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Recuadros:

Una obsesión llamada Bombay

Todos los días, miles de inmigrantes llegan a Bombay desde el resto de India, esperando encontrar allí su fortuna. Muchos la alcanzan, pero la mayoría queda reducida a vivir en las villas miseria o, aun peor, al borde de la ruta. Muchos son “empleados” por la poderosa mafia local. Pero, más allá de su destino, Bombay sigue siendo para todos ellos “el lugar para estar”. Un intento de describir esa criatura mítica...

"Bombay es siempre una lucha, pero estamos atrapados por la emoción del combate cotidiano".

Jerry Pinto, poeta y periodista.

 Bombay, la celebre (o infame) Reay Road, bordeando los docks. A esta ruta, que en su origen contaba con cuatro vías, sólo le quedan dos, bordeadas por una multitud de tugurios de varios pisos. Los habitantes de los slums (villas miseria), en su mayoría inmigrantes del interior, caminan, hablan, duermen, se sientan, trabajan, se lavan y miran a sus hijos dar sus primeros pasos sobre el asfalto. La calle nunca tuvo aceras y probablemente nunca las tendrá. Reay Road se convirtio en un espacio donde hombres y vehículos compiten. Unos y otros se comportan como si ese espacio fuera su reino.

Sobre una superficie aproximada de un kilometro cuadrado, una gran cantidad de habitantes construyó, para alquilarlos, dos o tres desvanes sobre sus chozas. En cada casucha viven en promedio diez personas. Nadie sabe cuántas personas viven en Reay Road, pero se sabe que el número aumenta día a día, como el caos...

A decir verdad, nadie sabe con certeza cuántas personas viven en Bombay. El censo oficial indica 12 millones de habitantes (más que Grecia), la mitad de ellos sin techo... Pero debido al flujo constante de inmigrantes, a la población de los slums y a cientos de niños no declarados que nacen cada día es posible que en realidad haya cerca de 16 millones de habitantes.

Estas cifras pueden provocar el asombro, pero la triste verdad es que los habitantes de Reay Road y de los otros bolsones de miseria que pululan en la metrópolis no tienen un lugar mejor donde ir. Bombay atrae cada día a miles de personas, que llegan del resto de India ilusionados con encontrar la felicidad en esta "ciudad de la esperanza", convencidos de que van a conseguir empleo, una remuneración regular, o, por qué no, de que se convertirán en millonarios de un día para el otro. Para ellos, esas chozas improvisadas ilegalmente (a menudo poseen conexiones eléctricas piratas, teléfonos y televisores color robados) representan mansiones de lujo en comparación con lo que conocieron en sus lugares de nacimiento.

Entonces sobreviven allí, en la ruta, día tras día, a pesar de la contaminación, el calor insoportable, la malnutrición, la suciedad, el ruido de los camiones, las ratas enormes y los cuervos, las canaletas malolientes, el asco de los paseantes más favorecidos y las inundaciones provocadas por el monzón. Felices, pretenden algunos. Felices, sí, de cierta forma, de haber logrado llegar a esta ciudad monstruosa, que puede quitarles todo u ofrecerles la ocasión de su vida. Jamás se acercaron tanto a su mini sueño estadounidense. Eso es lo que Bombay representa a los ojos del resto de India.

Hace falta un tiempo para entender por qué esta ciudad continúa atrayendo un flujo incesante de gente que espera hacer fortuna. Es desmedida, sofocante, abarrotada, contaminada, encumbrada, congestionada por la circulación y exhala las visiones y los olores más horribles de la pobreza y la enfermedad. Si usted es rico (el 1% de la población), la mafia lo acecha constantemente. Para quien pertenece a la clase media, salir de su casa cada mañana es un combate: hay que luchar contra los otros vehículos, sortear los baches, tratar de ignorar las pequeñas manos que imploran pegadas a los vidrios del auto.

Nada es fácil. El mínimo trabajo, la tarea más pequeña que haya que organizar se convierte en algo penoso. Reinan la corrupción y la burocracia. Y sin embargo, a pesar de las extraordinarias dificultades de la vida, Bombay posee un espíritu asombroso, algo invencible. Cualquiera que usted consulte le dirá: "De qué se queja, ¡Bombay es mucho mejor que las otras ciudades!". La sola idea de un lugar en la tierra peor que éste provoca escalofríos...

Aquellos que tienen la suerte de tener un empleo y una vivienda digna no pueden privarse de Bombay, de su ritmo de vida frenético, de los salarios -los mejores de India- de su tolerancia, de sus modos de vida alternativos, de las ocasiones sin fin que se presentan ante aquellos que se animan, de los cines, multicomplejos y galerías comerciales desbordantes de productos importados, de los clubes nocturnos de moda (cuyos propietarios sobornan con generosidad a la policia para permanecer abiertos después de medianoche), de los teatros, de los restaurantes de precios exorbitantes pero siempre llenos, de los vendedores de autos exóticos, de los edificios de oficinas que recuerdan a Manhattan, de los concursos de belleza, de los hoteles cinco estrellas, de las escuelas internacionales, de los modernos hospitales...

