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Desencantados de la política

¿Cuántos jóvenes electores participarán en la elección legislativa del 20 de febrero de 2004? Lo que prevalece en Teherán, en particular en este numeroso sector de la población, es la desilusión respecto del sistema político, lo que hace más pesimista a esta autora.

Noushin, de 22 años, es periodista de Tehran Avenue, un web-magazine cultural muy de moda. Tenía 16 años cuando el 22 de mayo de 1997 Mohammad Jatami ocupó la presidencia, llevado al poder por 20 de los 30 millones de sufragios (sobre un electorado de 33 millones). El movimiento reformista (dovvom-e khordad) estaba fundado en la "sociedad civil", así como en el respeto de la legalidad y la libertad de expresión. Durante su campaña, Jatami había evocado en especial la necesidad de aunar las aspiraciones de los jóvenes y de las mujeres. Los reformistas ganaron después las elecciones municipales y parlamentarias de 1999 y 2000, y la presidencial de junio de 2001 (con más del 77% de los votos).

Desde entonces, subraya Noushin, nada cambió realmente para los jóvenes de Teherán. "El régimen supo utilizar los puntos vulnerables de todos, como la religión, el temor de Dios, la superstición. En la época de mis padres, algunos valoraban la idea del retorno a la tradición, pero la mayoría sentía que había conseguido bastante más de lo esperado. Al crecer, observamos las reacciones de nuestros padres y nos fue aun más difícil que a ellos distinguir el bien y el mal. Inconscientemente, la gente empezó a rechazar en bloque la política, que asociaban con una gran mentira. Y lo que en 1997 era nuevo se volvió fastidioso a falta de cambio".

Noushin reconoce que a medida que iba creciendo se fue interesando "un poco por la política. Pero actualmente, los más jóvenes que yo se desinteresan por completo de ella y condenan a la República Islámica. Nos hemos convertido todos en diplomáticos: jugamos el juego para conseguir lo que queremos".

Antes de los '90, sólo una minoría que iba a estudiar al extranjero tenía contacto con Occidente. Pero éste llegó masivamente vía antena parabólica e internet, influyendo así en la juventud. "Para nosotros, Estados Unidos simboliza la libertad -agrega Noushin-. Todo el mundo quiere ir a vivir allá, o al menos, ir a divertirse. Llegamos a imaginar que allá el racismo no existe y que los dirigentes no son impuestos. Además, nos aceptan mejor que en Europa, donde nos sentimos extranjeros".

En la calle, el café es el principal lugar de encuentro, donde jóvenes de ambos sexos pueden reunirse libremente fuera de casa, en pareja o en grupo. "Eso sucede sólo en Teherán", aclara Behrang, con expresión sombría: fue reprobado en el examen de ingreso a la Universidad de Teherán y actualmente realiza sus estudios de veterinaria en Tabriz 1.

Nuevas generaciones

Los guardianes del orden islámico, en especial los basiji, están menos tensos desde hace dos años. Los jóvenes que se consideran cool llevan el pelo largo; las chicas rechazan el límite de la vestimenta islámica: pantalón, manto por encima y velo. El negro se reserva para el chador, pero es también el color preferido de estas jovencitas, que prefieren el manto corto y ceñido al cuerpo.

En los alrededores del centro de la ciudad, en la avenida Motahari, una joven encaramada sobre unos zapatos de taco alto, anaranjados y brillantes, ostenta un bolso anaranjado, un velo anaranjado (reducido al estricto mínimo) y el manto más corto que se pueda imaginar, que le cubre apenas el trasero. Sin olvidar el lápiz de labios anaranjado brillante al tono. El desafío personificado.

No muy lejos, en el parque de Laleh, cuatro jóvenes tocan la guitarra este viernes de invierno soleado. Cerca de ellos, una linda jovencita se desliza, exquisitamente, sobre unos rollers. Karina tiene 22 años y es armenia. Estudió contabilidad en un liceo profesional y consiguió un trabajo de oficina. Lleva un manto corto, ajustado, y una bufanda azul intenso que deja escapar unos brillantes bucles rojizos que le llegan casi a la cintura.

"En el parque, sólo hay policías encargados de los parques, no basiji -precisa-. En otros lugares, las musulmanas salen con ropa mucho más ajustada que la nuestra". Después agrega: "La vida es aburrida acá: no hay nada para hacer, ningún lugar adonde ir. A mí no me gusta el cine: todas las películas son sobre la vida real y yo ya estoy harta de ella". Un poco más allá, hay grupos de jóvenes sentados en torno a las mesas, las chicas juntas, frente a los muchachos. En otra parte, algunas parejitas se dan la mano apaciblemente en los bancos del parque.

Pero lo que realmente anima a Teherán son las fiestas disco organizadas en las casas, a veces con alcohol, en los hogares no tradicionales. Noushin las considera "únicas": "Eso se da en los grupos sociales fuertes, de personas que tienen una cierta intimidad entre ellas". Y cuentan con seguridad, están protegidos de toda intrusión externa.

