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Francia se enreda en Medio Oriente

La visita del primer ministro israelí Ehud Olmert a Washington a fines de mayo pasado confirmó la convergencia de puntos de vista entre Israel y Estados Unidos sobre todos los asuntos de Medio Oriente: la energía nuclear iraní, la guerra contra el terrorismo y el boicot al gobierno palestino (Kristianasen, pág. 26). En este contexto regional, Francia se muestra confusa y su voz se hace inaudible.

Un observador que hubiera abandonado la Tierra en la primavera boreal de 2003 -cuando la "coalición" lanzaba sus tropas sobre Bagdad- y que regresara hoy en día, no podría entender lo que pasa. Por entonces, la diplomacia francesa estaba en su apogeo, fundamentalmente en el mundo árabe y musulmán. París parecía decidida a encabezar la fronda anti-estadounidense que movilizaba a la gran mayoría de la opinión pública mundial, incluso en Estados tan diversos como Alemania, El Vaticano, Bélgica, México o Indonesia. El presidente Jacques Chirac podía jactarse entonces de haber evitado, gracias a la posición que adoptó, que la guerra de Irak se transformara en una "guerra de civilizaciones".

En la primavera de 2006, el "mundo occidental" parece haber recuperado su unidad. París, Washington y la UE marchan al unísono en varios temas: presión contra Irán y contra Siria, lucha contra el terrorismo, normalización en Irak, sanciones contra el gobierno palestino electo. "Las naciones democráticas y civilizadas han descubierto nuevamente que tenían intereses comunes en una región marcada por una serie de amenazas" estimó un diplomático occidental en Washington.

Visto desde el Sur, particularmente desde el mundo árabe, el nuevo idilio entre el Elíseo y la Casa Blanca tiene gusto a hiel, a "infidelidad". Y eso, a pesar de que la inquietud se ve atenuada, por ahora, a causa de la estatura del presidente Chirac, que supo mantener en Medio Oriente la popularidad que perdió dentro de su país. Francia ya no está a cubierto de críticas, ni tampoco de acciones violentas -que antes eran impensables- como el secuestro de cuatro de sus ciudadanos en Gaza en marzo de 2006. Y un tema comienza a rondar en las mentes: ¿el país del general De Gaulle se convertirá en un país occidental como los otros?

La crisis iraní aumenta esos temores. Sus ingredientes se parecen a los que provocaron la guerra en Irak: un programa "clandestino" de armas de destrucción masiva, un país perteneciente al "eje del Mal", una zona con considerables recursos petrolíferos... Pero esta vez, Francia está en la misma barricada que los estadounidenses. "Ya en julio de 2002, en ocasión de su primera visita como canciller, Dominique de Villepin había intentado prevenir a Estados Unidos sobre el peligro que representaba Irán", insiste uno de los diplomáticos franceses encargados del caso. Y añade: "Pero sus palabras no fueron tenidas en cuenta. La administración Bush estaba movilizada por Irak. En abril de 2003 logramos convencer a El Baradei, director general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) de que las informaciones sobre el programa nuclear clandestino iraní, suministradas fundamentalmente por Estados Unidos, eran ciertas. No fuimos nosotros los que seguimos la dirección tomada por los estadounidenses, sino más bien la inversa".

Es cierto que reina en París una real inquietud sobre el futuro de toda la arquitectura del desarme, y particularmente sobre el Tratado de No Proliferación (TNP): no hay que olvidar que Medio Oriente es un vecino de Europa. Pero existieron otras razones que llevaron a Francia a considerar el caso iraní como prioritario. En primer lugar, la hostilidad del presidente Chirac respecto de Irán: fue él quien inauguró las relaciones con el Irak de Saddam Hussein en la década de 1970 y -como François Mitterrand- apoyó el régimen "laico" de Bagdad contra la "revolución islamista".

