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Recuadros:

Nuevos líderes en el sur del Cáucaso

En 2003, cuatro elecciones sacudieron a las repúblicas caucásicas de Armenia, Azerbaiyán y Georgia 1. Importantes sectores de la población, los partidos de oposición y observadores internacionales afirmaron que se registraron fraudes e irregularidades, poniendo en duda la legitimidad de los resultados. Los líderes que ocupan el poder desde el desmoronamiento de la URSS –ya sean los intelectuales nacionalistas o la nomenklatura nacida en la era soviética– ceden poco a poco su lugar a la generación de las privatizaciones.

En Georgia el fraude descarado en las elecciones parlamentarias del 2 de noviembre pasado dio lugar a manifestaciones masivas. La oposición se negó a aceptar el resultado oficial (el partido de George Shevardnadze en primer lugar y su aliado Aslan Abashidze segundo) y organizó manifestaciones diarias. Cuando se acercaba la fecha de la primera sesión parlamentaria, algunas figuras pro Shevardnadze desertaron, entre ellos el director de la Radio y TV oficiales y el jefe de la seguridad nacional, poniendo así en evidencia el aislamiento del Presidente. Mientras tanto, la oposición lograba movilizar multitudes en el oeste de Georgia, preparándolas para marchar hacia Tbilisi. Muchos temieron que el país tornara a sumirse en la guerra civil. Pero cuando los manifestantes ingresaron por la fuerza en el Parlamento, durante la sesión inaugural, los cientos de policías allí desplegados no mostraron resistencia. Shevardnadze tuvo que ser retirado del recinto antes de terminar su discurso. A los 75 años de edad, el personaje que había dominado la política de Georgia durante más de tres décadas y que había alcanzado estatura mundial como canciller de Mijail Gorbachov, se quedó sin poder.

Shevardnadze dejó una herencia contradictoria. Su regreso a Tbilisi, en la primavera de 1992 luego de la sangrienta guerra civil, había generado muchas esperanzas en Georgia. Pero rápidamente el país se sumergió en una nueva guerra, cuando sus tropas ingresaron en Abjasia, donde fueron derrotadas y obligadas a retirarse junto a los 250.000 abjasianos de etnia georgiana. Shevardnadze logró eliminar los grupos armados en Georgia, detuvo a sus líderes -caudillos como Tengiz Kitovani y Jaba Ioseliani- y reforzó a las fuerzas policiales, haciendo de ellas la columna vertebral del Estado. El país fue estabilizado, la economía comenzaba por fin a crecer, pero no tardaron en reaparecer los problemas. Dos intentos de asesinato de Shevardnadze llevados a cabo por elementos de las fuerzas armadas de Georgia (en 1996 y 1998, de los que se sospecha fueron instigados por Moscú) y la crisis económica que siguió al colapso del rublo ruso afectaron seriamente la estabilidad.

La independencia de Georgia, a principios de la década de 1990, tuvo un difícil comienzo y nunca logró una estructura centralizada. Shevardnadze se vio obligado a un delicado equilibrio entre diversas corrientes políticas y elementos criminales que dominaban algunas regiones y sectores del Estado. En los dos últimos años ese equilibrio se rompió, sumiendo al país en una parálisis total. Por una parte los "jóvenes reformistas" de su equipo, que más tarde se convertirían en los dirigentes de la oposición que lo derribó: el ex jefe del parlamento Zurab Zhvania y el ex ministro de Justicia Mijail Saakashvili abandonaron el gobierno en 2001, en protesta contra el apoyo de Shevardnadze a funcionarios corruptos. Más tarde se les sumó la señora Nino Burjanadze, jefa del Parlamento desde fines de 2001 y presidenta interina desde el 22 de noviembre.

Después de las manifestaciones masivas de octubre de 2001, en oposición al intento policial de cerrar el popular canal de televisión Rustavi 2, Shevardnadze hizo dimitir a todo su gabinete, incluido el conocido ministro de Interior Kakha Targamadze. A partir de entonces ese Ministerio ha sido inestable e ineficaz. El Estado georgiano se desintegraba, pero el Presidente se aferraba al poder. "Como Gorbachov y Aliev, Shevardnadze es un táctico excelente, pero no ve lo que hace a largo plazo", comentó Ghia Nodia, analista político de Tbilisi.

