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La Europa que se necesita

Las instituciones sociales de la Unión Europea (UE) y su aspiración a jugar un papel independiente en el mundo se ven amenazadas por el poder desenfrenado de Estados Unidos, las opciones económicas de tipo anglosajón y la ampliación de la propia UE. A pesar de que esas tres dinámicas se inscriben en el largo plazo, ya concentran suficiente fuerza como para paralizar a las instituciones europeas, condicionar las políticas interiores del continente a los dictados de la globalización neoliberal y su política exterior al leadership de Estados Unidos.

En la medida en que la UE es actualmente la única entidad mundial que dispone de un peso económico y de un potencial político equivalente a los de Estados Unidos, tiene -al menos teóricamente- los medios para desafiar su pretensión de potencia hegemónica. No se trata de que Europa se "americanice" aun más -proceso en el cual ya fue demasiado lejos- sino de ofrecer un modelo diferente, fundado en la justicia social, y de romper su sumisión a las políticas belicistas de George W. Bush en el plano internacional. 

Puesto que los dos países que forman el núcleo central de la UE -Francia y Alemania- acaban de hacer polvo la fórmula estéril del grotescamente denominado "Pacto de estabilidad y crecimiento" -lo que pone en tela de juicio el nefasto poder del Banco Central Europeo (BCE) y sus desastrosos dogmas monetaristas 1- Europa tiene la posibilidad de brindar respuestas creativas a los desafíos que se le oponen, pues el liderazgo de Estados Unidos enfrenta muchas dificultades, en primer lugar de las cuales figuran Irak y Medio Oriente.

Las actuales reacciones de los dirigentes europeos ante el callejón sin salida en que se metió Estados Unidos en Irak y respecto de la gestión monetaria de la UE, no están a la altura del presente momento histórico. Muy al contrario, debilitan a Europa y traicionan las esperanzas de los pueblos que en todo el mundo esperan que la arrogancia estadounidense encuentre un mínimo de resistencia. Los aliados de Estados Unidos en el seno de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) protestan en público o en privado contra el "unilateralismo" de Washington, pero luego endosan las consecuencias de la posición de la Casa Blanca. Así fue que votaron en Naciones Unidas una resolución que confiere una injustificable legitimidad ex post facto a la ocupación de Irak.

Cuanto más empantanado se encuentre Estados Unidos, más contará con sus aliados, reticentes pero sumisos, para enviar tropas a Irak, lo que implica poner en peligro a los ciudadanos de esos países. Y todo eso para tratar de contener la peligrosa situación reinante en ese país y contribuir a la reelección de Bush en noviembre de 2004.

En el frente interno europeo, el poder de la BCE será restaurado y reciclado por la creciente magnitud del programa que podríamos calificar de "privatización implícita": degradación de los servicios públicos y de la protección social, para obligar a la masa de ciudadanos a transformarse en clientes de esos rapaces que son los establecimientos financieros y las compañías de seguros.

Sin embargo, la oposición puede volver a mostrarse activa. El movimiento anti-guerra, que alcanzó su punto culminante durante las manifestaciones del 15 de febrero de 2003, seguramente tomará nuevo impulso a medida que sean cada vez más patentes las características de la ocupación de Irak. Asimismo, las movilizaciones en defensa de la escuela pública y de la protección social serán nuevas ocasiones para oponerse a las políticas de quienes dirigen Europa de manera tan equivocada y para resquebrajar y generar conflictos en esa sorprendente alianza que une a Gerhard Schroeder y Jean-Pierre Raffarin, Romano Prodi y Jacques Chirac, Silvio Berlusconi y Anthony Blair.