El jefe de Estado francés consideró que el caso iraní le brindaba la oportunidad de restablecer sus relaciones con la Casa Blanca, deterioradas en la primavera de 2003. Por otra parte, fue en ese momento que Francia, junto a Gran Bretaña y Alemania, se mostró activa respecto de Teherán. Los tres países europeos -lo que se llamó el UE-3- lograron incluso, el 21 de octubre de 2003, que Teherán suspenda provisoriamente sus actividades de enriquecimiento de uranio, que sin embargo eran legales. Pero los responsables iraníes insistieron en su "derecho inalienable" a dominar la tecnología de todo el proceso nuclear. El 18 de diciembre de 2003, para dar pruebas de su buena voluntad, Teherán firmó un protocolo adicional al TNP, que permitía a la AIEA realizar inspecciones sorpresivas y totales en las plantas nucleares.

El "patrón estadounidense"

En un primer momento, Washington se mostró reticente respecto de esas gestiones. Sin embargo, a comienzos de 2005, con la designación de Condoleezza Rice como secretaria de Estado y las crecientes dificultades que encontraba en Irak, la administración decidió jugar la carta europea. Lo que se concretó plenamente en Bruselas, en febrero de 2005, durante una visita del presidente George W. Bush. Allí, la Unión Europea logró que Washington apoyara el diálogo con Irán. En contrapartida, la administración estadounidense debía ser consultada respecto de las propuestas europeas: Teherán no debía ser autorizado a realizar ningún tipo de enriquecimiento de uranio, ni siquiera experimental.

En el verano de 2005, con un cierto atraso, debido a las exigencias de Washington, el UE-3 presentó sus propuestas a Teherán: a cambio de algunos repuestos de Boeing 1, de la posibilidad de ingresar a la Organización Mundial del Comercio (OMC), y de la promesa de ayudar al país a desarrollar sus actividades nucleares civiles, Teherán debía renunciar a cualquier forma de enriquecimiento de uranio. Como era previsible, esa oferta -"un lindo envoltorio para una caja casi vacía", según la fórmula de un diplomático europeo 2- fue muy mal acogida, más aun teniendo en cuenta que la UE rechazó frontalmente una propuesta detallada de Teherán 3. Durante su entrevista con el presidente Mahmud Ahmadinejad en Naciones Unidas, en septiembre de 2005, los representantes del UE-3 recibieron una respuesta nada diplomática: "Ustedes son simples agentes. Traigan a vuestro patrón estadounidense".

A pesar de las irresponsables declaraciones de Ahmadinejad en contra de Israel, las ambiciones y los temores de Irán muestran una cierta racionalidad. Heredero de un imperio, orgulloso de su historia, el país aspira a jugar un papel regional. No olvida las numerosas injerencias de que fue víctima: desde el derrocamiento del primer ministro Mohamed Mossadegh en 1953, por medio de un golpe de Estado fomentado por la CIA, hasta la invasión iraquí de 1980. Durante esa guerra, Bagdad no dudó en usar armas de destrucción masiva (químicas) sin que ningún gobierno occidental protestara realmente, más bien al contrario... París y Washington no escatimaron su apoyo, incluso militar, al presidente Saddam Hussein. Las tentativas de desestabilización continuaron y continúan aún, como el voto del Congreso estadounidense, en 2006, de 75 millones de dólares de ayuda a la oposición iraní. Por lo tanto, no es sorprendente que Teherán busque, más allá de la cuestión nuclear, garantías de seguridad 4.

En París dicen tener en cuenta las aspiraciones iraníes. Pero esas afirmaciones despiertan cierto escepticismo. Un diplomático pro árabe explica: "Quienes manejan esos temas son especialistas en desarme, que tienen una idea muy vaga de la historia de la región, del lugar que ocupa Irán, de los temores de sus dirigentes. Consideran al nacionalismo iraní como la quintaesencia del mal, y no se han despojado de los prejuicios culturalistas del orientalismo. Analizan sin cargo de conciencia posibles sanciones contra Irán, que de hecho afectarían a empresas instaladas en el país, como Total o Renault".

