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La izquierda mexicana, dividida

Pese a sus críticas a la política migratoria de su “gran vecino del Norte”, el presidente Felipe Calderón es un aliado de peso para Washington: su arribo al poder frenó la ola de izquierda que inunda América del Sur. La oposición, aunque fuerte, tiene dificultades para unirse, dividida entre “pragmáticos” y “radicales”.

Presunciones de fraude en la elección presidencial del 2 de julio de 2006... Seis meses de manifestaciones masivas... Un dirigente popular "en resistencia" contra el fraude y los poderosos... Una Convención Nacional Democrática (CND) de dos millones de personas que, el 16 de septiembre, desafió a las instituciones y lo nombró "presidente legítimo"... El Estado de Oaxaca en insurgencia contra su gobernador... Un presidente de derecha, Felipe Calderón, que el 1º de diciembre prestó juramento precipitadamente, protegido por sus guardaespaldas de la cólera de los parlamentarios de izquierda ...

Ausencia de programa

Hacia fines de 2006 , en México parecía estar naciendo un gran movimiento popular. Andrés Manuel López Obrador -"AMLO" 1- candidato de centro izquierda "derrotado" en la elección presidencial, parecía haber roto con el programa moderado de su campaña. Sus inspiradas arengas en el Zócalo -la gran plaza del centro de México DF-, a fines de septiembre, evocaban los discursos de Hugo Chávez o Evo Morales. Sin embargo, una vez terminadas las fiestas de fin de año, la izquierda se despertó con "resaca".

En efecto, sabía que podría haber conquistado la Presidencia, con o sin fraude, si no hubiera cometido tantos errores: ausencia de observadores en más del 30% de las mesas; despistes verbales del candidato; falta de claridad programática, lo que desorientó a los sectores populares que "ya no creen en la política". Además, se desgastó durante semanas en un largo combate por la "defensa del voto" -es decir, el reconocimiento de su victoria- en lugar de presentarse ante la opinión pública como una fuerza alternativa que acababa de obtener tantos votos como la derecha y podía imponer un cambio. "AMLO", calificado por los medios de comunicación como "caudillo" irresponsable, perdió su prestigio en la clase media.

Al mismo tiempo, el presidente Vicente Fox, con el acuerdo de Calderón, candidato del Partido de Acción Nacional (PAN) para la Presidencia, y luego el propio Calderón una vez convertido en jefe de Estado, no dudaron en reprimir duramente el movimiento social de Oaxaca 2. A partir del 25 de noviembre la Policía Federal Preventiva (PFP) se hizo cargo de la capital del Estado, ocupada desde hacía seis meses por los opositores al gobernador Ulises Ruiz -del Partido Revolucionario Institucional (PRI)-, dejando un grave saldo: 23 muertos identificados, asesinados durante los enfrentamientos con la policía o por los paramilitares a sueldo del gobernador; cerca de 400 heridos; decenas de desaparecidos y más de 300 detenciones 3...

A principios de diciembre, varios dirigentes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), en particular los periodistas y editorialistas de Radio Universidad, la voz del movimiento, debieron huir y esconderse para escapar de los hombres al servicio de Ruiz. Tres días después de asumir la Presidencia, y prefiriendo la represión a la negociación, Calderón hizo arrestar a los principales dirigentes "visibles" de la APPO, y entre ellos a Flavio Sosa, su portavoz, mientras negociaba con el Ministerio del Interior la liberación de los primeros prisioneros y el retorno a la calma. Calderón demostró así que la alianza entre el PAN y los sectores conservadores del PRI, a los que pertenece el gobernador Ruiz, sería una de las piedras angulares de su gobierno.

Al término de una larga investigación, la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos (CCIODH) concluyó, en un informe presentado el 20 de enero en México DF, que las diferentes medidas adoptadas forman parte "de una estrategia jurídica, policial y militar (...) cuyo objetivo último es lograr por el miedo el control de la población civil (la indígena en particular) en las zonas donde se desarrollan procesos de organización ciudadana o movimientos de carácter social no partidario".

A fines de diciembre de 2006, los parlamentarios del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el partido de López Obrador, votaron el presupuesto 2007 propuesto por el presidente Calderón, a cambio de magras concesiones en materia de educación y cultura. Para muchos fue una traición. Pero el gobierno y el PRI se felicitaron de la "madurez" demostrada en esa ocasión por la oposición.

