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Recuadros:

Triste Bicentenario en Haití

La primera República del Caribe y América Latina conmemora sus doscientos años de existencia sumida en la miseria, la violencia y el atraso en todos los órdenes que han marcado su existencia. El gobierno de Jean-Bertrand Aristide enfrenta a diario multitudinarias manifestaciones de la oposición que exigen su renuncia a la Presidencia.

"No festejaremos, porque, para festejar de cualquier forma, en la miseria, extenuados, sin un peso, tendríamos que hurgar una vez más en la bolsa del campesino y dar de comer al pueblo la última vaca flaca". Este texto, que circulaba por Haití en la víspera del Bicentenario de la independencia, se corresponde con el país actual. Sin embargo, fue redactado hace un siglo, cuando la "primera República negra" se preparaba para festejar sus cien años de existencia, por el doctor Rosalvo Bobo.

Hoy, muchos intelectuales, entre ellos Raoul Peck, Gary Victor, Dany Laferrière y Lyonel Trouillot, se niegan a asociarse "a celebraciones oficiales mediante las cuales el gobierno no busca más que conseguir una imposible legitimidad" 1.

Desde principios del siglo XIX, apenas se independizó, Haití se encontró aislado y combatido. El país se había liberado de la esclavitud, mientras en Cuba y Brasil, por ejemplo, no fue abolida realmente hasta 80 años más tarde. Haití se había liberado del dominio francés mientras la colonización llegaba a África. En América Latina fueron los mismos colonos quienes cortaron los puentes con la metrópoli. Además, mientras en Europa los Estados nacionales adoptaban su forma moderna, Haití, constituida por comunidades de orígenes diversos que no disponían de ningún modelo común de organización, se convertía en un Estado, pero sin que existiera aún una nación. En lo económico, en América Latina era la época de la gran plantación, del latifundio, pero a causa de su historia particular Haití daba prioridad a la pequeña propiedad.

El país es independiente desde 1804 2. Pero la existencia, anterior a esa fecha, de dos proyectos socioeconómicos muy distintos constituye una clave de lectura fundamental de la realidad actual. Uno de ellos, sostenido por el más conocido de los jefes de la independencia, Toussaint Louverture, el "Espartaco negro", es un proyecto del tipo de "grandes plantaciones" para la exportación; el otro, reivindicado por los "movimientos populares" de la época, es favorable a la pequeña propiedad y la pequeña economía comercial.

Toussaint triunfó, explica Ernst Mathurin (de la organización no gubernamental Gramir), y esos dos proyectos "se enfrentan desde hace 200 años. Unos cincuenta años después surgió un compromiso de hecho: dejar que los campesinos desarrollaran la pequeña propiedad mientras la elite se concentraba en el comercio. La explotación ya no se hacía en la tierra, sino a la hora del intercambio de productos". Este compromiso, inestable, caerá en desgracia durante la ocupación militar estadounidense, en 1915, que encaminó a Haití hacia la economía agro-exportadora.

Pero hay otras claves posibles de lectura. Una de ellas es la debilidad permanente del Estado que, tal vez paradójicamente, abre la puerta a poderes fuertes. El filósofo Jacky Dahomay 3 es muy claro: "La libertad necesita marcos institucionales. Pero lo que caracteriza al joven Estado haitiano es la debilidad de la dimensión institucional de la libertad. (...) El poder político en Haití nunca fue un gobierno por la ley". Y agrega: "El Estado haitiano hereda al Estado colonial; el derecho se confunde con la fuerza". Esta es también la opinión de Ernst Mathurin: "El Estado haitiano siempre fue débil. La revolución haitiana hizo tabla rasa con el pasado, pero sin modelo de Estado para reconstruir". Jacky Dahomay agrega otro elemento: "Haití es la única ‘nación heroica' que conocemos (pero) la esencia del poder heroico es que su legitimidad procede exclusivamente de la voluntad arbitraria del jefe. Un héroe no soporta la presencia de otros héroes". Siendo así, teniendo la libertad de su lado, "no es necesario darla a los otros".