Los dirigentes del Viejo Continente ni siquiera se dieron cuenta de que sus homólogos de Washington están perdiendo terreno dentro de la propia opinión pública estadounidense. Antes de la captura de Saddam Hussein las encuestas señalaban que Bush estaba en fuerte baja. En el seno del Partido Demócrata, el entusiasmo militante que se evidencia tras la candidatura de Howard Dean tiene buenas posibilidades de lograr que se lo designe como el candidato oficial del partido. La fuerza de Dean consiste en haberse opuesto a la guerra, pero no puede explotar a fondo esa posición pues no sólo Europa no reclama la retirada de las tropas estadounidenses de Irak, sino que varios países europeos aceptaron enviar soldados para reemplazar a contingentes de Washington.

Si los europeos elaboraran un proyecto de evacuación de las fuerzas de ocupación -quizá con el auspicio de la Liga Árabe o de Naciones Unidas- esa iniciativa entraría en resonancia con el deseo de decenas de millones de estadounidenses de ver a sus soldados de vuelta en casa.

 Disminución de las prestaciones

 La elite europea se niega a mirar de frente otra realidad: el modelo económico estadounidense, lejos de ser un ejemplo, se hunde actualmente a causa de una serie de dificultades. El derrumbe de Enron sólo fue el principio de una erupción de escándalos que afectan a todas las instituciones financieras importantes de Wall Street. En los últimos dos meses el fiscal del Estado de Nueva York, Eliot Spitzer, realizó investigaciones y ordenó detenciones que muestran que los grandes bancos y los principales fondos comunes de inversión habían permitido que fondos especulativos "aligeraran" las cajas de jubilaciones, es decir que robaran de ellas los aportes de más de 90 millones de ahorristas. Una nueva consecuencia de la desregulación y de la financiarización...

Luego de la destrucción de puestos de trabajo registrada en los últimos años y a pesar de la recuperación actual, la opinión pública estadounidense teme que en las dos próximas décadas los sistemas de protección social privados -que excluyen a más de un 20% de la población- terminen quebrando. Las jubilaciones y los servicios médicos privados son víctimas de una grave "enfermedad de costos". Las campañas de marketing para atraer clientes se llevan sumas considerables, a la vez que los procedimientos para definir las prestaciones personalizadas resultan complicados y onerosos.

En Estados Unidos muchos sectores de izquierda que buscan nuevas alternativas miran hacia Europa, pero están cada vez más decepcionados. Sin dudas, la protección social sigue siendo muy superior en el Viejo Continente, pero incluso gobiernos como el de los socialdemócratas y verdes de Alemania no dan muestras de coraje ni de imaginación: en lugar de buscar mejores fuentes de financiamiento del Estado social, prefieren disminuir las prestaciones.

El muy evidente debilitamiento de la capacidad de Europa para proteger a sus propios ciudadanos reduce su influencia en los temas mundiales. Para evitar que desaparezca lo que aún queda del modelo social europeo, la UE podría al menos ofrecer a sus ciudadanos alguna forma de nueva prestación social. Es de recordar que esa fue la conducta del presidente Franklin D. Roosevelt en los años 1930, cuando Estados Unidos pasaba por su peor crisis social. La ley de 1935 creó un sistema de Seguridad Social cuya cobertura fue rápidamente general y la tarjeta que acreditaba ese derecho se convirtió entonces en un signo de dignidad cívica.

Europa debe intentar ese tipo de programas. Es cierto que existen los llamados fondos estructurales y de cohesión 2, la Política Agrícola Comunitaria y los programas en favor de los países candidatos. Pero esas ayudas van a parar a Estados, regiones o agricultores y no al conjunto de la población, para crear un lazo entre los ciudadanos y los Estados federados.

 Estado de bienestar continental

 Tres economistas -James Galbraith, Pedro Conceição y Pedro Ferreira 3- desarrollaron argumentos en favor de un "Estado providencia verdaderamente europeo, con un sistema de jubilaciones a nivel continental" y de "la creación de nuevas universidades de excelencia en las regiones de la periferia europea -que disponen de un bello marco natural, pero donde se registran los ingresos económicos más bajos- haciéndose totalmente cargo de los estudios de los jóvenes". Un Estado de bienestar europeo debería brindar una cobertura integral, de manera que cada ciudadano de cada país se beneficie directamente. La misma tendría que ser concebida como un complemento -y no como un sustituto- de los sistemas de protección social nacionales, los que a su vez, en caso de urgencia, deberían poder recurrir a un fondo europeo dotado de financiación propia.

