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La dictadura chilena reconoce sus crímenes

Las abrumadoras evidencias de que el general Augusto Pinochet y sus allegados han cometido graves actos de corrupción han precipitado el mea culpa del ejército (no así aún de la marina y la aeronáutica) y la división en las filas de la derecha respecto de las graves violaciones a los derechos humanos. Estremecedor testimonio de una periodista del diario El Mercurio, que apoyó al régimen militar.

"Cada uno lucha ferozmente
por su vida, su pobre vida
desesperada y animal.

Y esta vida merece a sus ojos que deban sacrificárseles todas las otra vidas.

Esta muerte moral, este escarnio de cualquier noción de solidaridad,

este olvido de la dignidad humana, es mucho más triste que la muerte física."

 

Luciana Nissim Momigliano

 

Nosotros. La voz de nuestros torturadores en los locales de la policía secreta del general Pinochet. Su tono perentorio y grosero. El miedo. La vergüenza de tener que quitarse la ropa y permanecer desnudo durante muchas horas por día, con los ojos vendados, delante de un grupo de desconocidos que se encarnizan, insultan, muelen a palos, martirizan nuestros testículos a fuerza de descargas eléctricas.

Y yo... ¿Qué me reprochaban esos desconocidos? Haber escrito que la represión apuntaba a periodistas, juristas, hombres políticos, estudiantes, niños de la calle y campesinos. Que el carácter sistemático de las violaciones de los derechos humanos impedía el desarrollo de todo tipo de vida comunitaria o cooperativa, tanto en la ciudad como en el campo. Que las personas detenidas sufrían a menudo tortura en manos de soldados sin formación e incapaces de efectuar un interrogatorio. Que era frecuente que se recurriera a violentas bofetadas sobre las orejas que podían provocar la perforación del tímpano, a los bastonazos, a la ligadura de los tobillos alrededor de un palo y a otros horrores. Y sobre todo haber revelado la existencia de "una sepultura donde los cadáveres de personas muertas a tiros tenían las manos atadas en la espalda".

Tener la suerte de sobrevivir. Respirar el nauseabundo olor de una prisión después de soportar tanta violencia puede parecer un regalo. Más tarde parecerá aberrante haber quedado con vida, y sobre todo injusto para con todos los compañeros muertos en la resistencia...

Durante mucho tiempo los jefes del ejército sostuvieron que las torturas, desapariciones y asesinatos cometidos bajo la dictadura se explicaban como "excesos" que correspondían a "responsabilidades individuales". Así, en 1999, el general Ricardo Izurieta, quien sucedió al general Augusto Pinochet en el mando de las fuerzas armadas, expresaba: "Sería falso decir que durante el régimen militar nadie cometió errores, pero pensar que hubo una política institucionalizada de violación a los derechos humanos es modificar la realidad".

 El fin de una visión

 Hubo que esperar hasta el 5 de noviembre de 2004, más de treinta y un años después del golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende, para que se produjera un espectacular viraje 1. En un documento oficial titulado "Ejército chileno: el fin de una visión", el general Juan Emilio Cheyre, comandante en jefe del ejército, anunció: "El ejército chileno tomó la dura pero irreversible decisión de asumir las responsabilidades que le corresponden como institución en los hechos condenables y moralmente inaceptables del pasado". A su vez, el 28 de ese mismo mes, el gobierno del presidente socialista Ricardo Lagos hacía público el informe de la "Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura" que él mismo había ordenado crear. El abrumador documento acerca de los arrestos ilegales y las salvajes torturas practicadas por los agentes del régimen militar durante los 17 años de dictadura (1973-1990) confirma la culpabilidad del general Pinochet en 3.000 asesinatos y desapariciones, así como en 35.000 casos de tortura; el informe registra los nombres confirmados de 28.000 víctimas. Fueron catalogados más de 800 centros de detención y tortura y más de 3.600 torturadores.

Encontrar el propio nombre escrito en esa larga lista de personas torturadas pone la carne de gallina, porque sin reconocimiento no hay reparación y sin reparación es imposible vivir en paz: algunos sobrevivientes del genocidio nazi -como Primo Levi-, al no poder superar su traumatismo, terminaron por suicidarse. Al reconocer por fin sus crímenes, el "enemigo" de ayer permite que se vaya mitigando el dolor, la humillación de sus antiguas víctimas.

El general Cheyre afirma que los crímenes de la dictadura no tienen justificación, a pesar del contexto de confrontación política que se vivía en Chile en esa época. Según él, el ejército chileno no pudo escapar al "torbellino sin nombre" de la Guerra Fría. El general pregunta: "¿El argumento de conflicto mundial justifica los atentados contra los derechos humanos que tuvieron lugar en Chile? Mi respuesta es contundente: no. Nunca nada ni nadie puede justificar las violaciones de los derechos humanos".