Por otra parte, Francia, al buscar por todos los medios el apoyo de Washington, ¿no le está acordando al presidente Bush un derecho de veto sobre cualquier negociación? Sin contar que la actual administración estadounidense está muy dividida respecto de Irán: mientras algunos de sus miembros proponen una intervención militar, otros parecen -por ahora- más reservados (Lieven, pág. 20). El resultado de ese debate dependerá en mucho de la situación en Irak, y de la política interna estadounidense, pero también de los prejuicios ideológicos...

Así ocurrió cuando -en la primavera boreal de 2003- Teherán propuso negociar con Estados Unidos. Esa oferta, avalada por el ayatollah Ali Khamenei, incluía el tema nuclear y la posibilidad de suspender el apoyo a Hamas y a Hezbollah 5. Según Lawrence Wilkerson, por entonces jefe de gabinete de Colin Powell, "las intrigas secretas [de los neo-conservadores] lograron su objetivo: no negociar con Teherán". ¿París debe seguir siendo prisionero de las intrigas que se desarrollan en Washington?

La estrategia europea y estadounidense está en un callejón sin salida. Teherán reanudó el enriquecimiento de uranio y redujo los controles estrictos ejercidos por la AIEA sobre sus actividades nucleares, mientras que Pekín y Moscú se oponen a la aplicación de sanciones contra Irán. Luego de haber dicho y repetido que su propuesta del verano de 2005 no era negociable, el UE-3 redactó, a pedido de Washington, una nueva oferta, cuyas posibilidades de aceptación por parte de Teherán son mínimas. La única salida a la crisis reside en una negociación directa entre Washington y Teherán. Es lo que reclaman Kofi Annan, Alemania y Gran Bretaña. El consejero diplomático de Chirac, Maurice Gourdault-Montagne, afirmó recientemente que era hora de que "Washington inicie ese diálogo" 6. Pero Estados Unidos se niega, a pesar de las reiteradas propuestas de Teherán.

¿Acabará ese enfrentamiento en una nueva guerra? "Las posibilidades son escasas, 40% a 50%", confía sin broma un analista estadounidense en Washington. Berlín y Londres 8 excluyeron esa vía, pero en París el debate está abierto. Dominique de Villepin rechazó el recurso a cualquier opción militar 9, pero otros responsables afirman en privado que "todas las opciones están sobre la mesa". Por su lado, el presidente Chirac explicó el 19 de enero de 2006, en un discurso sobre la doctrina nuclear francesa, que "los dirigentes de Estados que recurran a medios terroristas contra nosotros, al igual que aquellos que planeen utilizar, de una u otra manera, armas de destrucción masiva, deben entender que quedarían expuestos a una respuesta firme y adecuada de nuestra parte. Esa respuesta puede ser convencional, pero también puede ser de otro tipo". A pesar de las "aclaraciones" que se añadieron luego, no es sorprendente que esas declaraciones hayan despertado una gran inquietud en Teherán.

Cabe preguntarse si Francia no cambió su política para Medio Oriente desde la época en que los discursos contra la guerra en Irak de su entonces canciller, Dominique de Villepin, generaban salvas de aplausos en la sede de Naciones Unidas. La "enemistad iraquí" parece hoy muy lejana, y sin embargo permanece en la mente de los responsables franceses, espantados por su propia audacia. La postura de París contra la guerra en Irak, apoyada por la inmensa mayoría de la opinión pública, chocaba con una tradición de amistad y cooperación con Estados Unidos, que hasta el gaullismo había mantenido. Había también otros intereses en juego. Un diplomático francés reconoce: "Necesitamos de Washington en varios terrenos. Tanto para obtener que el ITER 10 se construya en Cadarache en lugar de Japón, como para lograr que Naciones Unidas avale nuestra política en Costa de Marfil".

