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¿Hacia un turismo sexual masivo?

Las industrias de viaje y de sexo comparten muchos intereses en la transformación del mundo en un gigantesco parque de ocio. Arraigado en el antiguo universo de la prostitución, el turismo sexual se extiende al ritmo del crecimiento de la movilidad y de la mundialización turística. En los países donde la constante es la pobreza, afecta a millones de seres humanos, de los cuales una parte no despreciable son niños.

Después del turismo tradicional, ahora le toca vivir su "democratización" al turismo sexual. Cada vez más, se observa el crecimiento de una "prostitución a la carta", una tendencia que, finalmente, no hace más que seguir la de los viajes a la carta... Ya no resulta extraño toparse, en Phuket o Ko Samui, para mencionar el caso de Tailandia, con un viajero occidental que lleva, en el asiento trasero de su moto o tomada de la mano, a una girlfriend -denominación oficial y más aceptable que "prostituta"- que alquiló por una semana o un mes.

El turismo sexual vive un efecto "bola de nieve" que no lo protege de la masificación. Siempre en Tailandia, los nuevos clientes son cada vez con mayor frecuencia jóvenes occidentales en busca de aventuras y sensaciones fuertes. Reemplazan poco a poco a los viejos turistas alemanes, japoneses o estadounidenses, quienes, a su vez, habían sucedido a los militares estacionados durante la guerra de Vietnam. Por otra parte, surge una nueva clientela en las playas y los bares: malayos, chinos, surcoreanos...

La prostitución "turística" afecta a muchos países del Sur: allí las chicas (o los chicos) son jóvenes, pobres y tienen poca educación, por ende son fáciles de explotar. Llegan de manera más o menos forzada a la prostitución, "oficio" que no tienen el menor deseo de ejercer. En busca de sexo fácil y barato, los turistas sexuales extranjeros van tras esa carne fresca, disponible y sumisa. Muchos de ellos, para tener la conciencia tranquila, encuentran todas las razones del mundo para convencerse de que no se abusan del desamparo de estos jóvenes. Sólo estarían ayudándolos, apoyándolos e incluso contribuyendo al desarrollo de su país...

En estos Estados, tras el auge del turismo masivo, el sector informal de la prostitución se desarrolló con la importante llegada de turistas individuales. Actualmente puede establecerse una suerte de cartografía del turismo sexual: las mujeres van a Goa (India), Jamaica, Gambia; mientras que los hombres prefieren los países del Sudeste Asiático, Marruecos, Túnez, Senegal, República Dominicana, Cuba, Panamá, Surinam, México, sin olvidar Brasil, donde se estima que no menos de 500.000 niños ejercen la prostitución 1

Libre/forzada, adulta/infantil

El turismo sexual masivo se desarrolla así en el cruce del universo de las movilidades turísticas. Para muchos occidentales, representa una nueva forma de colonización, adaptada a nuestra época. Algunos de ellos querrían establecer a cualquier precio una distinción entre la prostitución forzada y la prostitución voluntaria o "libre", con el pretexto de que en algunas ciudades del Norte -o en enclaves ricos o acomodados de los países pobres- la prostitución de lujo, llamada "libre", permitiría a veces a algunas chicas (que se sustrajeron a la presión de los proxenetas) "disponer libremente de su cuerpo". En cambio, reconocen que en la mayoría de los países del Sur -así como en enclaves pobres de las ciudades del Norte o del Este- la prostitución es siempre una actividad ejercida bajo coacción: proxenetismo, violencia, violaciones, etc. 2. Pero, ¿cómo combatir la prostitución en los países pobres del Sur, si se pretende que en los países ricos del Norte ésta respondería a decisiones individuales?

Otros insisten en que no se confunda prostitución infantil con prostitución adulta. A fuerza de utilizarla como argumento, esta diferencia se vuelve sospechosa. Y cuanto más consenso existe para condenar el abuso sexual infantil, más fácilmente parece admitirse el abuso de adultos (mujeres y hombres) como un supuesto desvío inevitable del mundo en que vivimos. La prostitución infantil escandaliza a todo el mundo mientras que todos, finalmente, terminan aceptando la prostitución "clásica".

