Home
Antilaica, antifeminista y antisocial
Contrariamente a lo que dicen o
dan a entender la mayoría de los partidarios de la ley, secundados en
ese punto por los grandes medios de comunicación, no hay por una parte
laicos necesariamente prohibicionistas y, por otra, "partidarios"
o "defensores del velo". Al invitar exclusivamente a mujeres que
llevan el velo o a líderes religiosos como representantes de la
posición antiprohibicionista, los medios ocultan a las múltiples organizaciones
laicas que se niegan a promover el laicismo por medio de la
prohibición y la exclusión 1: la Liga de los Derechos Humanos, la
Liga de la Enseñanza, el Movimiento contra el Racismo y por la
Amistad de los Pueblos (MRAP), al igual que las principales
organizaciones de docentes y de padres de alumnos: la Federación
Sindical Unitaria (FSU) y la Federación de Consejos de Padres de
Alumnos (FCPE).
Se impone otra aclaración: la ley
que prohíbe los "signos religiosos ostensibles" no es, como se
pretende, un "recordatorio" necesario de los grandes principios
laicos "olvidados". Al contrario, marca una ruptura. En realidad, lo
que se ha olvidado es que el laicismo, tal como lo definen los textos
fundadores (las leyes de 1881, 1882 y 1886), concierne a los locales, a
los programas escolares y al personal docente, pero no a los
alumnos.
Los alumnos deben respetar
reglas, por supuesto, como la asiduidad a todos los cursos o el
respeto a los demás. Pero no es legítimo aumentar las exigencias
respecto de adolescentes que precisamente asisten a la escuela para
formarse y transformarse. Si se olvida esto, el hecho pedagógico
pierde todo su sentido: sea cual sea la idea que se tenga del velo y de
la negativa a quitárselo en la escuela, esa negativa no justifica
una medida tan grave como la exclusión definitiva del
establecimiento. A pesar de sus deficiencias, el servicio público
es un espacio irreemplazable, donde los alumnos pueden adquirir
conocimientos, aptitudes y diplomas, herramientas que se cuentan
entre los principales instrumentos de la emancipación.
También se impone una aclaración
en cuanto al derecho de las mujeres. El diferendo en torno al velo en
la escuela no enfrenta, como algunos pretenden, a feministas
necesariamente prohibicionistas con antirracistas carcomidos
por una "culpabilidad pos-colonial" 2 que los haría complacientes
respecto del islamismo e indiferentes a la suerte de las "chicas de
los barrios periféricos". Aunque los grandes medios les brindaron muy
poca visibilidad, son muchas las organizaciones o
personalidades feministas que se oponen a la prohibición 3.
Así, la asociación Femmes
Publiques se desmarca de un "feminismo que se limita a la afirmación
de los principios (‘No al velo, símbolo de opresión')" pero no se
preocupa de los efectos concretos de esa posición: "Aunque esa posición
aparente pureza y radicalidad, su consecuencia efectiva es
aceptar la muerte escolar de las adolescentes, su aislamiento y su
eventual abandono en manos de los religiosos y de la dominación
masculina" 4.
A ese "feminismo de principios"
oponen un "feminismo de la responsabilidad" preocupado por el
futuro de las alumnas excluidas: "Si como les ocurre a otras personas,
puede incomodarnos el hecho de ver un velo en una clase escolar, la
desescolarización de una adolescente nos perturba aun más" 5. Y si
esa pérdida de la escolarización es desastrosa cuando sanciona una
conducta religiosa personal, un acto de afirmación de la identidad
o una rebelión adolescente, lo es aun más cuando afecta a una alumna
que se niega a quitarse el velo debido a las presiones a que está
sometida. En este caso, la alumna excluida de la escuela es
remitida al seno del medio que la oprime.