Muchos militantes del PRD tienen dudas sobre el compromiso de algunos de sus dirigentes, que sólo de la boca para afuera han aceptado la radicalización del movimiento impuesta por el ex candidato a la Presidencia. Desde su fundación en 1989, por iniciativa de algunos disidentes del PRI, entonces en el poder, y de una miríada de partidos de izquierda apenas salidos de la clandestinidad, el PRD -y sus múltiples corrientes bautizadas "tribus"- gasta más energía en propulsar a sus miembros a puestos legislativos o de representantes locales que en definir un programa coherente de cambio.

Ambos partidos -el Partido del Trabajo y el Partido Convergencia- que, para bien de todos, se unieron al PRD en el seno de la Coalición durante la campaña presidencial, sufren los mismos males. Para muchos políticos, la política parece reducirse a la negociación de porciones de poder. Francisco Saucedo, ex diputado federal del PDR, piensa que a corto plazo nada cambiará bajo el sol de la izquierda mexicana. Los dirigentes de su partido, se lamenta, no tienen "la fibra popular a flor de piel". En su opinión, las batallas entre "tribus" inmovilizan al PRD.

Sin embargo, más allá de los miedos y las frustraciones, va surgiendo una tendencia profunda, que puede reservar sorpresas. La izquierda, en su conjunto, ha tomado conciencia de que se está enfrentando a una derecha conservadora organizada, decidida a defender el modelo neoliberal.

Una nueva base social

En 2006 se produjo un giro. El PRI, el gran partido nacional progresista, convertido al capitalismo salvaje por Carlos Salinas (1988-1994), fue el principal perdedor en las últimas elecciones. En las cuestiones de fondo se alió al PAN y ya no reclama que las políticas económicas estén acompañadas de medidas sociales. Muchos dirigentes de izquierda hasta ahora muy moderados, han llegado a la conclusión de que sería en vano tratar de negociar malos arreglos para mejorar la suerte de los 50 millones de pobres que tiene el país. La situación es muy crítica, porque el nuevo gobierno no oculta su intención de fortalecer el modelo instalado.

La unidad de la izquierda se convierte en una cuestión de supervivencia. La constitución del Frente Amplio Progresista (FAP), inmediatamente después de la derrota electoral, responde a esta nueva situación. Este frente reúne a los tres partidos miembros de la coalición electoral de "AMLO", bajo la consigna "Para transformar a México" y su plataforma proclama: "Para impulsar un verdadero cambio (...) en la oposición deberemos dar pruebas de firmeza, de capacidad para retomar la iniciativa y de determinación (...)".

Sin embargo su coordinador, Jesús Ortega, es uno de los dirigentes del PRD más criticados por la izquierda de la izquierda. Se define como "socialdemócrata" y dirige la "tribu" más poderosa del PRD, que siempre privilegió la negociación de reformas con el poder. A pesar de ello, la evolución de su discurso es notable. "Debemos constituir un gran bloque progresista -afirma- para enfrentar a una derecha consolidada como pocas veces en nuestra historia (...). El FAP es un nuevo paso en dirección a la unidad de la izquierda, y la constitución del PRD sólo ha sido una etapa (...). Además, debemos avanzar en términos de propuestas, porque otra realidad se impone: la polarización de la sociedad y la radicalización de nuestra base social..."

López Obrador, por su lado, no ha bajado los brazos. Elegido "presidente legítimo" por la CND reunida en septiembre de 2006, constituyó a fines de diciembre su "gobierno legítimo". Mientras recorre el país escuchando a "la gente", su gabinete trabaja intensamente en nuevas propuestas de leyes. Durante sus primeras giras reunió auditorios casi tan numerosos como durante la campaña electoral y aprovechó esos encuentros para "encartar" a los simpatizantes que participaban en ellos.

Otro signo del rebote de la oposición es que la APPO ha retomado la iniciativa. En enero y febrero, decenas de miles de caminantes desfilaron en Oaxaca para reclamar la liberación de la treintena de militantes todavía en prisión y exigir nuevamente que el gobernador Ruiz deje su cargo. "Después de la represión de noviembre, el pueblo de Oaxaca ha vencido a su peor enemigo, el miedo", asegura el portavoz de la organización, Florentino López. Efectivamente, el movimiento parece volver a empezar con el pie derecho, y piensa en organizar nuevamente "sentadas" en la plaza central de la capital del Estado. A tal punto que el gobernador pidió en enero al gobierno federal que vuelva a enviar a Oaxaca los batallones de la policía militarizada.

