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Candidatos alejados del mundo

Se dice que la política exterior no sirve para ganar las elecciones, sino a lo sumo para perderlas. Por eso los candidatos presidenciales de Francia no definen su posición cuando se trata de dos cuestiones candentes: Irán y Palestina. Los desafíos internacionales apenas los movilizan. En cambio, para todos ellos la defensa de los derechos humanos debería ser el principal criterio de su política exterior. ¿No es algo limitado?

"La política exterior no es un lujo. Francia va a necesitarla más que nunca", escribe Hubert Védrine en su último ensayo 1. El ex ministro de Relaciones Exteriores presenta un lúcido panorama de los múltiples legajos candentes -algunos de ellos verdaderas bombas de tiempo políticas- frente a los cuales el próximo gobierno francés tendrá que posicionarse, igual que los demás. Evoca particularmente el engranaje que podría llevar a un "choque de civilizaciones" 2.

Resulta significativo que en el programa de los candidatos a la presidencia, la política exterior y la defensa aparezcan a menudo en último término, asociadas a los asuntos europeos. Los dos temas están efectivamente conectados, dado que algunas políticas exteriores nacionales pueden ser compartidas a nivel europeo. Además, la Comisión de Bruselas dispone de representaciones autónomas en más de 100 países. Están conectados también porque la política comercial y la política agrícola comunes  desde hace décadas, de competencia exclusiva de la Unión Europea (UE) no pueden ser desvinculadas de las negociaciones políticas y diplomáticas que los Estados miembros mantienen con terceros países.

Pero ambos temas son también diferentes, dado que la UE enmarca muy estrictamente las políticas internas. Los Veintisiete ya no cuentan con dos herramientas económicas: la política monetaria y la presupuestaria. La fiscalidad, que en teoría sigue estando en manos de los Estados, en la práctica tiende a uniformizarse por lo bajo, por la presión de la competencia intra-comunitaria. Y las casi 80.000 páginas de los "logros comunitarios" (tratados, directivas, decisiones, reglamentos, jurisprudencia) formatean la casi totalidad de las actividades nacionales.

Por lo tanto, lógicamente, el capítulo Europa debería figurar en un lugar de relieve en todos los programas electorales, en la medida en que sólo en los intersticios de las políticas comunes se sitúan los márgenes de maniobra de las decisiones nacionales. Sin un borrón y cuenta nueva de esas políticas, y por lo tanto sin renegociación del contenido mismo de los tratados, muchas medidas incluidas en los catálogos de propuestas de unos y otros están totalmente desprovistas de alcance efectivo.

Pizcas de visión geoestratégica

Entre las medidas presentadas por los candidatos que fueron partidarios del "sí" al tratado constitucional europeo, rechazado el 29 de mayo de 2005 -que sin embargo las hubiera hecho imposibles- podemos citar el rechazo al dumping fiscal, formulado por Nicolas Sarkozy (Unión para un Movimiento Popular, UMP) 3. Esta tesis es retomada vagamente por François Bayrou (Unión para la Democracia Francesa, UDF), favorable a una armonización de la fiscalidad europea. También se puede citar la exigencia de los Verdes y de su candidata, Dominique Voynet, de "reservar el acceso al mercado europeo a los productos y servicios que respeten al menos las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo en su fase de producción y de transporte"; y la medida nº 89 (sobre 100) del Pacto Presidencial de Ségolène Royal (Partido Socialista, PS), destinada a inscribir en los estatutos del Banco Central Europeo (BCE) el objetivo de crecimiento-empleo. Dominique Voynet va aún más lejos, pues propone volver a analizar la cuestión de la independencia del BCE.

Esas medidas, y muchas otras, que cuestionan abiertamente el contenido de los tratados, condicionan un buen número de políticas económicas y sociales propuestas, por otra parte, por esos mismos candidatos. Sin embargo, ninguno de ellos precisa qué ocurriría si tales medidas no fueran aceptadas por los otros 26 Estados miembros de la UE, hipótesis, sin embargo, altamente probable...

Poco locuaces sobre ese punto primordial, esos candidatos, como la mayoría de los restantes, lo son apenas un poco más en lo referente a la política exterior que pondrían en marcha en caso de ser electos. La mayoría se limita a algunas generalidades, mechadas con una pizca de visión geoestratégica. Sólo aparentemente es paradójico que las propuestas más elaboradas y más numerosas provengan de candidatos que no tienen ninguna posibilidad de acceder al Eliseo: Olivier Besancenot (Liga Comunista Revolucionaria, LCR), José Bové y Marie-George Buffet (Izquierda Popular y Antiliberal) son los únicos 4 en proponer -para no tomar más que un ejemplo- la retirada o la emancipación de Francia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y hasta la disolución de esa entidad. Por su parte, Ségolène Royal se limita a exigir "que se resista a los tropismos de extensión permanente de los terrenos de acción y de las áreas de intervención de la OTAN".

