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Victoria segura; paz, imposible

¿Acabará la captura de Saddam Hussein con la resistencia iraquí? Es dudoso, porque cabe comparar las categorías de la nueva doctrina militar estadounidense, habilitada por una prodigiosa superioridad tecnológica, con las tácticas de sus enemigos. Cada vez más, los ejércitos occidentales tendrán que enfrentar a grupos armados no estatales, milicianos, terroristas o neomercenarios. Los fáciles triunfos militares no garantizan el restablecimiento de la paz, sino que suscitan nuevas amenazas terroristas y nuevos y costosos problemas de seguridad.

Las fuerzas estadounidenses pierden entre uno y dos soldados por día en Irak desde el fin "oficial" de la guerra. Paradoja de las nuevas situaciones que se observan en Afganistán desde hace dos años: la posguerra se tornó más peligrosa que la guerra misma. Sin embargo, todo había comenzado como una gran película en torno al Estado Mayor estadounidense instalado en Qatar y a sus puestos de comando repletos de pantallas.

Las diferentes escuelas de pensamiento militar estadounidenses, basadas en una superioridad tecnológica absoluta, dieron origen a conceptos político-militares muy mediatizados, tales como "ataques inteligentes" o "cero víctimas". Incluso los sectores intelectuales, desgarrados por el drama yugoslavo, el trauma del 11 de septiembre de 2001 o el objetivo de derrocar a la dictadura iraquí, reformularon su relación con la violencia internacional.

La guerra se vio relegitimada con ayuda de nociones diplomático-militares recientes como el derecho de injerencia humanitaria, las operaciones militares humanitarias en Somalia o en Rwanda. Más aun cuando los últimos conflictos han sido de corta duración (cinco semanas de bombardeo y cien horas para liberar Kuwait en 1991, seis semanas para conquistar Irak en 2003), evitando el agotamiento de la opinión pública... Habiendo servido el caso de Bosnia como ejemplo de lo que no debía hacerse con tropas terrestres insuficientemente armadas en posición de interposición, el desencadenamiento de los conflictos siguientes se vio a veces justificado por la rapidez del resultado esperado.

Esta escuela doctrinaria, llamada de la "revolución en los asuntos militares" (RMA) 1 constituyó el fundamento esencial de la nueva postura internacional estadounidense. Actualmente es la forma más elaborada de la guerra convencional que copian todos los ejércitos occidentales. Y los armamentos utilizados constituyen verdaderos desafíos industriales y tecnológicos. Por otra parte, la escuela, que podría denominarse de los "igualadores de potencia" (del terrorismo y de la proliferación de armas de destrucción masiva a veces asociados), surgió de las crisis recientes y no cabe sino sentirse impactado por el paralelismo exacto de los conceptos y las prácticas.

Así, en cada operación se reafirma la idea de "ataque inteligente", ligada a la capacidad de alcanzar el objetivo y solamente éste gracias a armas sumamente precisas, junto a la noción de "daños colaterales", como para justificar que el concepto no es tan eficaz como podría inferirse de su título 2. En la otra escuela de pensamiento, este presupuesto de precisión quirúrgica se contrapone al atentado masivo a ciegas, indiferente a la naturaleza de los objetivos elegidos (petroleros, edificios, grandes hoteles internacionales, night-clubs, subterráneos, bases militares...) y a la condición de las víctimas (turistas australianos, ingenieros franceses, civiles musulmanes, poblaciones indígenas...). Los ataques contra el World Trade Center marcaron el primer acto terrorista de la mundialización, ya que estuvo dirigido a edificios de oficinas y afectó de un sola vez a alrededor de cien nacionalidades.

Del mismo modo, el "cero víctimas" (del lado de los militares occidentales) surgió del sentimiento de superioridad tecnológica unilateral y contribuyó ampliamente a difundir la idea de que la guerra era una acción internacional "tolerable" en la cual podía involucrarse a soldados sin riesgo, tras el fracaso sangriento de Mogadiscio. Frente a él, surge el atentado suicida 3, negación a priori de la idea de "cero víctimas", ya que presupone el sacrificio del combatiente.

