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¿Quién paga el superávit para el FMI y los bonistas?

La estructura impositiva de un país permite conocer cuáles son los sectores sociales vencidos y los vencedores. El sistema tributario argentino, forjado en los últimos treinta años, es injusto, inequitativo, claramente regresivo, y se caracteriza por su baja presión, alta evasión y prociclicidad. Las urgencias provocadas por la crisis y por el proceso de renegociación de la deuda externa en default justificaron la demora en reformar el sistema impositivo, pero es esencial emprender la reforma tributaria, más aun cuando ha mejorado la recaudación.

Tributo: aquello que el vencido está

obligado a dar al vencedor 1.

 

Si lo que se enseña en las cátedras de Finanzas Públicas sobre el origen de los impuestos fuese cierto, en lugar de llamarse "impuestos" deberían llamarse "voluntarios"... En rigor, desde el comienzo de las conquistas territoriales, los impuestos los pagan los vencidos. Los Estados imperiales antiguos emitieron moneda para que los pueblos conquistados pudieran pagar sus impuestos, o sea que el origen del dinero no estuvo asociado a las molestias del trueque; tiene origen fiscal. Se emitió para pagar impuestos y luego el sistema capitalista lo transformó en el centro de la escena.

En la actualidad, para conocer cuáles son los sectores sociales vencidos y los vencedores, sólo basta observar la estructura impositiva. Si está basada en impuestos al consumo y no discrimina por grados de riqueza, los vencidos son los sectores más postergados de la sociedad, ya que pagan por todo lo que consumen. Si el sistema es progresivo, los sectores a los cuales se les torció el brazo para pagar resultan los pudientes.

Para cobrar los impuestos, ya sea a los ricos o a los pobres, debe funcionar el sistema sancionatorio. Suenan ridículas las pretensiones de que los impuestos se paguen espontáneamente, con "cultura tributaria". El que paga, salvo excepciones, lo hace por el nivel de riesgo que corre y no porque lo remuerda la conciencia.

El sistema tributario argentino se caracteriza por baja presión, alta evasión, regresividad y prociclicidad. Tales características se forjaron durantes los últimos treinta años y se profundizaron durante la última década, en un marco de hegemonía política que se hizo sentir, también, en el sistema fiscal. Ello determinó un esquema tributario injusto e inequitativo, uno de los más regresivos del mundo. Los impuestos al consumo representan más del 70% de la recaudación total. El IVA es la estrella del esquema: la alícuota pasó del 13% en 1989 al 21% actual. Los que obtienen 1.000 pesos (o menos) promedio de ingresos mensuales (el 80% de la población) destinan al consumo todo lo que reciben, es decir que pagan un 25% (IVA más Ingresos Brutos) sólo en impuestos al consumo.

El agravante que tiene este esquema es que el "evasor" no es el ciudadano que al comprar para comer paga inevitablemente, sino las empresas que venden y aplican el 21% de IVA. Con una alícuota tan alta, es difícil resistir la tentación de quedarse con algo, y si no se percibe riesgo, con todo.

Los países desarrollados tienen una estructura exactamente inversa a la argentina y además presión tributaria mayor. La presión tributaria del año 2001 (20,9% del PBI) aumenta al 25% en el 2005. La demora en modificar la regresividad del sistema tributario se justifica por las urgencias derivadas del proceso de renegociación de la deuda externa después del default. También es válido que se argumente que el esquema procíclico genera, como se ha visto reflejado en la recaudación, un crecimiento más que proporcional al del PBI.

Sin embargo, es preciso tener presente que al fin de la recuperación económica, cambia el ciclo, la tendencia inevitablemente será inversa y, con esta estructura tributaria, la caída de la recaudación será más que proporcional.

Luego del shock por la devaluación de 2002, se introdujeron las retenciones a las exportaciones. Dada la particularidad de los mercados (monopólicos u oligopólicos, altamente concentrados, con rentas que no se capturan de otro modo), esas retenciones tienen características "progresivas" ya que son equivalentes a un impuesto a la renta del monopolista. No es casual el tremendo lobby ejercido por los perjudicados, sobre todo petroleras y exportadores cerealeros. Además es importante el efecto de la retención sobre los precios internos, ya que actúan como un condicionante. Sirven para que el gobierno discipline a los oligopolios, que elevan los precios al ritmo de la cotización internacional de sus productos aun con costos en pesos.

