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Recuadros:

Carta blanca a los incendiarios

Aunque nuestro ejército perpetre “una matanza masiva” en el Líbano, Estados Unidos seguirá apoyándonos, afirmó el embajador israelí en Washington, Dani Ayalon. El gobierno de Ehud Olmert dispone en efecto del apoyo total de la administración de George W. Bush. El objetivo es claro: liquidar al Hezbollah, aun al precio de la destrucción del Líbano, y llevar a ese país a una paz por separado, que le permitiría al Estado hebreo seguir su política de colonización de Palestina.

Decenas de civiles fríamente asesinados en Irak por milicias chiitas, simplemente porque eran sunnitas: un crimen sin precedentes en Medio Oriente, desde la guerra civil libanesa de 1975-1976, cuando los militantes falangistas fusilaban musulmanes únicamente porque eran musulmanes. Según Naciones Unidas, unos 6.000 iraquíes fueron asesinados sólo en los meses de mayo y junio.

Otro centenar de civiles, esta vez en el sur de Afganistán, fueron "víctimas colaterales" de la ofensiva que desarrollan las fuerzas de la coalición dirigida por Estados Unidos para impedir el "regreso" de los talibanes. Se multiplican los atentados suicidas, que hasta entonces eran desconocidos en ese país.

En Gaza, un millón y medio de palestinos se encuentran atrapados entre la ofensiva del ejército israelí y la decisión de Estados Unidos y la Unión Europea de suspender toda ayuda directa. La escalada en el Líbano, destruido por los bombardeos indiscriminados a sus infraestructuras, a sus ciudades y aldeas, y ahogado por el bloqueo, podría desembocar en un conflicto regional con Siria e Irán, mientras que el norte de Israel está paralizado por los cohetes que lanza el Hezbollah. Por último, sigue abierta la crisis por las actividades nucleares iraníes y Teherán amenaza con retirarse del Tratado de No Proliferación.

Fue un mes de julio normal, tres años después de que desde la cubierta de un portaaviones el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunciara el fin de los combates en Irak con un marcial "¡Misión cumplida!". En este verano boreal de 2006, el balance del aprendiz de brujo muestra su verdadera dimensión: nunca desde 1967 Medio Oriente había vivido tantas crisis agudas y simultáneas. Cada una posee su propia lógica, pero están unidas entre si por infinidad de hilos, lo que hace más difíciles las soluciones parciales y acelera la carrera de toda la región hacia el abismo.

¿Quién comenzó? Para una serie de comentaristas, no caben dudas: el Hezbollah, cuyo objetivo no es sólo la destrucción de Israel, sino "de manera más general, desestabilizar el campo occidental". Esa organización y quienes la apoyan pretenderían nada menos que "la instauración de una dictadura islámica universal" 1. Tal punto de vista, actualmente muy difundido en el mundo mediático y político, coincide con el de los neo-conservadores estadounidenses, según quienes estamos ante el comienzo de una nueva guerra mundial.

Michael Leeden, investigador del American Enterprise Institute, resume ese punto de vista: "Se trata de una guerra que se libra de Gaza a Israel, a través del Líbano, y de allí a Irak, a través de Siria. Los medios utilizados son diversos: Hamas en Gaza, Hezbollah en Siria y en el Líbano, y las múltiples facetas de la ‘insurrección' en Irak. Pero el director de orquesta es la mollahcracia iraní, el Estado revolucionario islámico fascista que nos declaró la guerra hace veintisiete años y que ahora debe rendir cuentas" 2.

"It's our war" ("es nuestra guerra"), proclama orgullosamente William Kristol, uno de los principales ideólogos neo-conservadores 3. Frente a lo que sería "una empresa general de desestabilización del mundo occidental", el gobierno israelí de Ehud Olmert está "del lado bueno". El comunicado del G8 en San Petersburgo, firmado también por Francia 4, mientras el Líbano se desploma bajo las bombas, proclama que el Estado de Israel tiene "derecho a defenderse".

