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Retrocede la burguesía nacional…

En el comienzo de su gestión, el presidente Néstor Kirchner prometió reconstruir la burguesía nacional.
La sucesión de desnacionalizaciones de empresas, que continuó el mes pasado con la toma de control de Sancor por parte de una empresa de George Soros, muestra que la promesa está lejos de realizarse.

La liberalización del régimen de inversiones y la apertura comercial y financiera practicadas en los años '90, juntamente con las privatizaciones, provocaron un shock de desnacionalización: entre comienzos y fines de la década, el stock de inversión externa directa (IDE) en Argentina pasó del 8% del PBI al 22%. En ese proceso fueron traspasadas al capital extranjero empresas tradicionales como Fargo, Terrabusi, Bagley, Canale y grandes supermercados como Norte, Disco y Tía.

Aun teniendo en cuenta el carácter fuertemente rentístico de muchos grupos nacionales, su desidia por la inversión y su propensión a fugar capitales, la desnacionalización empresaria plantea serios desafíos. Es que las firmas desnacionalizadas pasan a formar parte de las estrategias globales de las corporaciones; por lo tanto los objetivos nacionales o regionales de desarrollo económico y social o las necesidades de carácter estratégico tienen, en el mejor de los casos, un lugar subordinado. Así, la desnacionalización de las estrategias empresarias puede conspirar contra programas de integración regional que prioricen la racionalización y desarrollo de los mercados locales. Paralelamente, la extranjerización de las firmas aumenta la dependencia de la provisión de bienes, servicios y tecnología externa, lo cual, unido a la remisión de utilidades, involucra salida de divisas.

La crisis de 2001 frenó la inversión externa. Pero luego el abaratamiento de los activos locales en dólares y el atractivo de la recuperación volvieron a poner a las empresas privadas locales en la mira de los inversores. Los empresarios suelen mencionar, como explicación o excusa, que tienen crédito escaso y caro y que por eso se encuentran a merced de compradores con financiamiento abundante y barato. En la plaza local, una empresa paga 12% el crédito que un extranjero consigue al 5%. Las empresas brasileñas cuentan, por su parte, con financiamiento preferencial del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil.

En la oleada más reciente se desnacionalizaron varias empresas argentinas: en mayo de 2003, Pecom, de Pérez Companc, comprada por Petrobras; un año después, Acindar, vendida al grupo Belgo Mineira, subsidiaria de Acelor Mittal, una compañía de capitales indios con sede en Londres; en julio de 2005, Loma Negra, vendida al brasileño Camargo Correa, y en agosto pasado, Cervecería Quilmes, entregada a la belga-brasileña InVeb.

Según el estudio Grandes empresas en la Argentina del Indec, en 1993 el 56% de las 500 mayores empresas no financieras eran argentinas, en 2004 el porcentaje había caído al 33%. La extranjerización estuvo acompañada por concentración, ya que en 1993 las 100 mayores empresas aportaban el 66% del valor agregado (salarios, beneficios e impuestos pagados) y en 2004 llegaron al 72%. La capitalización de las empresas se tradujo también en una reducción de planteles, ya que en 1993 ocupaban el 54% del total de asalariados y en 2004 el 46% 1.

Ventas en proceso

Ahora le tocó el turno a Sancor. La empresa láctea se expandió en los primeros años noventa en base a endeudamiento externo. Primero sufrió el enfriamiento de la economía, luego la devaluación y finalmente las retenciones a las exportaciones y los controles de precios. Aunque logró una reestructuración de su deuda externa, no consiguió recuperarse y debió buscar un socio capitalista como única alternativa a la quiebra. Por eso acaba de admitir como socio mayoritario a Adeco, que aportará 120 millones de dólares y tendrá el 62,5% del capital. De esa suma, 70 millones se destinarán a cancelar deuda.

Con la desnacionalización de Sancor la única empresa grande nacional que queda en el tradicional rubro lácteo es La Serenísima. Pero la empresa de Mastellone vendió sus marcas de yogures y postres -los productos más dinámicos- a la francesa Danone y también tiene problemas con su deuda externa.

Otras empresas importantes del sector, como Molfino y Milkaut, también fueron vendidas o los grupos locales perdieron el control frente a socios extranjeros.

