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Reseñas de librosEl silencioDe Horacio VerbitskyEditorial: Sudamericana Cantidad de páginas: 256 Lugar de publicación: Buenos Aires Fecha de publicación: Febrero de 2005 Precio: 27 pesos Obviamente, los capítulos referidos a Bergoglio son los que más polvareda van a levantar. Y no es para menos. Nunca fue del todo aclarada su participación como provincial de la orden jesuita en Argentina. Y el libro llega al menos para echar un poco de luz sobre el asunto. Durante años Bergoglio contó con detractores (entre ellos, los dos jesuitas secuestrados, quienes siempre estuvieron convencidos de que fue él quien los delató) y con defensores (como Alicia Oliveira, quien asegura que él intercedió ante Massera para que los liberase). Verbitsky relata las relaciones de Bergoglio no sólo con Massera, sino también con la agrupación que le dio fundamento ideológico en su juventud, la otrora ortodoxa y poderosa Guardia de Hierro. Pero la perla del libro sobre este tema consiste en un documento del año 1979, dirigido a Bergoglio por el entonces secretario de Culto, Anselmo Orcoyen. En ese oficio, Orcoyen remite que los datos sobre el sacerdote Francisco Jálics –“actividades disolventes” y “sospechoso de contactos guerrilleros”– fueron suministrados por el propio Bergoglio. Si bien el documento no certifica la actuación del cardenal respecto de los secuestros, al menos deja plena constancia de su pensamiento respecto de los sacerdotes en cuestión y permite hacerse una idea más cabal de lo que pudo haber sucedido. El segundo hallazgo consiste en la nefasta y al mismo tiempo estrafalaria participación de Grasselli en el aparato represivo de la ESMA. No sólo porque participó de la transacción de la casa El Silencio, sino también porque en su oficina funcionaba un archivo permanente de las actividades de los distintos Grupos de Tareas. El libro describe con lujo de detalles el cinismo que empleaba el capellán castrense para dirigirse a los familiares de desaparecidos que recurrían a él por ayuda. Y, como si fuera poco, caen sobre su cabeza las sospechas de que monitoreaba personalmente los procesos de “reeducación” de los detenidos-desaparecidos. La Iglesia Católica argentina siempre se ha caracterizado por ocultar sus miserias. Este libro –que se suma a una brevísima biblioteca al respecto– las pone sobre el tapete. Las desnuda y las denuncia. Y, por la profundidad de la investigación, las torna innegables.
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