En un clima semejante, el turismo sexual se encuentra de alguna manera libre de responsabilidad y culpa. Más aun cuando se apoya en gran parte en las industrias "clásicas" del sexo: la pornografía y la prostitución. Una prostitución que no es sino la traducción práctica de lo que la pornografía propone 3. Ambos universos se ponen de acuerdo para instrumentalizar a los seres humanos e industrializar sus cuerpos. El aparato mediático y publicitario, por añadidura, viene a preparar el terreno para reforzar el reconocimiento oficial de la industria del sexo. Se celebra la violencia sexual al mismo tiempo que se la exhibe en todas partes en los medios de comunicación, incluso para denunciarla. Una paradoja y una confusión a imagen de nuestra cultura del porno chic y soft, que celebra la dominación del macho en momentos en que su virilidad parece menos asumida.

Una oferta cada vez más atractiva alienta y estimula la demanda sexual. El mercado se extiende y diversifica: una internacionalización de la oferta, con chicas cada vez más jóvenes, provenientes de los cuatro rincones del globo, atrae a nuevos clientes 4. Con esta afluencia de migrantes del sexo, alimentada por la sed de consumo, se asegura la rotación de chicas. Objetos de todo tipo de tráfico, los cuerpos están disponibles y se muestran serviciales. Con tarifas -competencia obliga- cada vez más bajas.

El creciente éxito del turismo sexual femenino muestra que, en estos puntos, la mujer sigue los pasos del hombre, repitiendo las mismas representaciones del poder, la dominación y la explotación.

"El cliente es rey"

Al respecto, no está de más unir -en el plano esencialmente simbólico-, por un lado, al "turista organizado" que confió la organización de su viaje a una agencia o a un operador turístico, y por el otro al "turista sexual".

El turista organizado suele librarse de toda responsabilidad desde el momento en que pisa su destino exótico y vacacional. Lo atestigua un viajero, recién desembarcado en el aeropuerto de Hanoi, en Vietnam, que explicaba: "Acabo de aterrizar y de ahora en más confío las próximas semanas a mi guía, ya que estoy demasiado agotado por mi trabajo y durante mis vacaciones no quiero pensar, sino sólo dejarme llevar". Desde luego, no había allí ninguna segunda intención sexual, pero otros turistas establecerán fácilmente el contacto, luego darán el paso...

En efecto, en el otro extremo del mundo, todo se vuelve posible, especialmente desafiar una serie de prohibiciones. Otro ejemplo: un turista del grupo tal vez confíe su destino al guía o a la agencia de viajes, pero al mismo tiempo se permitirá prácticas que habitualmente no se concede en su país. Por ejemplo, bañarse desnudo en una playa en Malasia rodeado de pescadores musulmanes ofuscados, o incluso coquetear con una niña que fue a sentarse a su mesa para venderle cigarrillos o baratijas en un restaurante en Vietnam...

Así es como suele comenzar para el turista medio, lejos de su casa, lo que sería totalmente impensable en su propia tierra. Esta aspiración a la propia transformación es tanto más fácil para los turistas -organizados o no-, por cuanto la ausencia de responsabilidad en vacaciones se instaló en su espíritu... Para el turista organizado, el otro -el "indígena", como se decía en el tiempo de las colonias- es el sirviente turístico, cuyo papel consiste en ser explotado.

El turista sexual suele deshacerse de toda responsabilidad humana ya que, mediante una transacción financiera, se siente liberado de la necesidad de ocuparse del otro: ya no siente ni la obligación de respetarlo, ni tampoco la de procurarle placer. Al pagar por un servicio, sexual en este caso, compra la libertad de una persona sobre la que, durante un determinado tiempo, tiene todos los derechos. Incluso el de reducir a esa persona a la condición de "bien" mercantil.

No necesita tratar con consideración a su presa, obligada a la sumisión, de la que puede disponer a su antojo, sin temor a que una autoridad lo expulse o castigue. El cliente es rey. Particularmente en vacaciones. El cliente-turista es pues el único amo a bordo, ya que el otro fue rebajado a la condición de esclavo sexual, independientemente de que el amo ocasional lo trate bien o mal.