De manera general, los candidatos de los partidos de gobierno (UMP, UDF y PS) se limitan a adoptar posturas de principio, pero no pueden evitar dar algunas precisiones, al menos sobre tres grandes temas que impone la actualidad: las relaciones con Estados Unidos, los conflictos en Medio Oriente y la presencia francesa en África.

Los "lazos transatlánticos", sobre todo después del desastre iraquí y de la victoria de los demócratas en las elecciones legislativas de noviembre pasado en Estados Unidos, son un tema altamente sensible. De la lectura de los programas y las declaraciones se desprende que toda inclinación atlantista se volvió -al menos de palabra- un verdadero tabú para el conjunto del abanico político. La cuestión ni se planteaba para los candidatos situados "a la izquierda de la izquierda" ni para Philippe de Villiers (Movimiento para Francia,  MPF) o Jean-Marie Le Pen (Frente Nacional). En su programa, los Verdes y Dominique Voynet no dicen nada sobre el tema, pero no se los puede sospechar de una simpatía particular por los Estados Unidos de George W. Bush, verdadero contramodelo de la ecología política. En cambio, se aguardaba conocer las posiciones de Bayrou, de Ségolène Royal, y sobre todo de Sarkozy.

Bayrou y el PS condenaron en su momento la invasión a Irak. Ahora, la campaña electoral les permitió actualizar sus críticas. Así, Bayrou afirmó: "Yo aprobé la posición definida por el presidente Chirac y defendida por Dominique de Villepin. Francia no fue arrogante, fue fiel a sí misma". Ségolène Royal también apreció positivamente la política de Jacques Chirac.

Sobre ese último punto se desmarcó de las posiciones adoptadas por uno de sus competidores en la investidura del PS, Dominique Strauss Kahn, quien, al denunciar el "estilo" de la diplomacia francesa, deja dudas respecto de lo que piensa realmente sobre la cuestión de fondo. En la revista Le Meilleur des mondes, en la que participan "intelectuales" pro estadounidenses y favorables a la guerra en Irak (como André Glucksmann), el ex ministro de Finanzas declaró tranquilamente: "En ese punto mi línea podría resumirse así: ni Chirac ni Blair. Ni la arrogancia estéril de Jacques Chirac, ni el seguidismo de Tony Blair" 5.

"Arrogancia": la palabra clave utilizada a un lado y otro del Atlántico por los adversarios de la posición francesa sobre Irak, también fue pronunciada por Sarkozy en el mismo número de la revista de los "neoconservadores" franceses: "No quiero una Francia arrogante". Como prueba de la humildad que piensa darle a la política exterior de su país, el candidato de la UMP viajó el pasado 12 de septiembre a Washington. Allí, para ganarse el derecho a una foto junto a Bush, había declarado que Francia no estaba "exenta de reproches" en su relación con Washington. 

Rápidamente Sarkozy comprendió el enorme error que había cometido mostrándose ostensiblemente junto al presidente de Estados Unidos y pareciendo avalar su política. Esa actitud ya había contribuido a la derrota del presidente del gobierno español, José María Aznar, en las elecciones de marzo de 2004, y próximamente va a ser la causa del retiro sin gloria de Anthony Blair en el Reino Unido. Así es que, cargando como una cruz el apodo de "Sarkozy el americano", el candidato se esfuerza desde hace semanas por corregir su imagen de atlantista, pidiendo "a nuestros amigos estadounidenses" que dejen a Francia y a Europa "libres", y jurando que "amistad no es sumisión" (discurso del 28 de febrero de 2007). Pero lo importante es saber si su declaración sincera fue la de septiembre de 2006, o la de febrero de 2007.

Sobre la situación en Palestina, los tres candidatos que aparecen primeros en las encuestas no se diferencian de la actual posición oficial, sin por ello reivindicarla. Bayrou no dice nada. Sarkozy emite algunas señales subliminales: mientras afirma que "no se le puede aceptar todo a Israel" -manera de rectificar al margen su reputación de incondicional apoyo al Estado hebreo (y percibido como tal en Jerusalén)- recuerda que su "primer viaje como presidente de la UMP fue a Israel para entrevistarse con Sharon" 6.

