cambio radical, como el que produjo la caída del Sha de Irán en 1978-79, causaría casi sin lugar a dudas una baja en la producción, que podría durar varios años. Y un eventual ataque terrorista de importancia contra las instalaciones petrolíferas tendría un efecto similar.

Aun cuando las condiciones internas se mantuvieran relativamente estables, debemos prepararnos para la inminencia de un futuro en el que las reservas mundiales de petróleo ya no alcanzarán para satisfacer la insaciable demanda energética del planeta.

  1. Mencionado en "Bush-Saudi Talks Focus on Long-Range Oli Plan", Reuters, 25-4-05.
  2. "Bush urges Saudis to Boost Oil Production", Los Angeles Times, edición digital, 25-4-05.
  3. US Department of Energy, Energy Information Administrayion (DoE/EIA), "Saudi Arabia", Country Analysis Brief, 23-6-2004.
  4. DoE/EIA, International Energy Outlook 2004, Washington DC, 2004.
  5. Jeff Gerth, "Forecast of Rising Oil Demand Challenges Tired Saudi Felds", The New York Times, 24-2-04.
  6. "Saudis Refute Claims of Oil Field Production Declines", Oil and Gas Journal, Houston (Texas), 8-3-04.
  7. "Saudi Oil Minister Al Naimi sees Kingdom Sustaining Oil Suplly Linchpin Role for Decades", Oil and Gas Journal, 5-4-04.
  8. DoE/EIA, International Energy Outlook 2004, op. cit.
  9. Matthew R. Simmons, Twilight in the Desert: The Coming Saudi Oil Shock and the World Economy, John Wiley, Hoboken (Nueva Jersey), 2005.
  10. Doris Leblond, "Saudi Production Growth Detailed in Paris Oil Summit", Oil and Gas Journal, 2-5-05.
  11. "Saudis Offer Oil Capacity Plan, No Immediate Relief", Bloomberg News, 15-4-05.
  12. DoE/EIA, International Energy Outlook 2005, Washington DC, 2005.
Autor/es Michael T. Klare
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 81 - Marzo 2006
Páginas:30,31
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Militares, Desarrollo, Economía
Países Arabia Saudita