Sin embargo, durante estos
últimos meses surgió un nuevo argumento: la desescolarización y
el abandono de las jóvenes que se niegan a quitarse el velo sería un
"mal necesario", pues constituiría el único medio de defender a
todas las otras jóvenes, particularmente a las que un entorno
"retrógrado" o "fanatizado" quisiera obligar a llevar el velo.
Pero ese argumento no resiste mucho tiempo al análisis.
En primer lugar, una cosa es
reconocer la existencia de tales situaciones, y otra cosa es
generalizar, haciendo creer que todos los padres musulmanes quieren
imponer el uso del velo a sus hijas. Si tal fuera el caso, las escuelas
estarían llenas de chicas veladas; pero de acuerdo con las
informaciones, esas alumnas serían entre 1.000 y 2.000 sobre más de dos
millones de jóvenes escolarizadas.
La misma violencia
En segundo lugar, cuando esa presión
del entorno existe, la prohibición y la exclusión constituyen una
apuesta arriesgada: si el entorno de una alumna tiene los medios para
imponerle el velo, no es seguro que ceda ante la amenaza de la
exclusión. Es incluso probable que no vea ningún inconveniente en
"recuperar" a la alumna excluida para casarla, o para
escolarizarla en una estructura religiosa (escuela coránica o
redes musulmanas de apoyo escolar).
Dicho de otro modo: para obtener
una ventaja muy relativa (darle la posibilidad de quitarse el velo
en la escuela a chicas que no lo quieren, pero que deberán ponérselo
nuevamente al salir) se acepta un "sacrificio" tan grave como es la
desescolarización de otras chicas veladas: las que eligieron
llevarlo, pero también las que sufren una presión tan fuerte que no se
atreven a quitárselo en la escuela.
¿No es preferible aceptar en la
escuela pública a todas las chicas con velo, tanto a las que optaron
por llevarlo como a las que son obligadas a hacerlo, y trabajar con
éstas últimas para que logren mantenerse firmes frente a su entorno
y sacarse el velo no sólo en la escuela sino también fuera de ella?
Semejante labor requiere, por supuesto, tiempo y medios
(fundamentalmente asistentes sociales) pero al menos permite
brindar una ayuda real a todas aquellas jóvenes que la necesitan, sin
correr el riesgo de excluir a algunas, ni de castigar a las que
eligieron llevar el velo.
Una última razón feminista para
oponerse a la prohibición del velo es la negativa a cualquier forma
de coacción o de presión ejercida contra las mujeres, ya sea para
obligarlas a ocultar su cuerpo como para obligarlas a mostrarlo. "Es
la misma violencia", declara por ejemplo la dibujante Marjane
Satrapi, que se vio obligada a llevar el velo durante su infancia en
Irán. "Totalmente opuesta al velo", se manifiesta también opuesta a
su prohibición, a la que considera "tan opresiva" como la obligación
de llevarlo 6.
Riesgo de exclusión
En otros términos, la
emancipación no se logra por medio de la humillación, la conminación
y la represión. Se obtiene más bien a través de la conquista de los
derechos. Es por eso que una ley que prohiba el velo en la escuela,
lejos de inscribirse en la continuidad de los grandes combates
feministas, marcaría una profunda ruptura. En efecto, los combates
feministas hasta ahora nunca tomaron la forma de una demanda de represión
contra las mujeres.
Por el contrario, las mujeres
siempre lucharon para ganar nuevos derechos (votar, trabajar,
disponer de su propio cuerpo). Y cuando apelaron a la sanción, fue
contra violencias sexistas ejercidas por los hombres: la violación o
el acoso sexual. ¡Qué extraño feminismo éste, que penaliza a las
mujeres, y sólo a las mujeres, pues esta ley no afectará a ningún
integrista barbudo!
Precisamente, ocupémonos de los
integristas. Los prohibicionistas nos sugieren que no seamos
ingenuos ni ciegos a la acción de los grupos que se ocultan "detrás" de
las chicas con velo. Pero ese discurso de apariencia realista plantea
un doble problema.