Es indudable que el "french bashing" 11 tuvo repercusiones en las relaciones bilaterales, fundamentalmente en el terreno económico, e incluso en el militar. En el Salón Aeronáutico que Francia organizó en la localidad de Le Bourget en junio de 2003, no participó ningún aparato estadounidense, y el secretario de Defensa de Estados Unidos excluyó a Francia de las maniobras militares aéreas "Red Flag" en 2004. Responsables, empresarios, empresarias y algunos diplomáticos escribieron directamente al presidente Chirac alertándolo de eventuales actos de represalia. Todos los adeptos al partido "pro-estadounidense" dentro de las altas esferas política y económica, se movilizaron.

Dar vuelta la página en Irak 

Evidentemente, París trata de restablecer el contacto. El 30 de abril de 2003, Dominique de Villepin respondía a un diputado: "Europa y Estados Unidos tienen naturalmente responsabilidades particulares. (...) Esa asociación podrá alcanzar su mayor eficacia por medio de la acción, (particularmente) en Medio Oriente, para garantizar la estabilidad y la paz en Irak, y reactivar el proceso de paz en Medio Oriente. También debemos combatir juntos los dos mayores flagelos de nuestro tiempo: el terrorismo y la proliferación".

Para eso es necesario dar vuelta la página de Irak. Al respecto, hace meses que Francia desarrolla un difícil combate en Naciones Unidas. Logró obtener un calendario político preciso y defendió la idea de asignar un papel importante a la ONU. Estados Unidos aceptó la realización de elecciones antes de redactarse la Constitución, y aceleró la "transferencia de soberanía" a los iraquíes. A cambio de ello, Francia tomó nota de la presencia estadounidense -las fuerzas de la "coalición" pasaron a ser una "fuerza multinacional" avalada por el Consejo de Seguridad- y designó un embajador en Bagdad. Por otra parte, no exigió ninguna explicación sobre los miles de millones de dólares de las cuentas "Petróleo por alimentos" recuperados por Estados Unidos, que se evaporaron...

"¿Qué otra solución teníamos?", se interroga un diplomático francés, y explica: "Luego del asesinato de Sergio Vieria de Mello [representante especial de la ONU en Irak, muerto el 19 de agosto de 2003] se produjo una verdadera fronda entre el personal de Naciones Unidas, que responsabilizaba de esa muerte a Kofi Annan; se volvía imposible para la organización jugar un papel en Irak. Por otra parte, la UE se había dividido, y nos costaba mucho hacer oír nuestra voz. Por último, no teníamos interés en que se instalara el caos en Irak, pues eso favorecería el desarrollo del terrorismo y de Al Qaeda".

En momentos en que la dirección del Estado francés está debilitada por lamentables disputas, cada tema de Medio Oriente es tratado de manera separada, en función de preocupaciones particulares. Sin embargo, tomados en su conjunto, esos tratamientos diseñan una nueva política de facto en la región. Lo más sorprendente es que ningún responsable parece tener conciencia de ello  ni preocuparse de las consecuencias que tendrá esa estrategia en la influencia de Francia en Medio Oriente.

Uno de esos temas, el Líbano, es manejado directamente por Chirac. Su intervención obedece menos a un análisis político que a las relaciones personales y antiguas que tenía con el ex primer ministro Rafic Hariri, lo que explica el giro de 180 grados dado por Francia. En efecto, el presidente francés había entronizado a Bachar El-Assad, cuando éste ocupaba apenas una posición de heredero; había asistido a los funerales de su padre; y explicado que la retirada de las tropas sirias del Líbano sólo podía tener lugar en el marco de una solución más amplia del conflicto en Medio Oriente. Sin embargo, desde la primavera de 2004, Chirac se convirtió, ante Estados Unidos, en el padrino de la "democracia libanesa".

