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Recuadros:

El poder nuclear, arma de unidad

Este mes se llevan a cabo simultáneamente elecciones municipales y en el Consejo de Guardianes. Se inicia así una nueva etapa en el enfrentamiento entre conservadores y reformistas en el seno de un sistema político que se resiste a la apertura democrática deseada por estos últimos. La crisis con Estados Unidos en torno a la cuestión nuclear permite al presidente Mahmud Ahmadinejad consolidar la unidad nacional.

Compuesto por doce miembros designados por seis años (seis religiosos nombrados por el ayatollah Ali Jamenei, el Guía de la Revolución, y seis juristas elegidos por el Parlamento a propuesta del Poder Judicial), el Consejo de Guardianes tiene como principal función velar por la compatibilidad de las leyes con la Constitución y el islam. Debe aprobar las leyes votadas por la Asamblea Nacional, pronunciarse sobre las candidaturas para las elecciones presidenciales, legislativas, y de la Asamblea de Expertos (que elige al guía de la Revolución). Los conservadores intentan marginar a los candidatos reformistas rechazándolos por no ajustarse al islam. Junto con su elección, se desarrollarán las elecciones municipales, que permitirán medir la popularidad del actual gobierno del presidente Mahmud Ahmadinejad, un año y medio después de su llegada al poder.

Las elecciones parlamentarias de 2004 habían llevado al Parlamento a una mayoría de conservadores, dado que el Consejo de Guardianes había eliminado a gran parte de los candidatos reformistas por "incumplimiento del islam". Un año más tarde, las elecciones llevaron a la presidencia a Ahmadinejad, un casi desconocido en el extranjero. A pesar de las irregularidades que caracterizaron la primera vuelta, esta elección traducía ante todo un rechazo a los reformistas por parte de una franja importante de los denominados mostazafin (los excluidos).

Bajo las dos presidencias de Mohamed Jatami (1997-2005), las clases media y alta prosperaron. La instauración de una tasa de cambio fija con relación al dólar, la suba vertiginosa del precio de los inmuebles, el aumento de las remuneraciones de los funcionarios en el seno de una sociedad marcada por la hipertrofia del sector público, contribuyeron a la prosperidad de estos nuevos sectores de población. En cambio, la situación de los pobres se deterioró como consecuencia de una inflación de alrededor del 20 %.

Saturados de discursos sobre las virtudes del "diálogo de civilizaciones", los librados a su suerte vieron caer su poder adquisitivo. En el origen de la elección de Ahmadinejad hubo una alianza de facto entre los más pobres y los conservadores ávidos de un retorno a un islam puro y duro, alianza favorecida por las promesas de una vida mejor para los desheredados y la denuncia de la mafia de los ricos. El Guía, el ayatollah Jamenei, dio su apoyo a estos grupos, dado que evaluó como sospechosa de secularismo y opuesta al velayat-e faqih la versión del régimen político preconizada por los reformistas 1.

Fortalecimiento conservador

Durante los ocho años de la presidencia de Jatami, los reformistas no habían llevado a cabo ninguna reforma del aparato del Estado ni propuesto una solución concreta a un sistema basado en la renta petrolera y la especulación inmobiliaria. Al ver cuestionado su poder, tanto a nivel legislativo como ejecutivo, el ayatollah Jamenei se dedicó a reconquistar el poder legislativo tras las elecciones parlamentarias de 2004. Gozó de sólidos apoyos en el seno del poder judicial, donde prevalecen los conservadores. Con la elección de un nuevo presidente de la República en 2005, adquirió una influencia determinante sobre el poder ejecutivo y se consolidó su poder global.

El cierre de diarios como Sharq, uno de los bastiones de los reformistas, en 2006, y la puesta en vereda de los intelectuales con la detención de Ramin Jahanbeglu (finalmente liberado bajo fianza) redujeron la capacidad de protesta de la sociedad civil. Actualmente, los intelectuales se autocensuran en una sociedad donde la oposición política legal perdió mucho de su legitimidad. El aumento del precio del petróleo en los últimos años permitió la promoción de una nueva clase media refractaria a todo aventurerismo político, por temor a perder sus privilegios económicos en caso de una crisis social significativa.

