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La Carta Magna y la “herencia religiosa”

Dos disposiciones del proyecto de tratado constitucional europeo ponen en peligro los principios laicos: el reconocimiento –en el preámbulo– de la “herencia religiosa” de Europa, y el artículo 51, que reconoce a las religiones el papel de interlocutores de las instituciones europeas. Esas innovaciones –que despiertan la oposición de parlamentarios europeos y dividen a los Estados miembros 1– son en parte fruto de un lobbying de las asociaciones religiosas, fundamentalmente católicas, en el seno de las instituciones europeas.

Se trata de que se reconozca la dimensión religiosa de la construcción europea y de esa forma conceder a las Iglesias un derecho a opinar sobre las grandes orientaciones de la Unión Europea (UE). Ese lobbying aumentó particularmente luego de las conferencias de Naciones Unidas (ONU) sobre población y desarrollo, en El Cairo, en 1994, y sobre los derechos de la mujer, en Pekín, en 1995, dos temas que preocupan mucho a las Iglesias.

El Vaticano está a la vanguardia de ese combate, a causa de su doble dimensión de Estado y de máxima autoridad de la Iglesia Católica. Ya en 1988, en su discurso ante el Parlamento Europeo, el papa Juan Pablo II instó a los diputados a no eliminar el cristianismo del debate público europeo. Ese discurso, que sonó como una verdadera advertencia, afirmaba: "La vocación del cristianismo es estar presente en todos los terrenos de la existencia. Por lo tanto, tengo el deber de insistir en lo siguiente: si un día se llegase a poner en tela de juicio los fundamentos religiosos y cristianos de este continente; si a la vez se suprime toda referencia a la ética, entonces se estará haciendo algo más que rechazar la herencia europea" 2. ¡Nosotros, o el caos! ¡Nosotros, o el Apocalipsis! Para algunos cristianos, hacer del cristianismo el vínculo unificador y estructurador de la política y de la opinión pública en Europa es una verdadera obsesión.

La Santa Sede no forma parte de la UE, en el seno de la cual cuenta con la simple categoría de observador. Por otra parte, no tiene la menor intención de ingresar a la Unión Europea, pues ello la obligaría a aceptar compromisos políticos a lo que se niega categóricamente de acuerdo a su concepción del poder espiritual. Sin embargo, la Santa Sede muestra un enorme interés en que la UE reconozca a la Iglesia Católica como la única sociedad religiosa perfecta, lo que le permitiría suplantar a todas las otras religiones. No obstante, desde un punto de vista financiero, el Vaticano está integrado a la UE, en la medida en que -en diversos Estados miembros- goza de un estatuto particular que permite a la Iglesia recibir donaciones y subvenciones 3. La Santa Sede trata ante todo de imponer su filosofía de las "societas perfectae" a nivel de la UE: los principios establecidos por la Iglesia deben gobernar las relaciones del poder público con el mundo asociativo 4

 Diálogo y reacciones

 En marzo de 1996, durante la preparación del tratado de Amsterdam, los embajadores de la UE acreditados ante el Estado de la Santa Sede recibieron una nota. La misma tenía los siguientes objetivos declarados: subrayar la contribución de las Iglesias y de los cultos en el desarrollo de Europa; garantizar el mantenimiento de las relaciones Iglesia-Estado tal como existen en el seno de los Estados miembros; arraigar las relaciones Iglesia-Estado en el derecho comunitario; evitar cualquier discriminación de Iglesias o de cultos respecto de otros movimientos sociales, ya comprobados a nivel de la UE; proteger las competencias de los Estados miembros en sus relaciones actuales con las Iglesias y los cultos 5.

Ese documento no fue tomado en consideración por el Consejo Europeo de Ministros, dado que la Santa Sede no formaba parte de la UE. Por entonces, las autoridades francesas habían estimado que una referencia a los valores religiosos no era aceptable pues planteaba problemas políticos y constitucionales en Francia. Esto ya no parece ser un problema hoy en día...

A la vez, lanzados a una lucha sin cuartel para salvaguardar sus viejos privilegios, grupos de presión reaccionarios se organizan para hacer realidad el proyecto de una Europa cristiana. Italia y Polonia desean que se haga una mención precisa de la herencia cristiana y no sólo religiosa. En su tarea de lobbying, el Vaticano se apoya en el Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas (CCEE), que posee en Bruselas una oficina política ante la UE: la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea (Comece).

Esta última instancia reivindicó, en el marco de la Convención Europea, la institucionalización de un diálogo estructurado con las instituciones europeas, fundamentalmente sesiones regulares de trabajo y "consultas prelegislativas". Como no existe un estatuto oficial de las asociaciones a nivel europeo, la Comece hizo reconocer su competencia a través de la creación de grupos tales como el Migreurope, una red informal de asociaciones -fundamentalmente católicas- sobre el asilo y la emigración 6.

