Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

La destrucción de Guernica

En una España sumergida en la guerra civil, el lunes 26 de abril de 1937, entre las 16:15 y las 19:30, Guernica, ciudad-símbolo de la identidad vasca, fue aplastada bajo una tormenta de bombas. Este intento de destrucción de toda una aglomeración urbana, con sus habitantes civiles, es una novedad mundial. Cuatrocientos edificios incendiados de los quinientos existentes. Y, de los seis mil habitantes, más de mil muertos…

Si no hubiera inspirado al pintor español Pablo Picasso una obra maestra en homenaje a las víctimas para la Exposición Universal de 1937 en París, ¿habría perdurado la destrucción de Guernica en la "memoria de la humanidad"? De haberse limitado a los libros, aun cuando se tratara de obras de grandes historiadores, su recuerdo sin duda se hubiera difuminado.

Pero, ¿por qué los franquistas quisieron destruir Guernica, una población ubicada a 35 kilómetros de Bilbao? Se trataba del País Vasco. Éste había obtenido por fin un estatus de autonomía política, tras las elecciones legislativas de febrero de 1936 en las que había triunfado en España el Frente Popular. Desgraciadamente, apenas formado el nuevo gobierno, el 17 y 18 de julio estalló un golpe de Estado militar liderado por el general Franco. Como consecuencia, y habiendo optado por el respeto a la legalidad, los vascos no tenían esperanza de sustraerse al fuego del ejército franquista, en caso de que avanzara.

En abril de 1937, con excepción de Cataluña y una parte de Aragón, el gobierno vasco era el único de todo el territorio del Norte de España que aún guardaba fidelidad a la República. Administraba una región rica en mineral de hierro, fábricas siderúrgicas y astilleros. Elementos todos necesarios para los rebeldes. El general Emilio Mola, uno de los jefes de la insurrección al mando del Ejército Nacionalista del Norte, informó a Franco que liquidaría el asunto en tres semanas. Tenía a su disposición 50.000 infantes y cien aviones. Además, contaba con los soldados italianos enviados por Benito Mussolini. Y también con los alemanes de la Legión Cóndor: 6.500 voluntarios, distribuidos en unidades blindadas y en escuadrillas de cazas y bombarderos.

El general Mola envió entonces un ultimátum al gobierno vasco. Le advirtió que había decidido "terminar rápidamente con la guerra en el Norte" y agregaba: "Si la sumisión no es inmediata, arrasaré toda Vizcaya, empezando por las industrias bélicas". Como no obtuvo respuesta, el 31 de marzo puso  en marcha la ejecución de su amenaza. Bajo las órdenes del teniente coronel Wolfram von Richthofen, jefe del Estado Mayor, los aviones de la Legión Cóndor, bombarderos pesados Junker y Heinkel, bombardearon sistemáticamente las aldeas que rodean Bilbao. El lunes 26 de abril, a la mañana, los pilotos recibieron la orden de atacar Guernica y Durango con bombas incendiarias. Dos días después las dos urbanizaciones fueron sitiadas sin resistencia. La misma estrategia se prolongó durante todo el mes de mayo. El 19 de junio de 1937 cayó Bilbao. Los ediles vascos no tuvieron más remedio que trasladarse hacia el norte de los Pirineos y el exilio.

Pero volvamos a Guernica. El martes 27 de abril, en Salamanca, capital provisoria de los franquistas, el mando de las tropas golpistas publicó un comunicado. Reproducido de inmediato en todos los diarios internacionales que apoyaban a los antirrepublicanos, este comunicado rechazaba como una "calumnia" la culpabilidad que se imputaba a los aviones de los nacionalistas. Los autores de la masacre, declaraban los franquistas, fueron los "Rojos". Obligados a replegarse, los republicanos habrían preferido incendiar la ciudad.

Apenas se enteró de estas declaraciones, el presidente del gobierno vasco, José Antonio Aguirre, perdió los estribos. Los bombardeos fueron efectuados, aseguró, por "aviones alemanes al servicio de los rebeldes españoles". Afirmaciones que suscitaron ataques de la Radio Nacional, que enseguida lo acusó de mentiroso. Sin embargo, su acusación contra los soldados de Hitler fue eliminada por los locutores. Los oyentes sólo tuvieron derecho a protestar contra el honor mancillado de las tropas rebeldes: "El ejército de Franco no incendia; conquista lealmente por las armas. Son las hordas rojas las que destruyen, porque saben que España no les pertenecerá jamás".

