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India, reacia a la mundialización

Después de Porto Alegre en 2002 y 2003, el Foro Social Mundial se reúne este año en Mumbai (Bombay). Desde la década de 1980 India se abrió poco a poco al comercio internacional, pero la liberalización sigue siendo limitada. El país no sólo evitó caer bajo el dominio de las multinacionales, sino que contribuye a formar un bloque “del Sur” en la Organización Mundial del Comercio, junto con Sudáfrica, Brasil y China.

El modelo de desarrollo por sustitución de importaciones creado en India por Jawaharlal Nehru en la década de 1950 se basaba en cuatro pilares principales: una planificación centralizada que favorecía a la industria, un amplio sector público, sólidas barreras aduaneras y un sistema de autorizaciones administrativas (licence raj) mediante el cual el Estado regulaba el aumento y la diversificación de la capacidad productiva de las empresas privadas. Este dispositivo permitió la formación de una base económica protegida de la competencia internacional. También contribuyó a crear una vasta clase media de funcionarios y a contener las desigualdades regionales gracias a una verdadera política de ordenamiento territorial.

Pero este modelo padecía la baja productividad de un sector público muy burocrático y sostenido a pulso por el Estado con el fin de contener el desempleo. Mantuvo la escasa competitividad de empresas no expuestas a la competencia, a las que se les impidió reducir costos por aumento de la producción, trabando su estrategia inversionista. Por esa razón las exportaciones indias en el comercio mundial pasaron del 1,9% en 1950 al 0,6% en 1973. Pero India tenía que vender en el exterior, ya que no podía prescindir de las importaciones (de petróleo en particular). En la década de 1980 Rajiv Gandhi inició una laboriosa apertura, pero sus prevenciones con relación a las multinacionales -percibidas siempre como símbolos del imperialismo occidental- lo llevaron a financiar esta modernización mediante empréstitos. El resultado fue que en 1991 la deuda externa ascendió a 72.000 millones de dólares.

La crisis de la balanza de pagos fue tal que en junio de 1991 el país tenía en sus arcas apenas el equivalente en divisas de cuatro semanas de importaciones. Así, se vio obligado a aceptar un plan de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional (FMI) al igual que una de las condiciones del préstamo obtenido: la liberalización de la economía. Lo que implicó el desmantelamiento de la licence Raj, la apertura de las empresas nacionales a los joint ventures al 51%, la reducción de las barreras arancelarias y la desaparición de los cupos de importación 1.

No obstante, los derechos aduaneros sólo bajaron de manera gradual y relativa. Es preciso señalar que en 1991 representaban el 38% de los ingresos fiscales, ascendiendo término medio al 79%, con picos arancelarios del 400%. En 1993 estos picos cayeron al 110% y en 2000-2001 al 35%. Pero este promedio, que en 1996-1997 descendió al 24,6%, remontó al 30,2% en 1999-2000. Es un importante indicio del carácter muy relativo de la tendencia india al neoliberalismo.

India tampoco pasó a depender de las multinacionales. Los inversores extranjeros pueden poseer el 100% de una empresa hotelera, del sector farmacéutico y de las infraestructuras (transportes, energía); el 51% de una empresa automotriz; entre el 49% y el 100% en las telecomunicaciones; entre el 20% y el 40% en bancos. Pero las inversiones directas internacionales (IDI) (47 mil millones de dólares) son 10 veces inferiores a los totales en China (420 mil millones) 2.

 Escasa inserción internacional

 Evidentemente, muchas de las multinacionales presentes en India empezaron a verla como un "país factoría" desde donde podrían exportar productos que una mano de obra barata haría competitivos; por ejemplo, la empresa coreana Hyundai en el sector automotor. Pero este inmenso país sigue poco integrado al comercio mundial. La industria textil representa aún un 30% de sus exportaciones y el sector agroalimentario el 15%. No obstante, las exportaciones de productos químicos pasaron de un 6,2% en 1980 a un 14,7% en 2001, signo de la capacidad de India para imitar (o incluso piratear) las tecnologías extranjeras. La informática progresó más aun: con un 20% de las exportaciones mundiales, India es el primer vendedor de servicios en tecnología informática, delante de Irlanda y Estados Unidos. En 2002 el índice de crecimiento de estas exportaciones fue del 30% 3.

Por esa razón, la parte de los servicios en las exportaciones es mayor en India que en China (3,9% contra 2,9%). Pero India sigue siendo un enano económico a nivel internacional, con menos del 1% del comercio mundial y una tasa de apertura muy baja: el comercio exterior representa sólo un 9,8% del Producto Nacional Bruto (PNB).

