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Recuadros:

Bandung o la era de la descolonización

La conferencia celebrada en abril de 1955 en la ciudad indonesia de Bandung reunió a más de mil representantes de cincuenta Estados y de treinta movimientos de resistencia anticolonial en torno al denominador común de la descolonización afroasiática. Matriz del concepto de Tercer Mundo, sigue siendo un hito histórico más allá de la decepción que el desarrollo histórico depararía a las expectativas tercermundistas.

Es muy posible que para la mayoría de los jóvenes nacidos en tiempos de la Guerra Fría (1949-1989) y de la estructuración del imperio estadounidense, la palabra "Bandung" ya no signifique gran cosa, y que el nombre de esa bonita estación climática de Java, en Indonesia, suene como el de alguna conferencia o batalla olvidada como Yalta (1945) y Dien Bien Phu (1954). Pero para muchos de quienes surcábamos el mundo bolígrafo en mano y con alguna visa vencida o falsificada en el bolsillo, durante dos o tres décadas ese nombre significó mucho, y en cierto modo simbolizó una época: la edad de cierta descolonización, del retroceso de los imperios por vías distintas a la guerra total, y una posible reinvención del mundo.

Si considerando la segunda parte del siglo XX, hubiera que elegir una decena de fechas o acontecimientos representativos de un cambio de rumbo en el curso de la historia, entre la muerte de Stalin en 1953, que puso término a la fase belicosa del comunismo, y la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989, que marcó el fin de la Guerra Fría, pasando por la paz de Ginebra en 1954 (fin de la guerra francesa de Indochina), la crisis cubana de los misiles en 1963 que hizo temer una guerra nuclear, la explosión de la bomba H china en 1967, la derrota de Estados Unidos en Saigón en 1975, y el surgimiento, con el ayatollah Jomeini, del islam combatiente en 1979, deberíamos retener también esos pocos días del mes de abril de 1955 cuando en Bandung, a una hora de avión de Yakarta, más de la mitad de la humanidad se vio representada en un concilio que proclamó el fin de la era colonial y la emancipación del hombre de color, de Asia o de África.

 El tercermundismo

 Es difícil hacerse hoy una idea de la repercusión de esa "conferencia del fin del mundo", que reunió a los representantes de una amplia fracción del género humano (mucho más amplia que en Versalles en 1919 o incluso que en Yalta en 1945). No porque haya cambiado la faz de la Tierra, ni porque haya hecho progresar mucho la emancipación de los africanos, sino porque se asemejó a unos Estados Generales del planeta, una suerte de 1789 de la humanidad.

Léopold Sédar Senghor 1 se refirió a ella como a una gigantesca "puesta en libertad". Citando a Electra, de Jean Giraudoux, el geógrafo Yves Lacoste afirmó que Bandung "se llama la Aurora". Y es en relación a este acontecimiento que el economista Alfred Sauvy inventaría la expresión "Tercer Mundo", cuya paternidad a menudo se atribuye al etnólogo Georges Balandier, quien fue en realidad su editor, y según creo, la había utilizado ya en mi presencia.

Refiriéndose a los inicios de la Revolución Francesa y al famoso texto de Emmanuel Joseph Sieyès ("¿Qué es el Tercer Estado? Todo. ¿Qué ha sido hasta el presente en el orden político? Nada. ¿Qué pide? Convertirse en algo") 2, Sauvy designaba como "Tercer Mundo" al conjunto de los pueblos de Asia y África que, no perteneciendo a la "nobleza" europea ni a la elite estadounidense, poseían una parte enorme de los recursos humanos y materiales del planeta y pretendían que los dos "mundos", capitalista y comunista, lo reconocieran.

Este concepto, ampliamente adoptado por cierto liberalismo esclarecido, en todo caso por las diversas corrientes de la socialdemocracia, sería rápidamente denunciado como una escapatoria, un concepto "chicle" por los militantes revolucionarios de un "afro-asiatismo" que no podría posicionarse equidistante entre el capitalismo y el marxismo-leninismo. ¿No eran disociables ambos proletariados, el de los obreros y el de los colonizados ?

