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Del éxodo a la rehabilitación tártara

El 20 de mayo de 1944, sólo dos días después del inicio del "programa" de deportación del pueblo tártaro, el NKDV 1 concluye con satisfacción y precisión quirúrgica: 183.155 tártaros de Crimea se encuentran en camino a Asia Central, expulsados por traición en beneficio del enemigo alemán.

Así es como a los 20.000 hombres de la policía secreta soviética que han recibido la orden de efectuar esta purga cuarenta y ocho horas les habrán alcanzado para obedecerla. De la prisa de los ejecutores dependerá que los tártaros puedan o no llevarse consigo algo de ropa y objetos personales. Según los casos, tendrán quince minutos o una hora, raramente más, para reunirse en la plaza central del pueblo. Las propiedades y el ganado serán abandonados... y rápidamente recuperados por los colonos "eslavos" que el Estado soviético movilizará para reemplazar a la población desplazada.

Una vez reunidos alrededor de algunas estaciones de tren -el NKDV había dividido a Crimea en siete zonas para poder rastrillar mejor el territorio- y arrojados sin contemplaciones en los vagones de carga, comienza un viaje de varias jornadas. La mayoría de los deportados son mujeres, niños o ancianos; los hombres en condiciones de combatir están en el frente, y recién se reunirán con ellos cuando hayan sido desafectados.

A bordo de los sesenta trenes que se dirigen a Asia Central reinan condiciones de vida terribles. Las puertas de los vagones permanecen cerradas durante varios días; los deportados no tienen derecho a ningún tipo de alimento; hasta las raciones de agua son mínimas; los trenes paran a veces en plena estepa para evacuar los cadáveres, que son abandonados sin sepultura. Cuando un convoy atraviesa un pueblo, la población local, advertida sobre el paso de los "traidores", apedrea los vagones.

De acuerdo con las cifras oficiales del NKDV, el 22% de los deportados habrán muerto al final del recorrido, enfermos, deshidratados o subalimentados. Según datos aportados por asociaciones tártaras, se trata en realidad de un 46%, es decir más de 80.000 personas...

La mayoría de los convoyes se dirigen a Uzbekistán o Kazajstán. Una vez llegados a su lugar de residencia forzada, los "colonos económicos especiales", según la expresión oficial, deben instalarse en "zonas de asentamiento especiales" de las cuales está prohibido alejarse, so pena de veinte años de prisión.

Mientras los sobrevivientes tártaros del largo viaje son así implantados por la fuerza, las autoridades soviéticas proceden a las últimas etapas de la "destartarización" de Crimea. Se rusifican los nombres de los pueblos (a veces cínicamente rebautizados como "Amistad" o "Prosperidad"), los cementerios son saqueados y las mezquitas en su mayoría destruidas. El 26 de noviembre de 1948, un decreto 2 confirma la deportación "permanente" de los tártaros de Crimea.

El peso de la historia

Más allá de la acusación oficial de antisovietismo y colaboración con el enemigo alemán 3, ¿tenía esta deportación masiva un objetivo estratégico? Para algunos 4, Moscú deseaba alejar de la cuenca del Mar Negro y del Cáucaso a aquellas poblaciones cuya proximidad étnica y geográfica con los turcos podía entorpecer las ambiciones militares de Stalin, quien no descartaba la posibilidad, a mediano plazo, de un conflicto con Ankara por el control del Estrecho de los Dardanelos. Más valía entonces alejar del futuro conflicto a pueblos cuya fidelidad al régimen se consideraba poco segura y a quienes su (supuesta) colaboración con los nazis permitía estigmatizar fácilmente.

En el caso de los tártaros, el peso de la historia también desempeñará un papel importante. Tras las grandes invasiones de la Horda Dorada, para los rusos los tártaros representan tradicionalmente al "asiático", el intrépido guerrero de las campañas militares devastadoras. Algunos de los clanes que constituían la Horda siguieron su ruta hasta Crimea, adonde llegaron por el costado septentrional de la península. Bloqueados por la cadena montañosa que divide las planicies ingratas del norte y las costas meridionales de microclima mediterráneo, estos grupos tártaro-mongoles se establecerán en el lugar, agregando así un estrato étnico más a una población ya muy mestizada por las invasiones anteriores (godos, hunos, búlgaros...)

De este mestizaje provienen los actuales tártaros de Crimea, que se distinguen -lingüísticamente, por ejemplo- de los tártaros del Volga, del Cáucaso o de Siberia 5. Cuando la Horda Dorada estalla, en el siglo XV, el clan de los "crimeos", conducidos por Haci Giray, se convierte en khanato 6 soberano en 1430 y luego, en 1475, pasa a estar bajo influencia otomana.

Durante muchos siglos el khanato de Crimea, vasallo de la Sublime Puerta, será un Estado militarmente poderoso. Aunque goza de una amplia autonomía, el khanato caerá bajo dominio ruso en 1774, luego del tratado de Jassy, firmado al día siguiente de la guerra ruso-otomana. Más tarde será anexado definitivamente a la Rusia de Catalina II en 1783, mientras el Imperio busca desembocaduras en los mares cálidos.