Hace tiempo que la Confederación Europea de Sindicatos (CES) pide la organización de un verdadero Fondo social europeo 4 dotado de recursos que le permitan invertir para crear empleos productivos y garantizar los futuros gastos de protección social. En 1959 la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) 5 había creado el Banco Europeo de Inversiones (BEI) para compensar el poder de los bancos centrales. Ahora que Alemania y Francia enterraron el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, más que nunca el BEI tiene una función que cumplir. Tres economistas de Cambridge abogaron para que se aumente su poder, como contrapeso del Banco Central Europeo 6.

Los fondos sociales estarían destinados tanto a producir riquezas como a distribuirlas. En un continente en el que las Bolsas imponen ampliamente su ley, esos fondos podrían proteger a las empresas productivas de la financiarización, promover aquellas que se fijen objetivos de responsabilidad social y permitir un mínimo de control popular sobre los procesos de acumulación.

Europa podría dedicarse aun más a proteger y mejorar sus dispositivos de protección social si se negara a ser arrastrada a empresas de conquista militar por parte de Estados Unidos. Por otra parte, el belicismo de Washington se explica por el deseo de distraer la atención de los ciudadanos estadounidenses de los problemas sociales y del aumento vertiginoso de las desigualdades sociales que padece el país. Europa debería aspirar a un modelo mucho más igualitario y responsable, tanto por el bien de sus ciudadanos como por el del resto del mundo. La organización de un contrato social a nivel continental contribuiría a construir una ciudadanía común, que a su vez sería la base de una política exterior europea más independiente.

  1. El "Pacto de Estabilidad y Crecimiento" dispone, entre otras obligaciones, que ningún país de la UE puede superar el 3% de déficit fiscal, que es justamente lo que Francia y Alemania acaban de hacer.
  2. Los fondos estructurales, que representan un tercio del presupuesto de la UE y que benefician -aunque de manera irregular- a todos los países, son los siguientes: Fondos europeos de orientación y de garantía agrícola (Feoga), sección orientación; Fondo social europeo (FSE); Fondo europeo de desarrollo regional (Feder); Instituto financiero de orientación de la pesca (Ifop). En el marco de la UE de 15 miembros, los fondos de cohesión benefician sólo a 4 países: España, Grecia, Irlanda y Portugal.
  3. James K. Galbraith, Pedro Conceição y Pedro Ferreira, "Inequality and Employment in Europe", New Left Review, Londres, septiembre-octubre de 1999.
  4. Creado por el tratado de Roma de 1957, el actual Fondo social europeo (FSE), uno de los cinco fondos estructurales, tiene ya más de 40 años. En colaboración con los Estados miembros, el Fondo invierte en programas cuyo objetivo es desarrollar las capacidades y mejorar las perspectivas profesionales de los ciudadanos europeos. Pero su presupuesto, que representa un tercio de los fondos estructurales (sin contar los Fondos de cohesión) alcanza solamente a 62.500 millones de euros para el período 2000-2006, lo que representa una gota en el mar en relación a las necesidades existentes.
  5. En noviembre de 1993, luego de que entrara en vigor el Tratado de Maastricht, la CEE adoptó el nombre de Unión Europea (UE).
  6. Philip Arestis, Kevin McCauley y Malcolm Sawyer, "An Alternative Stability Pact for the European Union", Cambridge Journal of Economics, vol. 25, N° 1, 2001.
Autor/es Robin Blackburn
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 55 - Enero 2004
Páginas:16,17
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Neoliberalismo, Política, Unión Europea