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Un móvil para la insurrección

El fracaso de la guerra de Estados Unidos en Irak es evidente en los planos político y militar, pero también en el terreno de la reconstrucción. Decenas de miles de millones de dólares han sido despilfarrados y aun desviados por empresas como Halliburton, que acaba de anunciar su traslado de Houston a Dubai. La mayoría demócrata del Congreso propuso una legislación para controlar esos fondos.

"El año pasado, Fallujah parecía una zona en demolición. (Hoy) veo mejoras por todas partes. La vida allí es muy hermosa." "Éste es un gran día para mi ciudad, las fuerzas de la coalición están haciendo grandes cosas aquí." Los videos que proclaman: "Estamos aquí para ayudar al pueblo de Irak", de donde fueron extraídas estas declaraciones, muestran a soldados que donan un generador a un centro médico o entregan zapatos a niños iraquíes.

La agencia US-AID publica periódicamente un boletín, Iraq Reconstruction Weekly Update. Reporting progress and good news, que ve en la reconstrucción de Irak una serie interminable de proyectos, de milagros que hacen mejor la vida de unos ciudadanos supuestamente rebosantes de admiración y gratitud. El Ministerio de Defensa de Estados Unidos y los organismos asociados a él editan informes ditirámbicos sobre los enormes progresos realizados. Un comunicado reciente hace alarde de los 10.500 millones de dólares utilizados en unos 3.500 proyectos, cuya casi totalidad ya habrían sido puestos en marcha y realizados en un 80% 1

Múltiples informes independientes, en los que se subraya que los informes oficiales suelen ser exagerados o mentirosos, pintan un panorama muy distinto. Por ejemplo, el Departamento de Estado sostuvo que 64 proyectos de conducción de agua y construcción de cloacas estaban terminados y 185 en proceso, pero el Government Accountability Office (GAO) -órgano del Congreso que audita los programas gubernamentales- declaró que las cifras eran burdamente magnificadas. El Departamento de Estado se demostró incapaz de proporcionar a los indagadores una lista de los proyectos terminados, cosa que hizo imposible contabilizarlos 2. En reiteradas oportunidades, los organismos de reconstrucción estadounidenses fueron objeto de críticas por su total incompetencia en la gestión de esos programas.

La construcción de 150 centros médicos de una necesidad apremiante constituyó un completo desastre. Al cabo de dos años, y después de haberse gastado 186 millones de dólares, sólo seis estaban terminados. Y el organismo estadounidense a cargo del proyecto redujo la obligación del constructor a... 20 centros 3. Los equipamientos médicos entregados no sólo no fueron objeto de revisión sino tampoco de inventario. Cuando los expertos encargados de la auditoría controlaron estas mercancías, constataron que cerca de la mitad de los equipos estaban dañados o presentaban problemas. Y seguían guardados en un depósito sin que ningún organismo iraquí ni estadounidense hubiese encontrado el modo de hacerlos llegar a sus usuarios 4.

En cuanto a la construcción de un instituto de formación policial en Bagdad, mediante un contrato de 72 millones de dólares, era a tal punto deficiente que los verificadores concluyeron: "El programa gubernamental destinado a garantizar la calidad de los trabajos fue completamente incapaz de controlar la prestación de la empresa contratada" 5.

El fiasco estadounidense

El fracaso de esta reconstrucción es una de las causas subestimadas del fracaso estadounidense en Irak. Cuando en la primavera de 2003 Estados Unidos derribó el régimen de Saddam Hussein, muchos iraquíes expresaron agradecimiento y optimismo, esperanzados en que la ocupación duraría poco, y en que a corto plazo Washington les permitiría manejar sus propios asuntos. Pero prevalecieron los peores escenarios: la ocupación se prolongó y la reconstrucción del país fue un fracaso.

Durante el verano, al llegar los grandes calores, las autoridades de la ocupación otorgaron contratos jugosos a algunas sociedades estadounidenses, pero en el terreno no se hizo nada: la electricidad siguió faltando, tanto a los particulares como a las fábricas de tratamiento de las aguas servidas, así como a los refrigeradores donde se almacenaban medicamentos indispensables. La situación humanitaria se deterioró rápidamente. A falta de un tratamiento adecuado de las aguas, se propagaron epidemias de disentería y otras enfermedades.