Con la llegada del nuevo presidente, el reordenamiento del poder fue profundo. Toda la jerarquía política e institucional fue reestructurada y varios miles de puestos cambiaron de mano: incluso rectores de universidades se vieron afectados, y docentes universitarios cercanos a los reformistas fueron apartados. Sabiéndose rechazado por los sectores no ideológicos del aparato del Estado, el presidente Ahmadinejad atacó la tecnocracia e incluso disolvió, en el otoño de 2006, la Organización del Plan, que asignaba los recursos y el presupuesto de los diferentes ministerios; sus facultades fueron transferidas a las prefecturas, dependientes del Ministerio del Interior, uno de los bastiones de los conservadores.

Durante la presidencia de Jatami, el Ministerio de Orientación Islámica, encargado del control de los medios de comunicación y la producción intelectual, se había transformado en una instancia de promoción de la actividad cultural. Las obras sobre temas sociales, la apertura del campo político, pero también sobre el arte y la cultura en general se multiplicaron y se otorgaron numerosas autorizaciones para la difusión de nuevos títulos en los medios de comunicación. Los conservadores, por su parte, utilizaban el aparato judicial como contrapeso y para reprimir las actividades intelectuales disidentes. Con la elección de Ahamdineyad, este Ministerio retomó su función represiva de la prensa y los medios de comunicación.

Alianza entre el clero y las FF.AA.

Finalmente, el nuevo presidente distribuyó sumas considerables (bajo la forma de contratos en dólares) a las facciones del Ejército de los pasdaran (Guardianes de la Revolución, EP) que lo habían apoyado. Se otorgaron varios miles de millones de dólares para la construcción de redes de distribución de gas a Khatam ol Anbiya, una organización dependiente del EP. Gigante económico (puede importar mercaderías sin someterse a los impuestos del Estado y venderlas libremente en el mercado), el EP se convirtió en uno de los principales actores en el sector petrolero. Esta generosidad del Estado, que se extiende a una parte de su clientela, así como una política de emisión de moneda, contribuyeron a una inflación que redujo aun más el poder adquisitivo de los desheredados, aumentando el precio de los artículos de primera necesidad, lo que decepcionó a una parte importante de los más pobres y a la pequeña clase media urbana, con recursos muy limitados, que esperaba de la presidencia de Ahmadinejad una mejora en su nivel de vida.

Sin embargo, no existe un cuestionamiento frontal por parte de estos sectores de la población. Son sobre todo los universitarios, los intelectuales y los diarios de extracción reformista como E'temad Melli los que se convierten en sus voceros para denunciar la política económica y social del poder y el aumento del desempleo. De hecho, el poder actual enfrenta un duro desafío tras el cierre de gran parte del sistema bancario de los Emiratos (Dubai y Qatar principalmente, donde la presencia de hombres de negocios iraníes es importante), pero también de Singapur -lo que torna mucho más difícil el otorgamiento de créditos a los especuladores iraníes-, así como la negativa de una parte importante de los sectores tecnocráticos a colaborar con el gobierno de Ahmadinejad, incluidos los de extracción conservadora "moderada". El Parlamento, aunque de mayoría conservadora, lo obligó a cambiar dos ministros, el de Cooperativas y el de Seguridad y Ayuda Social. Otros corren el riesgo de ser obligados a presentar su renuncia. 

El gobierno de Ahmadinejad se basa en una alianza entre varios grupos políticos y militares: primero, una fracción pura y dura del clero, en cuyo seno el ayatollah Mesbah Yazdi desempeña un papel importante, y que preconiza la aplicación absoluta del principio del velayat-e faqih, en alianza con el Guía de la Revolución; luego, una fracción del Ejército de los pasdaran, debido a su aspiración a convertir Irán en una potencia hegemónica regional, cuyos dirigentes fueron recompensados con importantes puestos económicos y políticos. Otra facción del EP siguió al general Mahmud Bagher Ghalibaf, representante de la franja modernista de este ejército, alcalde de Teherán y candidato en las elecciones presidenciales.