En primer lugar, suele
vehiculizar temibles amalgamas: no todos los musulmanes que llevan
barba son peligrosos integristas; y no todas las alumnas con velo son
militantes integristas, ni víctimas de los integristas. Todos los
sociólogos que indagaron a chicas que usan el velo subrayaron la
diversidad de las situaciones: el peso del entorno es muy variable,
al igual que las características de ese entorno y el sentido que le
dan al velo las chicas que lo llevan 7.
Además, si bien ese tipo de grupos
constituye el entorno de cierto porcentaje de chicas que usan el
velo, los mismos están efectivamente "detrás" de ellas: es decir que
son las jóvenes las que están en primera línea, y sólo ellas sufrirán
los rigores de la ley. En cambio, los integristas saldrán indemnes.
Peor aun, se aprovecharán de esta ley, pues se convertirán en los
únicos interlocutores de las jóvenes excluidas. Así podrán ejercer
más que nunca su control y su adoctrinamiento, creando sus propias
escuelas coránicas o sus redes de apoyo escolar. Para colmo, la
exclusión dará más credibilidad a su discurso, según el cual las
chicas que llevan el velo tienen una sola "verdadera comunidad", la
del islam, puesto que "la República rechaza a los musulmanes".
Eso es lo que intentó decir a las
autoridades francesas Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz, célebre
por haber combatido en Irán la obligación de llevar el velo: "Dejar
sin escuela a las chicas que llevan el velo sólo servirá para
convertirlas en presas más fáciles de los fundamentalistas. (...) Si
los países democráticos olvidan los derechos humanos en nombre de
la lucha contra el terrorismo, eso llevará agua al molino de los
adversarios de los derechos humanos. (...) La única forma de luchar
contra el fundamentalismo es el conocimiento, la cultura y la
instrucción" 8.
Según se aborde el problema desde
el prisma del laicismo, del feminismo o de la lucha contra el
integrismo, se llega siempre a la misma pregunta, que con demasiada
frecuencia resulta eludida: ¿qué será de una alumna con velo, una vez
excluida de la escuela? Por otra parte, más allá de ese "sacrificio"
injustificable, es necesario tomar conciencia de la magnitud de
los daños causados por seis meses de discusiones en torno del velo,
daños que la aprobación de una ley puede aun agravar. Además del
perjuicio que se le causa a la alumna excluida, toda la comunidad
escolar podría quedar sumida en un clima deletéreo: los alumnos
restantes soportarán muy mal la señal que se les dirige, a la vez que
se les niega toda posibilidad de expresar su reprobación bajo pena
de verse calificados de integristas.
Por otra parte, ¿cómo no
inquietarse ante el sentimiento anti-árabe y anti-musulmán que se
instala y banaliza gracias a ese debate 9? En efecto, con la
excusa de debatir sobre el laicismo y los signos religiosos,
asistimos en realidad a un debate sobre el velo islámico y sobre el
islam. Se trata de un hecho y no de una acusación prejuiciosa: desde
hace seis meses el islam está en la tapa de las revistas, y en los
argumentos a favor de la ley se habla únicamente del velo.
Hasta el punto de que cuesta
comprender cómo esos argumentos acaban justificando un texto que se
aplica a "todos los signos religiosos". ¿Por qué prohibir también las
cruces o las kipás, sobre las cuales en los últimos seis meses nadie
dijo que sean un problema? Se dice que es para no dar la impresión de
que se apunta a una religión en particular. ¿Pero por qué ese temor si,
como afirman los prohibicionistas, el problema es precisamente el
de la opresión de las mujeres que vehiculiza el velo?
Hay que rendirse ante la
evidencia: muchos militantes laicos luchan desde hace tiempo por la
prohibición de todos los signos religiosos, pero fue la
focalización sobre el velo -aunque no quieran admitirlo- lo que les
valió tantos apoyos. Y es esencialmente el velo el que, en la
práctica, será alcanzado por la ley, pues las cruces pueden
disimularse fácilmente bajo una blusa 10.