En la prensa francesa comunista -y en términos más generales de izquierda- la responsabilidad de los nacionalistas en este "bombardeo innoble de poblaciones civiles", efectuado por los aviones de la Legión Cóndor, se transmitió enseguida como un dato incontestable. A continuación empezaron a acumularse las pruebas de que la operación había sido conducida por la Legión Cóndor. Sin embargo, lejos estuvieron estas pruebas de cortarles la palabra a los mistificadores. Un ejemplo típico fue la obstinación de Charles Maurras, líder de la extrema derecha francesa. El 11 de mayo de 1937, L' Action Française seguía denunciando la "fábula de los aviones alemanes" que "habrían lanzado toneladas de bombas" como una manipulación "bolchevique" que servía para enmascarar "el crimen de los Rojos".

Este tipo de falsificaciones persistió en España más o menos hasta la muerte de Franco, en 1975. Pero a fines de los años '60 los defensores de la historiografía oficial se orientaron por otro camino, con el fin de disculpar a los nacionalistas y restaurar en Europa una imagen más conveniente de su país: atribuyeron todas las responsabilidades a Hitler, a Göring y a los jefes de la Legión Cóndor.

 Tergiversaciones

 Era una escapatoria fácil veinte años después de los juicios internacionales de Nuremberg. Y los aduladores de la derecha española antidemocrática no asumieron el riesgo de reprobar el levantamiento contra la República, así como la alianza de los Estados fascistas con los franquistas. Al contrario. Continuaron con sus fabulaciones de otra manera: se dedicaron a minimizar la amplitud del bombardeo de Guernica, reduciendo el número de víctimas a cien.

Según ellos, el alto mando franquista no habría estado al corriente del ataque previsto por las escuadrillas de la Legión Cóndor. Además, los aviadores alemanes no habrían obedecido a ninguna premeditación de "terror". Habrían apuntado a una fábrica de armas en las afueras, a un puente sobre el río, y habrían errado sus objetivos. El incendio y la masa de cadáveres responderían a esos "errores de puntería". Todos los comentarios sobre la "ciudad mártir" sólo serían oropeles para un "mito".

¿Y qué pasó del lado de Alemania? La población se enteró de las "proezas" de la Legión Cóndor sólo tras la victoria del general Franco, en abril de 1939. Muchas publicaciones se dedicaron a exaltar sus logros. Una de las obras más exitosas fue una cuyo autor había enaltecido antes a los soldados de 1914-1918: Werner Beumelburg. En 1940, su Lucha por España describía en diez capítulos todas las peripecias de la guerra civil española y evaluaba con precisión la ayuda hitleriana a las fuerzas franquistas.

Sin embargo, en todos estos libros no aparece nada sobre la "hazaña" que dio origen a la siniestra fama mundial de la Legión Cóndor. Incluso Beumelburg se apega a la tesis popularizada por el Völkischer Beobachter, portavoz oficial de la Alemania nazi. Guernica, insiste, fue "enteramente destruida por los Rojos".

Contrariamente a lo que se divulga desde hace unos años, el mariscal Hermann Göring, comandante en jefe de la Luftwaffe, no confesó, ante los jueces de Nuremberg, la culpabilidad de los hitlerianos en esta tragedia. Simplemente reconoció haber dado luz verde para que España sirviera de terreno de experimentación para la aviación alemana. En cuanto a los Diarios de Joseph Goebbels, son más bien lacónicos. Engañado, al parecer, por las declaraciones de inocencia de los nacionalistas, el ministro de Propaganda creyó que la Legión Cóndor no tenía responsabilidad en el episodio, y le importunaba tener que multiplicar las desmentidas sobre su participación.