El escaso 15 % de la población que siempre votó por los conservadores sigue al Presidente por razones tanto culturales y religiosas como económicas y sociales. Se opone a los "desvíos" de los reformistas sobre la secularización de la sociedad y el cuestionamiento de las relaciones sociales tradicionales a nivel familiar, pero también de las relaciones entre chicas y varones y la emancipación de las mujeres. Una parte importante de la juventud rechaza sin embargo el conservadurismo de Ahmadinejad en materia religiosa y sus promesas no cumplidas de una rápida mejora de la situación de los pobres. Luego de casi un año y medio de poder conservador, un sector de los desheredados ya no cree en su promesa de mejorar las condiciones de vida. Sin embargo, la ausencia de organización política y la débil organización de las nuevas generaciones tornan difícil una oposición frontal a su política.

Antioccidentalismo

El creciente poder de los conservadores incitó a sus opositores a unirse: así, se encuentran el clan de Hachemi Rafsandjani, que representa a conservadores moderados y reformistas de centro y de derecha, las demás corrientes reformistas, entre las cuales Jatami sigue ejerciendo una influencia moral, y el religioso Mehdi Karrubi, candidato de una fracción de los reformistas en las elecciones presidenciales y actual dirigente del partido E'temad Melli.

Si bien el régimen es francamente antidemocrático -todas las candidaturas están sujetas a la aprobación del Consejo de Guardianes, que elimina a la mayoría de quienes a sus ojos no son "islámicos", es decir, a los partidarios de la apertura política-, admite sin embargo una dimensión de voto popular. El mismo voto que dio lugar a la elección de Mohamed Jatami en 1997, contra todo pronóstico, y especialmente contra la voluntad del Guía de la Revolución.

Pero el fracaso político y económico de los reformistas condujo a un retorno a los antiguos credos de la República Islámica: el antioccidentalismo; la búsqueda de un islam puro y duro frente a una sociedad donde el intermedio reformista suavizó las normas islámicas para las nuevas generaciones, y finalmente, el proyecto de reemplazar la alianza con Occidente por el acercamiento al eje Moscú-Pekín.

Los religiosos conservadores pretenden cuestionar la creciente secularización lanzada por los reformistas a nivel cultural, pero también en la vida cotidiana. Lo hacen sin embargo discretamente. Así, se los vio rompiendo las antenas parabólicas en los complejos de edificios urbanos, pero éstas vuelven subrepticiamente. Trataron sistemáticamente de controlar internet utilizando la tecnología china, pero otras tecnologías permiten eludir estos bloqueos. Intensificaron la represión contra los grupos feministas, pero las mujeres no sufrieron una nueva marginación significativa; el Presidente había aceptado incluso su presencia en los partidos de fútbol importantes, pero presionado por los religiosos conservadores el Guía puso fin a esta autorización. El poder ataca con más fuerza a los grupos religiosos "que se desvían", como los sufíes en Qom (donde arrasó con un importante khaneqâh, centro religioso sufí en 2006), pero evita una represión masiva que movilizaría a la sociedad.

Por otra parte, el Presidente fracasó espectacularmente en su intento de poner en vereda a la "mafia económica". Y cuando intentó cambiar la dirección del banco privado Parsian, el poder judicial restituyó a los antiguos directores en sus puestos, anulando así las designaciones del Banco Central.

Ahmadinejad logró debilitar a los reformistas y la fracción "realista" representada por Rafsanyani. Candidato desafortunado a la presidencia de la República en 2005, éste quería reanudar los lazos con Occidente, resolver la cuestión nuclear mediante negociaciones, promover la modernización económica del país e intentar poner fin al conflicto entre las facciones conservadoras y reformistas en el seno del aparato del Estado.

El nuevo bloque de poder donde el ascendiente del Guía es indiscutible no está sin embargo al abrigo de los disensos, y la alianza entre éste y el presidente puede ser cuestionada en cualquier momento.

Sobre la cuestión nuclear, en cambio, existe un consenso entre el Guía de la Revolución, el Presidente de la República, un sector importante del EP y los conservadores, así como con una fracción de la clase media laica, opuesta sin embargo a Ahmadinejad. Ésta lo aprueba en su búsqueda de la autonomía nuclear, en nombre de los intereses de la nación. Los excluidos hubieran preferido una mejora de su situación económica en vez de los discursos grandilocuentes, pero no están organizados y su voz no se hace oír en los medios de comunicación.