Más significativa todavía fue la reunión en México, a comienzos de febrero, del "Diálogo Nacional", un vasto foro que reúne a 600 organizaciones -muy críticas de la "izquierda institucional"- entre las cuales está el sindicato de electricistas, uno de los más activos de México, y numerosos intelectuales simpatizantes del zapatismo. También asistieron varias personalidades del FAP. Los participantes propusieron "crear una unión nacional para frenar el neoliberalismo y sus políticas contrarias a los intereses de los trabajadores". La CND, por su parte, se dedicó a preparar una gran concentración para fines de marzo con el fin de relanzar el movimiento iniciado por "AMLO" en septiembre de 2006.

Toda esta agitación ¿anuncia acaso una "bolivianización" del movimiento mexicano? ¿Podrá este movimiento imponer el cambio sin disponer de mayoría parlamentaria, como lo hizo Evo Morales, incluso antes de su victoria electoral, afirmándose en el Parlamento con la ayuda de un "instrumento político" disciplinado -el Movimiento al Socialismo (MAS)- y de la movilización popular? El ejemplo más acabado de esta estrategia fue el voto por el Congreso boliviano, el 17 de mayo de 2005, de una ley sobre los hidrocarburos, impuesta al gobierno neoliberal del momento; esta ley constituyó el primer paso hacia la nacionalización de los recursos energéticos.

Resulta dudoso que la izquierda mexicana pueda producir, a corto plazo, un "instrumento político" único. Pero sus diferentes aparatos llevarán sin duda a cabo una ofensiva concertada. La "campaña de adhesiones" lanzada a comienzos de enero por el "gobierno legítimo" marcha a tambor batiente. El ritmo actual supera las previsiones. El objetivo final es constituir una nueva base social, dispuesta a "responder al llamado o a la convocatoria del presidente legítimo para defender su causa", como lo estipula la carta de compromiso firmada por los simpatizantes de López Obrador. Esta base podría superar ampliamente a la base militante del PRD, que cuenta con sólo 4 millones de afiliados, a pesar de que 14 millones de mexicanos votaron por él.

Aunque López Obrador niega cualquier intención de crear un nuevo partido único de la izquierda, las acciones emprendidas dicen mucho sobre la gran autoridad que ha adquirido entre los políticos del PDR o de la centroizquierda, de la cual desconfía. Su "ministra" de Trabajo, Berta Luján, lo reconoce implícitamente: "El gobierno legítimo, el FAP y la CND trabajarán juntos, pero nuestra representación en el Congreso estará ahora controlada por una base social atenta, que constituirá un muro de contención contra las desviaciones y las traiciones", dice refiriéndose, por ejemplo, al voto del PRD, en 2005, a favor de una ley que, de hecho, ofrece un monopolio de la comunicación a las dos grandes empresas privadas de televisión del país. Si estas expresiones de Luján, militante altermundialista aguerrida, son seguidas por hechos, se confirmará un profundo cambio de objetivo, ya que el propio López Obrador no se opuso a la sanción de esa ley.

Jesús Ortega y los principales dirigentes del PRD tratan, por su parte, de integrar nuevas fuerzas al FAP. "Acabamos de firmar un acuerdo histórico con la Unión Nacional de Trabajadores (independiente de los sindicatos clientelistas controlados por el PRI y el PAN) -hace notar Ortega- sobre bases claras: para la defensa de los recursos energéticos, del salario mínimo y del empleo, y por la renegociación del capítulo agrícola del Tratado de Libre Comercio firmado en 1993 con Estados Unidos".

Así, el FAP podría abrirse hacia un pequeño partido de izquierda -Alternativa Socialdemócrata y Campesina- que le brindó a López Obrador más de un millón de votos, a algunos sectores de Confederación Campesina (que tiene, sin embargo, un origen priísta) y a la APPO. "Esta organización tiene un contenido democrático ejemplar", señala Ortega, que no parece molesto de que la extrema izquierda cumpla en ella un papel importante.

Esta apertura confirmaría que la izquierda política ahora desea apoyarse en el conjunto de los actores de la oposición. En efecto la APPO, un modelo de organización nacido desde la base para la defensa de valores e intereses locales, sin prejuicios políticos, se constituyó por fuera del PDR, e incluso contra él. En ella se encuentran zapatistas -entre los estudiantes de la Universidad de Oaxaca y en ciertas comunidades indígenas del Estado-, las organizaciones indígenas ya existentes 4, militantes regionales del PDR, sindicalistas del gremio docente, miembros de las redes urbanas de diferentes grupos guerrilleros marxistas leninistas, y asociaciones civiles urbanas provenientes de la clase media, que luchan por la ecología, la defensa del patrimonio cultural, los derechos humanos, la educación laica y gratuita, los derechos de la mujer, la defensa de los emigrantes...