Esta toma de posición se produce cuando los tribunales chilenos juzgan a 161 militares acusados de violación a los derechos de la persona. El propio ex dictador Augusto Pinochet es cuestionado por sus responsabilidades. El juez Juan Guzmán Tapia decidió querellarlo, fundándose en el peritaje médico y psicológico que se ordenó para determinar si el anciano general, que el último 25 de noviembre festejó sus 89 años, podía ser juzgado. En 2002 una "leve demencia subcortical" provocada por microhemorragias le había permitido eludir un primer proceso por la desaparición y asesinato de opositores políticos. Esta vez, la más alta jurisdicción chilena -la Corte Suprema de Justicia- ratificó las decisiones del juez Guzmán: la inculpación de Pinochet por un homicidio y nueve secuestros perpetrados en el marco de la operación Cóndor 2, un programa conjunto de las dictaduras sudamericanas que durante las décadas de 1970 y 1980 estaba destinado a eliminar a sus opositores.

Por primera vez antiguos colaboradores civiles y militares del general toman distancia con respecto al que fuera su jefe. Mucho más que la puesta al día de las violaciones a los derechos humanos, lo que provocó una desbandada en sus filas fue el reconocimiento, en julio de 2004, de la existencia de fondos secretos del ex dictador depositados en el Riggs Bank de Washington. Guiño o efecto bumerán de la Historia, el golpe de gracia vino de Estados Unidos, el ex aliado, cuando una comisión del Senado hizo pública una inspección de la Oficina de Control de la Moneda. En el marco de la Patriot Act, de la lucha contra el terrorismo (¡no el de Estado!) y del endurecimiento de la legislación sobre el lavado de dinero sucio, esta institución se interesó en el Riggs Bank y comprobó la ausencia de documentos que justificaran las sumas depositadas por el general Pinochet, así como las transferencias realizadas por su cuenta entre Estados Unidos, España, el Reino Unido y Chile con ayuda de dos sociedades instrumentales (encubridoras) instaladas en Bahamas 3.

Las sumas en poder del ex dictador -que podrían superar los 16 millones de dólares depositados en Londres, Washington y Miami- provocaron en Chile otra investigación judicial. Y esos nuevos cargos destruyeron la imagen de probidad de la que gozaba el régimen militar. Especialmente en el seno del ejército, cuya "visión" de la dictadura representa un increíble repudio al dictador.

 Impresionante autocrítica

Ricardo Lagos calificó al documento del general Cheyre de "paso histórico" y explicó que esta clara condena del ejército a las violaciones de los derechos humanos lo llenaba "de orgullo y satisfacción, en su carácter de Presidente de Chile". Sin embargo, la nueva orientación del general Cheyre no es unánime en el seno de las Fuerzas Armadas. Así, el almirante Miguel Ángel Vergara, comandante en jefe de la marina, el de la fuerza aérea, general Osvaldo Saravia, y el de los carabineros, general Alberto Cienfuegos Becerra, se rehusan a reconocer la responsabilidad colectiva de sus instituciones en los crímenes perpetrados durante la dictadura. El general Manuel Contreras, ex jefe de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional, policía secreta de Pinochet), incluso acusó al general Cheyre de "traición", aunque es cierto que acaba de ser condenado, junto con sus colaboradores más cercanos, a fuertes penas de prisión por el asesinato de opositores políticos.

A la inversa, la asociación de ex prisioneros políticos denunció el carácter "incompleto e insuficiente" del informe gubernamental sobre los derechos humanos y declaró que "no satisfacía sus expectativas de verdad, justicia y reparación integral". Según ella, las 35.000 personas citadas en el expediente "apenas representarían el 10% de las víctimas de los secuestros" y anuncia "la publicación del nombre de los torturadores contra quienes pronto se presentaría una serie de acusaciones ante los tribunales". La asociación lamenta también que "el carácter confidencial que la ley garantiza (a los torturadores) por 50 años no contribuye a establecer toda la verdad y consagra la existencia de la impunidad". Y ni hablar de las indemnizaciones acordadas a las víctimas (130 dólares mensuales), a las que califica de "irrisorias". La declaración agrega: "Es vergonzoso que este Estado otorgue una indemnización ‘anti-estrés' a los militares torturadores y (...) acuerde a las Fuerzas Armadas el 10% de los ingresos provenientes de las ventas de cobre 4, a pesar de conocer la situación de las víctimas y los estragos socioeconómicos que el modelo neoliberal provoca en los sectores más pobres de la población chilena".

Las dictaduras se alimentan con el miedo que siembran. La del general Pinochet atormenta aún, a pesar de todo, a los chilenos; conviene estar atentos. El escritor y dirigente comunista Volodia Teitelboim afirma: "Los pinochetistas ambicionan siempre reconquistar el poder". Alude a Joaquín Lavín, ex alto funcionario del gobierno de Pinochet, quien obtuvo cerca del 49% de los votos en las elecciones presidenciales de 2000 y que acaba de presentarse como candidato para las presidenciales de diciembre de 2005. No obstante, con la presentación del explosivo informe de la Comisión sobre Prisión Política y Tortura que permite a Chile enfrentar su pasado, el presidente Lagos dio pruebas de un coraje político que podría cambiar el resultado en la perspectiva de este próximo comicio.