La oposición que derribó a Shevardnadze representa al sector occidentalizado de la sociedad georgiana. Su líder, Saakashvili, candidato presidencial, es un abogado de 35 años formado en Estados Unidos. Representa a un amplio sector de la sociedad urbana de Georgia que quiere romper con la burocracia y el inmovilismo de la era soviética e integrar al país en el seno de la familia europea. La insurrección seguramente recibirá el apoyo del gobierno de Estados Unidos y de la Unión Europea, pero afrontará muchos desafíos. Las relaciones con su vecino del norte precisan una considerable mejoría, del mismo modo que las viejas y nuevas tendencias separatistas necesitan una aproximación sutil. En el pasado Tbilisi combinó negociaciones de paz con amenazas de invasión en sus relaciones con Abjasia y Osetia del Sur, que no culminaron ni en una normalización de las relaciones ni en una acción militar seria. El acceso al poder por la oposición sumó nuevas tensiones a sus relaciones con Ayaria, que desde comienzos de la década de 1990 se conduce como entidad semi independiente. Pero el desafío principal de la nueva dirigencia georgiana es si podrá convencer a sectores más amplios de la sociedad georgiana de la validez y relevancia de su visión occidental, o si generará en ella nuevas divisiones.

 Los oligarcas armenios

 En Armenia, el año anterior a las elecciones los dos únicos canales de televisión no controlados por el Estado -Nogyan Tapan y A1 Plus- perdieron sus licencias. Robert Kotcharian, el candidato en ejercicio, basó su campaña en consignas en las que se comprometía a reconstruir el país y a mantener la estabilidad. Contó con el apoyo de las fuerzas armadas (su jefe de campaña era Serge Sarkissian, el ministro de Defensa), de la administración y de los nuevos dirigentes de la economía armenia, comunmente llamados oligarcas. Pero la única sorpresa de esas elecciones fue que Robert Kotcharian no alcanzó el 50% de votos necesario para su reelección directa. En la segunda vuelta tuvo como adversario al representante de la unión opositoria, Stepan Demirchan, hijo del dirigente de la Armenia soviética de la era de Breznev. Las elecciones estuvieron salpicadas de irregularidades, de manifestaciones de opositores y de detenciones de activistas. Se caracterizaron además por el favoritismo de los medios respecto del candidato en el poder y por el descontento de las organizaciones internacionales. En su informe, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que estuvo presente como observador, afirmó que el escrutinio estuvo "lejos" de las pautas democráticas, y criticó la falta de voluntad política que hubiera permitido adoptar un código electoral 2.

Kotcharian, antiguo líder de la república no reconocida de las montañas de Karabaj, recorrió un largo camino político. El 27 de octubre de 1999, su gobierno se vio sometido a una prueba de fuego: cinco hombres armados irrumpieron en la Asamblea Nacional armenia y asesinaron a ocho personas, entre ellas al primer ministro Vazgen Sarkissian y el jefe del Parlamento, Karen Demirchain, para luego rendirse. Ese feroz ataque produjo una profunda crisis política en el país, que luego de diez años de decadencia, del devastador terremoto de 1988 y de la guerra contra el vecino Azerbaiyán, comenzaba a mostrar tímidos signos de estabilización. A partir de entonces, Armenia entró en una nueva zona de turbulencia, esta vez de carácter interno. Pero Kotcharian, con gran habilidad, logró que sus adversarios se enfrentaran entre ellos y pudo mantener el país bajo su control. Durante las elecciones, la consigna del candidato en ejercicio era "estabilidad". Lo que también puede significar continuidad.

Sin embargo, la estabilidad prometida tiene un precio. El gobierno del anterior presidente Levon Ter-Petrossian, descansaba en los activistas del movimiento de Karabaj; el de Kotcharian se apoya en el ejército y en los nuevos oligarcas. Según las estimaciones, un cuarto de las bancas del nuevo Parlamento elegido en mayo de 2003 está en poder de los líderes de la nueva economía armenia 3. Curiosamente, ni el Partido Comunista Armenio (PCA), ni el Movimiento Nacional Armenio (MNA), ni los grupos disidentes nacidos de divisiones del MNA tienen bancas en el Parlamento. Quienes dirigieron anteriormente Armenia ya no cumplen ninguna función importante en la vida política del país y actualmente están ausentes del Parlamento.

Al igual que durante el régimen soviético, el poder político posee todas las llaves de los recursos militares y económicos. Así, cuando el PCA y el MNA pierden el poder, pierden a la vez todo acceso a la distribución de los recursos económicos. Desprovistos de poder, ni los comunistas ni el movimiento nacional pueden ocupar un nuevo rol ni consagrarse a un nuevo combate. De esa manera no tienen ninguna posibilidad de reconstruirse en el plano político.