La ruptura diplomática de Teherán con Washington se remonta a más de un cuarto de siglo. La cultura de la nueva generación de la elite política y militar, de extracción conservadora, es pues profundamente antiestadounidense, incluso antioccidental. Prevalece la sensación de que Occidente quiere eliminar a la República Islámica: el único modo de evitarlo sería dotando al país de tecnología nuclear. Irán niega oficialmente querer adquirir la bomba, pero el acceso al enriquecimiento del uranio se percibe como un mínimo indispensable que garantiza la autonomía del país en caso de crisis con Occidente en el abastecimiento de uranio enriquecido, y preserva su dignidad como potencia regional.

La posesión de la bomba atómica por parte de Israel, Pakistán e India -aliados en diversos grados de Estados Unidos-, pero también la caída de la Unión Soviética y el nacimiento en Asia Central de nuevos Estados ligados a Washington, así como la presencia de tropas estadounidenses en Irak y Afganistán, acentúan la sensación de cerco a los dirigentes iraníes.

Si bien el presidente Ahmadinejad ya no es tan popular en su propio país, sigue siendo muy apreciado en el mundo musulmán, aunque sea chiita. En el Líbano, Egipto, África del Norte o Pakistán, su denuncia de la política estadounidense y la hegemonía israelí le vale la simpatía de la "calle árabe". El unilateralismo de Washington, su alineamiento con Israel y su negativa a reconocer el carácter popular del Hezbollah en el Líbano y del Hamas en los territorios palestinos preocupan a numerosas sociedades musulmanas, cuyo vocero pretende ser el Irán del presidente Ahmadinejad, a menudo contra los poderes constituidos. Es también el objetivo de sus declaraciones estruendosas e inaceptables sobre la necesaria desaparición de Israel y el genocidio de los judíos.

Bush, un maná para los ayatollah

Al mismo tiempo, la inclusión por parte de George W. Bush de Irán en el "eje del mal" redujo al mínimo el espacio de negociación entre ambas partes. Tímidas y tardías, las concesiones estadounidenses sobre la cuestión nuclear fueron recibidas con suspicacia. Y los intentos de incitar a las etnias -azerí, baluche, árabe y kurda- a la rebelión contra el gobierno central terminaron convenciendo a quienes ocupan el poder de que no podían confiar en Estados Unidos. Paradójicamente, al eliminar a los enemigos tradicionales de Irán (Saddam Hussein en Irak, los talibanes en Afganistán), Washington incrementó el peso político y militar de Teherán.

El ejemplo de Corea del Norte y su "santuarización" a raíz de la posesión del arma nuclear, el éxito del Hezbollah en el Líbano, la impotencia de EE.UU. en Irak y Afganistán persuadieron a una amplia fracción de la elite política conservadora de que era posible resistir frente a la voluntad hegemónica de Washington. Más aun cuando el elevado precio del barril de petróleo pone al régimen al abrigo de una crisis económica mayor...

La posibilidad de un acuerdo con China y Rusia, la primera ávida de petróleo y la segunda de contratos nucleares y militares, ambas además en busca de una reafirmación frente a Estados Unidos, tornaron incluso posible nuevas alianzas, lo que debería proteger a Irán de decisiones demasiado violentas por parte del Consejo de Seguridad. No se toma en serio la eventualidad de una intervención militar estadounidense, habida cuenta del caos iraquí y la impotencia israelí para vencer la resistencia del Hezbollah en el Líbano.

En términos generales, los conservadores utilizan a fondo la política exterior: para ellos, la actitud estadounidense es maná del cielo. Los partidarios del ayatollah Mesbah Yazdi y una franja del EP tienen, en particular, la firme convicción de que las situaciones de crisis no hacen más que fortalecer su posición en el seno de la sociedad: les permiten especular con la unidad nacional para eliminar a los reformistas y volver a la ideología del mártir y la abnegación revolucionaria de los días gloriosos de la Revolución Islámica. Desde este punto de vista, la crisis con Washington facilita su lucha en el frente interno contra los partidarios de la apertura política, y en el externo, contra el imperialismo "impío y antiislámico".