El proceso de selección y preparación del kamikaze está perfectamente pensado: la elección recae sobre una persona que no tiene el perfil habitual del combatiente (mujer joven o adulta, diplomado/a, preferentemente bien integrado/a, sin pasado político...); la preparación psicológica es lenta y eficaz, siempre aislada de la familia (casos de Al-Qaeda, Hamas o el Movimiento de los Tigres Tamiles-LTTE). El sacrificio se convierte entonces en un honor y en una renta para la familia, tal como sucede con los kamikazes palestinos, chechenos o tamiles.

El método, inventado en Irán y en Medio Oriente, fue perfeccionado en Sri Lanka por el LTTE. Los tres atentados del 13 de mayo de 2003 en Arabia Saudita causaron 30 muertos, entre ellos los 9 kamikazes, mientras que el conflicto en Irak sólo provocó 178 víctimas (incluidos los ataques fratricidas) del lado aliado.

La proyección de fuerzas o de potencia de las tropas estadounidenses gracias a capacidades de extensión inimaginables, permitió ganar la guerra en Irak o en Afganistán con aviones que a veces despegaban de Estados Unidos. Del otro lado, los atentados del 11 de septiembre de 2001 o la toma de rehenes del teatro de Moscú mostraron que el ataque al santuario nacional seguía siendo el punto débil de los grandes sistemas de seguridad 4 por exceso de confianza y falta de articulación entre la seguridad interior y la exterior.

La transparencia del campo de batalla que permiten los medios tecnológicos modernos (aviones teledirigidos, medios de observación satelitales...) constituye una superioridad indiscutible de los ejércitos occidentales, con la condición de que exista al menos un campo de batalla o un frente identificable. Si la guerra se convierte en una guerrilla urbana en Irak, o en escaramuzas como en Afganistán, el control del campo de batalla se torna menos eficaz en una "zona urbana no pacificada". La serie de atentados atribuidos a Al-Qaeda alcanzó objetivos tan dispersos como Pakistán, Kenia, Túnez, Yemen, Bali, Kuwait, Arabia Saudita y Marruecos... Los métodos utilizados (ataque a petroleros, atentados contra grandes hoteles) y la indiferencia respecto de los objetivos humanos alcanzados (franceses, australianos, estadounidenses, israelíes, kenianos, marroquíes...) están desgraciadamente allí para mostrar que el campo de batalla ya no es el lugar geográfico de encuentro de dos fuerzas armadas y que el frente se ha extendido a escala planetaria.

El desvío de medios civiles con fines terroristas responde a la supremacía militar occidental. Ninguno de los indicadores que habitualmente alertan a los servicios de seguridad antiterroristas, como el traslado de armas o de explosivos, o el desplazamiento de individuos con antecedentes, sirvió antes del ataque al World Trade Center. Incluso en los sectores más sensibles de la investigación militar -los C4I, que trabajan sobre los sistemas de comando y control de las telecomunicaciones y las redes de información- las redes terroristas supieron utilizar para su provecho el desarrollo de internet para asegurar sus propias comunicaciones, haciendo pasar sus llamados telefónicos por centrales inglesas o yemenitas 5.

Las enormes inversiones en investigación militar dan origen a materiales de armamento extremadamente caros. Ningún régimen político perturbador puede pretender rivalizar sobre el terreno con los ejércitos convencionales occidentales, ya que, aun sin hablar de precios, debería procurarse equipamientos militares a través de proveedores devenidos casi todos aliados de los estadounidenses. En adelante, la única rivalidad militar posible se plantea pues en los "igualadores de potencia", que son la proliferación de armas de destrucción masiva (ADM) o el terrorismo, los que, con costos reducidos, eliminan el desequilibrio militar. Basta recordar que la secta Aum, responsable del atentado con gas sarín en el subterráneo de Tokio el 20 de marzo de 1995, había logrado dotarse de armas químicas y llevar a cabo investigaciones bacteriológicas sin ayuda exterior. El costo de organización de los atentados del 11 de septiembre ha sido valuado en 100.000 dólares y provocó daños directos del orden de los 40.000 millones de dólares e indirectos de entre 100.000 y 200.000 millones de dólares.

