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China contra China

La siempre latente tensión entre Pekín y Taipei (capital de Taiwán, formalmente parte integrante de China pero separada de ella desde la revolución comunista de 1949) se actualiza hasta el punto de hablarse de “peligro de guerra”. Estados Unidos estrecha su alianza con Japón, principal adversario de China en la región, pero su acción contra la potencia emergente está limitada porque la unen a ella necesidades financieras y diplomáticas. La causa de la unidad nacional es una carta valiosa para Pekín, cuando crece el descontento social.

De pronto, la inquietud internacional se vuelca hacia el estrecho de Formosa. Allí las tensiones se han agravado desde que el 14 de marzo pasado el Parlamento chino votó una "ley antisecesión" que por primera vez autoriza a Pekín a "recurrir a medios no pacíficos" contra Taiwán en el caso de que las autoridades de la isla optaran por la independencia "por el medio que sea".

En la víspera, vestido con una chaqueta militar y cuando acababa de ser elegido jefe de la Comisión Militar Central, el presidente Hu Jintao -quien es también secretario del Partido Comunista Chino (PCC)- había llamado a los oficiales "a prepararse para un conflicto armado". Una declaración que fue tomada tanto más en serio en la medida en que el presupuesto militar se había incrementado en un 12,6%...

El presidente de Taiwán, Chen Shui-bian, cuyo partido pertenece al movimiento independentista (que unos días antes había amenazado con promulgar una ley anti anexión), calificó el texto votado en Pekín como "ley que autoriza la guerra". También Estados Unidos manifestó su preocupación: "Esta ley antisecesión es desafortunada. (...) Nos oponemos a toda modificación unilateral del statu quo", declaró Scott McClellan, vocero de la Casa Blanca 1. Conceptos reiterados al presidente Hu Jintao por la secretaria de Estado de Estados Unidos Condoleezza Rice, en ocasión de su visita a Pekín el pasado 21 de marzo.

Desde 1972 Washington acepta una sola China y reconoce además que Taiwán la integra. Pero en 1979 el Congreso votó por unanimidad una resolución que compromete a Estados Unidos a garantizar la seguridad de la isla... Y la reciente designación como embajador de Estados Unidos ante la ONU de John Bolton, acérrimo partidario de la independencia de Taiwán y ex asesor del gobierno de Taipei, no es lo más adecuado para tranquilizar a las autoridades de Pekín.

También Japón expresó su preocupación debido a "los efectos negativos de esta ley sobre la paz y la estabilidad de la región". Las tensiones entre las dos grandes potencias regionales aumentaron en el transcurso de los últimos meses. En febrero Tokio anunció que sus fuerzas habían tomado el control de un faro situado en el archipiélago deshabitado de Senkaku, reivindicado por Pekín, que lo llama Diayu. China calificó esta decisión como "grave provocación (...) totalmente inaceptable". El archipiélago se encuentra en una rica zona de pesca donde se han localizado importantes yacimientos de hidrocarburos.

Para contrarrestar el peso de China en la escena internacional, Estados Unidos apoya ahora la principal reivindicación diplomática de Japón: conseguir un escaño permanente en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En febrero de 2005 Tokio y Washington firmaron un comunicado conjunto, que cabe calificar de histórico, en el cual los dos países se proponen como "objetivo estratégico común" accionar a favor de "la resolución pacífica de las cuestiones referidas al estrecho de Formosa" 2. Es la primera vez desde 1945 que Japón abandona su neutralidad a propósito de Taiwán.

Pekín sigue convencido de que la administración Bush implementa todo un operativo de contención contra China, con Japón en el papel de aliado incondicional, de "Gran Bretaña asiática". Las autoridades chinas evalúan que Washington alienta el rearme japonés al multiplicar sus bases militares alrededor de China (en Kirguizistán, Tayikistán, Afganistán, Uzbekistán) y consolidar sus vínculos militares con India, Sri Lanka, Malasia, Singapur y Tailandia.

Pero la partida no es sencilla. En el nivel económico Washington necesita demasiado a China, que recicla buena parte de sus fabulosos excedentes en divisas comprando bonos del Tesoro estadounidense, financiando así indirectamente el déficit presupuestario de Estados Unidos 3. Por otra parte, Washington tiene necesidad imperiosa de Pekín, como intermediario indispensable en las negociaciones con Corea del Norte para lograr que el régimen de Pyongyang renuncie a las armas nucleares. Pekín conoce sus cartas ganadoras. Y también su condición de potencia internacional, cada vez más temida.

Las tensiones en esta región ya tienen repercusiones hasta en Europa. La adopción de la ley antisecesión contra Taiwán tuvo como consecuencia postergar el levantamiento del embargo europeo sobre la venta de armas a Pekín, reclamado especialmente por Francia y Alemania.

Cuidadosa de una estabilidad internacional que le permita proseguir su irresistible ascenso como potencia y le garantice una organización tranquila de los Juegos Olímpicos de 2008, China sabe hasta qué punto puede ir sin que resulte demasiado lejos. Pero en un contexto interno donde el descontento social se intensifica, las autoridades quisieron recordarle al mundo que la unidad nacional está ante todo, y que la separación de Taiwán constituiría un casus belli en sentido estricto.

  1. Cable de Reuters, 14-3-05.
  2. Yong Xue, "Is the Empire striking back?", International Herald Tribune, París, 17-3-05.
  3. Ibrahim Warde, "La suerte del dólar se juega en Pekín", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, marzo de 2005.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 70 - Abril 2005
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Ciencias Políticas, Política internacional
Países Estados Unidos, China, Japón