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Espejismos de la estrategia africana

El Nuevo Programa para el Desarrollo de África (NEPAD), adoptado por la Unión Africana en Lusaka (Zambia) en julio de 2001, pretende definir la estrategia a seguir en las próximas décadas por los 53 países del continente frente a la globalización. A pesar de los pronósticos entusiastas de sus promotores y el apoyo de los organismos financieros internacionales, que lo conciben como la clave del desarrollo de África, el NEPAD –cuya concepción es tecnocrática– se basa en un cierto número de errores estratégicos que hacen dudar de su eficacia.

El Nuevo Programa para el Desarrollo de África ( NEPAD), que hoy en día es referencia obligada de todos los discursos sobre la expansión económica de África, fue concebido por cinco "grandes" de la política continental: los presidentes Thabo M'Beki (Sudáfrica), Olusegun Obasanjo (Nigeria), Abdelaziz Bouteflika (Argelia), Hosni Mubarak (Egipto) y Abdoulaye Wade (Senegal). Además recibió el apoyo formal del G8 en las cumbres de Kananaskis (Canadá), en 2002, y de Evian (Francia) en 2003.

En "asociación" con las instituciones económicas y financieras internacionales -Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM) y Organización Mundial del Comercio (OMC)- este enésimo plan de desarrollo espera alcanzar tasas de crecimiento anual del 7% en los primeros 15 años y reducir la pobreza a la mitad antes de 2015. Esta loable ambición parece sin embargo difícilmente realizable a causa de las debilidades de financiamiento del NEPAD y de su incapacidad para escapar al rígido esquema de las políticas neoliberales.

Son fundamentalmente las Inversiones Extranjeras Directas (IED) las que deben garantizar su financiamiento. Pero África sólo recibe el 1% de los flujos mundiales de las IED, lo que en 2001 representó 17.000 millones de dólares, contra el 10% en América Latina y el 20% en Asia. Según la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) esa debilidad obedece a un medio económico, jurídico y judicial "poco atractivo": inestabilidad política, guerras civiles, poca transparencia institucional y relaciones contractuales poco desarrolladas. El apoyo financiero tampoco vendrá de la ayuda pública para el desarrollo, que está en baja muy sensible desde hace varios años 1. Por otra parte, la ayuda financiera anunciada por el G8 no se concretó.

Por lo tanto, una actitud realista consistiría en recurrir al financiamiento Sur-Sur (Sudáfrica, países petroleros y asiáticos) y al ahorro local. Pero el 40% de ese ahorro está colocado fuera de África, mientras que en Asia esa fuga de capitales es de sólo el 3% y en América Latina del 17%. Los beneficios obtenidos en África por las empresas africanas u occidentales son invertidos en el Norte. En consecuencia, sería necesario asegurar el ahorro interno y frenar ese éxodo de capitales a través de medidas como la creación de instituciones que fomenten el crédito a largo plazo (bancos de inversión), y la implementación de un financiamiento descentralizado para las pequeñas, medianas y micro-empresas (sector informal o economía popular) y para la agricultura familiar.

Según algunos estudios, si África redujera la fuga de capitales hasta alcanzar la misma proporción de Asia, su reserva de capitales aumentaría en un 50% 2. En definitiva, el desarrollo se financia con el ahorro local, y sólo luego por las IED. La ayuda pública para el desarrollo sirve para complementar el proceso, y no a la inversa. Según la UNCTAD, son las inversiones públicas las que atraen a las inversiones privadas, pues estas últimas no acuden espontáneamente a un país o a una región 3, punto que el NEPAD no toma en consideración.