La flexibilidad de la burguesía local para entregar sus empresas al exterior contrasta con la ola de nacionalismo económico que impera en países industrializados, incluso en el seno de la muy integrada Unión Europea. Recientemente Danone, precisamente, recibió una oferta hostil de compra de la estadounidense PepsiCo e inmediatamente se desató una campaña política contra su venta. Un dirigente político dijo, en el fragor de la resistencia, que Danone es para Francia como la catedral de Chartres y que por lo tanto no puede venderse.

En Argentina, donde la conciencia sobre la importancia del capital nacional no abunda, otras empresas esperan turno para entregarse al control externo. Aceros Bragado sería comprada por la brasileña Gerdau por 150 millones de dólares. Si la operación se concreta, Gerdau tendría el 45% del mercado de hierro para construcción y Acindar, ya desnacionalizada, un 50%, por lo cual el mercado quedaría en su casi totalidad en manos extranjeras. El 5% restante es de Aceros Zapla, una compañía del grupo Taselli.

Otra venta en proceso es la del frigorífico CEPA, por 16 millones de dólares, que está siendo adquirido por Swift, el mayor frigorífico local, controlado desde el año pasado por Friboi, el mayor grupo cárnico de Brasil.

George Soros ingresó al país como inversor en inmuebles urbanos con la empresa IRSA. Luego la abandonó en manos de sus socios argentinos y comenzó a invertir a través de Adeco, convirtiéndose en un actor principal de otro fenómeno de desnacionalización, el de la tierra, articulado con la concentración de la propiedad. En su estudio "Una tierra para todos", basado en relevamientos estatales y privados, el Episcopado argentino da cuenta de "un fuerte proceso de concentración de las tierras productivas" y de extranjerización de su propiedad 2. Esa dinámica, sostienen, lleva casi tres décadas y afecta principalmente a los pequeños y medianos productores agrícolas y a las comunidades aborígenes. El documento cita al Censo Nacional Agropecuario de 2002, que muestra una reducción del 20% en el número de explotaciones agropecuarias en la década del noventa: en 2002, el 10% de las explotaciones más grandes concentraba el 78% del total de las hectáreas registradas, y el 60% de las explotaciones más pequeñas no llegaba a reunir un 5% de las mismas. La peor relación se daba en Catamarca, Mendoza y Neuquen, donde el 10% de las explotaciones más grandes concentran el 90% de las tierras rurales".

El documento se refiere al tema de las reservas de agua, sosteniendo que se requiere "un estricto control y vedar el manejo del recurso a otros países o a grupos económicos".

En América Latina

La desnacionalización empresaria argentina es parte de una tendencia regional abierta en los noventa, pero atemperada en los últimos años. Durante los noventa, hasta el estallido de la crisis asiática, la inversión externa en América Latina creció sustancialmente y llegó a representar el 31% del PBI, un porcentaje similar al de los países de la Unión Europea, incrementando la extranjerización de la economía regional, principalmente en los servicios y el sistema bancario. Una estimación de la CEPAL sobre las 100 principales empresas de América Latina, señala que la participación de las empresas extranjeras en la manufacturas se mantuvo en el orden del 55% entre 1990-1994 y 2000-2002 pero su presencia en servicios pasó del 10% al 38%. Por otra parte, la participación de las extranjeras en las 200 mayores exportadoras pasó del 25% al 41%.

En los últimos años la tendencia cambió: entre 2000 y 2004, la participación de las firmas privadas extranjeras en las ventas de las 500 mayores empresas no financieras pasó del 39% al 29%. El mayor retroceso extranjero se verificó en la industria manufacturera y estuvo muy influenciado por la expansión de las siderúrgicas brasileñas (Companhia Siderúrgica Nacional, Gerdau y Usiminas) y de la agroindustria (Sadia y Perdigao). En los mismos sectores, también se recuperaron las argentinas Tenaris y Aceitera General Deheza 3.

  1. Indec, Grandes Empresas en la Argentina.
  2. Sergio Rubín, Clarín, 10-9-06.
  3. CEPAL, La Inversión Extranjera en América Latina y el Caribe, 2005.
Autor/es Julio Sevares
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 90 - Diciembre 2006
Páginas:16
Temas Desarrollo, Mundialización (Economía), Estado (Política)
Países Argentina