La colonización rusa de Crimea dará origen a las primeras oleadas de éxodo. Sospechados de connivencia con el enemigo otomano -especialmente durante la Guerra de Crimea (1853-1856)-, muchos tártaros serán despojados de sus propiedades y expulsados de las ciudades y pueblos de Crimea. Entre 100.000 y 400.000 tártaros, según las fuentes, habrían abandonado la península en busca de otras regiones del Imperio Otomano entre 1783 y fines del siglo XIX 7, en un movimiento poblacional que los convertía, por primera vez, en una minoría en Crimea.

También en este período nace el primer movimiento de identidad nacional en el seno del pueblo tártaro. Uno los promotores de la nación tártara moderna, Ismail Gasprinski -siempre considerado un héroe- fue la figura emergente de este movimiento. Él favoreció el nacimiento de un nacionalismo moderno; a la vez, propulsó una reforma radical -y liberal- del islam que practicaban las poblaciones turcófonas del imperio ruso y militó por la educación como herramienta de desarrollo del pueblo tártaro.

La popularidad de estos movimientos nacionalistas no mermó con la llegada del siglo XX; a esa altura, y gracias a una alta tasa de natalidad, los tártaros son -a pesar de las partidas- unas 150.000 personas.

Este nacionalismo ascendente y el resurgimiento de la desconfianza rusa respecto de las poblaciones turcófonas al estallar la Primera Guerra Mundial -en la que Turquía participa del lado de las potencias centrales- empujan a la elite tártara contra el moribundo Imperio ruso. En diciembre de 1917 se funda un Estado tártaro independiente, pero éste es aplastado por los bolcheviques un mes más tarde y reemplazado, en 1921, por una República Socialista Soviética Autónoma de Crimea.

Muchas veces se recuerda la instauración de esta república autónoma como la "época de oro" del pueblo tártaro. El tártaro acompaña al ruso como lengua oficial, y se favorecen la enseñanza del idioma y la eclosión de instituciones culturales tártaras.

Sin embargo, este período dorado será muy corto. En 1927, las purgas estalinistas golpean a la elite intelectual "burguesa" tártara; las instituciones culturales son rápidamente desmanteladas y la lengua tártara sufre, como muchas otras lenguas turcófonas de la URSS, un doble cambio de alfabeto -primero del árabe al latino, y luego del latino al cirílico-, lo cual compromete enormemente el pasaje de posta cultural de una generación a la siguiente. Pero sobre todo, el período se caracteriza por un segundo exterminio: más de 150.000 tártaros mueren durante estas purgas, es decir ¡alrededor del 50% de la población total!

Estos años negros que preceden a la Segunda Guerra Mundial explican en parte el hecho de que los tártaros de Crimea reservaran una bienvenida relativamente calurosa a las tropas alemanas, cuando éstas llegan a la península en 1941. Sin embargo, las exacciones alemanas moderan rápidamente este entusiasmo, y el número de "colaboradores" tártaros es limitado, aun cuando esta cuestión sigue siendo un gran tema de debate historiográfico en Rusia. Aunque limitada, esta colaboración servirá de pretexto a la deportación de 1944.

El regreso

Pocos años después del traumatismo de 1944, los tártaros se organizan en el exilio para reclamar una rehabilitación y el derecho al regreso. El XX Congreso del Partido Comunista de la URSS de 1956, que marca el principio de la desestalinización, levanta las restricciones de los derechos de los pueblos castigados, aunque no rehabilita a los tártaros ni les reconoce el derecho de la vuelta a Crimea 8.

Esta negativa, sin embargo, da origen a una movilización dentro de la comunidad tártara con el objetivo de su repatriación. El movimiento, no violento y reivindicado como leninista, pone en marcha una gran campaña de petición y luego, en 1964, instala una delegación permanente en Moscú, a pesar de las intimidaciones y los arrestos aislados.

La rehabilitación de 1967 del "pueblo tártaro que antaño vivió en Crimea", según la lacónica expresión de las autoridades, no autoriza el regreso a la península. La movilización prosigue y ve emerger como líder a Mustafá Djemilev, actual presidente del Mejllis (pág. 28).

La ola de liberalización lanzada por el último presidente soviético, Mijail Gorbachov, despeja el camino para la vuelta de los tártaros a Crimea. Tras tres décadas de protestas y de presiones frente a un régimen impávido, los tártaros de Crimea aprovechan la descomposición de una Unión Soviética en fase terminal para volver masivamente a Crimea sin provocar reacciones violentas de parte de Moscú. Antes incluso de que la URSS se hunda para siempre, en 1991, ya son 100.000 los que pisaron la tierra ancestral...

  1. Comisariado Popular para Asuntos Internos y, por extensión, su cuerpo policial, que se convertirá luego en la KGB.
  2. El texto se encuentra disponible aquí.
  3. Puede encontrarse el decreto acusatorio del 11-5-1944 aquí.
  4. Greta Lynn Uehling, Beyond Memory, The Crimean Tatar's Deportation and Return, Palgrave MacMillan, Nueva York, 2004.
  5. Los tártaros de la República de Tatarstán en Rusia, por ejemplo, constituyen un subgrupo de los tártaros del Volga.
  6. Así se llama a los territorios controlados por un khan, término de origen turco-mongol que significa "dirigente", "líder".
  7. Greta Lynn Uehling, op. cit.
  8. Jean-Jacques Marie, Les peuples déportés d'URSS, Ed. Complexe, Bruselas, 1995.
Autor/es Alexandre Billette
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 90 - Diciembre 2006
Páginas:30
Traducción Mariana Saúl
Temas Estado (Política), Sectas y Comunidades, Migraciones
Países Ucrania