Las declaraciones contradictorias de Ségolène Royal en ocasión de su viaje a esa región despertaron comentarios moderados, pues pareció apoyar la construcción del muro 7, a la vez que recogía opiniones amables del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas. La medida nº 92 de su Pacto Presidencial -"Lanzar junto a nuestros socios europeos la iniciativa de una Conferencia Internacional de Paz y de Seguridad para Medio Oriente"-  es suficientemente vaga y subordinada a la buena voluntad de los otros participantes como para no prestarse a controversia. Pero se omite decir sobre qué bases jurídicas se reunirá esa Conferencia. Únicamente Jose Bové y Marie-George Buffet precisaron que la misma debería realizarse en el marco de las Naciones Unidas; tener como objetivo la creación de un Estado Palestino Independiente junto al Estado de Israel, en las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital; y reconocer el derecho al retorno de los refugiados (cuya aplicación requeriría una renegociación).

Una declaración engorrosa

Aunque se trata apenas de evocar lo que dispusieron las resoluciones de las Naciones Unidas, la candidata socialista, sea cual fuere su posición personal sobre el tema -si es que tiene alguna claramente definida- debe tener en cuenta el significativo tropismo pro israelí de las esferas dirigentes de su partido. Ese fenómeno se expresa de manera codificada (como en el caso de la "arrogancia") en la crítica de la "política árabe de Francia", lo que quiere decir que no es suficientemente favorable al Estados de Israel. No es de extrañar que Strauss Kahn critique duramente esa "política" en las páginas de Le Meilleur des mondes 8.   

Sobre la cuestión iraní, las posiciones  -cuando existen- son claras sólo en apariencia. Para Bayrou, aceptar que Irán posea armas nucleares equivaldría a un nuevo "Munich". Por lo tanto recomienda proceder con "firmeza", sin que se sepa hasta dónde podría ir esa posición. Sarkozy consideró que, debido al impacto de las sanciones económicas contra Teherán, una intervención militar sería "inútil", pero se negó a calificarla por anticipado de "peligrosa". Ségolène Royal se cuidó de reiterar su declaración, muy engorrosa -y totalmente contraria al derecho internacional- en la que afirmaba que incluso debería negarse al régimen de los mollahs el acceso a la energía nuclear civil. En síntesis, nadie sabe qué posición adoptará un gobierno dirigido por alguno de esos tres candidatos en caso de intervención militar de Estados Unidos y/o de Israel.

Hay al menos un punto común a todos los pretendientes a la primera magistratura, de uno al otro extremo del abanico político: el fin de la "Franciáfrica", de esa relación especial y personalizada del presidente de Francia con los dirigentes africanos -presentables o no- y de sus ramificaciones de todo tipo, iniciadas en la década de '60, y manejadas durante las sucesivas presidencias por Jacques Foccart, Charles Pasqua y Jean-Christophe Mitterrand. No sería más que la aplicación regional de una de las tres corrientes que criticaron la diplomacia de Jacques Chirac, y que enumera Védrine: el "derechohumanismo", definido como el primer principio de la acción exterior; mientras que los otros dos serían el europeísmo y el atlantismo 9

El resultado del referéndum del 29 de mayo de 2005 y el fiasco iraquí quitaron legitimidad, al menos provisoriamente, al europeísmo y al atlantismo. En cambio, el "derechohumanismo" llegará al poder en Francia  -sea cual sea el candidato electo el 6 de mayo-  y se manifestará en actitudes respecto de China y de Rusia, del mundo árabe y de África. A falta de una visión global de las relaciones de fuerza mundiales y de su evolución, como del espacio que pueden dejar para la expresión de los intereses nacionales vitales, convertidos en "poco gloriosos y políticamente incorrectos" 10, esa orientación tiene la ventaja de brindar un punto de referencia simple, que algunos calificarán de simplista.

  1. Hubert Védrine, "Continuer l'histoire", Fayard, París, 2007.
  2. Alain Gresh, "Francia se enreda en Medio Oriente", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2006.
  3. Discurso de Bruselas, 8-9-06.
  4. No encontramos rastros de la posición de Arlette Laguiller sobre el tema.
  5. Le Meilleur des mondes, n° 2, París, otoño de 2006.
  6. Ibid.
  7. Dominique Vidal y Philippe Rekacewicz, "Israel confisca Jerusalén Este", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2007.
  8. Le Meilleur des Mondes, op. cit.
  9. Hubert Védrine, op. cit.
  10. Ibid.
Autor/es Bernard Cassen
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 94 - Abril 2007
Páginas:18,19
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ciencias Políticas, Política, Derechos Humanos, Política internacional
Países Francia, Irán, Palestina