A pesar de que el país parece haber logrado la estabilidad prometida por el Presidente, se registran cambios subterráneos. Para este año las autoridades armenias anunciaron un crecimiento económico de dos dígitos, aunque al parecer el boom económico no concierne a todos. El centro de Ereván está lleno de restaurantes, de negocios de lujo y de autos importados, pero quien visite las zonas periféricas de la ciudad o, más aun, las regiones montañosas, tendrá la sensación de haber hecho un viaje hacia el pasado.

 La dinastía de los Aliev

 En Azerbaiyán, el triunfo electoral de Ilham Aliev fue minuciosamente organizado por su padre. A partir de enero de 1999, cuando comenzó a declinar la salud de Geidar Aliev, comenzó a prepararse a su hijo para que asumiera el liderazgo. Al principio, Ilham Aliev acumuló diversos cargos: presidente del Comité Olímpico; jefe de la delegación parlamentaria de Azerbaiyán ante el Consejo de Europa (CE); vicepresidente del Yeni Azerbaiyán, el partido en el gobierno. Sin embargo, padre e hijo se presentaron ambos en las elecciones presidenciales del 15 de octubre: Geidar Aliev, de 80 años, que dirigía el país desde 1969, parecía dispuesto a aferrarse al poder mientras fuera físicamente capaz. En abril de 2003, en medio de un discurso que pronunciaba frente a los cadetes del colegio militar, Aliev padre sufrió un ataque, se derrumbó, pero logró incorporarse y continuó con su alocución. Víctima de un segundo ataque, fue finalmente sacado del lugar y llevado a un hospital de Cleveland, Estados Unidos. El 4 de agosto, Ilham Aliev fue designado Primer Ministro a través de un decreto que su padre firmó en su cama del hospital, lo que abrió el camino a una sucesión en el poder.

El de Ilham Aliev fue durante mucho tiempo el típico itinerario que suelen recorrer los hijos de los políticos soviéticos en el poder. Cursó estudios en la MGIMO, la mejor escuela de Relaciones Internacionales de Moscú. Entre 1991 y 1993 fue hombre de negocios en Estambul, donde ganó fama de jugador y mujeriego. Al regreso de su padre a Bakú, Ilham Aliev fue designado vicepresidente del monopolio estatal del petróleo, la SOCAR, donde supervisó los lucrativos contratos extranjeros. Ilham Aliev es un hombre tranquilo, mal dotado para las duras luchas de la vida política del Cáucaso. Sus batallas en el seno del CE y en los clubes deportivos de Bakú lo muestran como un líder frágil; lo cual lleva a los observadores a preguntarse si será Ilham Aliev quien gobierne verdaderamente Azerbaiyán, o si esa tarea quedará en manos de los más cercanos colaboradores de su padre.

Los resultados oficiales de las elecciones presidenciales del 15 de octubre dieron el 80% de los votos a Ilham Aliev y el 12% al lider opositor, Isa Gambar. Por su parte, los sondeos de boca de urna adjudicaban el 46% a Gambar y el 24% a Aliev. Existen informes que señalan masivas falsificaciones. Esa misma noche fueron atacadas las oficinas del partido opositor Mussawat, mientras que la policía reprimió brutalmente una pequeña manifestación de entre 3.000 y 10.000 personas, causando la muerte a cuatro de ellas. Además se detuvo a siete dirigentes de la oposición y a 200 activistas 4.

La posición de la OSCE fue relativamente moderada: su informe repitió "casi palabra por palabra la evaluación que había hecho durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales de febrero" (5). En efecto, la diplomacia internacional parecía estar más preocupada por crear un equilibrio entre Azerbaiyán y su vecino, Armenia, con el fin de facilitar las futuras discusiones sobre el conflicto del Karabaj, que por contribuir a la democratización de Azerbaiyán. A pesar de la indignación de los militantes de los derechos humanos, las capitales occidentales como Washington o París se sumaron a Moscú en sus felicitaciones a Ilham Aliev. Que Occidente deje de lado sus principios y le haga la corte al dirigente del país que posee el petróleo del Caspio es comprensible, "pero que no haga ningún esfuerzo por proteger a quienes luchan por la democracia y por elecciones justas no lo es", afirma Ivlian Haindrava, uno de los más importantes analistas políticos de Georgia, que fuera observador en Bakú. Haindrava teme que las nuevas autoridades de Azerbaiyán destruyan al partido Mussawat. Las elecciones aportaron dos novedades: la primera es que el aparato del Estado se consolidó en torno de Ilham Aliev, cuya autoridad nadie desafía desde el interior. La segunda es que la violencia ejercida contra la oposición constituye una muestra de fidelidad hacia el nuevo dirigente. En ese contexto, el partido Mussawat sería la ofrenda sacrificial.