Por último, cómo no ver que la
alumna que lleva velo cumple la función de chivo expiatorio, objeto
de ensañamiento que permite olvidar más fácilmente las lógicas de
dominación y de exclusión que circulan en nuestra sociedad:
liberalización de la economía, precarización general, aumento
del control social y de las políticas de seguridad, persistencia de
las discriminaciones y desigualdades entre hombres y mujeres. La
propia escuela está atravesada por profundos problemas (personal
insuficiente y precarizado, alumnos abandonados al fracaso
escolar o a los sistemas de relegación) a los cuales es urgente dar
soluciones, antes que encarnizarse contra un grupo de
adolescentes.
- Cf.
"¿Campus ou champ de bataille?".
- Veáse
"Une loi pour interdire les signes religieux à l'école", Libération, París, 6-5-03.
- Entre
esas feministas citemos a Françoise Gaspard, Christine
Delphy, Monique Crinon y Catherine Albertini, al igual que a
asociaciones como Femmes Publiques, Femmes Plurielles o Citoyennes
des deux rives. Véase Charlotte Nordmann (dir.), Le Foulard islamique
en question, ediciones Amsterdam, que será
publicado el 16 de marzo próximo. Véase también la lista de los 1.000
primeros firmantes del llamado "Sí al laicismo, no a las leyes de
excepción".
- "Etre
féministe, ce n'est pas exclure", sysiphe.org.
- Idem.
- Marjane
Satrapi, "Veiled threat", The
Guardian, Londres, 12-12-03.
- Cf.
Françoise Gaspard, Farhad Khosrokhavar, Le Foulard et la
république, La Découverte, 1995; y Charlotte
Nordmann (dir.), op.
cit.
- AFP,
19-12-03.
- Vincent
Geisser, La
nouvelle islamophobie, La Découverte, París,
2003; al igual que el coloquio organizado por el MRAP en septiembre de
2003.
- También
podría verse afectado, de manera igualmente injusta, el uso de la
kipá, pero muy pocos alumnos la llevan en las escuelas públicas.
La excepción francesa
Vidal, Dominique
"¿Cómo es posible? ¿Cómo
Francia, considerada la patria de los derechos humanos y de la
democracia moderna, puede practicar semejante
discriminación?"1. Tal es, según el diario de Varsovia Gazeta
Wyborcza, la reacción de los polacos ante la
cuestión del velo. Ciertamente se la podría descalificar invocando
el peso de la iglesia católica en Polonia. Pero la casi totalidad
de los vecinos europeos se sorprende de la vivacidad del debate
francés sobre esta cuestión. A muchos de ellos, recurrir a la ley para
prohibir el uso del pañuelo incluso les parece incongruente.
Pero, a decir verdad, no hay
motivo para sorprenderse. Porque el "laicismo a la francesa" no
tiene émulos. En Europa hay muchos Estados que no escapan
enteramente a la influencia de la religión, para no mencionar la del
monarca reinante. Además, la cuestión de la inmigración islámica no
se plantea en los mismos términos, bien porque el peso de la comunidad
musulmana sigue siendo marginal, o porque la naturalización por la
vía del ius
soli está excluida y el comunitarismo suele
prevalecer sobre la integración.
Sólo algunos länder (provincias) de Alemania Federal, que tiene 3,2 millones
de musulmanes (3,8% de la población), en su mayoría turcos (o kurdos) 2, recurren a la ley en la cuestión del pañuelo. Sorprendida por una
docente de origen afgano, la Corte Constitucional de Karlsruhe
decidió, el 24-12-03, que las autoridades de Baden-Wurtemberg se
habían equivocado al prohibirle llevar el velo en clase: el land, explicaban los jueces, debió haber legislado
esforzándose por encontrar "una reglamentación aceptable para
todos". Transcurridos cuatro meses, diez länder todavía no lo han hecho. Tres (Sarre, Hesse y Berlín)
quieren prohibir legalmente el uso del velo en todas las
actividades de la función pública, y otros tres (Baden-Wurtemberg,
Baviera y Baja Sajonia) sólo en la escuela pública, pero sin
incluir en eso a los símbolos cristianos y judíos.