Todo eso hace de Bombay la única verdadera metrópoli de India. Chennai (Madras), Calcuta, Bangalore (la Silicon Valley india), o incluso Nueva Delhi, la capital, tienen aire de pequeñas ciudades de provincia en comparación con Bombay. A veces resulta difícil de comprender, pero nos referimos a un país donde la población rural se quedó en el siglo XVIII. En este contexto, Bombay parece un milagro, una verdadera ciudad de ensueño.

 Centro de negocios

 Se trata sin dudas de la ciudad más próspera de India, su capital de negocios y finanzas. Allí se recauda más de la mitad del impuesto sobre la renta. Es también la aglomeración más corrupta del país: más de la mitad del dinero sucio que circula viene de allí. Bombay cuenta con más millonarios que todas las grandes ciudades indias juntas. Allí se realiza el 90% de las transacciones bancarias del país, se alzan dos torres que abrigan a la Bolsa, se coloca el 80% de los fondos mutuales de India, se encuentran los mercados de capitales. El banco central indio, los tres grandes bancos de la red y los dos mayores bancos comerciales de India se encuentran en el barrio de negocios de Mumbai.

El puerto, por su parte, asegura el 40% del comercio marítimo indio. El mercado inmobiliario vale oro y los precios superan los de Nueva York y Tokio (un departamento chico puede costar hasta 2 millones de dólares). La ciudad se entrega a la especulación, a la loteria, a las carreras de caballos y al cricket. En esta aglomeración en la que la "sociedad de consumo" no tiene nada que envidiarle a la de Estados Unidos, los virtuosos de la publicidad están mejor pagos que los médicos. Bombay atrae a los mejores talentos del país, a multinacionales gigantes, inversores, artistas e intelectuales. Las luces de Bollywood son irresistibles: Bombay posee la mayor industria cinematográfica del mundo y todo indio que quiera hacer carrera en el cine se instala aquí. A tal punto que las estrellas olvidadas de Occidente firman contratos para aparecer en films indios, con la esperanza de un renacimiento. Los actores se asemejan a los dioses y jovenes de todos los medios sociales luchan por obtener un pequeño papel. La gente del cine vive en casas grandiosas en suburbios ostentosos, con el permanente temor de recibir un llamado de la mafia para extorsionarlos.

Las historias de éxitos espectaculares acrecientan la imagen mítica de Bombay. Como la del difunto Dhurubhai Ambani, ayudante de una estación de servicio devenido magnate petroquímico; o la de Harshad Mehta, un joven pobre de la pequeña ciudad de Raipur, que orquestó una estafa de 6 millones de rupias (139.500 dólares) y dirigió la Bolsa (antes de aprecer muerto en prisión); o incluso la del actor preferido de los indios, Shah Rukh Khan, que llegó a Bombay con los bolsillos vacíos y que, después de años de adversidad, sin concocer a nadie tanto en la ciudad como en el mundo del cine, se convirtió en una superestrella.

En esta pesadilla demográfica es posible conseguir champagne a condición de pagar el precio -tres veces el salario de un ciudadano típico de clase media-, pero la gente no tiene agua potable para beber. En Dharavi, la mayor villa miseria de Asia, 600.000 personas se amontonan en menos de 1,5 kilómetros cuadrados. El aire es pesado y pegajoso, pero allí se fabrican los más bellos objetos de cuero, que se exportan al resto del mundo. Hay más clínicas de adelgazamiento o clubes de gimnasia que organizaciones no gubernamentales. Existe un mercado creciente de libros de autoayuda y gestión, vendidos por chicos que no saben leer.

Bombay es convidada y temida, despiadada y comprensiva. En los periódicos, los crimenes más crueles aparecen junto a los ejemplos más conmovedores de camaradería y compasión.

Tal vez por el hecho de que muchos de sus habitantes partieron de la nada, Bombay siempre fue un remanso de tolerancia, donde los cristianos se mezclan con los parsis, los hindúes tienen vecinos musulmanes y donde los sikhs, los jaínes 1, los judíos y cada vez más phirangs (palabra corriente para designar a los extranjeros) viven juntos.