Por lo demás, no hay que confundir el "tercermundismo" tal como emergió de Bandung ("resurrección" de los colonizados, conducidos sin embargo por hombres como Chou En-lai 3, primer ministro de China comunista), con "no-alineamiento", estrategia que fue objeto, seis años después, en septiembre de 1961 en Belgrado, en el entorno del mariscal Tito, de una conferencia que, independientemente de la cuestión colonial, apuntaba a coordinar los comportamientos de los diversos Estados 4 alérgicos a los alineamientos tanto atlántico como soviético.

La conferencia de Bandung, en cuyas sesiones participaban destacados aliados de Occidente -srilanqueses (en ese momento se seguía diciendo cingaleses), pakistaníes, turcos, iraquíes-, ponía de manifiesto el fin de la era colonial. En cambio, la de Belgrado, seis años después, era una apología de la neutralidad o más bien del "no-alineamiento".

En la primavera de 1954 los cinco Estados del "grupo de Colombo" -India, Pakistán, Sri-Lanka (en la época Ceilán), Birmania e Indonesia- habían tomado la iniciativa de la conferencia asiático-africana (así se decía) en la pequeña ciudad javanesa de Bandung, que había sido puesta a disposición de los congresistas por el presidente de Indonesia Ahmad Sukarno 5. El éxito de la iniciativa superó las expectativas de los organizadores: más de mil representantes de cincuenta Estados y de treinta movimientos de resistencia (anticolonial), entre ellos el Frente de Liberación Nacional (FLN) de Argelia, el Néo-Destour de Túnez y el Istiqlal de Marruecos -estos dos últimos países accederían a la independencia sólo en 1956-, se precipitaron hacia Bandung, la estación montañesa de Java, y fueron muy bien recibidos por las autoridades indonesias, cuya acogida y organización fueron masivamente alabadas.

 China vs proestadounidenses

 Los mismos que en un primer momento habían preferido burlarse de esa "gigantesca jamboree" afro-asiática leyeron pronto, sorprendidos, el reportaje del enviado especial de Le Monde, el muy perspicaz -y moderado- Robert Guillain: " Sobre esta conferencia, ya se escribe en Europa y Estados Unidos que es la conferencia de la rebelión, rebelión asiática y africana, rebelión antiblanca. Realmente creo que no se trata de eso. Se trata de una rebelión que, vista de cerca, no parece tan violenta, se trata de rebeldes más suavizados de lo que se piensa. ¿Quiere decir que no hay que tomar en serio la conferencia ? En serio sí, pero no a la tremenda. Esta fiesta en pardo, amarillo y negro, donde las caras blancas están ausentes, es un acontecimiento muy de nuestra época... Pero es precisamente una fiesta mucho más que un complot. Y hay que decir en favor de estos inventores indonesios que fue así como entendieron la reunión. Registremos esto al menos en el punto de partida: la conferencia afro-asiática asegura, a través de sus organizadores, que no quiere ser un agrupamiento racial, una máquina de guerra contra Occidente, un comienzo de bloque anti-blanco". 6

El leitmotiv de casi todos los corresponsales durante esos siete días de concertación será la referencia a un sorprendente deseo, menos de "moderación" que de "unidad", y de una especie de Sociedad de las Naciones afro-asiática. Estos "condenados de la tierra", ¿no soñarán más con el paraíso que con la revancha ?

No es que todos los invitados de Ahmad Sukarno, entre ellos Jawaharlal Nehru, el muy prestigioso primer ministro de India, participen de un espíritu de serena neutralidad. Después de todo, el segundo personaje dominante de la conferencia es el primer ministro de la Revolución China, que todavía no se denomina cultural y no ha tomado aún distancia (al menos pública) respecto de Moscú y los pos-estalinistas, pero que hace tan sólo dos años había concluido la guerra de Corea y apoya audazmente a Vietnam del Norte, representado aquí por Pham Van Dong, en contra de Washington. Junto a ellos surge, en pleno viraje hacia la izquierda, el egipcio Gamal Abdel Nasser, a quien rápidamente se une Hocine Aít Ahmed, uno de los jefes históricos de la insurrección argelina iniciada el 1º de noviembre de 1954.