La Casa Blanca ve el beneficio que puede obtener de las propuestas francesas, fundamentalmente para aumentar la presión sobre el régimen sirio, acusado de no colaborar en la lucha contra la insurrección iraquí. La prolongación, en septiembre de 2004, del mandato del presidente libanés Emile Lahoud por tres años, sirvió de pretexto para adoptar la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad, cuyas grandes líneas habían sido redactadas por Rafic Hariri en persona, y que reclama la retirada de las tropas sirias del Líbano y el desarme de las milicias, fundamentalmente de Hezbollah. El 14 de febrero de 2005 Hariri fue asesinado, y las tropas sirias se vieron obligadas a abandonar el Líbano, el 27 de abril del mismo año.

Un año después, la euforia de la "Revolución del Cedro" se disipó. La clase política libanesa se hundió en viejas disputas confesionales, que poco tienen que ver con la democracia. Sin embargo, París no abandonó, y el 17 de mayo de 2006 hizo aprobar una nueva resolución del Consejo de Seguridad, exigiendo que Damasco delimite sus fronteras con el Líbano y que proceda a un intercambio de embajadores. "Estamos en la mitad del río", explica un diplomático. Pero, ¿Francia puede correr el riesgo de no hacer pie y ahogarse? Y sacrificar sus intereses económicos: el Elíseo vetó la firma de un importante acuerdo entre la compañía petrolera Total y Siria...

Una cuestión no se vio afectada por el diferendo franco-estadounidense: la del terrorismo. Incluso en momentos en que los contactos entre ambos gobiernos estaban cortados, en la primavera de 2003, y que los interlocutores habituales de la embajada de Francia habían hecho mutis por el foro, la cooperación entre ambos países en la "guerra contra el terrorismo", seguía siendo intensa. En un editorial 12, Roger Cohen señalaba que "la emergencia de Europa como escenario central de la lucha entre Occidente y el islam fanatizado, llevó a Francia, y con ella a Europa, a identificarse más claramente con las políticas estadounidenses contra el terrorismo". En París ven las cosas a la inversa: es Francia la que desde mediados de la década de 1990 alertó a Washington contra el nuevo peligro del terrorismo, y fue necesario que ocurriera el 11 de septiembre para que los estadounidenses se sumen a ese punto de vista.

La dimensión de esa colaboración fue revelada por la periodista estadounidense Dana Priest 13. Desde 2002 funciona en París un centro secreto, llamado Alliance Base (ese segundo término se traduce en árabe por ... ¡Al Qaeda !), financiado principalmente por la CIA y dirigido por un general francés, que vigila muy de cerca las redes terroristas, tratando de neutralizarlas. "Francia aporta su legislación [antiterrorista] muy dura, su vigilancia de los grupos musulmanes radicales, sus redes en los Estados árabes, y sus relaciones con los servicios de inteligencia de sus antiguas colonias", señala la periodista. Los medios franceses, siempre tan dispuestos a denunciar a la CIA y sus actividades ilegales, no parecen interesarse por las de los servicios franceses...

Pero, más allá de la cooperación "técnica" contra redes peligrosas, se perfila una preocupante convergencia de puntos de vista sobre el mundo post-11 de septiembre. El Libro blanco oficial -Francia frente al terrorismo 14- adoptado luego de un largo debate entre todos los ministros, pasó casi totalmente desapercibido.

Ese texto define "el terrorismo mundial de inspiración islamista" como "una amenaza estratégica", más peligrosa que nunca, dirigida contra los intereses franceses en todo el mundo. Uno de sus redactores explica que esa amenaza "puede afectar seriamente el funcionamiento del país. Y no posee un límite de violencia, como lo tienen los grupos terroristas tradicionales. La utilización de armas radiológicas, químicas e incluso nucleares, puede acabar paralizando el país". El texto precisa que combatir ese peligro requiere además luchar contra "el islamismo radical" y -advierte- "no se puede descartar que [el terrorismo islámico] intente algún día un acercamiento con los movimientos altermundialistas más radicales".