Finalmente, desde el punto de vista sociológico, al militar profesional uniformado a sueldo de un Estado sobre el cual descansa la seguridad exterior de las grandes democracias, se contrapone de ahora en más, en el mejor de los casos, el miliciano que obedece a un jefe de guerra local y, en el peor, el militante creyente organizado en redes, que se comunica a través de internet, desde metrópolis del mundo desarrollado o del tercer mundo 6. Los famosos "afganos", ex combatientes de la guerra antisoviética en Afganistán, se calculan en varias decenas de miles de personas y han desempeñando un papel importante, por ejemplo, en Argelia o en Arabia Saudita. Pero el terrorismo islamita no es el único semillero: el primer atentado masivo en Estados Unidos fue llevado a cabo por militantes de extrema derecha, y el primer ataque terrorista de la historia fue organizado por una secta.

Las redes terroristas islamitas establecieron sus santuarios en las "zonas grises" diseminadas por el planeta. La lista es extensa: Afganistán, Somalia, zona tribal de Pakistán y tal vez Irak mañana, o las grandes metrópolis 7. Los ejércitos profesionales occidentales se enfrentarán cada vez más a menudo a grupos armados no estatales, terroristas primero pero también milicias o neomercenarios como en Costa de Marfil, grupos descontrolados o ejércitos de señores de la guerra... como en Afganistán, Somalia, o el Congo 8.

Cabe deducir de esto reglas generales que estructuran la seguridad internacional:

1. La guerra como sustituto de la política. En la noción de "guerra preventiva" de los neoconservadores estadounidenses 9 o en la hipótesis del uso de armas nucleares de potencia reducida se observa una verdadera fuga hacia adelante guerrera. En menos de veinte meses, la hybris guerrera de Washington acaba de desatar dos conflictos internacionales, de designar "Ejes del mal" a tres países-blanco y algunas metástasis como Siria, y de enumerar 204 movimientos terroristas u organizaciones pantalla (no estadounidenses) según la lista del Departamento de Estado del 23 de octubre de 2002. Queda fuera de este desglose la presencia más antigua de tropas, en Colombia. La guerra contra Irak se convierte un poco más cada día en un conflicto convencional contra un Estado y no contra un grupo terrorista. Y desaparece la frontera nítida entre la guerra y la paz, ya que las guerras convencionales ganadas pueden suscitar nuevas amenazas terroristas.

2. Posguerra difícil. El resultado más tangible de las guerras recientes (Afganistán, Kosovo...) es, en el mejor de los casos, el cambio de régimen, no el restablecimiento de la paz. La posguerra se ha vuelto más complicada que la guerra en términos de solución política, de costo de reconstrucción, de restablecimiento de la paz civil, de integración regional. Lo prueba la persistencia de señores de la guerra en Somalia o en Afganistán. La destrucción in situ del Estado, a menudo ya en crisis, pone en evidencia las fragmentaciones de las sociedades locales que la dictadura enmascaraba, como el peso de los chiitas en Irak, o los pashtunes en Afganistán. Los aliados son más útiles para esta fase delicada que para la guerra misma, de acuerdo con la frase que tornara célebre un periodista estadounidense: "US fights, UN feeds, EU funds" ("Los estadounidenses combaten, Naciones Unidas alimenta y la Unión Europea paga"). En Irak, George W. Bush solicitó a la ONU que asumiera las fases dos y tres, corrigiendo cuatro veces la redacción de la resolución 1.511, aprobada finalmente el 16 de octubre pasado.