Esta imagen del jefe-héroe estructura la historia de Haití. El actual presidente Jean-Bertrand Aristide, que reivindica su parentesco simbólico con Toussaint Louverture, también vistió esos ropajes. Lo cual explica que concentre los poderes en torno a su persona, pase prácticamente por alto las reglas del juego y siga pese a todo gozando de un prejuicio positivo en un sector de la población.

Según afirma Jacky Dahomay, en la historia de Haití el poder reside "en la voluntad arbitraria del Príncipe, poder de vida y de muerte, como si su tarea permanente fuera producir la inseguridad". En consecuencia, debe "desprender de la sociedad a ciertos individuos, en muchos casos criminales conocidos (‘tontons-macoutes' 4 de Duvalier, ‘quimeras' de Aristide), y asignarles como tarea esa función mortífera". Así se explica mejor por qué el gobierno es lento en la aplicación de una resolución de la Organización de Estados Americanos (OEA) que prevé el desarme de las bandas armadas.

Lyonel Trouillot 5, uno de los intelectuales más brillantes, agrega: "Ser haitiano es cada vez más construirse solo, definirse sin semejanza ni solidaridad. (...) Tú no eres mi igual y yo no seré tu semejante". "Aquí, -agrega el ex ministro Jean-Claude Bajeux-, se excluye a quien critica calificándolo de apátrida. Esto se traduce en todos los campos, incluso en la distribución de los bienes, mediante eliminaciones físicas".

Entonces, cuando ciertos jefes de organizaciones populares califican a los opositores de "especies de apátridas que quieren que Aristide se vaya" y agregan "estamos dispuestos a defenderlo hasta la muerte", nadie duda de que se trata de una amenaza de muerte... para esos opositores. La consigna "Aristide o muerte" que figura en los muros de la capital tiene un doble sentido: para aquel que critica el poder y para quien la enuncia, que sabe el riesgo que corre si el poder político cae.

Construir una identidad

"Cambio": la palabra está muy presente en este período del Bicentenario. Suena a hueco en ciertos casos, como cuando Bajeux confiesa: "Se ha perdido la esperanza. Racionalmente, este país no puede sobrevivir sin una inversión masiva que permita obtener efectos multiplicadores en 20 o 25 años. Pero la capacidad de inversión no existe, no más que la de llevar adelante un plan de desarrollo".

En 1990, cuando pasó de una casa parroquial al palacio presidencial, Aristide era impulsado por una corriente popular. Hoy en día, el clima es de desilusión. Se reprocha al Presidente la organización de un régimen antidemocrático y haberse enriquecido mediante tráficos de toda clase.

Circulan tres interpretaciones. Unos estiman haber sido engañados por Aristide en 1990. Otros, menos numerosos, piensan que el golpe de Estado que lo separó del poder en 1991, su exilio en Estados Unidos y luego su regreso en 1994 lo cambiaron. Por último, hay quienes piensan que está acorralado por las presiones: "Se pa fòt li" ("no es culpa suya"), dice el lenguaje popular, aludiendo al entorno del Presidente, pero también a la comunidad internacional 6. En realidad, debe afinarse el análisis: la elección de Aristide representó un cambio de poder, pero no, como muchos esperaban, un cambio de sociedad.

Desencanto frente a la ausencia de perspectivas: "Aquí, vivimos en la cultura del pasaporte", explica Philippe Mathieu, ex vicerrector de la Universidad, para quien "el pueblo haitiano es un pueblo de migrantes". Para muchos, en efecto, la esperanza está en otra parte. En República Dominicana, en las plantaciones de caña de azúcar, en la construcción o en los subempleos callejeros. O en Nueva York, Miami y Montreal. Ya a principios del siglo XIX la migración se había vuelto corriente, hacia los países vecinos (Cuba) donde grandes plantaciones esperaban mano de obra.