El NEPAD define así sus prioridades de acción: infraestructura, energía (hidroelectricidad, energía solar...), nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, acceso de las exportaciones africanas a los mercados de países desarrollados, agricultura, salud (lucha contra las grandes enfermedades endémicas), recursos humanos. Sin embargo, esos objetivos podrían quedar fuera de alcance en la medida en que el NEPAD no se desvincule de las prescripciones neoliberales de las instituciones de Bretton Woods (FMI, BM), de la OMC y de la Unión Europea 4. El NEPAD no constituye un proyecto de sociedad para el continente. Su gran debilidad teórica consiste en no haber efectuado una crítica pertinente de las políticas de ajuste estructural (PAE) aplicadas a partir de la década de 1980 y en retomar -a pesar de su probado fracaso- los principios económicos aplicados en los últimos veinte años: privatizaciones, integración al mercado mundial, supresión de las protecciones aduaneras, liberalización de todos los sectores de la economía 5.

Esas políticas no sólo no aportaron los resultados económicos esperados, sino que destruyen el tejido social -de por sí frágil- de los países involucrados. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), entre 1990 y 2002 el ingreso por habitante bajó cada año en un 0,4%, mientras que el número de pobres aumentaba en 74 millones anuales 6. En efecto, las PAE impusieron una reducción de las inversiones públicas que permitían consolidar las estructuras de base y favorecieron particularmente la privatización de ciertos sectores vitales como el agua, la energía o la educación.

Toda esa infraestructura, necesaria para la subsistencia o el bienestar de la población, se deterioró. A la vez, las empresas -a menudo occidentales- que se habían convertido en sus propietarias, alcanzaban sustanciales ganancias 7. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), "el África subsahariana sería la única región del mundo donde el número de pobres seguirá aumentando hasta 2015, y por lo tanto, la única región donde los objetivos de desarrollo fijados en ocasión del milenio no serán seguramente alcanzados". En consecuencia, el crecimiento que pretende el NEPAD sólo puede ser creíble y beneficioso si apunta a las necesidades fundamentales de la población.

Confusión de prioridades

En lugar de ocuparse de las necesidades vitales, el NEPAD da prioridad a las grandes infraestructuras prestigiosas (interconexión de rutas regionales y continentales, grandes redes de telecomunicaciones, etc.) que por otra parte aumentan la dependencia tecnológica y financiera (dificultades de mantenimiento, de explotación...) respecto de las multinacionales de los países desarrollados. Esa política no favorece la promoción de las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) y menos aun de las micro-empresas del sector informal, que constituyen la base del tejido económico en África. Son esas empresas las que crearon la mayoría de los empleos en los últimos 25 años.

En Senegal, por ejemplo, la economía popular (llamada "informal") y la agricultura familiar representan más del 51% del Producto Bruto Interno (PBI), lo que pone en evidencia la renuncia del Estado respecto de su misión de servicio público. Para Adama Sow, consultor senegalés, "no es el sector informal al que hay que modificar, sino al Estado... que será atractivo cuando los impuestos sean utilizados para construir escuelas y hospitales" y no para servir a los intereses de la clase dirigente. Esas desviaciones del Estado patrimonial no son suficientemente tomadas en cuenta por el NEPAD.

Además, el Nuevo Programa favorece una agricultura empresarial e intensiva. Pero en el Sahel, el camino para luchar contra la pobreza y el éxodo rural pasa por la búsqueda de la seguridad alimentaria, que a su vez se basa en la pequeña agricultura familiar. La agricultura capitalista, que requiere grandes propiedades (con irrigación) se ha desarrollado sobre todo en África austral, particularmente en Sudáfrica y en Kenya. Y parece inaplicable para las otras regiones del continente, pues exige una mecanización agrícola que fragilizará aun más el empleo y el tejido social de esas regiones.

Las consecuencias de ese tipo de agricultura son la desaparición de la propiedad colectiva de la tierra, la carrera por el rendimiento, el uso de abonos químicos y el endeudamiento. Una revolución "verde" (revolución tecnológica, el uso de animales de tiro, intensificación) seguida de una verdadera reforma agraria, no está en los planes del NEPAD. Sería más razonable realizar una reforma agraria basada en la equidad y en una justa indemnización (y no en la expropiación-sanción como ocurre en Zimbabwe). Se trata de una medida prioritaria para luchar contra las hambrunas y la dependencia alimentaria del continente.

