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Heridas que no cierranLa presencia del presidente Néstor Kirchner en el Tedeum celebrado en la Catedral el 25 de mayo último, pareció confirmar una tregua en las relaciones entre la iglesia católica y el gobierno, encrespadas por la reforma de la Ley Federal de educación. El arzobispo Jorge Bergoglio no se privó de asimilar en su sermón la ley civil a la divina, ni de evocar la necesidad de una “reconciliación”.Las relaciones entre Iglesia y Estado (entendidas como las relaciones entre la cúpula eclesiástica y los gobiernos) son un tema de debate en Argentina desde la Independencia y más claramente desde el período de consolidación del Estado nación en el último cuarto del siglo XIX. A lo largo del siglo XX estas relaciones se complejizaron. Desde el surgimiento del peronismo, en 1945, el tema del "maridaje" entre la Iglesia y el Estado ha pasado por etapas de enamoramiento, de crisis y hasta de "divorcio". Cabe recordar que al idilio inicial del peronismo con la jerarquía católica le siguió una etapa de tensiones crecientes que terminaron con la expulsión de obispos y la excomunión de Juan Domingo Perón. Si bien la crisis entre Perón y la Iglesia ha sido minuciosamente investigada en los últimos años, queda casi inexplorada la subsecuente reconciliación. Durante el gobierno de Carlos Menem las relaciones entre el Vaticano y altos funcionarios del gobierno podrían asimilarse a la desgraciada expresión del canciller Guido Di Tella para referirse a las relaciones de Argentina con Estados Unidos: fueron "carnales". A partir de la llegada al gobierno del presidente Néstor Kirchner, el tema de las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar adquirió una centralidad en la agenda política inédita desde el juicio a las Juntas Militares, en 1985. Así fue como un Episcopado "conservador en lo teológico, aunque abierto en lo social" 1 debió enfrentarse a los cuestionamientos, implícitos o explícitos, acerca de la actuación del cuerpo durante la última dictadura militar. Y es preciso señalar que hoy en Argentina la legitimidad o ilegitimidad de los actores políticos parece centrarse en las actitudes asumidas durante ese período. Así, las responsabilidades, complicidades y formas de la resistencia al terrorismo de Estado aparecen como los criterios por excelencia para debatir cuestiones diversas. Un ejemplo fueron las fuertes tensiones producidas a partir de la polémica entre el ministro de Salud, Ginés González García, y el obispo castrense Juan Antonio Baseotto. Un conflicto que comenzó por temas vinculados a la salud -más precisamente al género-, como los programas escolares de salud reproductiva, la despenalización del aborto y el uso y reparto de preservativos, terminó en una fuerte polémica acerca de las complicidades y los silencios de la cúpula católica respecto de las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura. Asimismo, a los reclamos referentes a la situación social por parte de los obispos, el Presidente de la nación ha respondido hasta hace pocos meses con una toma de distancia respecto del presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio. Los argumentos públicos que justificarían esta distancia refieren también a la denunciada duplicidad de Bergoglio, en ese entonces provincial de la Compañía de Jesús, durante la dictadura 2. DistensiónLos gestos de acercamiento que se fueron dando en 2005 con algunos miembros de la jerarquía católica argentina tuvieron resultados paradójicos. El primero fue la asistencia del Presidente de la nación al Tedéum celebrado por monseñor Juan Carlos Maccarone 3 el 25 de mayo de 2005 en Santiago del Estero, aunque otra línea de interpretación apunta a que Néstor Kirchner eligió otra catedral a la de Buenos Aires y un obispo progresista en lugar de uno cuestionado como Bergoglio. No obstante, el pasado 25 de mayo la oveja presidencial volvió al redil y el Tedéum de la fiesta nacional se realizó en la catedral metropolitana. Según algunas interpretaciones, existe una especie de "menemismo residual" que opera tanto en el Vaticano como en el país y que interfiere en las relaciones entre la Iglesia y el gobierno 4. Esto se puso en evidencia en los desacuerdos entre el Vaticano y el Episcopado en la designación de obispos y en las presiones para el adelanto de la renuncia de monseñor Rafael Rey, actual obispo emérito de Zárate-Campana. Lo que ha sido interpretado como "la reconciliación" entre los presidentes (de la nación, Kirchner, y de la Conferencia Episcopal, Bergoglio) se produjo en un acto de homenaje a los sacerdotes palotinos asesinados durante la dictadura. Así, el tema de las violaciones a los derechos humanos sigue siendo el escenario elegido por el gobierno para lidiar con la Iglesia, tal vez porque ese es el talón de Aquiles de una jerarquía que no logró -y en muchos casos no quiso- defender a su grey de los lobos. La otra IglesiaSin embargo, la Iglesia católica es vivida por muchos como algo que no se circunscribe al clero y sus autoridades. Lo que hemos llamado más arriba el maridaje entre la Iglesia y el Estado ha servido para opacar la otra vida de la Iglesia. La de miles de creyentes que con diversos grados de compromisos y prácticas, con diversas distancias respecto de la Iglesia-institución y sus mandatos, se identifican como católicos. Es allí donde es posible encontrar otra política y otra agenda para entender el pasado y proyectar el futuro de las relaciones entre Iglesia y Estado, a pesar del "doble juego" de la jerarquía. Es preciso recordar algunos cuestionamientos que sectores del catolicismo vienen haciendo hace muchos años. Desde su condición de católico, Emilio Mignone (ver "Nacional-catolicismo y connivencias", pág. 21) criticó intensamente los documentos episcopales 5. Pero sus cuestionamientos no se limitaron al