Frente a ellos, la facción "pro-estadounidense" está ruidosamente representada por los turcos, los iraquíes del pacto de Bagdad 7, los pakistaníes, los cingaleses, que en los primeros días intentarán denunciar toda forma de influencia marxista a uno y otro lado del canal de Suez. Uno de los pocos incidentes de esta apacible conferencia será provocado incluso por un intento de denuncia del colonialismo soviético. Pero en términos generales, el clima se mantuvo sereno, negándose los portavoces de los grandes Estados (para gran decepción de algún maghrebí, como el tunecino Salah Ben Yussef) a hacer de la conferencia un tribunal donde comparecería la Francia africana, mucho menos protegida entonces que su rival británica contra las campañas anti-colonialistas.

Originalmente, el que había aparecido como el padre o inventor de la conferencia fue Nehru, considerado no sólo por sus amigos británicos sino por Estados Unidos y Francia como el garante de una relativa moderación, dado que evitaba los desbordes furiosos y los más violentos procesos anti-colonialistas; pero el papel dominante fue pronto acaparado por Chou En-lai, primer ministro chino, que se impuso como el pivote (y animador) de la conferencia. Al igual que diez meses antes, en Ginebra, en ocasión de la conferencia indochina, Chou En-lai se erigió en gran diplomático moderador, virtuoso del compromiso y pródigo en sonrisas.

Todos los testigos de Bandung lo refieren: el compañero más cercano de Mao se impuso desde las primeras horas como el director del juego, dando el tono y proponiendo las ideas. Las cuales, descontando una o dos excepciones, podrían resumirse en un principio: la ideología no debería inspirar los comportamientos de ese congreso multiforme y pluriétnico, que no apuntaba más que a disolver el colonialismo en un inmenso baño de paz.

Un incidente marcó sin embargo esta sinfonía consensual, no perturbada ni por los requerimientos anti-colonialistas de los maghrebíes, ni por la acusación bastante retórica de Israel por parte del coronel Nasser y sus colegas sirios y libios. El incidente fue provocado por la "facción proestadounidense" -más precisamente por el primer ministro cingalés, Sir John Kowetawala- quien conminó al congreso a que no se dejara acaparar por la denuncia exclusiva del viejo colonialismo de tipo franco-británico y que se movilizara en igual medida contra el nuevo, ese que la Unión Soviética habría impuesto a Europa Oriental...

Ola de indignación casi general... Varios delegados, entre ellos tres portavoces del mundo árabe, se alzaron para declarar que se trataba de una provocación, que la conferencia no se había reunido para "escuchar la propaganda del señor John Foster Dulles" (el secretario de Estado de Estados Unidos, que ya hablaba de la "lucha del Bien contra el Mal") y que además, como se trataba de una conferencia afro-asiática, "la acusación estaba fuera de tema". Sir John se dio por contestado, no sin saber que esta algarada le valdría felicitaciones y créditos en algún lado...

Naturalmente, Chou En-lai había unido su voz a las de quienes denunciaban la pifia del cingalés. Pero cuando se levantó la sesión, se lo vio concertar con Sir John Kowetawala quien informaría, no sin satisfacción, que el chino le había dado a entender que "había cosas interesantes en su intervención..." El maestro de la diplomacia china no se contentó con colocar así algunos jalones con vistas al desarrollo de la estrategia antisoviética, que estallaría diez años después. Respecto a la isla de Formosa (actual Taiwán), el diplomático inició una maniobra dirigida a Estados Unidos, que anunciaba la que tomaría forma con Henri Kissinger, respecto a Vietnam, a principios de los años '70. Esta maniobra se tornó aun más relevante porque se produjo al cuarto día, cuando la conferencia parecía languidecer.

Chou En-lai la reanimó dando a entender que la cuestión de Taiwán podía arreglarse de modo pacífico, en particular mediante la neutralización de la zona, donde por otra parte estaba programada la evacuación de los islotes Quemoy y Matsu por las fuerzas estadounidenses. Bastaría que Washington cediera un poco en su obstinación de dar apoyo personal a Chang Kai-Shek 8 para que pudiera encararse una solución pacífica del problema de la gran isla.