Sin dudas es demasiado pronto para afirmar que la reconciliación entre chilenos comenzó realmente 5. Pero el signo más evocador del nuevo "clima" de Chile es el ejemplar remordimiento de la periodista chilena María Angélica de Luigi, una de las mejores plumas del gran diario El Mercurio, el más ardiente adversario del régimen de Salvador Allende. Acaba de publicar un impresionante mea culpa:

"Lo siento. Mi tiempo ha estado dentro del tiempo de los otros, como perra al mediodía en el Paseo Ahumada. Yo solo me estiré al sol, remoloneando, entre los zapatos que perseguían y los zapatos que arrancaban por Huérfanos, por Pudahuel y La Victoria. Soñaba lo normal: ternuras, erotismos, una casita, un buen colegio para el hijo. Mientras Mónica González, Patricia Verdugo, la Camus, la Monckeberg, la dulce y angustiada Elena Gaete, del Apsi, arriesgaban la vida, yo me daba gustos de perra fina bajo los aleros de El Mercurio. Gustitos: escribir bien, forzar preguntas inteligentes, poner en aprietos, colar entrelíneas sofisticadas. ¿Alguien planteó en alguna pauta en El Mercurio que había que hacer un reportaje a los cuarteles de la DINA? Yo tampoco. No puedo culpar a nadie. Nunca se me censuró. Perra.

Mientras a otras chilenas les rompían la vagina con animales, botellas, electricidad, les daban puñetazos y mataban a sus hijos y padres, yo le leía cuentos a mi hijo, pololeaba 6, iba a las cabañas de los periodistas en El Tabo, usaba suecos y minifalda, carreteaba, ¿era feliz? Lo siento.

Yo estuve entre los buenos y entre los malos de la Guerra Fría de Cheyre. Entre los malos: me conmovió Allende, su discurso social, la reivindicación del pobre, el vino tinto y la empanada. Trabajé por él, voté por él, estuve en la Alameda con pancarta para defender su triunfo después del asesinato de Schneider.

Entre los buenos: mandé a la mierda a los compañeros del CUP cuando se convirtieron en camarilla para perseguir periodistas, censurar informaciones y amenazar con matar al momiaje. ¿Te acuerdas, comadre, el cachetón que te mandé por ser tan resentida y odiosa?

Pero tú sí que te acuerdas, pelao Carmona, donde estés, de esa conversación sofocante en un sillón del viejo Congreso en 1973: ‘Angélica, lo que se viene es un gorilazo, aquí se viene la CIA con todo, va a ser un baño de sangre'. Y yo: ‘Ya estai con tu paranoia del imperialismo y la custión, pelao'. Y después te encontré en un párrafo de crónica, ametrallado en una calle de Santiago. Güevona.

Pelao, te juro, si ahora tuviera la oportunidad de vivir todo de nuevo, me gustaría figurar entre tus malos. Lo siento.

¿Qué valor tiene decir ‘lo siento', así, al voleo? Pedir perdón a todos, a nadie.

Prefiero personificar: te pido perdón a ti, periodista Olivia Mora, que cuando naciste traías una bandera de Allende, que fuiste izquierdista de alma, que te la jugaste y nunca fuiste sectaria, que nunca quisiste matar a nadie sino hacer justicia social. Perdona por lo que tuviste que sufrir en el Estadio Nacional, en el exilio, con el asesinato de tu primer marido, el Pepe Carrasco (amigo loco que creíste en mí como periodista).

Y, Olivia, perdona por no haber hecho nada para cortar la cadena de horror que se llevó a uno de tus hijos. Fui una perra.

Güevona."

  1. Tomás Moulian, "Compañero presidente Salvador Allende", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, septiembre de 2003.
  2. El general Pinochet podría también ser juzgado por contumacia en París. Según William Bourdon, uno de los abogados de las familias de franceses desaparecidos en Chile -René Chanfreau, Etienne Pesle, Georges Klein y Jean-Yves Claudet-Fernández- sería "inminente" su remisión ante un Tribunal Criminal. El 15 de octubre de 2004 las autoridades del Tribunal de Primera Instancia de París cerraron definitivamente el caso.
  3. Para evitar un proceso por las cuentas secretas del ex general, el Riggs Bank aceptó entregar alrededor de 6,9 millones de euros a las víctimas de la dictadura.
  4. Desde el comienzo de la dictadura el general Pinochet otorgó a los militares este diezmo del 10%. Chile es el primer productor mundial de cobre.
  5. El 29 de noviembre de 2004, a pedido de Interpol de Chile, Sergio Galvarino Apablaza Guerra -el "Comandante Salvador"- fue arrestado en Argentina. Este dirigente del Frente Patriótico Miguel Rodríguez está acusado de ser el "actor intelectual" del asesinato de Jaime Guzmán, un senador de extrema derecha estrecho colaborador de la dictadura. El 28 de diciembre la Suprema Corte de Chile ratificó su demanda de extradición.
  6. "Pololear": "noviar" en lenguaje popular chileno. Más adelante "momiaje", por "momios", partidarios de Augusto Pinochet. 
Autor/es José Maldavsky
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 70 - Abril 2005
Páginas:22,23
Traducción Teresa Garufi
Temas Militares, Genocidio, Ultraderecha, Derechos Humanos
Países Chile