Bélgica, entre Alemania y Gran
Bretaña
Este procedimiento ha
suscitado, naturalmente, una viva polémica. En una carta escrita
a los dirigentes de la Unión Demócrata Cristiana (UDC) Ángela Merkel
rechazaba la prohibición de los signos religiosos en el espacio
público, pensando que las tradiciones de inspiración cristiana
forman parte de "nuestra cultura". "Este proceso podría culminar en
una separación exagerada del Estado y la Iglesia", agregó el
ministro de Justicia de Sajonia, Thomas de Maizière. Mientras
recordaba que "en principio, el Estado tiene un deber de
neutralidad en su relación con las religiones", el presidente
(socialdemócrata) del Bundestag, Wolfgang Thierse, precisaba que
"la cruz no es un símbolo de represión mientras que el velo sí lo es
para las musulmanas". Pero el presidente de la República, Johannes
Rau, opinó de otra manera, diciendo que la prohibición debería
extenderse a los símbolos cristianos.
No hizo falta más para que las
iglesias intervinieran en la polémica. No se puede poner a la cruz en
el mismo plano que el velo, replicó el cardenal Karl Lehman, que
dirige la conferencia episcopal. Y el cardenal Ratzinger, jefe de
la Congregación para la doctrina de la fe del Vaticano y consejero
cercano de Juan Pablo II, tomó oficialmente posición durante la
misa de año nuevo: "Yo no prohibiría a una musulmana llevar el velo,
pero mucho menos dejaría que nadie prohibiera la cruz como símbolo
público de reconciliación" 3.
Estas contradicciones remiten
en realidad al ambiguo estatuto de la religión en Alemania. La Ley
fundamental de 1949 retomó un artículo de la Constitución de la
República de Weimar (1919) que no separaba claramente al Estado y
la Iglesia. Se limita a afirmar que "no hay una Iglesia del Estado" y
garantiza un "tratamiento igual a cada religión". Más aun: el
preámbulo de la actual Constitución indica que ha sido redactada
"con conciencia de la responsabilidad del pueblo alemán ante Dios y
el hombre". De hecho, en las escuelas públicas las religiosas tienen
derecho a enseñar con hábito, los crucifijos están autorizados en
las aulas y en los programas deben figurar cursos facultativos de
religión. Y lo que es más, el Estado le cobra a 55 millones de
cristianos un impuesto que luego entrega a las iglesias.
Gerhard Schröder, el primer
canciller que no invocó a Dios al prestar juramento, señaló poco
antes de Navidad que Alemania no era "laica, sino secularizada" y
que estaba impregnada de la "religión judeo-cristiana". También
declaró: "Los pañuelos no tienen cabida entre las personas
empleadas por el Estado, incluidas las docentes. Pero no se le puede
prohibir a una chica que vaya a la escuela con un pañuelo".
Más radicales, las setenta mujeres
del colectivo lanzado por Marieluise Beck, a quien se le encomendó
el tema de la integración en el gobierno federal, aseguran: "Si
prohibimos el acceso a la enseñanza de las mujeres con velo en
general, sin conocer sus motivaciones individuales,
perjudicamos en primer lugar a las mujeres que quieren tomar el
camino de la emancipación a través del trabajo".
"La cultura y la historia de
Francia hacen que los franceses tengan un punto de vista diferente
del nuestro sobre el laicismo y el uso de símbolos religiosos. (...)