La decepción fue aún mayor porque los iraquíes creían en el todopoderío de Estados Unidos. Además, podían comparar los esfuerzos estadounidenses con los del régimen de Saddam Hussein después de los bombardeos masivos de la guerra de 1991, que destruyeron todas las infraestructuras del país -puentes, rutas, centrales eléctricas, telecomunicaciones, fábricas, refinerías-. Instalaciones arrasadas se recompusieron, aquí se desmanteló una fábrica para hacer funcionar otra más allá, y al cabo de unas pocas semanas la electricidad se había restablecido. Se envió a reconstruir puentes a todos los ingenieros del país, e incluso a los físicos nucleares 6. En tres meses, la red telefónica quedó arreglada. En agosto de 2003, cuando tuvo lugar el gran corte de electricidad de Nueva York, en Bagdad circulaba una broma: "¡Ojalá no esperen a que los estadounidenses lo arreglen!"

Ineficiencia y corrupción

Los funcionarios de Estados Unidos adoptaron la costumbre de calificar al gobierno de Saddam Hussein como un "régimen cleptócrata". El epíteto se aplica con pareja exactitud a la reconstrucción que tuvo lugar bajo sus auspicios. Los primeros esfuerzos se efectuaron a través del Fondo de Desarrollo para Irak (Development Fund of Iraq), financiado por las exportaciones petroleras y el remanente del programa "Petróleo contra alimentos" 7. Al principio, ese Fondo era controlado por las autoridades de la ocupación, que utilizaron el dinero iraquí para firmar suculentos contratos con empresarios estadounidenses (y algunas empresas de los países aliados): durante los catorce meses de ocupación oficial, antes de la transferencia del poder a un gobierno iraquí, transitaron por ese fondo 21.000 millones de dólares, 18.000 de los cuales se gastaron efectivamente. 

La mala gestión de ese dinero es de pública notoriedad. El 29 de junio de 2003, Washington restituyó provisoriamente al gobierno iraquí el control del Fondo de Reconstrucción. Pero en los quince días previos a esta transferencia, hizo llegar a Irak por vía aérea 5.000 millones de dólares en billetes chicos envueltos en nailon, y los distribuyó como bombones. Hay fotos que muestran a empresarios que acuden al lugar con bolsos; los funcionarios estadounidenses ni siquiera contaron el dinero antes de distribuirlo. Una transferencia de 1.400 millones de dólares tuvo lugar sin la menor explicación y sin dejar más rastro que la lacónica mención "transferencia de fondos". ¿Cuál fue la suma más abultada desembolsada sin justificativo? Los 8.800 dólares enviados por la Autoridad Provisoria de la Coalición (Coalition Provisional Authority, CPA) a algunos ministerios iraquíes.

Primero el estudio jurídico Klynfeld, Peat, Marwick y Goerdeler (KPMG) y luego Ernst and Young, bajo el mandato del Comité Internacional de Asesoramiento y Control de las Naciones Unidas (International Advisory Monitoring Board, IAMB) examinaron con lupa las cuentas del Fondo de Desarrollo. Un informe publicado por este comité en diciembre de 2004 reporta "cientos de irregularidades" en los procedimientos contractuales aplicados por el CPA, en particular datos faltantes y pagos efectuados sin haberse controlado la ejecución del contrato. Una auditoría específica efectuada por KPMG para el primer semestre de 2004 detectó 37 contratos por 185 millones de dólares cuyos expedientes permanecían inhallables; en 111 casos, no existía documento alguno referido a las prestaciones dadas según lo establecido en el contrato 8.

Otra auditoría efectuada por una agencia oficial estadounidense constató que Kellogg, Brown & Root, una de las filiales de la compañía Halliburton, había violado "significativa y sistemáticamente" las leyes federales que rigen el establecimiento de los contratos, proporcionando datos falsos sobre el costo de realización 9. Pero pese a las denuncias, los contratos con esta empresa se renovaron y extendieron constantemente.

Sin agua potable ni electricidad

A medida que los proyectos de reconstrucción van terminando, una nueva serie de revelaciones demuestra espeluznantes incompetencias y negligencias. Un ejemplo es el contrato asignado por Estados Unidos a la renovación del Hospital Al-Hillah (al sur de Bagdad). Se preveía la instalación de cuatro ascensores nuevos. El funcionario estadounidense encargado del proyecto firmó el certificado de finalización de los trabajos, que autorizaba el pago completo e inmediato, antes de terminada la obra. Tres meses después, uno de los tres ascensores "nuevos" se desplomó, causando tres muertos: el empresario no había instalado ascensores nuevos, sino que había remozado los viejos -con muy poco esmero, evidentemente 10-.