En cualquier caso, López Obrador, sus "ministros" y el FAP se reúnen todos los lunes para definir, no sin dificultades, objetivos comunes. Prometen presentar a la opinión y al Parlamento, antes de fin de año, cuatro reformas importantes:

  • una reforma fiscal que establezca una real progresividad del impuesto a los ingresos y un impuesto efectivo sobre las plusvalías y la fortuna;
  • una ley anticorrupción que incluya una reducción drástica de los salarios de los ministros y altos funcionarios;
  • una reforma del Estado que prive al Presidente de poderes discrecionales;
  • una reforma del Código del Trabajo que limite la precariedad del empleo, garantizando la independencia del movimiento sindical, ahora cooptado por el Estado.

La CND trabaja en un plan global de reformas legislativas. Son iniciativas "reformistas" que parecen "revolucionarias" en un país donde los privilegios y los abusos superan la capacidad de entendimiento. Los accionistas del Banamex, por ejemplo, vendieron su banco al estadounidense City Bank por 12.000 millones de dólares, sin pagar un céntimo de impuestos, gracias a la implementación de un "régimen especial" que protege la transacción. Mientras tanto, millones de empleados del Estado o privados, trabajadores llamados "de confianza", carecen de un contrato de trabajo y pueden ser despedidos en cualquier momento, es cierto que con indemnización, pero sin ninguna posibilidad de recurso legal para conservar su empleo.

Desafíos en puerta

El "gobierno legítimo" ¿hará movilizaciones callejeras para apoyar estas propuestas? Luján asegura que lo hará, de manera sistemática, para defender los derechos adquiridos o las conquistas sociales, así como el salario mínimo o el control por parte del Estado de los hidrocarburos y de la energía eléctrica. Y una vez y otra, para imponer reformas estructurales.

Para saber si el conflicto electoral de 2006 dio nacimiento a una nueva izquierda habrá que esperar un plazo simbólico. En 2008 entrará en vigencia el capítulo agrícola del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), firmado a fines de 1993 entre México, Estados Unidos y Canadá. Este capítulo prevé que los productos agrícolas estadounidenses podrán, a partir de ese momento, entrar a México sin pagar derechos de aduana. Se trata de una medida que afectará duramente a tres millones de familias de agricultores, incapaces de enfrentar la competencia. López Obrador jura que exigirá la renegociación del tratado en ese punto.

Cuando la izquierda mexicana se manifieste masivamente por la defensa de sus campesinos, se unirá -tal vez sin quererlo- a la izquierda latinoamericana que ha hecho del rechazo a los acuerdos de libre comercio su caballito de batalla desde hace quince años. ¿Podrá llegar más lejos? Luján no excluye que el "gobierno legítimo" proponga, en un cierto plazo, la integración de México a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA, constituida por Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua) 5 al mismo tiempo que seguirá ligado a Estados Unidos en el marco del NAFTA.

Pero ese momento está todavía lejos, y numerosos obstáculos frenan por ahora esa dinámica de construcción de un "instrumento político" que represente los intereses de todas las fuerzas progresistas del país. Los dirigentes de la izquierda radical -en particular los zapatistas- y muchos dirigentes de la izquierda social reunidos en el "Diálogo Nacional", afirman que el FAP no podrá asumir ese papel, aunque se abra a organizaciones como la APPO. Piensan que los dirigentes del FAP continuarán privilegiando, en una lógica puramente electoral, la negociación con el poder, pensando que el interés del gobierno de Calderón y del PRI consiste en ceder, con la esperanza de consolidarse, en una pequeña cantidad de reivindicaciones sociales y democráticas, como la defensa del poder de compra o la reforma del Estado.

Aprestándose a lanzar la segunda fase de la "Otra Campaña" 6, para dotar al zapatismo de una base nacional, el subcomandante Marcos persiste, en nombre del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en sus ataques contra el FAP y López Obrador. La verdad es que estos últimos le ofrecieron, en enero último, una ocasión para denunciar su falta de coherencia. Para aumentar sus chances de ganar las próximas elecciones locales en el Estado de Yucatán, pensaron en nombrar a una disidente ultraconservadora del PAN como candidata única del FAP. "Y ahora -ironiza Marcos en uno de sus famosos comunicados vitriólicos-, nos dicen que "AMLO" y la Otra Campaña deben coincidir (¡Ah! ¡Ah!) ¡mientras reclutan a los rescatados del naufragio de la extrema derecha!". Dándose cuenta de lo incongruente de la situación, el PRD y el FAP renunciaron a la candidatura de la tránsfuga. Dicen que bajo la presión de López Obrador... que hasta ese momento no se había opuesto.