En 1992 Jacques Delors, por entonces presidente de la Comisión Europea, creó un grupo informal de consultantes (Forward Studies Unit), uno de los cuales estaba específicamente encargado de los temas religiosos. Bajo las presidencias de Jacques Santer y de Romano Prodi ese grupo se convirtió en el GOPA (Group Of Policy Advisors). Para Prodi, las religiones juegan un papel importante en el desarrollo de la UE 7. La mayoría de los miembros del GOPA serían católicos practicantes.

Discretamente, otra organización teje su tela dentro de la UE: el Hogar Católico Europeo (HCE). Fue fundado a comienzos de la década de 1960 por empleados católicos de las instituciones europeas. El HCE consiste fundamentalmente en un centro espiritual situado en Bruselas y manejado por jesuitas, que incluye un lugar de oración -la capilla San Benito- donde cada día se celebran misas en favor de colaboradores de la UE. Ese centro espiritual sirve también de lugar de encuentro a diferentes grupos de reflexión encargados de buscar soluciones a los problemas políticos y económicos europeos.

El HCE funciona como una bolsa de ideas. Es un lugar de intercambio para los responsables políticos y los católicos europeos. Cada año, el Nuncio apostólico ante las autoridades europeas -nominación que nunca fue objeto de una decisión oficial de la UE- preside una reunión de todos los organismos dependientes del HCE. Esa cita es una buena oportunidad para informarse de las actividades del lobby católico en el seno de las organizaciones de la UE, que trata de ubicar a sus representantes en cada uno de los programas existentes dentro de la comunidad.

Sin embargo, los objetivos de los diferentes miembros de la "familia católica" son muy variados. La Santa Sede busca sobre todo anudar alianzas con los políticos favorables a la doctrina moral del papa y partidarios de una reevangelización de Europa. La parte principal de ese trabajo está a cargo del pontificado, en coordinación con la prelatura personal del Opus Dei. Los miembros supernumerarios o simpatizantes de la organización secreta están muy bien representados en el seno del Consejo de la Familia.

Es fundamentalmente durante los debates sobre los programas de ayuda a los países del Sur cuando se abordan las cuestiones de la anticoncepción y del estatuto de la familia. Por lo demás, la Iglesia colabora con la UE y puede difundir sus puntos de vista a través de las redes de los organismos y asociaciones de ayuda para el desarrollo: Caritas Europa; Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Solidaridad (Cidse), sección europea; Conferencia Europea Justicia y Paz; Federación Europea de Asociaciones Nacionales de Ayuda a los Desamparados (Feantsa). Las presiones ejercidas por la Iglesia durante las discusiones legislativas suscitan cada vez más reacciones parlamentarias. En febrero de 2002 un total de 53 diputados europeos de todos los partidos denunciaron públicamente las "injerencias de la Santa Sede en materia de matrimonio y divorcio" 8.

El proyecto de tratado constitucional genera la oposición de numerosas asociaciones laicas europeas que denuncian el reconocimiento de un "derecho de injerencia" en beneficio de las religiones 9. En primer lugar, el reconocimiento de la herencia religiosa en Europa daría un crédito a las religiones sobre el espacio público europeo e introduciría una discriminación entre creyentes y no creyentes.

Según el ardoroso diputado radical europeo electo en Italia, Maurizio Turco, "hay que saber si la UE está basada en convicciones religiosas, si es el fruto inexorable de nuestra historia, o si es la expresión de una libre elección de los ciudadanos por medio de un contrato social evolutivo. Descartamos que en el siglo XXI se puedan fundar instituciones políticas en base a creencias religiosas, aunque sean mayoritarias" 10.

 Subvenciones

 La formación de una red de simpatizantes religiosos permite obtener ayudas y subvenciones. Así, en 1998, dentro del programa europeo "Un alma para Europa" se entregó un subsidio de 10.000 ecus (igual suma en euros) a un centro finlandés bautizado Interculture-European training center, cuyo proyecto inicial consiste en financiar un seminario sobre los valores éticos y espirituales de la integración europea. En principio nada criticable, salvo por el hecho de que ese centro es una obra del Opus Dei, particularmente bien implantado en Finlandia y en los países bálticos.

Ese centro de entrenamiento fue fundado en 1998, al año siguiente de la aparición de la organización en Finlandia. El principal participante de ese seminario es monseñor Philippe Jourdan, miembro supernumerario del Opus Dei, quien debía desarrollar el tema "las raíces espirituales de la Unión Europea". Resulta increíble que un programa europeo financie una organización cuya filosofía está en total contradicción con los objetivos definidos por entonces por Jacques Delors y Jacques Santer: "tolerancia y pluralismo", "respeto mutuo y aceptación de las diferencias de sexo y religión", "solidaridad con los más pobres" y "libertad de expresión".