3. Distribución del costo exorbitante de la seguridad. La dimensión económica de la seguridad explotó luego del 11 de septiembre de 2001 y los encargados de tomar decisiones deberán en adelante tener en cuenta el nuevo parámetro terrorista en la ciudad. El precio de esta prevención es difícil de calcular, pero (en un informe titulado "Protecting America Homeland") ha sido valuado por Michael O'Hanlon de la Universidad de Princeton en 0,5 puntos del PBI, en la séptima parte del presupuesto de la defensa a nivel federal y en otro tanto del de las autoridades locales. Bart Hobijn, del Reserve Federal Bank, estima en un 0,8% la caída de la productividad ligada a las protecciones antiterroristas. Una de las cuestiones esenciales es saber pues cómo se repartirá esta carga.

Estrategia global 

Es así como se comprenden todas las disposiciones establecidas a partir del 26 de octubre de 2001, con la aprobación de la USA Patriot Act 10 que organiza la defensa estadounidense contra las nuevas amenazas, desde el punto de vista casi exclusivo de la lucha antiterrorista. Uno de los aspectos esenciales de ésta consiste efectivamente en garantizar la seguridad del sistema financiero estadounidense, obligando a los bancos estadounidenses a identificar a sus corresponsales y las operaciones que transitan por ellos.

Mediante esta medida aparentemente técnica y anodina, Estados Unidos se atribuyó un enorme poder de control de las finanzas mundiales. Como gran parte de las transacciones financieras mundiales se realizan en dólares o son operadas por bancos estadounidenses, y como la nueva reglamentación impone sus modalidades no sólo a los establecimientos estadounidenses sino a sus corresponsales, este simple mecanismo de identificación y control otorga a las autoridades estadounidenses los medios para controlar lo esencial de las transacciones financieras mundiales. Una institución financiera europea corresponsal de un banco estadounidense debe proporcionar no sólo todos los medios de identificación que conciernen a ella, sino también los que se aplican a la operación que efectúa previamente con terceros bancos. El suministro de información al banco estadounidense sirve también a las autoridades de control de Estados Unidos. Éstas son las únicas que disponen de medios de recolección que permiten el tratamiento de los datos recogidos por los demás. La información obtenida no se comparte porque está destinada únicamente a la protección de los intereses estadounidenses.

En el campo de la seguridad física del territorio la estrategia es la misma. Para prevenirse contra ataques terroristas clásicos o de tipo nuclear, balístico o químico (NBC) sobre el tráfico en contenedores, los estadounidenses establecieron unilateralmente un listado de veinte puertos mundiales habilitados, con la condición de que éstos apliquen las normas de control fijadas por ellos, que son controladas localmente por las aduanas estadounidenses. Francia, cuyos puertos no figuraban en la lista de selección inicial, debió luchar por El Havre (que realiza aproximadamente el 85% de las exportaciones francesas en contenedores a Estados Unidos) aceptando estas reglas. Si las autoridades francesas hubieran rechazado estas condiciones, El Havre habría sufrido probablemente una crisis económica importante. Un dispositivo de naturaleza semejante se aplicará para el control de los 24 millones de visitantes que llegan a Estados Unidos, quienes deben poseer un pasaporte infalsificable o bien prestarse a ser registrados (fotografía y huella digital).

El pensamiento estratégico estadounidense utiliza cada vez más la noción de smart borders (fronteras inteligentes), que distingue la frontera geográfica de la frontera de seguridad. Todos los sectores estratégicos para los intereses estadounidenses son o serán protegidos mediante mecanismos idénticos de externalización de las normas estadounidenses. La novedad, que caracteriza a la segunda mundialización y la distingue de la primera consiste en extender los mecanismos de intervención directa en el sistema económico y financiero, que habían sido cuidadosamente preservados por voluntad estadounidense.

4. De la guerra local a la crisis global. De ahora en más, un conflicto local podrá provocar una crisis financiera mayor y la estrategia supondrá una visión global. La principal preocupación de Washington durante la crisis iraquí era evitar que estallara simultáneamente otra crisis regional o sectorial en uno de los tres reguladores de la economía mundial que son actualmente los mercados financiero, de la información y de materias primas estratégicas (entre ellas, el petróleo).