En Gran Bretaña nos sentimos cómodos con la expresión de la religión,
tanto si se manifiesta llevando velo, un crucifijo o la kipá. (...)
La integración no exige la asimilación. (...) La identidad
británica contiene diferentes nacionalidades y tradiciones
religiosas. (...) La diversidad forma parte de nuestra fuerza. (...)
Estamos orgullosos de nuestro país multicultural" 4. Esta
declaración del secretario de Estado del Foreign Office, Mike
O'Brien, no podría expresar mejor el abismo que separa la visión
británica de la problemática francesa.
En el Reino Unido (que tiene 2
millones de musulmanes, esencialmente de origen indo-pakistaní, el
3,4% de la población), los directores de establecimientos escolares
públicos tienen libertad para dictar el reglamento interno. La
mayoría de ellos autorizan el pañuelo, la kipá y el turbante sikh. En los hospitales se tolera la vestimenta islámica
cuando es objeto de una demanda explícita. Incluso la policía
acepta en su seno el pañuelo y el turbante... John Henley, en The Guardian, considera al laicismo como un "concepto abstracto,
incluso absurdo, para quienes están habituados a la noción del
multiculturalismo británico o estadounidense". Y John Lichfield,
en The
Independent, califica el debate francés sobre
el velo como "esotérico".
Bélgica (con 300.000 musulmanes,
2,9% de la población) está ubicada, en la cuestión del velo, entre
Alemania y Gran Bretaña 5. No tiene una legislación federal para
las escuelas, pero éstas son libres de dictar sus propios reglamentos
internos y, dado el caso, prohibir el velo. Hasta ahora los escasos
conflictos -sobre todo dentro de la comunidad francesa- se han
solucionado amigablemente. Sin embargo, aumentaron después de la
prohibición del velo en una escuela de Bruselas y de las protestas
que suscitó dentro de la comunidad musulmana.
Desde entonces, dos
parlamentarios francófonos (la socialista Anne-Marie Lizin y el
liberal Alain Destexhe) presentaron una propuesta de ley referida a
la prohibición de la vestimenta religiosa en las escuelas y para
los agentes de la función pública. Pero el gobierno no parece
dispuesto a apoyarlos en pleno período electoral... Para el
presidente del Partido Socialista, Elio di Rupo, "hay que dejar
madurar la reflexión, sin prejuicios".
Tolerancia en Holanda,
Dinamarca y España
Holanda (300.000 musulmanes, el
1,9% de la población) pretende ser todavía más tolerante: la ley
prohíbe allí toda discriminación religiosa y el velo se lleva en
las escuelas públicas. Lo mismo ocurre en los países escandinavos
que, en nombre de la libertad de culto, toleran el velo en la
enseñanza, tanto pública como privada. En Suecia (350.000
musulmanes, 4% de la población), sólo se rechazó la exigencia de
llevar la burka por parte de dos alumnas de origen somalí del Liceo
Göteborg, porque impide a los docentes reconocer a sus alumnos. En
Dinamarca (170.000 musulmanes entre 5,3 millones de habitantes) el
Partido del Pueblo Danés (de extrema derecha) propuso, en el verano
de 2003, una ley de prohibición del velo. La coalición
conservadora-liberal endureció su discurso contra el velo, pero
sin recurrir a la ley. "Digan lo que quieran sobre el velo, pero no
estoy a favor de una prohibición nacional. Es algo que se opone al
principio de libertad de expresión", declaró el ministro de
Integración, Bertel Haarder.
La misma situación se da en
España (300.000 musulmanes, el 0,7% de la población), donde el velo se
lleva tanto en las escuelas públicas como privadas 6. Sólo en
Madrid hubo un conflicto serio, hace dos años: la dirección del liceo
privado Juan de Herrera se opuso a que una marroquí de 13 años llevara
el velo en clase; la niña fue simplemente transferida a una escuela
pública. Pilar Castillo, ministra de Educación, opinó a fines de
diciembre de 2003 en el diario El País que, si bien
la demostración de signos religiosos en las escuelas no es
"apropiada", tampoco debe ser "prohibida". Si el gobierno de Aznar
mantiene reserva al respecto, explica el diario madrileño, es
porque las cruces ya han sido retiradas de la mayoría de los centros
públicos de enseñanza y, sobre todo, porque los consejos escolares
tienen suficiente autonomía como para tomar decisiones sobre
este tema...