¿Quién comenzó? El 12 de julio pasado, una operación militar del Hezbollah contra una patrulla israelí dejó seis muertos y permitió que la organización libanesa capturara a dos soldados. ¿Truenos en un cielo despejado? Recordemos que las escaramuzas son frecuentes, fundamentalmente en torno de la zona en litigio de las granjas de Shebaa, consideradas por el conjunto del gobierno libanés como territorio ocupado; que los aviones israelíes violan todos los días el espacio aéreo libanés; que el 26 de mayo Israel asesinó en el país del cedro a un dirigente de la yihad islámica; que Israel mantiene en prisión a varios dirigentes libaneses, entre ellos a Samir Al-Qantar desde 1978 y a Nassim Nisr y Yahya Skaf desde 1982.

El derecho internacional

Por otra parte, si se considera que la acción de Hezbollah era ilegal, ¿cómo calificar entonces la destrucción sistemática del Líbano llevada a cabo luego, tomando como blanco las infraestructuras civiles, ciudades y aldeas, ataque que obligó a más de 600.000 personas a abandonar sus hogares? En derecho internacional, con el que se llena la boca la comunidad internacional, eso se llama "crimen de guerra". El Protocolo Adicional N°1 a la Convención de Ginebra define claramente el principio de proporcionalidad. El texto prohíbe los ataques indiscriminados y estipula que "se considerarán indiscriminados, entre otros, los siguientes tipos de ataque: (...) cuando sea de prever que causarán incidentalmente muertos y heridos entre la población civil, o daños a bienes de carácter civil, o ambas cosas, que serían excesivos en relación con la ventaja militar concreta y directa prevista". ¿Quién puede pensar un solo instante que el objetivo declarado -salvar a dos soldados- justifique toda esa destrucción y los muertos causados por los bombardeos israelíes? ¿La vida de un árabe, de un libanés, vale menos que la de un israelí?

El éxito de la ofensiva israelí no está en absoluto garantizado. El Hezbollah es el principal partido libanés, muy bien implantado en las principal comunidad del país, la chiita; aureolado del prestigio que ganó gracias a la liberación del sur del país en 2000; cuenta con 12 diputados en el Parlamento; está aliado a importantes fuerzas políticas, como la del general Michel Aoun, el Partido Comunista, el Partido Nacional Social sirio, y a influyentes personalidades sunnitas, como Ussama Saad u Omar Karamé, y también maronitas, como Souleiman Frangié. Considerarlo "un simple peón de Irán o de Siria", es una fantasía.

Anthony H. Cordesman, uno de los investigadores más influyentes del Center for Strategic and International Studies de Washington, poco sospechoso de simpatizar con el islamismo, señaló: "Los analistas y los periodistas deberían mostrarse prudentes y atenerse a los hechos cuando hablan del papel de Irán en la crisis actual. Numerosas fuentes, incluidos funcionarios gubernamentales y militares israelíes, comenzaron a utilizar la crisis libanesa para presentar nuevas razones de atacar a Irán (...). El resultado es la transformación de sospechas y de hechos limitados en teorías conspirativas. Los servicios de informaciones estadounidenses no tienen ninguna prueba de que Irán domine o controle el Hezbollah, sino sólo de que ese país es una fuente esencial de financiamiento y de armamento de ese partido" 6.

Entre los primeros objetivos de la operación de "autodefensa" israelí figuró el aeropuerto de Beirut. La historia se repite. A fines de 1968, cuando Medio Oriente aún no se recuperaba de la guerra de junio de 1967, la resistencia palestina comenzaba a organizarse. El Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP), grupo extremista, atacó el 26 de diciembre de 1968 en el aeropuerto de Atenas un avión de la compañía israelí El Al, causando la muerte de un oficial jubilado. Uno de los miembros del comando era originario del Líbano, y la operación fue reivindicada desde ese país. Dos días después, un comando israelí destruyó trece aviones de línea que se hallaban en el aeropuerto internacional de Beirut.