 Los "hijos de la tierra"

 Pero la afluencia constante de "extranjeros" y la mezcla de culturas también dieron nacimiento a un monstruo: el partido extremista hindú Shiv Sena 2, dirigido por Bal Thackeray, que defiende a los "hijos de la tierra" y que en un principio jugó sobre la separación entre extranjeros y locales antes de atacar a todos aquellos que no sean maharashtrianos. Este partido manifiesta su política de odio provocando motines y atentados. Incluso logró cambiar el nombre de la ciudad (en su origen Bombay era una colonia portuguesa cuyo nombre significaba "La bella bahía") por el de Mumbai (en honor a la diosa protectora de la ciudad), una manera de decirle al mundo que pertenece a sus ocupantes maharashtrianos originales y que los "extranjeros" no tienen nada que hacer allí.

Para demostrar su determinación a rechazar a los "inmigrantes", un grupo de sainiks 3 saqueó la oficina del servicio de empleo del ferrocarril, reclamando cuotas de empleo para los maharashtrianos 4, que se sentirían amenazados por los candidatos que llegan del norte de India. Algunos días más tarde, en una estación muy frecuentada, trabajadores del Shiv Sena, entre ellos mujeres sainik, atacaron a jóvenes bihari que llegaban a Bombay para dar su examen de ingreso a los ferrocarriles.

Los resutados de una encuesta realizada por Times of India y un programa de televisión muy popular, The Big Fight (el gran combate) son preocupantes: una mayoría piensa que Shiv Sena tiene razón y un gran porcentaje aprueba su política de "hijos de la tierra". Entre las personas interrogadas, muchos se pronunciaron "a favor" de que se establezcan cuotas para favorecer a los locales en el acceso a empleos no calificados. Algunos, sin embargo, pensaban que esas cuotas empañarían la imagen de la ciudad como centro financiero de nivel internacional. ¿La Bombay cosmoplita se estará conviertiendo en una Bombay patriotera?

Sin embargo, escribe Suketu Mehta, un periodista que creció en Bombay y hoy vive en Nueva York, "si usted está llegando tarde para ir a su trabajo en Bombay y llega a la estación en el momento en que el tren se aleja del andén, puede correr hacia los compartimentos atestados y una gran cantidad de manos se extenderán para subirlo a bordo. (...) Mientras corre al lado del tren lo van a levantar y le harán un poco de lugar para sus pies, (...) a usted le toca hacer el resto. (...) Y en el momento del contacto, no saben si la mano que intentan alcanzar es la de un hindú, la de un musulmán, la de un cristiano, la de un brahamán o la de un intocable, ni si nació en la ciudad o llegó esa misma mañana, (...) ni si es de Mumbai, de Bombay o de Nueva York. Todo lo que saben, es que está tratando de llegar a la ciudad del oro y eso alcanza. Suba a bordo. Nos vamos a apretar" 5.

  1. Fieles esparcidos por toda India (sobre todo al oeste y al sudoeste) del jainismo, religión reformista próxima al hinduismo y al budismo.
  2. Aliado del Partido del pueblo indio (BJP), en el poder en Nueva Delhi.
  3. Partidarios del Shiv Sena.
  4. Bombay es la capital de Maharashtra.
  5. Extraído del libro Bombay, Meri Jaan (Bombay, mi amor), Penguin Books India, Nueva Delhi, 2003.

Comunicado del comité organizador

Este 16 de enero se inaugura el cuarto Foro Social Mundial (FSM). Los anteriores, entre 2001 y 2003, se realizaron en Porto Alegre, Brasil. El FSM devino el símbolo de la fuerza del movimiento altermundialista y el punto de convergencia de las movilizaciones populares en todo el mundo contra la guerra de Irak.
Este año, el FSM se realizará por primera vez fuera de América Latina, para anclarse en el corazón de Asia: Mumbai (Bombay), en India.
El FSM no es una organización, sino un encuentro de obreros, campesinos, pueblos indígenas, intocables (India), trabajadores independientes, minorías, inmigrantes, estudiantes, universitarios, artesanos, artistas, mujeres, jóvenes y muchos más… Un lugar de debates democráticos, de intercambios fundados en la convicción de que un mundo mejor es posible.
Pero el FSM querría acoger aun varios miles, incluso centenares de miles, de personas más. ¿Es usted una de ellas?
Si es así, la cita es en Mumbai entre el 16 y el 21 de enero de 2003 (www.wsfindia.org). Si usted no puede participar, puede en cambio ayudar a que las múltiples voces de la humanidad se escuchen clara y fuertemente en todo el mundo.
Para ello, envíe un cheque de apoyo al FSM a nombre de Attac France, 6 rue Pinel, 75013-Paris-Francia, con la mención “FSM Mumbai” en el sobre.
Muchas gracias.
Comité de organización del Foro Social Mundial de Mumbai.


Autor/es Mila Kahlon
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 55 - Enero 2004
Páginas:32,33
Traducción Pablo Stancanelli
Temas Migraciones
Países India