En función del proyecto de presupuesto 2005 que el Ejecutivo envió al Congreso, no cabe presumir cambios inmediatos en el sistema tributario y, por trascendidos no oficiales, tampoco en el 2006 y 2007. Con las previsiones de crecimiento es de esperar que los ingresos fiscales crezcan más que lo que el presupuesto prevé, principalmente por las variaciones que se observarán en los impuestos que gravan el consumo doméstico (IVA y Combustibles) y lo que aportarán Ganancias, los derechos de importación y las retenciones a las exportaciones. Los impuestos indirectos continuarán explicando la mayor parte de la recaudación tributaria, llegando a representar casi el 15% del PBI.

Necesidad de una reforma

El hecho de haber mejorado la recaudación no elimina la necesidad de pensar en una reforma tributaria. Por el contrario, es el momento de hacerlo, tanto por razones técnicas como políticas. En tanto la recaudación sea elevada y el superávit fiscal no corra riesgo, la reforma puede permitirse, inclusive, una menor recaudación inicial. Esto no tiene por qué ocurrir, pero es un fantasma que quienes se benefician con esta estructura agitan de manera permanente. Para evitar ese riesgo es preciso presentar impuestos de emergencia junto con la reforma.

Hasta ahora, la discusión se ha centrado en determinar cuál es el porcentaje de superávit primario que se afectará al pago de los acreedores y cuál debe ser ese porcentaje, con deuda reestructurada, a 30 años vista. Pero sigue pendiente la discusión sobre el modo en que el Estado se provee los ingresos.

El incremento en la presión tributaria debe tener como eje una fuerte gestión de combate a la evasión, antes que el incremento de las alícuotas de los impuestos vigentes. Los nuevos impuestos deberían tener como objetivo la reducción en la alícuota del IVA, porque es excesiva y porque así se estimularía el consumo. Las posibilidades para ampliar la base de tributación directa son las siguientes: a) gravar (Impuesto a las Ganancias) la renta de las actividades financieras; hoy exentas; b) un impuesto de emergencia a las operaciones de Bolsa; c) un impuesto de emergencia sobre los fondos fugados del país en la crisis de 2001; d) reimplantar la contribución patronal a las empresas privatizadas y de servicios no transables, sin descontarlo del IVA ni de Ganancias; e) reimplantar las restantes contribuciones patronales; f) modificar el sistema de jubilaciones privado, generador del déficit crónico del Estado 2 y; g) impulsar la aplicación de la Tasa Tobin (impuesto a las transferencias especulativas de capital) a nivel regional y coordinar los esfuerzos mundiales para su establecimiento.

El cuadro de esta columna muestra los ingresos potenciales que se obtendrían con tales modificaciones.

En conclusión, debe insistirse en la necesidad de promover una reforma que, sustentada en una visión y hegemonía política diferente, quiebre el modelo de sistema tributario vigente.

Sus propósitos fundamentales deben dirigirse a "despegar" la recaudación del ciclo económico, reducir la evasión, aumentar la presión y dotarlo de mayor progresividad. Ello en el marco de una administración tributaria que recomponga los conceptos de equidad y justicia.

Una serie de condiciones económicas, además del consenso político alcanzado por el gobierno, coinciden para no dejar pasar la oportunidad de comenzar el proceso de transición hacia un sistema impositivo que refleje el cambio en la relación de fuerzas sociales.

  1. G. Ardant, Histoire de l'impôt, Fayard, París, 1972.
  2. El acuerdo realizado respecto al canje de deuda del sistema de AFJP es funcional al tema de la renegociación con los acreedores externos, y una señal positiva para la aceptación global del canje. Pero consolidar un sistema previsional con privilegio para el sistema financiero, individualidad del aporte, comisiones parasitarias, administración desacertada de los fondos y ausencia del Estado en su regulación, tiene un alto costo. Desde la entrada en vigencia del régimen de jubilación privada, el Estado debió afrontar un déficit estructural provocado por el desfinanciamiento del sistema de reparto de 75.700 millones de pesos (Ecolatina, Informe de octubre de 2003).
  3. El aumento en el ahorro privado surgido a partir de la creación de las AFJP fue compensado con un desahorro del sector público. "El Estado nacional se endeudó para atender su flujo de egresos y las AFJP, con los fondos que el mismo Estado cedió, invirtió básicamente en bonos del Estado nacional".
Autor/es José Sbattella
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 65 - Noviembre 2004
Páginas:6,7
Temas Desarrollo, Deuda Externa, Estado (Política)
Países Argentina