Si bien esta sugerencia hizo que circulara un soplo alentador por el auditorio, fue sencillamente ignorada por sus destinatarios antes de ser favorablemente comentada en Londres y París. Los servicios de John Foster Dulles no quisieron ver en ella más que una trampa. Cosa que tal vez fuera cierta. Pero a fuerza de no ver sino garras en las manos tendidas, los estrategas estadounidenses se labraban un futuro amargo.

El hecho era indudable: escuchado por Washington o no, el jefe de la diplomacia china se había impuesto como el director del juego de la conferencia que agrupaba a los representantes de cerca de dos tercios de la humanidad. Por su buena disposición, tanto como por sus actuaciones oficiales, por su moderación formal tanto como por el manejo del lenguaje de la paz, el compañero de Mao Tse-Tung había abierto una vía regia a la diplomacia china, sin comprometerse demasiado con el apoyo a Vietnam del Norte que, un año después del reparto de Ginebra, aún no había iniciado su gran operativo de recuperación del Sur. Operativo cuyo éxito el chino no tenía mucho apuro en ver materializado. Tal como François Mauriac con Alemania, Chou En-lai amaba tanto a Vietnam que prefería que hubiera dos...

 Reafirmación de Nasser

 Cuando se leen hoy las actas de la conferencia de Bandung, impacta lo vago, por no decir lo hueco de esos intercambios. Tanto como su mesura. Quienes más tarde leerían los reportajes consagrados a los debates de la Tricontinental 9 no dejarían de compararlos con los de Bandung, para señalar que entre una y otra los descolonizados y otros "dominados" se habían forjado un militantismo más vehemente. Los historiadores podrían dedicarse al estudio de ciertos paralelismos entre el cambio de tono entre los Constituyentes franceses de 1791 y los Convencionales de 1794 por un lado, y por el otro la dinamización de los discursos de 1955 a 1965...

Ausente de Bandung porque mi oficio de corresponsal me retenía en ese momento en El Cairo, no puedo expresarme como testigo de esa enorme "Convención" de los pueblos colonizados (es preciso no olvidar que diez años antes India era aún una colonia de Su Majestad, y que la Revolución China había triunfado sólo en 1949, es decir, seis años antes...). Para no hablar del todavía dividido Vietnam, ni de Corea, humeante aún, de la Indonesia militarizada, ni de la pobre Birmania...

Pero puedo dar una impresión más exaltadora de la conferencia de Bandung. Alrededor del 15 de abril, en El Cairo, había visto volar hacia Indonesia a un Gamal Abdel Nasser bastante aislado, considerablemente tenso, muy inquieto por la tensión que reinaba en la frontera con Israel, preocupado por la perspectiva de tener que comprar armas ya no a sus vendedores de Occidente sino a proveedores del Este, a riesgo de atraer sobre sí las represalias de Washington. Por cierto, la izquierda egipcia, que hasta ese momento mantenía -salvo contadas excepciones- sus reservas respecto al mandatario, empezaba a formar "comités Bandung", en especial en la universidad. Pero en un principio se había visto mal recompensada, dado que el viaje a Asia del primer ministro egipcio estuvo marcado por el arresto de varios dirigentes marxistas, como para expresar a Occidente que el viaje a Extremo Oriente no tenía un significado ideológico.

Diez días después, dado que la prensa egipcia y más aun internacional no dejó de destacar el papel que en Bandung desempeñó Nasser -por razones menos ligadas a sus breves intervenciones que a la consideración de que era objeto, al punto de aparecer, detrás de Chou En-lai y Nehru, como el "tercer grande" del concilio-, el líder egipcio recibía en El Cairo una acogida tanto más triunfal por su contraste con la discreción de su partida.

Vi encenderse muchas veces las calles de El Cairo, en el tiempo en que la consigna nasserista "Deja de bajar la cabeza, oh hermano, los tiempos de la humillación han pasado" se exhibía en enormes pancartas llevadas por la multitud. Fue entonces, en los últimos días de abril de 1955, cuando la capital egipcia entró en un largo trance que debía culminar con los funerales de Rais, quince años después.