"Los jóvenes que frecuento y que reflexionan un poco optan por el exilio", explica una enfermera del medio rural, por lo difícil que es encontrar empleo y recursos dentro del país. El modo de vida local es percibido de forma peyorativa, el sueño es la modernidad "a la estadounidense", mito alimentado por los envíos de fondos, bienes e imágenes desde la diáspora. "La migración es en primer lugar desde el campo a las ciudades, que no dejan de crecer -analiza Ernst Mathurin-. Resultado de ello es una desvalorización del mundo rural y del oficio de la tierra en las mentalidades". Luego una desvalorización del país en sí.

¿Cómo construir una identidad nacional en esas condiciones? "Tenemos un idioma, una tierra, una historia de la que debemos apropiarnos, pero falta el lazo para hacer de ello una nación", explica Michèle Pierre-Louis, directora de la fundación cultural Fokal. Muchos estiman que el Bicentenario habría podido constituir una ocasión para buscar esa ligazón. "Podríamos haber hecho algo bueno -estima Bajeux-: reunir a amigos de Haití, reflexionar sobre un nuevo contrato social...".

Algunas ONG van a intentar avanzar en ese sentido, en la medida de sus posibilidades, rehabilitando al menos la memoria o permitiendo que los jóvenes vuelvan a apropiarse de la historia del país. Ese es el caso de la Fokal, o del Centro de investigación y formación económica y social para el desarrollo, dirigido por la historiadora Suzy Castor: "No festejaremos 2004 -explica-, pero vamos a intentar contribuir a definir lo que realmente somos. No en referencia al pasado, sino dentro de una perspectiva de liberación".

De este modo, quizás el texto de Rosalvo Bobo ya no sea de actualidad en 2104...

  1. Declaración pública del 1-10-03, Agencia Alterpresse.
  2. La capitulación de las tropas de Napoleón, el 19 de noviembre de 1803, condujo a la proclamación de la Independencia el 1° de enero de 1804.
  3. J. Dahomay, "La tentation tyrannique haïtienne", Chemins critiques, Puerto Príncipe, enero de 2001.
  4. Oficialmente: voluntarios de la seguridad nacional. Milicia todopoderosa, creada por François Duvalier para contrarrestar la influencia del ejército, que sembró el terror durante toda la dictadura.
  5. Lyonel Trouillot, Haïti, (re)penser la citoyenneté, Ediciones HSI, Puerto Príncipe, 2001.
  6. Haití sigue bajo un embargo de la ayuda pública internacional, en tanto no se conforme a ciertas resoluciones de la OEA sobre la democratización. Véase Paul Farmer, "Los niños del BID", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2003.

Cronología

Linard, André

  • 22 de septiembre de 1957: Llegada al poder de François Duvalier, apodado “Papa Doc”.
  • 22 de junio de 1964: François Duvalier se autoproclama Presidente vitalicio.
  • 21 de abril de 1971: Muerte de François Duvalier, que designó a su hijo, de 19 años, como sucesor (y Presidente vitalicio).
  • 7 de febrero de 1986: Fin del “Duvalierismo”. Un levantamiento popular derroca a Jean-Claude Duvalier, que se refugia en el sur de Francia.
  • 16 de diciembre de 1990: Elección de Jean-Bertrand Aristide (66,7% de los sufragios).
  • 30 de septiembre de 1991: Raoul Cédras (jefe del ejército) derroca al presidente Aristide, que debe exiliarse en Venezuela, luego en Estados Unidos.
  • 15 de octubre de 1994: Regreso del presidente Aristide tras un exilio de tres años.
  • 17 de diciembre de 1995: Elección de René Préval (con el 88% de los votos), en reemplazo de Aristide.
  • 2000: Elecciones controvertidas del 21 de mayo (legislativas y locales) y del 26 de noviembre (presidencial y senatoriales).
  • 7 de febrero de 2001: Nueva investidura de Aristide como Presidente (hasta 2006).


Autor/es André Linard
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 56 - Febrero 2004
Páginas:14
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Estado (Política)
Países Haití