El misterio se resolvió mucho después de 1945. Por ejemplo, a través de las justificaciones de ex combatientes como el piloto Wilfred von Oven, refugiado en Argentina, quien en 1978 vio en sus actos -a posteriori- el "capítulo de historia más apasionante" que le había tocado vivir. La cooperación entre las autoridades nazis y los nacionalistas españoles está muy bien documentada en los archivos alemanes, restando toda verosimilitud a la hipótesis de que el Estado Mayor franquista pudiera ignorar el dispositivo de ataque de la Legión Cóndor. El 20 de junio de 1937, el día siguiente a la caída de Bilbao, el general Franco telegrafió a Hitler para agradecerle por haberle otorgado su "confianza", y con ella "la del gran pueblo alemán".

Se suele condenar el bombardeo de Guernica con el pretexto de que no estaba legitimado por ningún objetivo militar. Las intenciones que declara el general Mola, sin embargo, contradicen este argumento. Este bombardeo revela la naturaleza de la barbarie que amenazaba a toda Europa en esa época. Violencia extrema, voluntad de aniquilamiento físico del adversario a cualquier precio, falsificación de los hechos.

Actualmente en Guernica son muchos los que se dedican a impedir el olvido. En 2003 abrió sus puertas un Museo de la Paz. Pero, una vez más, hay que agradecerle más que a nadie a Pablo Picasso: gracias a él se hizo visible el verdadero sentido de lo que hay que entender por "fascismo".

El Guernica de Picasso

Goloboff, Mario

No todas las grandes obras de arte que aluden a importantes acontecimientos históricos del siglo XX fueron directamente motivadas por los mismos. Ello no les quita méritos estéticos, ni siquiera políticos, y sólo confirma la impropiedad de establecer vínculos mecánicos entre arte y realidad. Es sabido que el célebre poema “Libertad”, de Paul Éluard, que recorrió las filas de la resistencia antinazi, fue primero un poema de amor, se tituló “Un solo pensamiento”, superó así la censura y se aplicó luego a la lucha política. Conocidas son también las manipulaciones oficiales, pre y post fílmicas, de películas como Octubre (1927), Alexandre Nevski (1938), Iván el Terrible (1944), de Sergei Eisenstein, el realizador soviético que ya había entrado en la gloria con El Acorazado Potemkin (1925), según Georges Sadoul, uno de los diez mejores films de la historia del cine.
En cambio, el magnífico Guernica, de Pablo Picasso, nació de la cabeza y la mano de su autor como fruto espontáneo de su reacción emocional ante las circunstancias. Aunque sus raíces no están sólo en la insoslayable realidad; aunque lo que se llama “el tiempo de Guernica” tiene antecedentes en la obra del pintor, el acontecimiento terrible que lo signa fue la destrucción de la población vasca de Guernica por bombarderos alemanes el 26 de abril de 1937.
Picasso era ya un artista comprometido, militante inclusive de la causa republicana (en septiembre de 1936 acababa de ser nombrado director del Museo del Prado); en materia estética, no obstante, funcionaba a contramano de los dogmas imperantes: el de un arte proletario, afirmado en la resolución del Partido Comunista de la Unión Soviética del año 1925, y el del realismo socialista, consagrado por Zhdánov en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos de 1934. Tal vez por ello Guernica sea, para el famoso disidente Fernando Claudín, una personal síntesis del cubismo y de un vigoroso expresionismo que arrancaría en Van Gogh.
“Ningún período (de Picasso) es un período cerrado; ninguno está limitado a un estilo único”, afirma Herbert Read. El pintor acababa de cumplir una serie predominantemente escultórica, de construcciones en metal que se orientaban progresivamente hacia las cabezas en bronce (1928-1933), había pasado por una etapa de arquetipos monumentales y, entre 1932 y 1934, retomado la actividad escultórica y también plasmado una serie de grandes telas de mujeres en estilo curvilíneo. Asimismo, quizás entre los antecedentes internos más importantes, los grabados de la Minotauromaquia, de 1935.
Para entonces, hacía más de treinta años que Picasso vivía y trabajaba en París. Invitado por el Gobierno de la Segunda República para contribuir con alguna obra importante al Pabellón español que debía inaugurarse en la primavera de 1937 en la Exposición Internacional de las Artes y las Técnicas en la Vida Moderna, de París, atravesaba, además de una crisis amorosa, una concreta de producción pictórica, ya que recientemente había estado más entregado a la escritura. Su último trabajo era un largo poema, “Sueño y mentira de Franco”, que iría acompañado por dieciocho aguafuertes. Fragmentos de ese texto están también en la raíz de Guernica: “...gritos de niños gritos de mujeres gritos de pájaros gritos de flores gritos de maderas y de piedras...”.