Este vuelco, más pasional que ideológico en un principio, adquirió todo su sentido cuando se supo que, desde la cárcel donde Nasser los había arrojado, los dirigentes de la izquierda militante le enviaban un mensaje de felicitación que publicaría la prensa oficial, poco interesada en darles protagonismo... ¡Caso verdaderamente poco común de homenaje al carcelero surgido de las prisiones!

Es también la época en que a los "comités Bandung", se vincularon dos jóvenes militantes marxistas, Baghat Elnadi y Adel Rifrat, quienes años después publicarían La lucha de clases en Egipto 10, firmado con un nombre común, "Mahmud Hussein", que se volvió familiar para todos aquellos que se interesan por la historia social y cultural del Oriente árabe.

 Ocaso del Tercer Mundo

 Pese a la debilidad de su contenido ideológico o incluso estratégico, la conferencia de Bandung fue realmente una "aurora" para los pueblos domesticados. ¿Momento de historia más que productor de historia? Esas siete jornadas de conversaciones y actuaciones fueron más ricas en efervescencia que en ideas y proyectos concretos. Pero aun así modificaron la relación de fuerzas internacional: hosco rechazo contra Estados Unidos; relegamiento en las sombras de Moscú; duros cuestionamientos del sistema colonial francés, emergencia vigorosa de China... El pos Bandung no satisface las expectativas de los revolucionarios del Tercer Mundo, pero éste pasa a estar presente y ya no sólo a ser carne explotada y proveedor de materias primas...

Vinculado al gran ceremonial de Bandung, el concepto de Tercer Mundo perdió por cierto buena parte de su irradiación en los últimos cincuenta años. Uno de los mejores espíritus de esta generación (la nuestra...) que vivió esas horas con una suerte de exaltación, el recientemente desaparecido Paul-Marie de La Gorce, realizaba hace ya veinte años un balance melancólico: "Muchas esperanzas se ven defraudadas, muchas ilusiones se desvanecen, muchas predicciones son desmentidas por la historia. La moda, como siempre excesiva, es ahora el desencanto y el escepticismo: el Tercer Mundo no habrá resuelto ninguno de sus problemas, ni el hambre, ni el subdesarrollo, ni la desunión; las experiencias socialistas derivaron allí en dictaduras tropicales, y las experiencias capitalistas en corrupción cosmopolita. En todo caso, no habrá nacido allí ningún ‘centro de poder', ningún ‘polo' internacional. Y es destacable que en Francia haya tenido algún éxito el libro de Pascal Brückner, Le sanglot de l'homme blanc (El sollozo del hombre blanco), que desborda amargura, acritud y rencor, y donde todo anticolonialismo, todo esfuerzo por comprender al Tercer Mundo o luchar contra el subdesarrollo parece asimilado a un sentimiento de culpabilidad, al odio de sí mismo y al masoquismo" 11.

Se tomen o no en serio los estados de ánimo de algunos intelectuales del mundo parisino, el hecho es que, de Bandung a la guerra de Irak, pasando por las eliminaciones del Che Guevara y de Mehdi Ben Barka, la derrota del nasserismo, la esterilización de la victoria vietnamita y el horror del Khmer rojo, lo que se llamaba el Tercer Mundo ha perdido bastante de su valor moral tanto como de sus virtudes estratégicas.

La dislocación del campo socialista, la gran querella sino-soviética tienen su gran responsabilidad en esa pérdida, pero también las mediocres astucias del neocolonialismo francés en África e, incluso más, el surgimiento del integrismo de los ayatollahs y de su avatar terrorista, que destruyeron entre otras a la revolución argelina. ¿Y por qué no denunciar el encierro de las élites locales en el lucro, la burocracia satisfecha y la obsesión policial?

¿Acaso será Bandung una ilusión perdida en la memoria de los hombres? La Toma de la Bastilla engendró primero el Imperio, la Restauración, la Guerra. Y luego, finalmente, la República. El sistema Bush es apto para suscitar, tarde o temprano, otros Bandung...