tema de las violaciones a los derechos humanos. Propuso también la separación de la Iglesia y el Estado, la eliminación de las nunciaturas y el carácter estatal del Vaticano. Tanto en 1986 como en 1996, Mignone sostenía que "ha llegado el momento de que el Papa realice sus viajes en su único carácter de pastor universal de la Iglesia católica y no como jefe de Estado". Proponía también suprimir la Secretaría de Culto y el Registro de Cultos, por considerarlos órganos de control y represión por parte del Estado. Prueba de ello es la actitud asumida por la dictadura hacia otros cultos, ilustrada en las recientemente reveladas condiciones carcelarias que debieron sufrir, durante la dictadura, los Testigos de Jehová. Eran considerados "enfermos" como los homosexuales y "subversivos" como los comunistas, porque se negaban a jurar por la patria 6. Yendo más allá, Mignone planteaba que la Iglesia debe discutir libremente la infalibilidad del Papa, que debe realizarse una "revisión de la encíclica Humanae Vitae 7, el diaconado y presbiteriado femenino, el celibato sacerdotal obligatorio en la Iglesia latina y la posición respecto de las personas divorciada y vueltas a casar" 8. En otras palabras, no sólo hubo y hay demandas vinculadas con las visiones más tradicionales de la política -las institucionalistas, centradas en las actividades del Estado-, sino también el planteo de urgencias que amplían la política a las cuestiones de género y de orientación sexual, poniendo en tela de juicio a la estructura misma de la institución eclesiástica. Cabe recordar que en las décadas del sesenta y setenta, cuando la radicalización política en el campo católico llegó a su punto más alto, ni siquiera el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo se animó a cuestionar frontalmente el celibato obligatorio... En otro plano, si bien en los últimos años el Episcopado se ha mostrado más preocupado por la situación social, "nunca se hace visible una Iglesia de los Pobres", en términos de Eduardo de la Serna 9, uno de los principales referentes de los Curas en la Opción Preferencial por los Pobres. Este colectivo acorta las distancias entre sacerdotes y laicos y exige una presencia clara de la Iglesia del lado de los pobres y un alejamiento del poder, un planteo que cuestiona el sostenimiento de la Iglesia por parte del Estado sin la ambigüedad con que lo hace el Episcopado. En una de las críticas más radicales a la actitud del Episcopado durante la dictadura, de la Serna parafrasea el Evangelio según San Lucas, afirmando que "ser pastor es tener la decisión de dar la vida", con lo cual rechaza el argumento del miedo como justificación válida al silencio de los obispos ante los crímenes de la dictadura. Otros grupos, como Católicas por el Derecho a Decidir, también avanzan sobre las concepciones culturales y religiosas vigentes. Este movimiento, que promueve la equidad en las relaciones de género tanto en la sociedad como en la Iglesia, pone sobre el tapete la posibilidad de cuestionar la institución sin renunciar a un sistema de creencias 10. Estos pocos ejemplos, entre muchos, muestran que más allá de las perspectivas estrechas -tanto de los sectores más conservadores del catolicismo como de algunos sectores progresistas no católicos- es posible concebir un catolicismo distinto, de resistencia. Los nombres de la impunidadEl 1 de mayo pasado murió el obispo emérito de Córdoba, cardenal Raúl Francisco Primatesta, quien representó una línea de continuidad en la Iglesia, ya que fue autoridad de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) durante casi treinta años y su presidente durante la última dictadura. Primatesta es una de las figuras más indiscutiblemente implicadas en el silencio de la jerarquía, tanto en la investigación de Mignone como en la de Verbitsky. Fue uno de los más fervientes opositores a cualquier tipo de autocrítica por parte del Episcopado respecto de la actitud colectiva durante la dictadura. El gobierno de Córdoba decretó tres días de duelo provincial por la muerte del cardenal, pero su deceso no tuvo mayores repercusiones. Uno de los pocos obispos que hizo declaraciones fue Justo Laguna, obispo emérito de Morón, quien dijo que Primatesta "era hombre de jugarse poco" y cuestionó su desempeño durante la dictadura militar. Lejos de restringir su crítica al período de la dictadura, el obispo calificó como "lamentable" la acción de Primatesta al frente de la Pastoral Social del Episcopado y recordó que "mucha gente renunció" a participar en ese ámbito bajo su dirección. "De cualquier manera, le rindo un homenaje al cardenal, al que le debo mucho", concluyó 11. Aun cuando se propone ser frontalmente crítico, Laguna no puede evitar la ambigüedad (el "doble juego", en términos de Verbitsky, o el puro y simple oportunismo) del homenaje final. Por su parte, la 91ª Asamblea Plenaria del Episcopado emitió un comunicado acerca de la muerte de Primatesta en el que resalta el papel desempeñado por el cardenal como "uno de los principales inspiradores del documento ‘Iglesia y comunidad nacional'", que en su centro tiene la idea del "perdón" y la "reconciliación", es decir los eufemismos elegidos para abogar por la impunidad. Parecería que la necesidad de la memoria, a la que aludió la Comisión Permanente del Episcopado en marzo pasado, como "fuente de sabiduría, reconciliación y esperanza" no llega tan lejos como para reconocer, en concreto, los propios errores. Si somos "los argentinos", todos, los que debemos arrepentirnos, entonces ahora las que "desaparecen" son las responsabilidades 12. Lo que los obispos -y tal vez los argentinos- deberían advertir es que "la repetición puntual de un mismo relato, sin variación, a lo largo de los años, puede representar no un triunfo de la memoria, sino su derrota" 13.
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