Esa definición de la amenaza -algunos hubieran preferido la fórmula "terrorismo guerrasantista"- sólo puede despertar reacciones negativas en el mundo musulmán. Por otra parte, si bien fue descartado el término "guerra" -empleado por Estados Unidos- se utiliza el de "amenaza estratégica", que es muy parecido. Esa impresión se ve confirmada por el papel activo que juegan las tropas especiales francesas en Afganistán, ampliamente promocionado por las numerosas visitas de la ministra de Defensa a ese país. París, como Washington, tiene una visión securitaria muy esquemática, a pesar de que el último capítulo del Libro blanco, a diferencia del resto, es un alegato para que no se confunda islam con terrorismo.

Como señala un diplomático francés: "Cada vez más personas consideran a Medio Oriente como una zona nociva, fuente de terrorismo, en concordancia con el análisis de Estados Unidos. Por otra parte, los jóvenes cuadros del Estado, a menudo salidos de la Escuela Nacional de Administración, suelen ser atlantistas, sobre todo si trabajan en dependencias que tienen a su cargo temas de seguridad. Esas personas desprecian a los diplomáticos de la sección África del Norte-Medio Oriente, a la que llaman la "calle árabe". Por otra parte no hay que subestimar la influencia que tienen las instancias europeas, y las reuniones de coordinación entre los veinticinco [países de la UE] sobre temas de seguridad, donde casi todos los participantes comparten los puntos de vista estadounidenses".

Habrá que esperar las elecciones presidenciales de 2007 para saber cuáles de esos cambios en la política francesa en Medio Oriente son estructurales, y cuáles obedecen a una coyuntura particular. Lo que está en juego es muy importante. La ausencia de una tercera voz, fuerte y autónoma, en los conflictos que se avecinan, principalmente en torno a Irán, podría sumir al mundo en un enfrentamiento bipolar entre islam y Occidente.

  1. Estados Unidos aceptaba levantar el embargo que mantenía sobre esos repuestos para aviones.
  2. Para un análisis de las propuestas europeas, ver Paul Ingram, del British American Security Information Council
  3. Ver: http://abcnews.go.com/
  4. En 1981, Washington había firmado en Argel un acuerdo con el régimen islámico iraní sobre la liberación de los rehenes estadounidenses. Allí se había comprometido a renunciar a cualquier tipo de injerencia "directa o indirecta, política o militar" en los asuntos iraníes, pero nunca respetó esa cláusula.
  5. Sobre esas propuestas, ver Gareth Porter, Inter Press Service, 30-3-06.
  6. Declaraciones hechas -bajo pedido de anonimato- a algunos periodistas franceses, y publicadas, entre otros medios, por el diario Le Monde, París, 29-4-06.
  7. Estas propuestas fueron relatadas, entre otros, por The Washington Post, 24-5-06.
  8. Según la prensa británica, Jack Straw habría sido desplazado del Foreign Office a causa de su firme oposición a una intervención militar.
  9. Declaración hecha en Londres el 10-5-06.
  10. International Thermonuclear Experimental Reactor: reactor experimental de fusión nuclear. En junio de 2005, y luego de una serie de peripecias, la localidad francesa de Cadarache fue elegida como lugar para su instalación.
  11. Que se podría traducir por "despotricar contra Francia".
  12. The International Herald Tribune, París, 1-3-06.
  13. "Help from France key in covert operations", The Washington Post, 3-7-05.
  14. La France face au terrorisme. Livre blanc du Gouvernement sur la sécurité intérieure face au terrorisme, La Documentation française, París, 2006.
Autor/es Alain Gresh
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 84 - Junio 2006
Páginas:24,25
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Conflictos Armados, Terrorismo, Política internacional
Países Estados Unidos, Francia, Irán, Israel, Palestina