El Consejo de Seguridad de la ONU condenó por unanimidad esa acción y exigió que Israel pagara los daños causados, cosa que nunca hizo. Francia declaró que el principio de "represalias" era inaceptable, y el general Charles de Gaulle decretó el embargo sobre las armas con destino a Israel, negándose a entregar 50 aviones Mirage que Israel ya había pagado 7.

El comunicado del Consejo de Ministros francés del 8 de enero siguiente afirmaba: "Comparamos el atentado de Atenas contra el avión israelí con la operación contra el aeropuerto de Beirut: en realidad esas dos operaciones no eran comparables. En Atenas, se trató de un golpe organizado por hombres pertenecientes a una organización clandestina. En Beirut, la operación fue realizada por un Estado, utilizando su material militar, en particular aparatos Super-Frelon y Alouettes de fabricación francesa, contra instalaciones civiles de otro Estado". Y París no dudó entonces en cuestionar "la influencia israelí (que) de cierta manera se evidencia en el ambiente de los medios de información" 8. Por entonces, el gaullismo no tenía pelos en la lengua.

La agonía palestina

Entramos en el cuadragésimo año de ocupación, de Gaza, de Cisjordania, de Jerusalén Este, sin olvidar el Golán sirio. A pesar de las innumerables resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y de las declaraciones apaciguadoras, la Hoja de Ruta aprobada por Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas afirmaba que el Estado palestino sería creado antes de 2005,  pero todo empeora en Palestina.

El año 2005 no registró ningún avance. Mientras que las autoridades de Tel Aviv seguían afirmando que Yasser Arafat era un "obstáculo para la paz", su muerte y su reemplazo por Mahmoud Abbas (Abu Mazen) no modificaron la política "unilateral" de Ariel Sharon. La retirada de Gaza, en el verano de 2005, acogida por los responsables políticos y por los medios de comunicación como "un gesto de coraje", fue un golpe mortal contra lo que quedaba de los acuerdos de Oslo: el principio según el cual la paz requería negociaciones bilaterales. Para los palestinos de Gaza, la evacuación israelí no significó ninguna mejora en su situación, al contrario (El-Haddad, en esta página).

Mientras la colonización continuaba y se intensificaba en Cisjordania (Algazi, pág. 20) y el "proceso de paz" se resumía a una frase en los comunicados de la "comunidad internacional": Hamas ganaba las elecciones de enero de 2006. ¿No era acaso previsible? Pero por haber "votado equivocadamente", los palestinos fueron castigados, concretamente por la Unión Europea, que  con el aval de Francia  privó a la Autoridad Palestina de la ayuda directa, contribuyendo así a deteriorar aun más las condiciones materiales de la población y a arruinar las instituciones palestinas.

¿Qué decir de los cohetes lanzados desde Gaza, y que caen sobre la ciudad de Sderot? Gideon Levy, periodista israelí del diario Haaretz, se interroga: "¿Qué hubiera ocurrido si los palestinos no hubieran disparado los cohetes Qassams? ¿Acaso Israel habría levantado el bloqueo económico impuesto a Gaza? ¿Habría liberado a los prisioneros, aceptado entrevistarse con los representantes electos palestinos para iniciar conversaciones? Tonterías. Si los habitantes de Gaza se hubieran quedado tranquilos, como esperaba Israel, su causa habría desaparecido de la agenda, aquí y en todo el mundo. (...) Nadie se habría preocupado de la suerte del pueblo de Gaza si no se hubiera manifestado violentamente" 9.