La vida de una forma. Un lunes de mercado, en que los campesinos de los aledaños habían bajado a la villa, alrededor de las 17 horas y luego de un primer vuelo de inspección, los aviones de la Legión Cóndor arrojaron 1.300 kilos de bombas. Con la persecución aérea posterior, vuelos rasantes y bombas incendiarias que cayeron durante varias horas, murieron cerca de mil seiscientas cincuenta personas y otras novecientas resultaron heridas. El 1 de mayo, en tanto en París las manifestaciones por el Día del Trabajo reunían multitudes, Picasso realizaba los primeros bocetos. Toros, caballos y mujeres aparecen como las figuras de la tragedia, arrastrados por una fuerza que los lleva de derecha a izquierda, movidos por la tierra en llamas. Picasso trabajó febrilmente y dio por terminado el cuadro el 4 de junio de 1937.
Después de la clausura de la Exposición Internacional, la obra, propiedad del gobierno español, viajó por Europa y Estados Unidos, hasta que los conservadores del MoMA (The Museum of Modern Art) de Nueva York aconsejaron en 1958 que, por su integridad, no siguiera circulando. En 1970 el propio Picasso escribió al MoMA, disponiendo que el cuadro fuera devuelto“cuando en España se restablezcan las libertades públicas”. Luego de su muerte, el Congreso de Estados Unidos aprobó la entrega al gobierno de España.
Amplio óleo sobre lienzo, de tres y medio metros de alto por casi ocho de ancho, y desde 1995 fuera ya de la urna en la que se exhibía desde su llegada a España, el cuadro forma hoy parte privilegiada de la colección permanente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en el que hay además cuatro salas dedicadas a “El contexto de Guernica”. Plagada de simbolismos, sobre cuya interpretación más o menos lineal Picasso fue el primero en alertar, la muestra ofrece, entre otras particularidades, las huellas de su génesis, ya que pueden apreciarse los valiosos trabajos preparatorios: estudios en lápiz sobre papel, estudios para el caballo, madre con niño muerto en escalera, numerosas cabezas de hombre clamando y de mujer llorando (algunas de ellas, coloreadas), representaciones simbólicas del Minotauro, bocetos y dibujos antecedentes, e innumerables “postscriptos” (hasta septiembre de 1937), no todos incluidos en lo que es el cuadro final, lo que exhibe un verdadero laboratorio de la trabajosa gestación del Guernica.
A setenta años de su realización y de los acontecimientos que dolorosamente le dieron origen, éstos se han ido desdibujando para las nuevas generaciones por el paso del tiempo y por la acumulación de atrocidades que desde entonces vinieron sumando los poderosos de la tierra. Sin duda, Guernica contribuye a tenerlas más presentes. Acaso porque, como sostiene Karel Kosik, el arte no sólo refleja el mundo: “Un templo griego, una catedral medieval, o un palacio renacentista, expresan la realidad, pero a la vez crean esa realidad. Pero no crean solamente la realidad antigua, medieval o renacentista; no sólo son elementos constructivos de la realidad correspondiente, sino que crean como perfectas obras artísticas una realidad que sobrevive al mundo histórico de la Antigüedad, del Medioevo y del Renacimiento. En esa supervivencia se revela el carácter específico de su realidad” 1. El mismo Picasso afirmaba, tiempo antes de su realización, que él practicaba “un arte que se ocupa ante todo de las formas, y cuando una forma es realizada, ella está ahí para vivir su propia vida” 2. Guernica, también por eso, mantiene su potencia estética y su permanente actualidad.

  1. Karel Kosik, “El arte y el equivalente social”, en Dialéctica de lo concreto, Grijalbo, México, 1967.
  2. Reportaje en español traducido al inglés por Forbes Watson y publicado en The Arts, mayo de 1923. Citado en Herbert Read, Histoire de la Peinture Moderne, Aimery Somogy, París, 1971.


Autor/es Lionel Richard
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 94 - Abril 2007
Páginas:34,35
Traducción Mariana Saúl
Temas Historia, Militares
Países España