Sin embargo, ni la consolidación del poder en manos del joven Aliev, ni el estado de la oposición son definitivos. Habrá que ver si en la primera crisis política que se presente la lealtad del aparato estatal sobrevive a la muerte de Aliev padre, o bien si alguno de los hombres fuertes del "clan Nakhitchevan" muestra sus ambiciones personales. Además, incluso si el partido Mussawat es reprimido y acepta desempeñar un papel menor, sus dirigentes se refugiarán en la clandestinidad. En Azerbaiyán, como en la mayoría de los ex países soviéticos, la disidencia se comprende. También en este caso, el dinero del petróleo sólo beneficia a quienes tienen relaciones con el centro de Bakú, mientras que las otras ciudades subsisten sin agua o sin calefacción. Y si los demócratas nacionalistas fueran expulsados de la escena política, entonces una nueva "marca" del islam radical ocupará su lugar.

Sobre ese tema, Arif Yunusov -que acaba de concluir un estudio sobre el Islam en Azerbaiyán- se muestra alarmista: "antes de 1999 el fundamentalismo musulmán estaba limitado a las minorías étnicas del Cáucaso norte", que son sunnitas, "desde entonces, el islam radical se extiende por todo el país. Hay 260 mezquitas controladas por predicadores fundamentalistas". En su discurso, los islamitas afirman que la corrupción de la sociedad tiene su origen en las compañías petroleras. En consecuencia, denuncian la influencia y la política occidental, a la que consideran no sólo como el principal apoyo del régimen actual, sino también como la causa central de la decadencia moral de la sociedad.

A pesar del aumento registrado en los ingresos del Estado gracias a las exportaciones de petróleo, el país sigue teniendo problemas. En junio de 2002 los habitantes de Nardaran, un pequeño pueblo conocido por la devoción de sus habitantes, manifestaron contra el deterioro de la situación social. El pueblo no cuenta con gas y el suministro eléctrico es irregular. Las autoridades respondieron con represión, matando a un manifestante e hiriendo a varias decenas. Se registraron también numerosas detenciones, y desde entonces el pueblo está custodiado por varios puestos militares. Las autoridades nacionales afirman que detrás de esos disturbios se esconden fuerzas extranjeras, el fundamentalismo islámico e incluso Al-Qaeda.

En septiembre de 2002, dos mil cadetes de la Academia Militar Superior manifestaron para denunciar sus deplorables condiciones de vida y la corrupción que existe dentro de la escuela desde que la dirección pasó de manos de los oficiales turcos a las de los oficiales de Azerbaiyán. Ese acto pone de manifiesto la tensión reinante, la falta de disciplina y el clima de corrupción que existe dentro del establecimiento militar. Como lo señalaron varios analistas, el incidente prueba que la reforma de las estructuras militares del país organizada luego de la guerra del Karabaj "fracasó" (6), a pesar del llamado de los dirigentes de Azerbaiyán referido a la posibilidad de una nueva acción militar para resolver el conflicto en las montañas de Karabaj.

Un mes después de las elecciones, el 13 de noviembre, el partido Mussawat fue expulsado de un palacio del centro de Bakú que alquilaba para su sede central. Al día siguiente, la Suprema Corte dejó en libertad a Alikram Aliev, jefe -declarado ilegal- del partido islamita, que estaba detenido a raíz de los acontecimientos de Nardaran y condenado a una importante pena de prisión. ¿Los dirigentes de Azerbaiyán estarían suavizando su posición respecto de la oposición islamita, al mismo tiempo que aplastan a la oposición nacionalista?

 ¿De qué sirve votar?