El 27 de junio pasado, luego de fuertes tensiones, todas las organizaciones palestinas (salvo la Yihad islámica) firmaron un texto llamando a una solución política basada en la creación de un Estado palestino junto al Estado de Israel y limitando las acciones de resistencia armada a los territorios ocupados. Ese acuerdo abría el camino a la formación de un gobierno de unidad nacional, capaz de iniciar conversaciones de paz. Al día siguiente, el ejército israelí "regresó" a Gaza con el pretexto del secuestro de uno de sus soldados, pero en realidad, para "liquidar" a Hamas 10.

También en este caso, la acción israelí  -bombardeos a centrales eléctricas y ministerios, detención de dirigentes políticos, destrucción de casas y utilización de civiles como escudos humanos 11- entra en la categoría de "crimen de guerra". El gobierno suizo, depositario de las convenciones internacionales sobre el derecho humanitario, señaló el 4 de julio pasado que "no cabe duda de que Israel no adoptó las precauciones requeridas por el derecho internacional para proteger a la población civil y las infraestructuras".

La impotencia árabe

Guerra contra los palestinos y guerra contra el Líbano. Ambas ofensivas obedecen a una misma estrategia: imponer una "solución" que corresponda únicamente a los intereses de Israel. Nunca, en los últimos cuarenta años, la política israelí contó con tanto apoyo occidental: se hacen oír pocas voces oficiales disidentes, salvo la del Vaticano.

Otra vez el mundo árabe muestra su impotencia. Los Estados árabes aliados de Estados Unidos fueron incapaces de ejercer presión sobre Washington. Se limitaron y el hecho es suficientemente notable como para subrayarlo a denunciar también a Hezbollah y a Hamas, justificando así la acción israelí... Saud Al Faisal, canciller saudita, pidió a las partes no árabes que se mantuvieran al margen del conflicto: no apuntaba evidentemente a Estados Unidos... sino a Irán.

Como lo notó Abd-al-Wahab Badrakhan, editorialista del periódico pan-árabe Al Hayat: "Todos los árabes, desde el Atlántico hasta el Golfo, saben que el proceso de paz está totalmente muerto y que los árabes fueron engañados una, dos, mil veces. (...) No saben cómo salir de la ciénaga en la que se hundieron. Entonces, nos guste o no, se les dejó la última palabra a los que calificamos de "extremistas" o "aventureros" 12. Hamas nació en 1987 en Gaza, al cabo de veinte años de ocupación israelí, a caballo de la primera Intifada; Hezbollah surgió de la lucha contra la ocupación, luego de la invasión israelí al país del cedro, en 1982. ¿Qué nueva organización violenta nacerá de los escombros actuales del Líbano? 

  1. Gérard Dupuy, "G8 hors-jeu", Libération, París, 17-7-06.
  2. National Review on line, 13-7-06.
  3. The Weekly Standard, Washington, 24-7-06.
  4. Ver "Francia se enreda en Medio Oriente", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2006.
  5. Collectif, Crimes de guerre. Ce que nous devons savoir, Autrement, París, 2002.
  6. "Iran's support of the Hizbollah in Lebanon", 14-7-06, www.csis.org/media/csis/pubs/060715_hezbollah.pdf
  7. Xavier Baron, Les Palestiniens. Génèse d'une nation, Seuil, París, 2003.
  8. Citado por Samy Cohen, De Gaulle, les gaullistes et Israël, Alain Moreau, París, 1974.
  9. Haaretz, Tel Aviv, 9-7-06.
  10. Recordemos que Hamas respetó un alto el fuego con Israel desde febrero de 2005 hasta el 10-6-06. Sólo abandonó esa posición a raíz de numerosos "asesinatos dirigidos" de sus militantes, y de la matanza en una playa de Gaza, donde encontró la muerte una familia palestina.
  11. Ver el informe de la organización israelí B'Tselem, btselem.org/english
  12. Al-Hayat, Beirut, 17-7-06

"El mundo se cierra sobre nosotros"