Contrapoderes ciudadanos

El NEPAD se presenta como una asociación con los países del G8 y las instituciones multilaterales (BM, FMI, OMC). Para "tranquilizar" a esas instituciones y a los inversores, se creó una "institución de control mutuo". Ese mecanismo consiste en que cada país a ser examinado por los otros países habrá de respetar ciertos principios de "buena gestión" de los asuntos públicos: derechos humanos, independencia de las instituciones judiciales, lucha contra la corrupción; en síntesis, sobre la "buena gobernanza" 8. Sólo 15 países sobre 53 aceptaron participar voluntariamente de ese ejercicio, y son los que viven desde hace un cierto tiempo bajo un régimen democrático, como Senegal, Ghana, Nigeria, Kenya o Sudáfrica. Ese sistema tiene la ventaja de movilizar controles "africanos", pero cabe preguntarse si no amenaza con aumentar la sumisión ideológica del continente a los principios neoliberales. Por otra parte, como se basa en un voluntariado poco confiable, el mecanismo carece intrínsecamente de credibilidad.

De allí la necesidad de contrapoderes surgidos de la sociedad civil, expresión de los sin voz. Pero la concepción del NEPAD es tecnocrática. En el comunicado final emitido al término de su encuentro regional dedicado a ese plan, realizado en Dakar en febrero de 2003, asociaciones humanitarias de 15 países de África del Oeste "lamentan no haber sido llamadas a participar en el proceso de concepción, realización y difusión del NEPAD". Dado el papel de redes solidarias y de contrapoderes que esas asociaciones tienen en países como Senegal, algunas de las más representativas -como la Confederación Nacional de Concertación Campesina (CNCR), que reúne a los pequeños productores, y la Unión Nacional de Comerciantes Informales- expresaron su preocupación, teniendo en cuenta que Senegal fue uno de los primeros promotores del proyecto y que en ese país la población que ellas representan produce más del 70% de la riqueza nacional (economía popular y agricultura familiar).

En definitiva, el NEPAD no menciona ninguna de las ambigüedades de la relación con los países desarrollados; no dice una palabra sobre el tema de la deuda, ni tampoco sobre el hecho de que la globalización se apoya exclusivamente en la competencia. De allí la necesidad de una posición común de los países africanos para adoptar un proteccionismo selectivo y, especialmente, luchar contra las subvenciones a la agricultura que mantienen países desarrollados como Estados Unidos y la Unión Europea. Sólo la emergencia de una opinión pública esclarecida (gracias a la libertad de prensa y de opinión) puede garantizar un proyecto de desarrollo que responda a las reales necesidades de África y no a las de las instituciones de Bretton Woods. Como lo enseña el sabio africano Keba M'Baye: "África debe esperar todo, antes que nada... de África..."

  1. David Sogge, "La trampa de la ayuda internacional", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, septiembre de 2004.
  2. Consejo Superior de la Cooperación Internacional, "Las prioridades de la cooperación en el África subsahariana y el Nuevo Programa para el Desarrollo de África", París, abril de 2002.
  3. "Las corrientes de capitales y el crecimiento en África" UNCTAD, Ginebra, 2000.
  4. Los acuerdos de Cotonou.
  5. Demba Moussa Dembélé, "La servidumbre monetaria africana", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2004.
  6. PNUD, Informe sobre el desarrollo humano, Nueva York, 2003.
  7. Sanou M'Baye, "L'Afrique noire face aux pièges du libéralisme", Le Monde diplomatique, París, julio de 2002.
  8. Bernard Cassen, "La gobernanza europea contra la soberanía popular", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2001.
  9. "Pour comprendre le NEPAD", bajo la dirección de Alain Agboton, Les cahiers de l'alternance, Cesti/Fondation Konrad Adenauer, Dakar, Senegal, mayo de 2003.
Autor/es Tom Amadou Seck
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 65 - Noviembre 2004
Páginas:28,29
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Desarrollo, Política internacional
Países Zambia