 Hace diez años, el escenario político del Cáucaso estaba sacudido por violentos conflictos étnicos y territoriales. Durante las últimas elecciones, el tema de Karabaj o el de Abjasia no cumplieron una función significativa que se viera reflejada en los sufragios. Esta vez, el tema recurrente fue la corrupción de los dirigentes y el deseo de que los votos de los electores produzan un verdadero cambio. Pero en el Cáucaso, desde la independencia, las elecciones nunca produjeron un cambio en el poder, y los últimos comicios confirmaron esa regla. Nadie sabe exactamente cómo podría producirse ese cambio. Los presidentes tienen tendencia a aferrarse al poder, utilizando para ello todos los medios administrativos a su alcance, es decir, el control de los votos de las fuerzas armadas, la transformación de los medios de comunicación en instrumentos de propaganda y, por último, la "correción" de los resultados. La comunidad internacional critica los fraudes electorales masivos, pero siempre termina por reanudar las relaciones habituales con las autoridades que ocupan el gobierno. Por su parte, los ciudadanos de esos países no poseen los mecanismos necesarios para reforzar sus derechos políticos, ni los medios para presionar y obtener los derechos económicos y sociales que les corresponden. Más de una década después del fin del régimen soviético, la política sigue siendo el privilegio de unos pocos.

  1. La primera elección presidencial tuvo lugar en Armenia el 15-2-03. El 2 de marzo se realizó la segunda vuelta, seguida por las legislativas del 25 de mayo. En Azerbaiyán las elecciones presidenciales se realizaron el 15 de octubre, mientras que en Georgia hubo una elección legislativa el 2 de noviembre.
  2. Informe de la OSCE respecto de las presidenciales armenias.
  3. Richard Grigorian, "Whose Interests do Armenian Oligarchs Serve?", RFE/RL, Praga, 20-10-03.
  4. ANS TV, Bakú, 19-10-03.
  5. RFE/RL, Newsline, Praga, 17-10-03. Esto llevó a un grupo de 188 observadores electorales del instituto para la democracia en Europa del Este, un tercio del total, a formular una declaración de disenso, distanciándose de las posiciones complacientes de la OSCE el 18-10-03.
  6. Fariz Ismailzade, "Cadet Protest in Azerbaijan Indicative of Military Tension", 12-9-03.