Velos y cruces en Italia,
laicismo turco
En Italia (800.000 musulmanes, el
1,4% de la población), la cuestión del velo tampoco es un tema de
actualidad. La inmigración, reciente, no ha llegado todavía al
estadío del reagrupamiento de las familias, y comprende entonces
una proporción reducida de mujeres y niñas. Paradójicamente, fue
la presencia de un crucifijo en un aula de la escuela primaria de
Ofena, una pequeña población de los Abruzzos, lo que generó un escándalo.
El juez Mario Montanaro, interpelado por el padre de un alumno
musulmán, Adel Smith, fundador del Partido Islámico Italiano que
alimenta las crónicas desde hace dos años, a fin de octubre de 2003
ordenó descolgarlo: "El crucifijo -aseguró- expresa una adhesión
implícita a valores que no forman parte de la herencia común de
todos los ciudadanos".
Este juicio provocó un clamor de
protesta general, que llegó al presidente de la República, Carlo
Azeglio Ciampi, quien insistió en el "símbolo de los valores que están
en la base de nuestra identidad". Y el Papa, pensando que "el
reconocimiento del patrimonio religioso específico de una
sociedad exige el reconocimiento de los símbolos que la
califican", afirmó: suprimirlos "en nombre de una interpretación
incorrecta del principio de igualdad" puede convertirse en "un
factor de inestabilidad y, en consecuencia, de conflicto". No sólo
el crucifijo del aula de Ofena volvió a su lugar sino que la escuela
está ahora ornada con otro, gigante, regalo de un convento vecino.
Preciso es decir que la polémica no tiene nada de nuevo, y con razón,
porque, si bien desde la Segunda Guerra Mundial el catolicismo ya no
es religión del Estado, una ley que data de 1923 prevé la presencia de
crucifijos en las escuelas...
Si los parlamentarios franceses
votan la ley que se les ha propuesto, la política de Francia en
materia de signos religiosos se parecerá sobre todo a la de
Turquía, país musulmán pero de un estricto laicismo. La ley prohíbe
allí llevar pañuelo en las escuelas y universidades, y en los
edificios públicos. Las autoridades se muestran tradicionalmente
muy vigilantes con relación a esta cuestión porque la reivindicación
de llevar libremente el velo suele significar una forma de apoyo
activo al islam político.
Surgido de esa corriente, el
Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del primer ministro
Recep Tayyip Erdogan, que llegó al poder en noviembre de 2002, retomó
sin embargo la herencia laica de Kemal Ataturk, pero no al punto de
justificar la prohibición de llevar el pañuelo ante la Corte
Europea de Justicia. En 1998 una estudiante apegada a su pañuelo,
Leyla Sahin, que por esa causa no pudo terminar sus estudios, se
presentó ante la Corte, que acusó efectivamente a Ankara de atentar
contra las libertades 7. ¿Será condenada Turquía por aplicar una
ley que en Francia pronto estará vigente?
- La Croix, París, 9-1-04.
- Las
estadísticas relativas a los musulmanes varían mucho según la
definición del término "musulmán". Sobre Alemania, cf. AFP, 9 y
21-12-03; y 1 y 5-1-04.
- Reuters,
5-1-04.
- Associated
Press, 18-12-03.
- Sobre
Bélgica, cf. AFP, 5-1-04.
- Sobre
España, cf. AFP, 22-12-03.
- Sobre
Turquía, cf. AFP, 23-12-03.
|
|