Las reformas de la década de 1990 contribuyeron a estimular el crecimiento. El índice promedio pasó del 3,6% anual entre 1951 y 1979 al 5,5% en la década de 1980, y al 6,5% durante la década siguiente. Desde 1996 India es, después de China, el país asiático con mayor crecimiento (5,5% contra 7,6%). Naturalmente, su muy escasa inserción en el comercio mundial explica que la crisis asiática de 1997 la haya afectado tan poco.

Eso prueba el carácter muy controlado de la liberalización económica. Siempre en la actualidad, las autoridades de Nueva Delhi se esfuerzan por frenar la globalización, luchando en la OMC contra los proyectos occidentales. Además, el fracaso de Cancún se debió en parte a su actitud: en esa ocasión y quizá de manera duradera, India forjó una alianza con otros países del Sur: China, Sudáfrica y Brasil.

 Resistencia del Estado

 Aunque hace años que el gobierno menciona una segunda generación de medidas de liberalización -que sería continuación de la serie iniciada en 1991- las decisiones que responden a esa tendencia son muy pocas, lo mismo que las privatizaciones de empresas públicas, designadas oficialmente con el eufemismo de "desinversiones". Si bien el objetivo fijado en términos de los ingresos que se esperan de esas privatizaciones oscila entre 100 y 130.000 millones de rupias anuales desde 1999 (entre 2.300 y 3.000 millones de dólares), los montos efectivamente obtenidos nunca excedieron la tercera parte de esta suma. En 2003 la privatización de las dos principales empresas petrolíferas dio lugar a fuertes tensiones en el seno de la mayoría parlamentaria, antes de ser postergada.

Asimismo, si bien la clase política se convirtió al liberalismo, sigue conservando la prudencia. Amplios sectores siguen apegados al papel del Estado en la economía, especialmente por las palancas que ofrece ese dispositivo en términos de clientelismo, y se niegan a enajenarse a los electores asumiendo el riesgo de dejar en la calle a miles de empleados, lo que no dejaría de suceder si se privatizaran las empresas públicas (alrededor de un tercio de las cuales son deficitarias). En India, la democracia electoral inhibe evidentemente la lógica liberal.

Por el momento tampoco se cuestionan las leyes sociales, que ofrecen muchas garantías a los asalariados. Si bien el empresariado y el gobierno desean atenuar los efectos de la Industrial Disputes Act que desde 1947 deja en manos de los tribunales laborales la responsabilidad de arbitrar los conflictos y de pronunciarse, en particular, sobre los casos de despido improcedente, los ataques a ese dispositivo son limitados. Al igual que aquellos contra la Contract Labour (Abolition and Regulation) Act, que encuadra formas de precarización que a veces se emparentan con la servidumbre. En cualquier caso, estas garantías jurídicas ignoran todo el sector informal y sólo conciernen a la aristocracia obrera de las fábricas y a los empleados de cuello blanco, dos grupos que forman un minúsculo círculo de asalariados, en total un 7,5% de la población activa 4.

Otro indicio de la resistencia del Estado y del control que aún ejerce sobre la economía son las cottage industries (talleres artesanales locales), que siguen beneficiándose de fuertes protecciones. Con relación a las grandes empresas, gozan de un monopolio para 674 de sus productos, entre los cuales se encuentran los fabricados en el sector de los juguetes, al que no tienen acceso las grandes empresas. Ahora bien, las small scale industries (pequeñas empresas) representan aún el 45% de la producción industrial. También aquí los intereses electorales vinieron a oponerse al ansia reformadora de los economistas, que ven en esta política un freno a la concentración industrial y a la inserción en el mercado mundial (precisamente el sector del juguete es ejemplar, si se compara la situación de India a la de China, el fabricante mundial en la materia).

A pesar del carácter gradual y aún parsimonioso de esta liberalización económica, son muchos los observadores que la perciben como una hipoteca que pesa sobre el desarrollo social del país.

La mayoría de las encuestas realizadas desde fines de la década de 1990 indican que la pobreza tiende a retroceder en cifras relativas. La proporción de habitantes que se sitúan por debajo del umbral de pobreza oficial -muy discutible- pasó del 41% en 1992 al 25% en 2003. El PNB por habitante, en paridad con el poder adquisitivo, ascendía en 1980 al 20% del promedio mundial, al 25% en 1990 y al 32% en 2000 (se elevaba entonces a 2.300 dólares).