El-Haddad, Laila

Luego de su retirada de Gaza en agosto de 2005, las fuerzas israelíes emplearon nuevos métodos, completamente desproporcionados, contra la población civil, oficialmente para destruir el poder de fuego de los cohetes palestinos. Las deflagraciones causaron escenas de histeria colectiva y aterrorizaron a toda la población... Según la ONU, entre mayo y junio habrían caído 8.000 obuses.
Dormíamos en medio del estruendo del bombardeo, del ruido de los obuses que explotaban a pocos kilómetros de nuestras casas. Mientras dormíamos, los obuses caían, y seguían cayendo a la mañana siguiente, a la hora de la plegaria.
Israel cerró sistemáticamente el puesto de control de al Mintar, por el que pasaban las mercancías, y colocó unos carteles que decían: “Medidas de seguridad”. Eso causó pérdidas de millones de dólares a los agricultores y a la economía en general (para no mencionar el agotamiento de las reservas de víveres y de medicamentos).
La vida en Gaza se volvió insoportable. Me sentí presa de ese sentimiento que transmite la frase del poeta Mahmoud Darwich: “El mundo se cierra sobre nosotros”. Nos sentíamos impotentes, aplastados, frente a un fuerza terrible, más grande que la vida, que parecía crecer y mutar cada día. Ese enemigo parecía estar a la vez en todos lados y en ninguna parte. No había ningún lugar donde estar al abrigo de sus golpes.
Eso lo aplasta a uno cada vez más, y lo hace sentir abandonado y rechazado, hasta tener la sensación de estar totalmente solo, incluso en medio de un millón y medio de otros seres humanos. Es como una cámara de tortura colectiva. Si miraba el cielo al oír el ruido de un obús que caía, o si veía con el claro de luna los helicópteros de combate que pasaban rumbo a sus objetivos, me preguntaba con ansiedad: “¿Me estarán viendo?”. Y cuando los bombardeos se reanudaban, no podía evitar imaginar al joven de dieciocho años que se aburría en la frontera disparando su carga de obuses cada dos minutos.
A veces me sentía al borde del abismo, me abandonaba y levantaba los brazos al cielo, en dirección a ellos. ¿Me escuchaban? Era una ocupación invisible, llevada a cabo por voces desarticuladas, aviones de caza, una artillería lejana y topadoras.
Gaza se había convertido en un infierno en la Tierra. Sus habitantes, rodeados por todas partes, privados de sus libertades fundamentales, con sus derechos y su soberanía mutilados, debían además someterse y aceptar su destino. En tales condiciones, ¿es de extrañar que –según una encuesta reciente– una inmensa mayoría de palestinos desee que la liberación de los soldados israelíes tenga una contrapartida?
Lo que a algunos les parecería aun más sorprendente es que en julio de 2006 el 65% de los palestinos se declaraban favorables, en diferentes grados, a reanudar las negociaciones con Israel. En lugar de responder a las manos que se le tendían, Israel bombardeó nuestras ciudades, confiscó nuestras subvenciones, cerró nuestras fronteras, con el pretexto de que no tenía un interlocutor válido, sea cual fuere la persona o el partido en el poder.
En septiembre de 2005, cuando cubría la demolición del muro de Rafah, fronterizo con Egipto, vi a dos niños palestinos de unos 9 años que miraban por encima de los restos de esa barrera que desde hacía tanto tiempo los separaba de la ciudad hermana, del lado egipcio. Les pregunté qué hacían, y me dijeron que nunca habían salido de su campamento de refugiados, en el sur de la banda de Gaza, y que querían ver cómo era ese otro mundo, esa otra gente. ¿Qué mejor ejemplo del aislamiento de la ciudad?
Eso me permitió también recordar que los palestinos no desean nada más que los otros pueblos: vivir y ser libres.


Autor/es Alain Gresh
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 86 - Agosto 2006
Páginas:16,17
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Política, Justicia Internacional
Países Estados Unidos, Israel, Palestina