Ocupada con la guerra en Irak, la Casa Blanca dejó de lado su ofensiva contra Hugo Chávez en Venezuela o contra la familia reinante saudita y confió la crisis norcoreana a la ONU, cuya legitimidad sin embargo cuestiona. Durante el conflicto, el riesgo de pánico en los mercados financieros era real, debido al costo total ya exorbitante de la crisis: 500.000 millones de dólares de capitales árabes se habían fugado de Estados Unidos desde el 11 de septiembre, el déficit público previsto alcanzaba los 350.000 millones de dólares y la incertidumbre sobre la rapidez del éxito de la estrategia militar elegida condicionaba el precio de la guerra estimado (en aquella época) en 200.000 millones de dólares...

Uno de los reclamos de Washington a Francia y Turquía es indudablemente haber contribuido a que aumentara el costo de la guerra. Por otra parte, la coalición aliada comprendía también Gran Bretaña y Japón, cubriendo así el 80% de los mercados financieros mundiales. Hasta ese momento, las crisis seguían siendo sectoriales o regionales (crisis petrolera, financiera, militar...); de ahora en más, tendrán grandes posibilidades de globalizarse. Si los europeos tienen una visión regional de los desafíos, los estadounidenses tienen una estrategia global 11.

Hay que acostumbrarse a la idea de que un mundo de unipolaridad militar y diplomática es estructuralmente un mundo de terrorismo y proliferación, que por su naturaleza alteran las reglas estratégicas. Lo demuestra en menor escala todos los días la multiplicación de los atentados terroristas en Israel, a pesar de la intransigencia y la violencia del gobierno de Ariel Sharon. Tal es la paradoja de la estrategia estadounidense: la victoria militar es segura, pero vuelve imposible la paz.

  1. Laurent Murawiec, La guerre au XXI° siècle, Odile Jacob, París, 2000; véase también el excelente resumen: Barthélémy Courmont, Darko Ribnikar, Les guerres asymétriques, Presse Universitaire de France, París, 2002.
  2. Si bien la guerra estadounidense en Irak mostró los indiscutibles progresos logrados en la materia, el método israelí está lejos de ser tan respetuoso de los "daños colaterales". La segunda Intifada ya causó alrededor de 2.000 muertos, los cuales son de tres a cuatro veces más numerosos del lado palestino que del israelí, lo que indica que la represión antiterrorista causa más víctimas que los atentados mismos.
  3. Barbara Victor, Shahidas, Flammarion, París, 2002; Laetitia Bucaille, Générations Intifada, Hachette, París, 2002; Laurence Haim, Bombes humaines, La Martinière, París, 2003.
  4. Barthélémy Courmont, Terrorisme et contre terrorisme, l'incompréhension fatale, Cherche Midi, París, 2003.
  5. Rohan Gunaratna, Al Qaïda au cœur du premier réseau terroriste mondial, Autrement, París, 2002.
  6. Olivier Roy, El islam mundializado, Bellaterra, Barcelona, 2003.
  7. Dominique Thomas, Londonistan, la voie du Djihad, Michalon, París, 2003.
  8. Pierre Conesa (bajo la dirección de), "La sécurité internationale sans les Etats", Revue internationale et stratégique, Presse universitaire de France, 2003.
  9. Paul-Marie de la Gorce, "Nuevo concepto: guerra preventiva", el Dipló, edición Cono Sur, septiembre de 2003.
  10. "USA PATRIOT" es el acrónimo de "Uniting and Strengthening America by Providing Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism".
  11. Entrevista del autor con Patrick Lagadec y Xavier Guilhou, autores de El fin del riesgo cero, El Ateneo, Buenos Aires, 2002.
Autor/es Pierre Conesa
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 55 - Enero 2004
Páginas:22,23
Traducción Gustavo Recalde
Temas Militares, Terrorismo
Países Estados Unidos, Irak