En cuanto a la nueva clase media, que se opone al régimen en el poder, pero teme aun más el desorden, está obsesionada con la experiencia revolucionaria de la generación de sus padres y el caos iraquí. Apuesta a la estabilidad. Se benefició con los efectos del aumento del precio del petróleo y no está dispuesta al aventurerismo. En cuanto a los excluidos, cuyas condiciones de vida se deterioraron, su miseria no es comparable con la que prevalece en los demás países de la región, como India, Afganistán, incluso Pakistán. Las redes de distribución del Estado los contienen, cada vez peor es cierto, pero el subsidio estatal al petróleo (el litro de nafta cuesta 6 centavos de euro, el precio más bajo, por mucho, en la región), al pan y algunos otros alimentos de primera necesidad los pone al abrigo de la indigencia absoluta.

En estas condiciones, y a menos que se produzca una crisis mayor, el régimen parece estar protegido contra importantes manifestaciones internas. Y en caso de un ataque estadounidense, podría jugar a fondo la carta del nacionalismo y reducir aún más el margen de los moderados que reclaman la apertura y una mayor democratización.

  1. La teoría del velayat-e faqih o "gobierno del docto" ocupa el centro del pensamiento de Jomeini. El chiismo afirma que la sucesión de Mahoma corresponde por derecho a Alí, el yerno del Profeta, y a sus herederos. El último de éstos, el imán Mohamed, "desapareció" en 874 y se convirtió en el imán oculto, que vendrá a restaurar un reino de justicia. A la espera de este regreso, ¿quién debe guiar a la comunidad de creyentes? Para el ayatollah Jomeini, este papel corresponde a los mollahs ("teólogos") y al faqih, el docto, vicario del imán oculto y delegado de la soberanía divina. Esta doctrina confiere a los mollahs enormes poderes; fue -y sigue siendo- cuestionada por muchos ayatollahs.

Tres libros para comprender

Salamatian, Ahmad

El principal acontecimiento literario, que pasó casi inadvertido en medio del escándalo mediático y político generado por la “crisis nuclear iraní”, fue la publicación de la traducción al francés, por primera vez completa, de El Diván, de Hâfez de Chiraz 1. Desde el primer renglón, Charles-Henri de Fouchécour nos advierte: “En tamaño, El Diván es pequeño; para nuestro conocimiento de Oriente, es monumental. Hâfez se sabía poseedor de una joya inestimable. A lo largo de su vida buscó hacer brillar sus facetas, contar lo que en ella veía. Lo hizo como un poeta lírico”.
Actualmente, el “copiar y pegar” volvió muy rápida la fabricación de “no libros”, tan efímeros como la duración de su vida en el mercado mediático. Fouchécour, en cambio, nos dice de El Diván: “Me pasé apenas dieciséis años trabajando en esta mirada. Los maestros iraníes se pasan la vida”. Consciente de que “traduciendo poesía se destruye su entramado poético, hecho a la vez de sonidos y ritmos donde se enhebra el pensamiento”, intenta con su traducción, a la que considera más bien una interpretación, que el lector pueda acercarse al texto, en lugar de estirar el texto hacia él.

