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Polonia paranoica

A inicios de 2007, el arzobispo de Varsovia Stanislaw Wielgus renunció al descubrirse que había mantenido contactos con la policía secreta comunista. La opinión pública atribuyó esa dimisión al presidente polaco Lech Kaczynski, quien ha llamado a una “revolución moral”, con el declarado proyecto de implantar en Polonia la estricta obediencia de “los valores familiares”: oposición al aborto, la eutanasia y la homosexualidad, además de purgar la corrupción reinante durante la gestión socialdemócrata. Euroescéptico, pero apegado al atlantismo, escandaliza a Europa con su ley que obliga a cientos de miles de polacos a confesar sus pasados vínculos con los servicios secretos de la época comunista.

Las llaman "leyes de lustración". Es decir, de purificación ritual, según el diccionario. Lo cual, en este país donde el catolicismo hunde sus raíces en la historia, no deja de tener una profunda significación de arrepentimiento y penitencia. En virtud de esta ley votada en octubre de 2006 y que entró en vigencia el pasado 15 de marzo, setecientos mil polacos tendrán que confesar si colaboraron con los comunistas de 1945 a 1989. Todos los altos funcionarios, profesores, abogados, directores de escuela y periodistas nacidos antes de agosto de 1972 tienen tiempo hasta el 15 de mayo para confesar su "pecado".

Todos tienen que llenar un formulario y contestar a la pregunta: "¿Colaboró usted en secreto y conscientemente con los ex servicios de seguridad comunistas?". Tendrán que entregarlo a su superior jerárquico, que lo dirigirá al Instituto de la Memoria en Varsovia. Este Instituto verificará en sus archivos y entregará un certificado de "limpieza política". En caso de que se pruebe la colaboración, los periodistas que trabajen en servicios públicos serán automáticamente despedidos. Quienes se nieguen a responder, o de quienes se pruebe que mintieron, se arriesgan a una pena de prohibición de ejercer su profesión durante diez años.

Esta ley delirante, que escandaliza a la Unión Europea (UE) reduce el macartismo de Estados Unidos de la década de 1950 a un anticomunismo de aficionados. Constituye el principal dispositivo de una furiosa caza de brujas lanzada por las autoridades desde que en octubre de 2005 accedieron al poder en Polonia el conservador Lech Kaczynski como Presidente y su hermano gemelo Jaroslaw como Primer Ministro.

Muchos polacos consideran que esta ley es contraria a la Constitución, porque obliga a los ciudadanos "a demostrar que no hicieron lo que no hicieron". Podría resultar invalidada por la Corte constitucional, que pronunciará su veredicto a comienzos de mayo.

 Homofobia y antisemitismo

 La coalición de derecha, católica y nacionalista, que gobierna Polonia, está compuesta de tres partidos: Ley y Justicia (de los hermanos Kaczynski), Autodefensa (de los medios agrarios) y la Liga de Familias Polacas, e implementa una preocupante política de regreso enérgico al "orden moral". Acorde con su espíritu, Roman Giertych, vice primer ministro, ministro de Educación y jefe de la Liga de Familias Polacas, acaba de presentar un proyecto de ley homofóbica que suscitó otro alboroto internacional y las protestas de organismos de derechos humanos. Según ese proyecto, que estaría listo en un mes, toda persona que en un establecimiento escolar o universitario revele su condición de homosexual, "o cualquier otra desviación de índole sexual" 1, se expondría a una multa, al despido o a una pena de cárcel.

El padre del ministro, Maciej Giertych, diputado europeo de la Liga de Familias, ya había desencadenado el pasado mes de febrero una tormenta de condenas después de publicar un folleto antisemita, costeado por el Parlamento Europeo y con su logo, donde se afirmaba por ejemplo que "los judíos crean ellos mismos sus guetos", y que "el antisemitismo no es racismo" 2.

Estas decisiones de purificación anticomunista, así como los intentos de regreso a un orden moral autoritario, ocultan en Polonia, y en menor medida en Ucrania, Lituania y otros países del Este, una suerte de repulsiva nostalgia del período de preguerra, cuando el racismo se ostentaba descaradamente. Ganados por un ambiente de fuerte revisionismo, hay quienes no dudan en glorificar la colaboración con el III Reich hitlerista contra la Unión Soviética, hoy oficialmente desacreditada.

Sin duda en este espíritu, evaluando como muchos medios que la Rusia de Vladimir Putin no es más que la prolongación encubierta de la ex Unión Soviética, el gobierno de Varsovia se declaró favorable a permitir en su territorio la instalación de un escudo anti-misiles concebido por el Pentágono para proteger a Estados Unidos. Sin dignarse consultar con sus socios de la Unión Europea, ni siquiera los miembros de la OTAN.

Lo cual demuestra que en política la paranoia puede no sólo llevar a la atrofia espiritual: también se acerca a cierta forma de traición.

  1. El País, Madrid, 20-3-07.
  2. Le Figaro, París, 17-2-07.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 94 - Abril 2007
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Ciencias Políticas, Política, Estado (Política), Políticas Locales, Sociedad
Países Polonia