Al mismo tiempo, López Obrador y su "gobierno legítimo" se desmarcan, de alguna manera, de la "izquierda institucional". Convencidos de que el gobierno de Calderón no cederá sin movilizaciones populares, apuestan a la CND, esperando que propulse hacia el centro de la escena a una nueva clase de dirigentes capaces de imponer una línea más "rupturista" al FAP, a Ortega y a los antiguos miembros del PRI que se unieron al PRD en los años '90. Josetxo Zaldúa, subdirector del periódico de izquierda La Jornada, ve en eso una contradicción, ya que López Obrador, él mismo un ex priísta, no tendría "la flexibilidad necesaria para reunir los elementos dispersos de la izquierda y desmarcarse de un enfoque populista".

En realidad, mucho dependerá de la APPO, que aparece hoy como "un embrión de cambio nacional", retomando los términos de Tomás Martínez, miembro de su nueva dirección. Después de ocho meses de enfrentamientos y de represión, la organización ha elegido, parece, la vía de la resistencia pacífica, desmarcándose de sus elementos más radicales. Continuará movilizándose para exigir la salida de Ruiz y la convocatoria a una constituyente "que reestructure" el Estado de Oaxaca, pero no desdeñará la vía electoral para hacer avanzar su causa.

A comienzos de enero, la APPO consideraba la posibilidad de presentar candidatos, bajo la bandera del FAP, en las próximas elecciones del Estado de Oaxaca. Se arrepintió de esa intención a fines de enero, pero sigue negociando con el PRD. Algo impensable hace tres meses, una alianza con el "gobierno legítimo" en el marco de la CND, ahora parece posible.

Dos certidumbres se imponen ante el proyecto de unión: la "Otra Campaña" del subcomandante Marcos no formará parte, oficialmente, -aun cuando numerosos simpatizantes zapatistas se sienten involucrados- y los dirigentes más moderados del FAP están convencidos de no dejarse desbordar. "La única solución es que la izquierda social, sindical, cultural, no partidaria, y la APPO se fundan con nosotros en una gran Convención Nacional Democrática, que se transforme en una poderosa fuerza de movilización popular", confía Jesús Ramírez, joven asesor de López Obrador. Proveniente del zapatismo y consciente de las dificultades que enfrenta el movimiento, sigue sin embargo convencido de que la batalla, que recién comienza, puede ser ganada.

Porque son claramente tres las izquierdas que se han despertado al calor del conflicto post electoral. Una que rechaza el enfrentamiento. La segunda que comparte con la primera la idea de cambiar el país por la vía de reformas legislativas, pero sabe que nada es posible sin movilizaciones masivas de los descontentos. Y la tercera, que apuesta a la estrategia del desbordamiento. "Oaxaca es nuestra Bolivia", afirma Luis Hernández Navarro, editorialista y fino conocedor de las sutilezas de la izquierda mexicana.

  1. Mientras el resultado del escrutinio del 2 de julio, que tuvo una diferencia muy ajustada de 243.934 votos sobre un total de más de 41 millones, es decir, el 0,58% de los votos, era fuertemente cuestionado, el Tribunal Electoral se rehusó a proceder a un nuevo recuento de las boletas. Véase Ignacio Ramonet, "México fracturado", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, agosto de 2006.
  2. A partir del 22 de mayo de 2006, un largo conflicto enfrentó a 40.000 profesores en huelga y a la casi totalidad de las organizaciones sociales con el gobierno del Estado de Oaxaca. Véase Anne Vigna, "El desafío de los comuneros de Oaxaca", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2006.
  3. Los policías federales abusaron sexualmente de una quincena de detenidas durante su transferencia hacia una cárcel de alta seguridad en el norte del país.
  4. Antes del nacimiento de la APPO, 22 organizaciones indígenas ya se habían agrupado en la Coordinación Oaxaqueña Magonista Popular Antineoliberal (COMPA).
  5. De orientación claramente antineoliberal, el ALBA promueve la integración latinoamericana en el marco de lo que el presidente venezolano Hugo Chávez define como el "socialismo del siglo XXI".
  6. Véase Fernando Matamoros Ponce, "La otra campaña de los zapatistas", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2006.
Autor/es Jean-Claude Boyer
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 94 - Abril 2007
Páginas:12,13,14
Traducción Lucía Vera
Temas Ciencias Políticas, Política, Políticas Locales
Países México