En otro caso, el empresario responsable de la construcción de una planta de agua de Al-Soumelat había trabajado tan mal que la empresa no podía producir agua potable: la cañería estaba dividida en tres segmentos inutilizables, que en ningún caso se encontraban conectados al conducto de alimentación principal 11. Se registraron decenas de ejemplos de fallas de obra, mercancías nunca entregadas, equipamientos que no funcionaban.

Los organismos estadounidenses procuraron justificar la lentitud de la reconstrucción con la mediocre situación de Irak en el momento de la "liberación" de 2003: "Los proyectos estadounidenses ayudaron a Irak a estabilizar su producción petrolera y a reponerse de décadas de negligencia bajo el régimen anterior" 12. "Antes del mes de abril de 2003, muchas plantas de agua estaban o bien totalmente inactivas o bien funcionando con fallas graves, y las de tratamiento de las aguas servidas funcionaban mal o bien no funcionaban. 13". "El sistema de salud iraquí no había sido financiado ni dirigido de modo duradero o sistemático al menos en las dos décadas previas a la liberación 14."

En realidad, la lamentable situación de Irak se debía menos a las negligencias del régimen que a los bombardeos de Estados Unidos y sus aliados, que habían destruido todas las infraestructuras nacionales durante la Guerra del Golfo de 1991. A continuación, durante trece años, Washington utilizó sistemáticamente su veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para impedir que Irak importara los equipamientos indispensables para el restablecimiento de su industria, su agricultura, su producción energética, y de todo lo que exigía el funcionamiento de una sociedad industrial.

El razonamiento subyacente a esas sanciones drásticas era deslegitimar a Saddam Hussein ante la opinión pública iraquí: las privaciones debían provocar una desesperación tan grande que el pueblo se sublevaría y derribaría al régimen. Y si bien nada de eso sucedió en tiempos de Saddam Hussein, es precisamente lo que sucede bajo la ocupación estadounidense... La lamentable incapacidad de Estados Unidos para suministrar agua y electricidad y poner nuevamente en marcha la economía, el desvergonzado saqueo del país y las exorbitantes sumas entregadas a empresas estadounidenses para una reconstrucción chapucera alimentaron una insurrección que exige la retirada de las tropas extranjeras.

  1. "Iraq Reconstruction Report", Washington, 6-2-07.
  2. "GAO Report", informe 05-876, Washington, julio de 2005.
  3. Testimonio de Stuart W. Bowen Jr., Inspector Especial General para la Reconstrucción de Irak, 28-9-06.
  4. Inspector Especial para la Reconstrucción de Irak (SIGIR), "Review of the medical equipment purchased for the primary healthcare centers associated with Parsons Global Services (Recapitulación del equipamiento médico adquirido para los centros de asistencia asociados a los Parsons Global Services)", informe 06-025, Arlington (Virginia), 28-7-06.
  5. Testimonio de Stuart W. Bowen Jr., 18-1-07.
  6. Eric Rouleau, "Le peuple irakien première victime de l'ordre américain", Le Monde diplomatique, París, noviembre de 1994.
  7. En el programa "Petróleo contra alimentos", instaurado en 1995 por la resolución 986 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y aprobado en 1996 por Irak, se preveía que Bagdad pudiera exportar petróleo por 2.000 millones de dólares semestrales -monto que se llevó a 5.200 millones en 1998-. Estas sumas, depositadas en una cuenta especial, debían utilizarse en un 53% para la compra de alimentos y medicamentos, y el resto para indemnizar a las víctimas de la guerra de 1991 y financiar la gestión del embargo. En la primavera de 2004, la derecha estadounidense acusó a Naciones Unidas de corrupción en la aplicación de ese programa.
  8. KPMG, "Development Fund for Iraq: Report of Factual findings in connection with Disbursement for the Period 1 January 2004 through 28 June 2004", Bahrein, septiembre de 2004.
  9. Diputado Henry A. Waxman, "New Information about Halliburton contracts", informe dirigido a los representantes demócratas del House Government Reform Committee, Washington, DC, 10-3-04.
  10. SIGIR, "Management of RRRP contracts in south-central Iraq", informe 05-023, enero de 2006 .
  11. SIGIR, informe al Congreso de Estados Unidos, julio de 2005.
  12. Quarterly update to Congress-2207 report, octubre de 2006.
  13. Ibid.
  14. Ibid.
Autor/es Joy Gordon
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 94 - Abril 2007
Páginas:20,21
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Ciencias Políticas, Política
Países Estados Unidos