  1. Léopold Sédar Senghor (1906-2001), hombre de Estado y escritor senegalés.
  2. Emmanuel Joseph Sieyès (1748-1863) Qu'est ce que le Tiers état?, folleto editado en París en enero de 1789.
  3. Se conservará en este artículo la transcripción latina de la época, pero de allí en más, en los documentos recientes, el nombre de quien fue el primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores de China Popular se transcribe así: Zhou Enlai.
  4. En Belgrado, un primer país de América Latina, Cuba (donde la revolución había triunfado en enero de 1959), se une a los Estados "no-alineados" de África y Asia.
  5. Véase Sukarno: "Les objectifs de la conférence de Bandoeng ", discurso de apertura de la conferencia, Le Monde diplomatique, París, mayo de 1955.
  6. Le Monde, París, 27-4-1955.
  7. El pacto de Bagdad, tratado de defensa mutua, firmado el 24-2-1955 entre Irak y Turquía, a los que se unieron el Reino Unido, Pakistán e Irán, bajo la égida de Estados Unidos. Su objetivo: contener los movimientos nacionalistas y la influencia soviética en la región.
  8. Chang Kai-Shek (1887-1975), general y presidente de la República China. Victorioso contra los japoneses, fue derrotado por los comunistas dirigidos por Mao Tse-Tung, y se refugió con su ejército en la isla de Taiwán, con la protección de Estados Unidos.
  9. Conferencia convocada en La Habana, en enero de 1966. Dio nacimiento a la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL) y a la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).
  10. La lutte des classes en Egipte, Maspéro, París, 1969.
  11. "Le recul des grandes aspirations révolutionnaires", Le Monde diplomatique, París, mayo de 1984.

Las etapas de la libertad

Estados Unidos
Washington otorga la autonomía a Filipinas el 24 de marzo de 1934, a la espera de la verdadera independencia del archipiélago que se produciría el 6 de julio de 1946.
El imperio holandés
Independencia de Indonesia, el 17 de agosto de 1945.
El imperio británico
Mahatma Gandhi logra la independencia de India por la vía de la no violencia y la desobediencia civil el 15 de agosto de 1947. Atribución del estatuto de “dominio” a Ceylán, futuro Sri Lanka, el 14 de noviembre de 1947. Independencia de Birmania el 4 de enero de 1948.
El imperio francés
Después de ocho años de conflicto en Indochina, Pierre Mendès France firma los acuerdos de Ginebra el 21 de julio de 1954.

18 al 24 de abril de 1955: Conferencia de Bandung

El imperio británico
Independencia de la Gold Coast, futuro Ghana, el 6 de marzo de 1957; de la Federación malaya el 31 de agosto de 1957; de Nigeria el 1 de octubre de 1960; de Uganda el 9 de octubre de 1962; de Kenya el 12 de diciembre de 1963; de Tanzania en abril de 1964; de Rhodesia que se convierte en Zimbabwe el 18 de abril de 1980.
 

El imperio francés
Independencia de Túnez el 21 de abril de 1955; de Marruecos el 3 de marzo de 1956; de Guinea el 2 de octubre de 1958; de 17 Estados africanos, entre ellos Senegal, Costa de Marfil, Chad, Mali, Ubangui-Chari (República Centroafricana), Madagascar, etc (1960); de Argelia el 18 de marzo de 1962.
 

El imperio belga
Independencia de Congo-Kinshasa el 30 de junio de 1960; de Ruanda y Burundi el 1 de julio de 1962.
 

El imperio portugués
Independencia de Guinea-Bissau el 10 de septiembre de 1974; de Angola el 11 de noviembre de 1975; de Mozambique el 25 de junio de 1975; de Cabo Verde el 5 de julio de 1975; de São Tomé el 12 de julio de 1975.


Autor/es Jean Lacouture
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 70 - Abril 2005
Páginas:30,31
Traducción Patricia Miarrieta
Temas Ciencias Políticas, Desarrollo, Política
Países Indonesia