Como se ve, entre el turista organizado y el turista sexual las diferencias son grandes, pero el paso de uno a otro es a veces sorprendentemente fácil. "En general, el sexo pago se convirtió en un componente más o menos visible del turismo masivo", explica Paola Monzini 5. Sin embargo, la mayoría de los turistas sexuales operan en soledad. Esencialmente por dos razones: el temor a que los descubran y denuncien y el egocentrismo evidente del abusador.

¿Un turista organizado puede transformarse en turista sexual? Sí, si se adapta fácilmente a la tendencia actual de seguir la moda del culto al cuerpo y el juvenilismo, sobre el trasfondo del deseo sexual y el malestar civilizatorio 6. El arquetipo de esta clase de veraneante deplorable se encuentra, por ejemplo, en el personaje principal de la novela Plataforma de Michel Houellebecq 7, donde la zambullida en el sexo y el viaje permite al turista vulgar tener la sensación de ser alguien distinto al empleado sumiso y al hombre sin cualidades que es en su monótona vida cotidiana. En Occidente, el turismo sexual continúa representándose de dos maneras mucho más simplistas e incompletas: por un lado el miserabilismo, por el otro el angelismo.

Miseria y belleza

Las cinco principales razones del auge sin precedentes del turismo sexual masivo son la creciente pauperización; la liberalización de los mercados sexuales que alientan de manera más o menos directa el tráfico de personas con fines de prostitución; la persistencia de sociedades patriarcales y sexistas; la degradación de la imagen de la mujer sobre un trasfondo de violencia sexual generalizada y banalizada, y la explotación del turismo internacional y los flujos migratorios de todo tipo. Este auge se vio estimulado por dos características de nuestras sociedades: primero, la "democratización" de los flujos de viajeros (multitudes de turistas que circulan en todas las direcciones); segundo, la hipersexualidad de los jóvenes alimentada por medios de comunicación obsesionados por el sexo. También se alimenta del encuentro entre la miseria y la belleza del mundo. Miseria y belleza confirman la brecha que rige el orden desigual del planeta. Miseria afectiva en el Norte, miseria económica en el Sur y el Este; "belleza" de los bienes materiales de consumo en el Norte, belleza de los paisajes y las personas, pero también de la espiritualidad, el modo de vida y las "tradiciones" en el Sur y el Este.

Como consecuencia de la Declaración de la Organización Mundial del Turismo (OMT) sobre la prevención del turismo sexual organizado 8, adoptada en El Cairo en octubre de 1995, que sensibilizó a los actores del turismo y al conjunto de los clientes-viajeros sobre este flagelo global (que no afecta sólo a los niños), la lucha contra "el turismo sexual masivo" comenzó desde entonces a organizarse mejor.

  1. Sobre la tragedia de la explotación sexual infantil con fines turísticos, véase Jeremy Seabrook, En finir avec le tourisme sexuel impliquant les enfants. L'application des lois extraterritoriales, L'Harmattan, París, 2002.
  2. A propósito de la mercantilización sexual del cuerpo, véase Richard Poulin, La mondialisation des industries du sexe, Imago, París, 2005. Véase también, Bruno Rochette, "Prostitution: l'esclavage des filles de l'Est", Le Monde diplomatique, París, abril de 2006.
  3. Michela Marzano, Malaise dans la sexualité, J.C. Lattès, París, 2006.
  4. Mona Chollet, "Qui profite de la prostitution?", Le Monde diplomatique, París, julio de 2006.
  5. Paola Monzini, Sex Traffic. Prostitution, Crime and Exploitation, Zed Books, Londres, 2005.
  6. Dossier de la revista Téoros, "Tourisme et sexualité", Montreal, Vol. 22, N° 1, primavera boreal de 2003.
  7. Michel Houellebecq, Plataforma, Anagrama, Barcelona, 2004.
  8. Declaración de la Organización Mundial del Turismo
Autor/es Frank Michel
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 86 - Agosto 2006
Páginas:36,37
Traducción Gustavo Recalde
Temas Mundialización (Economía), Derechos Humanos, Prostitución