¿Refleja esta evolución la incidencia de las políticas instauradas desde 1991 o procede de otros factores? En todo caso, parece que desde hace diez años hay que relacionarla con el desarrollo de la producción en todos los ámbitos. Desde 1996 India debe a esta expansión un aumento del ingreso per cápita del 3,5% anual (contra un 3,1% para el conjunto de los países en desarrollo) y una clase media cada vez más rica: 35 millones de indios disponen de más de 1.200 dólares mensuales, y cada año su cantidad aumenta un 10%.

Sin embargo, el país cuenta todavía con la mayor cantidad de pobres del mundo (430 millones de personas que viven con menos de un dólar diario, según admite el mismo Banco Mundial). Además, no deja de retroceder en términos de índice de desarrollo humano: de acuerdo con el último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) 5, pasó del puesto 94 (sobre 130 países) en 1994 al 124 en 1995 y al 127 en 2003. Esta clasificación refleja también el aumento de las desigualdades. Dado que si en promedio el ingreso per cápita progresa, algunos grupos -la famosa clase media- se benefician mucho más que otros que, es cierto, ven mejorar su condición, pero de manera marginal y a un ritmo tan lento que las diferencias aumentan inexorablemente.

Estas desigualdades sociales se acompañan de desigualdades geográficas cada vez más marcadas. Cuatro Estados -Bihar, Uttar Pradesh, Madhya Pradesh y Orissa- representan más de la mitad de los pobres de la Unión India. En realidad, cabe trazar una línea que la corta en dos, del este de Panjab al norte de Andhra Pradesh. La mitad nordeste de esta zona -a la cual pertenecen todos los Estados mencionados y a la cual habría que añadir Rajastán- está rezagada, mientras que la India del sur y del oeste se pone en marcha. Un fuerte contraste opone a los Estados de Panjab y Orissa: la proporción de personas que viven bajo el umbral de pobreza es del 6% en el primero y del 42% en el segundo.

Pero también hablan otros índices: el consumo de electricidad por habitante alcanza 141 kilovatios/hora (kwh) en Bihar contra 921 en Gujarat. La tasa de alfabetización, de 91% en Kerala, se estanca en 58% en Uttar Pradesh. Grosso modo, el ingreso per cápita de la India del oeste y del sudeste es de dos a tres veces superior al de "la otra India". Ahora bien, esas desigualdades crecientes están directamente vinculadas con la liberalización económica, en la medida en que los Estados que se enriquecen con más rapidez son también los que pudieron hacer valer sus ventajas -en términos de infraestructura y de tejido industrial- para atraer a los inversores extranjeros. Así pues, Maharashtra y Gujarat figuran a la cabeza de esta India en vías de rápida modernización, pero paralelamente de polarización social.

India no se enfrenta aún a la globalización neoliberal en su forma más pura y dura, toda vez que liberaliza su economía paso a paso y está muy poco inserta en el comercio mundial. Pero se avanza en este sentido y los efectos perversos de esta evolución ya se hacen sentir en términos de aumento de las desigualdades sociales y geográficas. Quizás las primeras encuentren un principio de solución en la sistematización de las políticas de discriminación positiva en favor de las castas bajas. Las segundas, más difíciles de superar, corren el riesgo de reactivar las tensiones regionalistas que el Estado -a fuerza de federalismo y redistribución- había logrado desactivar.

  1. La desaparición de estos cupos se aceleró después del juicio de la OMC en 1997. India eliminó los últimos cupos en 2001. Véase Roland Pierre Paringaux, "L'agriculture indienne à l'heure de l'OMC", Le Monde diplomatique, París, septiembre de 2002.
  2. India atrajo tanto inversiones en cartera como inversiones extranjeras directas (IED). De 1991 a 2002 recibió 24.000 millones de dólares de IED y 23.000 millones de inversiones en cartera.
  3. Todas las cifras mencionadas provienen del informe de Sophie Chauvin y Françoise Lemoine, "India in the World Economy: Traditional Specialisations and Technology Niches", Centre d'études prospectives et d'informations internationales (CEPII), París, agosto de 2003.
  4. Aunque son pocos, los asalariados están bien organizados y los sindicatos defienden con vigor sus privilegios en nombre de los ideales marxistas, sin preocuparse mucho por los pobres.
  5. PNUD, Informe sobre desarrollo humano 2003.
Autor/es Christophe Jaffrelot
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 55 - Enero 2004
Páginas:30,31
Traducción Teresa Garufi
Temas Ciencias Políticas, Desarrollo, Mundialización (Economía)
Países India