El Opus Dei hizo de Europa una de sus prioridades, a pedido explícito del Vaticano. En 1993 se le preguntó al portavoz de la sede central de esa organización, en Roma, si la Santa Sede había encargado al Opus Dei alguna misión en particular. El funcionario exclamó: "¡Europa!". Ese trabajo se manifiesta esencialmente en el terreno de la sexualidad (aborto y control de la natalidad). En ese campo el Opus Dei también obra en contra de los principios y objetivos de la UE. ¡Y con el dinero que esta misma le brinda!

En 1994, monseñor Javier Etchevarría, responsable del Opus Dei en Roma, instó a los miembros de la organización a levantar una muralla infranqueable contra el "hedonismo" existente en Europa del Oeste. Paralelamente, otras organizaciones trabajan en las sombras con el propósito de infiltrar los gobiernos y las instituciones. Para ello organizan numerosas conferencias, contactan militantes pro life...

La UE financió además varios proyectos preparados por organizaciones del Opus Dei. La recolección de fondos estuvo a cargo de la fundación Limat (Suecia), la fundación Rhin-Danube (Alemania) y el Instituto Italiano de Cooperación Universitaria (ICU), tres instituciones estrechamente ligadas entre sí. Como actúan a través de múltiples organizaciones, a los responsables europeos les resulta cada vez más difícil saber cuál de ellas está trabajando para el Opus Dei 11. Puede ocurrir entonces que, gracias a ese tipo de desdoblamientos, ¡las organizaciones del Opus Dei resulten varias veces financiadas sin que nadie se dé cuenta!

El ICU, que cuenta con oficinas en Roma, Bruselas, Beirut, Hong Kong y Manila, es un buen ejemplo de ello. Se trata de una fundación capital para el financiamiento de las universidades del Opus Dei. El ICU organiza o patrocina los "congresos anuales de escolares y estudiantes" donde el Opus Dei trata de reclutar jóvenes miembros para enviarlos a Roma. Los proyectos del ICU también son financiados por la Unión Europea.

La fundación Rhin-Danube, la fundación Limat y el ICU trabajan de forma mancomunada a escala internacional, fundamentalmente en Filipinas, donde en 1995 crearon la Universidad de Asia y del Pacífico (University of Asia and the Pacific /UA&P). Y todo eso también gracias a las subvenciones de la UE 12.

Fuera de las obras directas del Opus Dei, suele darse que la UE financie también, sin saberlo, proyectos nacionales desarrollados por organizaciones cercanas al mismo, como por ejemplo el centro romano Elis (Educazione, Lavoro, Instruzione, Sport); la fundación Residencias Universitarias Internacionales (FRUI), o la Asociación (belga) para la Cooperación Cultural, Técnica y de Perfeccionamiento (Actec) que también recibe dinero (795.163 francos belgas en 1996, es decir unos 20.000 euros).

Resulta urgente instaurar una mayor transparencia en la atribución de las subvenciones europeas y velar por el respeto de la separación laica entre el poder político y las diferentes opciones espirituales y confesionales.

  1. Le Monde, París, 2-12-03. Un total de 185 asociaciones de toda Europa enviaron una petición a la Convención Europea pidiendo la supresión del artículo 51 (www.catholics for freechoïce.org).
  2. Discurso del 11-10-1988 ante el Parlamento Europeo. Ver también, en el mismo sitio, la exhortación apostólica post-sínodo "Ecclesia in Europa" del 28-6-03.
  3. En Alemania la Iglesia es el segundo empleador del país y goza de derogaciones al derecho laboral.
  4. François Houtart, "Balance del pontificado de Juan Pablo II", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2002.
  5. Fédération européenne humaniste.
  6. Ver "Preserving power and priviledge".
  7. Discurso ante la fundación don Tonino Bello, 13-6-03.
  8. www.europe-et-laïcité.org/archives2002/parlementaires.html
  9. Fédération humaniste européenne.
  10. Carta abierta a la convención europea publicada por la red Voltaire (www.reseauvoltaire.fr).
  11. Juan Goytisolo, "Canonización por E-mail", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2002.
  12. Otro signo de influencia: en septiembre de 1998, el Consejo Europeo entregó el premio europeo de los derechos humanos a Chiara Lubich. Fundadora del gran movimiento católico Focolari, Lubich es una empecinada opositora al derecho al aborto y a las parejas homosexuales.
Autor/es Christian Terras
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 55 - Enero 2004
Páginas:18,19
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Políticas religiosas