Maryam, de 14 años, todavía escolar, adora los cafés, las pizzerías, los bares donde se comen hamburguesas, y por supuesto, las fiestas. Sus amigas y ella inventaron su propio vocabulario 2: cool se dice "más"; moderno, "Titanic"; clase, "ba-klass"; chicas de entre 10 y 14, "finches"; policías "cactus"; agentes secretos, "palomos", y así sucesivamente. A ella le gusta sobre todo Arian, primer grupo pop iraní y gran éxito comercial (vendieron más de medio millón de ejemplares de sus dos álbumes, en CD y video). Su originalidad: tres cantantes con hijabs color crema, que desafían así la segregación y abren un nuevo espacio de ensoñación para las jóvenes iraníes.

Esa música comercial es por lo demás un tanto despreciada por los supercool que dirigen Tehran Avenue y organizan competencias de música clandestina entre grupos experimentales (pop, rock, fusión) que rara vez se presentan en vivo. Los organizadores no ignoran que las autoridades los siguen de cerca pero, como se dirigen a marginales, no los molestan demasiado.

Cuanto más alternativa es una publicación, y por consiguiente más reducido su público, menos peligro hay. El sitio web de Tehran Avenue 3 (en persa pero también en inglés, para la segunda generación de iraníes expatriados) cuenta, de un modo a veces irreverente, lo que pasa en Teherán: cine, teatro, exposiciones, conciertos. También pone artículos en línea: uno describe a un equipo de jugadoras de fútbol de Teherán (que llevan hijabs negros sobre la camiseta rojo vivo), el otro habla de la sexualidad, del sida, e interroga al propietario de una tienda de preservativos (legales y disponibles).

Presencia religiosa

Noushin distingue dos generaciones entre los jóvenes de Teherán: "Los mayores -23 a 30 años- parecen valorar el carácter sagrado del sexo como algo que debe practicarse por amor, en forma duradera, algo serio. Los menores de 23 años, por el contrario, viven el momento presente y para ellos nada es sagrado, ni siquiera el sexo. Es simplemente algo que ocurre, algo temporario. Para estos chicos que crecieron juntos, la virginidad ya no parece tan importante".

Incluso para las "parejas serias", la vida es complicada. Shirin, de 24 años, fotógrafa exitosa, explica: "Podemos ir juntos al cine y al café, pero una no puede irse de viaje con su novio o llevarlo a lo de sus padres. Entonces tenemos que casarnos obligatoriamente". Por más que Irán cuente con un sistema bastante simple de "matrimonio provisorio", esta práctica es bastante cuestionada. Shirin y su noviecito debieron pues casarse, aunque no puedan permitirse comprar una casa "porque el casamiento es la condición para vivir de a dos en este país. Nuestra identidad sigue girando alrededor de la familia, y esto no concierne sólo a nuestros padres, sino a nuestras familias en sentido amplio".

Shahrzad, de 25 años, viene de Shiraz y trabaja en publicidad en Teherán. Es una de las pocas mujeres jóvenes que viven solas y tienen su departamento propio. "Es duro -confiesa-. Mis vecinos vigilan todo el tiempo mis movimientos y se permiten criticar mis relaciones".

El doctor Mohammad Sanati, profesor de psiquiatría de la Universidad de Teherán, que coordina veinticinco grupos de terapia (de 12 a 15 personas cada uno), compuestos en su mayoría por jóvenes, confirma estos hechos. Según él, menos de la mitad de ellos siguen interesados en la política y el 10% está muy enojado. Es el caso de Yassin, miembro de la Unión Sindical de Estudiantes hasta que lo expulsaron de la Universidad: "Ya la política no se toma en serio como cuando Jatami llegó al poder. Sólo el 10% de los estudiantes sigue considerándose radical".

En contrapartida, siempre según el doctor Sanati, muchos jóvenes son religiosos. Todos coinciden en decir que en distintos grados la religión está presente en el seno de todas las familias, por tradición. Pero los jóvenes que han rechazado el sistema de valores de sus padres se vuelcan a la religión por propia voluntad. Un joven puede hacer por ejemplo una peregrinación a Mashad llevando una cadena de oro alrededor del cuello (desafiando así la regla según la cual los hombres sólo pueden llevar plata). Es bueno descubrir otras culturas y estructurar uno mismo su propia espiritualidad. En suma, si bien los jóvenes de Teherán se apartaron sin duda de los valores tradicionales y de la política islámica, no todos rechazaron la religión, y menos aun la fe. 

  1. En 2003, la proporción de vacantes universitarias otorgadas a las mujeres en Irán llegó al 63% contra un 37% para los hombres.
  2. Publicado en un diccionario de bolsillo por Nashre Markaz, Teherán, 2003.
  3. www.tehranavenue.com
Autor/es Wendy Kristianasen
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 56 - Febrero 2004
Páginas:25
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Sociología, Estado (Política)
Países Irán