La diáspora armenia vuelve a casa

Cheterian, Vicken

Quienes viajaron el verano pasado a Ereván, la capital armenia, no pudieron visitar ningún museo, ni caminar por la mayoría de las calles céntricas: los primeros estaban siendo restaurados y las segundas en plena reconstrucción. Gracias a una generosa donación del millonario estadounidense de origen armenio Kirk Kirkorian, la ciudad está cambiando de aspecto.
Kirkorian, dueño –entre otras cosas– de los estudios Metro Goldwyn Mayer (MGM) en Hollywood y de varios hoteles en Las Vegas, ya aportó, desde 2001, 170 millones de dólares a la construcción de rutas y viviendas en las regiones con riesgos sísmicos. La ayuda incluye préstamos a pequeñas empresas. La suma mencionada, equivalente a un tercio del presupuesto anual del Estado, crea empleos para 20.000 personas.
Gerard Cafesjian, otro armenio instalado en Estados Unidos, destinó cerca de 25 millones de dólares para terminar de renovar el “Cascade”, un conjunto edilicio que debe su nombre a una serie de escaleras y de ateliers que unen el centro de Ereván con el barrio de los monumentos. Cafesjian piensa construir allí un museo de arte moderno 1, nuevos comercios, restaurantes… En momentos en que los armenios del exterior comienzan a viajar a su país, su presencia ya genera una metamorfosis de las calles de la capital.
Armenia tiene 3.800.000 habitantes, pero la diáspora –instalada principalmente en Rusia, Estados Unidos, Georgia, Francia, Irán y el Líbano– sería dos veces más numerosa. A raíz del terremoto de 1988, que destruyó un tercio del potencial industrial del país y causó la muerte de más de 25.000 personas, los armenios radicados en el extranjero enviaron a su país una importante ayuda humanitaria. Desde hace dos años las inversiones suplantaron a la ayuda, con la finalidad de sostener las actividades económicas intactas, se trate de compañías de software o medicina de avanzada.
En el plano político, las relaciones entre Armenia y la diáspora son más complejas. Aparentemente, los partidos políticos tradicionales implantados fuera de Armenia, como la Federación Revolucionaria Armenia (Tashnaktsoutyun) o el Partido Liberal Demócrata (Ramgavars), gozan de cierta influencia en el país a través de sus ramificaciones y de medios que dependen de ellos. Sin embargo, siguen estando divididos por razones políticas y una larga serie de malentendidos. En 1988, a comienzos del movimiento popular en Armenia, los partidos de la diáspora llamaron a la calma, en una declaración que apoyaba tácitamente a las autoridades soviéticas. Siempre temerosos del vecino turco, los partidos armenios pensaban entonces que el debilitamiento del poder soviético en su país lo expondría a la “amenaza turca”.
En los años que siguieron al desmoronamiento soviético, armenios de Marsella, de El Cairo o de Boston viajaron a su país. Y allí sufrieron un verdadero choque cultural. Tenían intenciones de invertir en Armenia, pero no entendían ni las sutilezas de la burocracia soviética, ni las nuevas reglas de la economía de mercado salvaje, ni la corrupción o la relatividad de las “leyes”. En pocos meses muchos de ellos perdieron sus inversiones. La decepción fue tan grande que algunos consideraron la posibilidad de refugiarse en “una nación diferente”.
Existió además un factor agravante: el primer presidente armenio, Levon Ter-Petrossian, no apreciaba la presencia en el país de organizaciones formadas por miembros de la diáspora. En diciembre de 1994 una cantidad de activistas tashnak fueron detenidos, sus medios clausurados y las actividades del partido prohibidas. Con la llegada de Robert Kotcharian al poder (1998) las relaciones entre los partidos mejoraron: los activistas detenidos fueron liberados y el Tashnaktsoutyun volvió a ser considerado como un interlocutor válido: tres ministros de esa formación integran actualmente el gobierno. Con la idea de dar vuelta la página, el Estado armenio organizó dos coloquios, en 1999 y en 2002, invitando a los armenios radicados en el exterior a invertir en el país. El actual canciller, Vartan Oskanian, nacido en Siria y formado en Estados Unidos, desempeñó un papel protagónico en la organización y el buen desarrollo de esos dos acontecimientos 2.
Algunas organizaciones de la diáspora se movilizan por la causa armenia, lo que hace más visible en el escenario internacional a esa modesta nación. La Asamblea Armenia de Estados Unidos y el Comité Nacional Armenio de Estados Unidos, dos lobbies muy poderosos y resueltos instalados en Washington, luchan para que se reconozca el genocidio de 1915 e incitan a Estados Unidos a adoptar una política favorable a Armenia.
Recientemente, Aram Abrahamian, un oligarca ruso-armenio, lanzó la Organización Mundial Armenia, con la bendición del presidente Vladimir Putin. En Ereván temen que eso oculte una nueva maniobra del Kremlin para aumentar su influencia, no sólo en Armenia, sino en todas las comunidades de esa nacionalidad dispersas por el mundo. Según ciertos analistas, en este período de elecciones de la Duma Putin busca sobre todo ganar la simpatía de los casi dos millones y medio de ciudadanos rusos de origen armenio 3.
El enorme esfuerzo hecho por la diáspora para apoyar a Armenia consumió fondos que estaban destinados a la organización de las comunidades, precisamente en momentos en que, bajo la presión de nuevos flujos migratorios y de una década marcada por la globalización, su identidad entraba en mutación. Ese esfuerzo debilitó considerablemente las estructuras comunitarias armenias tradicionales, comenzando por los partidos, la iglesia y las escuelas 4. Curiosamente, mientras que la influencia general de la diáspora aumentó en Armenia, su impacto en la toma de decisiones políticas, sociales y económicas dentro del país sigue siendo limitado.

  1. Ver www.cmf.am
  2. El canciller armenio y la política exterior del país recibieron la influencia de la diáspora. El primer canciller fue un estadounidense-armenio, Raffi Hovannesian, hijo del célebre historiador Richard Hovannesian. Luego de presentar su renuncia en 1992, la política exterior estuvo fundamentalmente en manos del consejero presidencial, el especialista en ciencias políticas Gerard Libaridian, que había nacido en el Líbano y residido luego en Estados Unidos.
  3. Ver Sophie Lambroschini, “Russia: Putin Plays To Armenian Diaspora, But For What Purpose?”, RFE/RL, Praga, 13-10-03.
  4. Según ArmenPress, Ereván, 20-11-03, existen actualmente 390 escuelas armenias fuera del territorio nacional. El informe señala una constante disminución de la enseñanza de la lengua armenia en el seno de la diáspora.


Autor/es Vicken Cheterian
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 55 - Enero 2004
Páginas:27,28,29
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ciencias Políticas, Corrupción
Países Armenia, Georgia