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Viaje al corazón de los diarios árabesDesde 1991, los medios enfeudados al regimen de Arabia Saudita dominaron el campo panárabe. Dos grandes diarios, Al-Hayat y Asharq Al Awsat, se convirtieron en correa de transmisión de un punto de vista “liberal proestadounidense”. Pero esta visión es cada día objeto de mayor oposición, y tanto la afirmación de la cadena Al Jazeera como los proyectos de nuevos diarios ponen en peligro esa hegemonía.Fue en el International Herald Tribune donde Mona Eltahawy, editorialista egipcia residente en Nueva York, eligió denunciar la decisión del diario Asharq Al Awsat de prescindir de sus servicios como colaboradora 1. Este periódico panárabe -dirigido al público de todos los países árabes y no al de un Estado en particular- que se presenta como el "diario internacional de los árabes" es propiedad del príncipe saudita Salman Ben Abdelaziz, gobernador de Riad, el hombre de quien Mona Eltahawy sospecha haber estado detrás de la decisión de despedirla. Esta reacción poco común de un editorialista árabe 2 fue considerada lo suficientemente grave como para que numerosos periodistas, especialmente Jihad al Khasen 3 y Samir Attallah 4, dos de los principales pilares de la red periodística saudita-libanesa, reaccionaran y defendieran al diario. Desde la Guerra del Golfo de 1990-1991 y gracias al monopolio que ejercieron los príncipes en el campo mediático panárabe a partir de la desaparición de Bagdad, la diplomacia saudita pudo imponer su propia clave de lectura de los acontecimientos en la región. Pero actualmente las cosas cambiaron; la influencia saudita se debilitó. Por un lado, la transformación del campo mediático árabe, especialmente desde el lanzamiento de la cadena de televisión Al Jazeera, con sede en Doha (Qatar), en noviembre de 1996, puso fin al monopolio saudita-libanés sobre los circuitos de la información panárabe. Por otro lado, el debilitamiento de las posiciones diplomáticas de Riad después del 11 de septiembre y el marco impuesto por Estados Unidos a la política árabe e islámica del reino los obligaron a un repliegue al espacio del Estado-Nación y a un discurso "primero Arabia Saudita", que entra en conflicto con la vocación panárabe de estos medios de comunicación. En efecto, después del 11 de septiembre el discurso neoliberal en los medios de comunicación panárabes sauditas se radicalizó en torno a un grupo de periodistas e intelectuales, cuyos detractores apodan Kuttab Al-Marines (los plumíferos de los Marines). Éstos defienden la estrategia estadounidense en Medio Oriente y abogan por la reforma religiosa y social en el mundo árabe, pero se abstienen de preconizar un cambio político. Arabia Saudita obtiene una doble ventaja de esta radicalización. En el nivel interno, este discurso sirve para oponerse al cuestionamiento islamita y fortalecer las dispersas filas de la corriente neoliberal saudita cercana al poder. En el nivel externo, permite ganarse la benevolencia estadounidense presentando a los príncipes sauditas como los productores de un discurso moderado favorable a la política de Washington en Medio Oriente. Arabófilos versus occidentalistasLa estrategia de imposición de un orden mediático saudita en el mundo árabe se remonta a comienzos de los años '70. Se trataba entonces de oponerse a la propaganda nasserista en las ondas de la radio La voz de los árabes. El príncipe Salman Ben Abdel Aziz, gobernador de Riad, fue uno de los primeros en apostar a ella. Su principal adquisición sigue siendo Asharq Al Awsat. Este diario fue lanzado en Londres el 4 de julio de 1978 por los dos hermanos sauditas Hicham y Mohammed Alí Hafez, "con la participación de Kamal Adham y Turki Al-Faysal", durante mucho tiempo responsables de los servicios de inteligencia sauditas 5. Su línea editorial refleja con bastante fidelidad la orientación de la diplomacia de Riad: así, la militancia de Asharq Al Awsat en favor de la guerra estadounidense contra Irak en 2003 contrastaba con la posición reservada del gobierno saudita sobre este tema. Las revelaciones del periodista estadounidense Bob Woodward 6 sobre los acuerdos entre Riad y Washington para preparar la guerra, a través del príncipe Bandar Bin Sultan, entonces embajador del reino en Estados Unidos, muestran que la verdadera política extranjera saudita debe leerse más en las páginas de Asharq Al Awsat que en las declaraciones oficiales. Al Hayat es por su parte un diario de origen libanés, creado en 1946 por el periodista libanés Kamel Mroué. Periódico conservador, cercano a las monarquías saudita y jordana, favorable a la alianza con Occidente, se opuso a la política nasserista y al nacimiento de la República Árabe Unida (unión de Egipto y Siria) en 1958. En 1966, su fundador fue asesinado, aparentemente por orden de los servicios secretos nasseristas. El diario se cerró en 1976 tras el estallido de la guerra civil libanesa. Pero Jamil Mroué, hijo de Kamel, lo relanzó el 30 de octubre de 1988 desde Londres, gracias al apoyo financiero del príncipe saudita Khaled Ben Sultan, hijo del ministro de Defensa, que se convirtió luego en su propietario. Al Hayat desempeñó un papel decisivo durante la Guerra del Golfo (1990-1991) para "demonizar" al régimen de Saddam