El relato de un embajador. Rara vez se presenta la ocasión de leer el informe de un gran embajador al frente de una delicada misión, en un período tan explosivo y apenas concluida esa misión. Sin embargo, es lo que nos propone François Nicoullaud –quien acaba de pasar cuatro años en Teherán 2– con un estilo cautivante y familiar, casi íntimo. “No soy dueño de ningún secreto en particular, o mejor dicho, los pocos secretitos que pude acercar nada inciden en el análisis.” Pero comparte este último con nosotros gracias a una zambullida, breve pero profunda, en el corazón de Irán. Su relato evoca los de sus célebres predecesores, como los cuentos de Sercey y Gobineau en el siglo XIX.
A través de las escenas de la vida cotidiana, traspone las barreras del idioma y los protocolos para que penetremos en una sociedad apegada a proteger sus tradiciones e intimidades, “decidida a no dejarse intimidar más” por campañas “que no impiden en absoluto la creciente evolución de las costumbres hacia los estilos de vida de los que todos y cada uno pueden empaparse mirando los canales de televisión del mundo entero captados por satélite: uso a la vez prohibido y tolerado, como tantas cosas en Irán”.
Estructurado “en círculos excéntricos”, el poder iraní es comparable con “la organización del poder en las antiguas democracias populares”. De ahí esta pregunta: ¿Sería la Revolución Islámica la heredera del sistema estalinista? “Realmente no”, responde. “Si se parecen, es más bien porque ambos encontraron en las profundidades de su historia el modelo probado del despotismo asiático, donde el verdadero poder debe ocultarse detrás de la cortina…” Pero del análisis de dos elecciones, presidencial y legislativa, a las cuales asistió, François Nicoullaud concluye: “Irán, en ocasión de las elecciones nacionales, a pesar de todas las jugarretas, es capaz de verdaderas sorpresas, verdaderas bocanadas de vida democrática”, aun cuando “pasados estos momentos fuertes, vuelvan a prevalecer los juegos políticos habituales”.
Pasando revista al historial del programa nuclear iraní, la evolución de las negociaciones, los objetivos y gestos de las partes interesadas en el asunto, llega a esta conclusión: “Ningún experto nuclear, reconocido por sus pares, imagina que Irán, aunque rompiera mañana todas las amarras del derecho internacional y movilizara sus mejores recursos, pueda armar un primer misil nuclear precario en menos de cuatro o cinco años. De manera que hay que negociar con él, hasta el momento en que se agoten todas la vías para un acuerdo”. Y concluye citando este proverbio iraní: “Si se puede desatar el nudo con los dedos, ¿para qué usar los dientes?”.

La génesis de un Estado moderno. En cuanto a Yann Richard, profesor de estudios iraníes en la Sorbona Nueva, propone su libro 3 como “una nueva mirada sobre la historia de este pueblo que apenas conocemos mejor que Montesquieu y cuyo objetivo es mostrar cómo Irán, después de una etapa de secularización sistemática, se transformó en una República Islámica, y al mismo tiempo en el contrapunto de las mentes modernas”.
Este país, señala, “preservó elementos de una identidad de más de dos mil años: su idioma, (…) su nombre (…) y las fronteras del corazón del imperio permanecen casi idénticos”. Es pues en las huellas de esta vieja nación, marcada por las heridas del pasado, donde Yann Richard busca la génesis de un Estado moderno, a través de casi dos siglos de una historia de guerras y ocupaciones coloniales.
A mediados del siglo XX emerge un sentimiento patriótico popular, nacido de la confrontación con los británicos (1951-1953), luego bajo la República Islámica (Guerra Irán-Irak, 1980-1988). Un cuarto de siglo después de su advenimiento, Yann Richard aún no tiene una respuesta definitiva a la pregunta: “¿qué es la República Islámica de Irán?”. A pesar de las aclaraciones que brinda sobre las ambigüedades de las instituciones y su funcionamiento, considera que “el proyecto (está) aún inconcluso”. Pero, con la tenacidad y el coraje del investigador, no teme ir contra la corriente: “Contrariamente a los comentarios apresurados sobre el ‘carácter medieval’ de la República Islámica, traté de mostrar (que) había respondido a desafíos modernos, y que retomando ambiciones nacionales o incluso imperiales, demostró haberse dotado de los medios para defender los intereses de un gran país de hoy”.

  1. Hâfez de Chiraz, Le Diwân, introducción, traducción del persa y comentarios de Charles-Henri de Fouchécour, Verdier poche, 2006.
  2. François Nicoullaud, Le Turban et la Rose, Ramsay, 214 páginas, París, 2006.
  3. Yann Richard, L’Iran. Naissance d'une république islamique, Editions de la Martinière, París, 2006.


Autor/es Alexandre Leroi-Ponant
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 90 - Diciembre 2006
Páginas:23,24
Traducción Gustavo Recalde
Temas Estado (Política), Políticas Locales
Países Estados Unidos, Irán