Hussein y legitimar la intervención estadounidense. Abriría sus páginas a la oposición iraquí, especialmente kurda y chiita. Esta especificidad, sumada a su dirección de origen cristiano libanés, llevó a los detractores de Al Hayat a estigmatizarlo como el diario "de las minorías al servicio de un príncipe". Sin embargo, Al Hayat sigue siendo un diario pluralista en el que conviven periodistas que se dividen globalmente en dos bandos: los "arabófilos" y los "occidentalistas". Pero si bien el diario exhibe una lectura aparentemente panárabe de la actualidad, la tendencia libanista sigue siendo dominante; la exaltación del Estado-Nación suele estar acompañada por una denigración basada en un sentimiento de solidaridad árabe. Estrategia estadounidenseFue en el seno de la corriente "occidentalista" que los estadounidenses encontraron personas competentes a quienes confiaron la dirección de su estrategia mediática con relación al mundo árabe y especialmente Irak. Así, la dirección de la radio Sawa y el canal de televisión Al-Hurra fue confiada al ex director de la oficina de Al Hayat en Washington, el libanés Mouaffaq Harb. Ya en 1998, cuando los estadounidenses habían lanzado -en Praga- Radio Free Bagdad, habían encomendado su dirección a otro periodista de Al Hayat, Kamaran Qura Dhari, iraquí y militante kurdo. Además, en mayo de 2004, poco antes de su partida, el administrador estadounidense Paul Bremer designó como altos responsables al frente de la radio y televisión iraquíes, a dos periodistas de Al Hayat, Jalal al Mashta y Kamaran Qura Dhari. El lugar de privilegio que ocupa Al Hayat en el campo mediático árabe genera envidias pero también críticas fundadas. La más lograda sigue siendo la del periodista palestino Bilal Al-Hassan, ex jefe de redacción adjunto de este diario. Al-Hassan destaca la verdadera paradoja de este periódico: un diario panárabe cuya línea editorial está dominada, en parte, por periodistas libaneses conocidos por su "antiarabismo radical" y "una excesiva exaltación de las virtudes del Estado-Nación en detrimento de toda idea o sentimiento de solidaridad árabe y más aun islámica". El principal blanco de sus críticas es Hazem Saghié, libanés y jefe de fila de la escuela neoliberal árabe "que considera que el colonialismo es una bendición" 7. Bilal Al-Hassan señala sin embargo "los gritos de indignación" respecto de esta corriente neoliberal provenientes de la propia publicación, especialmente los de Abdel Wahab Badrakhan -quien fue obligado a abandonar el diario y se prepara para participar en el lanzamiento de un nuevo periódico financiado, al igual que Al Jazeera, por Qatar- y Daoud Al-Shiryan. Este último acaba de ser designado director adjunto de la cadena panárabe Al-Arabiya (financiada por Arabia Saudita), para "equilibrar" las tendencias neoliberales de su actual director, Abderahman Al-Rashed 8, ex jefe de redacción de Asharq Al Awsat, lo que muestra la complejidad del sistema mediático saudita. Sin embargo, el análisis de Bilal al-Hassan sigue siendo incompleto, ya que no menciona la influencia que el príncipe Khaled Ben Sultan (sobrino del rey Fahd, fallecido el 1 de agosto de 2005) ejerce sobre la línea editorial del diario 9. Porque si bien la virulenta oposición de Hazem Saghié respecto del nacionalismo árabe expresa sin lugar a dudas su punto de vista personal, se inscribe perfectamente en el marco de la lucha del reino saudita contra esta ideología. Del mismo modo, el paralelismo que Saghié establece entre el islamismo y el nazismo 10 contribuye al esfuerzo del reino por la deslegitimación y la represión del cuestionamiento islamita interno. La función de Billa Al-Hassan como editorialista de Asharq Al Awsat, propiedad del príncipe Salman Ben Abdelaziz, no es ajena a este olvido. El poder de los mediosLa radicalización del discurso neoliberal en los medios de comunicación sauditas panárabes es tanto más preciada para la política estadounidense en Medio Oriente cuanto que su propia estrategia de comunicación hacia el mundo árabe fracasó 11. Es esta connivencia mediática saudita-estadounidense la que explica la predilección del Middle East Media Research Institute (MEMRI) 12, un instituto israelí de traducción de la prensa árabe, por los periodistas que escriben en la prensa saudita. La difusión masiva de las traducciones de la prensa árabe realizadas por este instituto es parte de una estrategia muy elaborada de manipulación de la información, con efectos incalculables. Beneficiándose de la protección diplomática saudita, su generosidad financiera y sus medios de difusión, esta prensa panárabe saudita impide la expresión de la opinión pública árabe mayoritaria 13. En los momentos de tensión, la visión minoritaria de sus editorialistas suele presentarse al resto del mundo como el punto de vista árabe mayoritario. Pero es con un desfase total respecto de la opinión pública árabe que los editorialistas de esta prensa construyen un "mundo árabe imaginario" favorable a la guerra estadounidense contra Irak en 2003 y a la destrucción del Hezbollah libanés por parte del ejército israelí en 2006. Señales erróneas enviadas a los sectores político-mediáticos que conciben la política de Estados Unidos en Medio Oriente.
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