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Relaciones tumultuosas con Irán

El pedido de extradición del ex presidente iraní Akbar Hachemi Rafsandjani y otros altos funcionarios, acusados de organizar el atentado contra la AMIA en Buenos Aires en 1994, pone en foco las ambiguas relaciones de Argentina con Irán. Igual que bajo la primera presidencia de Juan Perón en 1952, la Argentina de Kirchner vuelve a resignar ventajas comerciales a cambio de frenar la animosidad de Estados Unidos.

El telón de fondo son las ambiciones nucleares de Irán, que sus adversarios y hasta algunos de sus simpatizantes creen destinadas a otro fin que a la producción de electricidad. Con o sin evidencia incontrovertible, las suponen también destinadas a fabricar armas nucleares 1. En ese contexto, Estados Unidos hace suya la recurrente comparación israelí entre el presidente Mahmud Ahmadinejad y Adolf Hitler, precedentemente aplicada a Gamal Abdel Nasser, a Saddam Hussein y a Yasser Arafat. Un ex director de la CIA, James Wooley, partidario de atacar las plantas nucleares iraníes, escribió: "Debemos tomar en serio lo que gente como Ahmadinejad le dice a sus seguidores. Hitler tenía esa intención cuando reveló querer exterminar a los judíos. Todo estaba escrito palabra por palabra en Mein Kampf. No mienten, anuncian sus verdaderos objetivos" 2.
Sin dejar de lado el recurso al método comparativo para tratar de entender las situaciones presentes, el investigador Dominique Moisi estima que "el uso de analogías históricas para interpretar el presente, es a la vez tentador y peligroso": más que iluminar las mentes, las enturbia 3.
Sin embargo, el recurso a la historia algunas veces resulta esclarecedor. Dos episodios de las relaciones argentino-iraníes, uno actual y otro de hace más de cincuenta años, permiten identificar ciertas constantes de la política exterior de Buenos Aires, y aclarar algunas dimensiones de la crisis nuclear iraní. El episodio más reciente, la orden internacional de detención y el pedido de extradición emitidos el 9 de noviembre de 2006 por un juez federal de Argentina contra el ex presidente iraní (1989-1997) Akbar Hachemi Rafsandjani y otros seis altos responsables de ese país. El segundo episodio, más lejano en el tiempo, es la nacionalización del petróleo por Teherán en la década de 1950 y sus relaciones con Argentina en esa época.

La pista iraní

El origen del espectacular procedimiento (nada menos que el pedido de captura de un ex Presidente acusado de terrorismo), es el atentado perpetrado en Buenos Aires el 18 de julio de 1994, contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), reivindicado por un misterioso "comando islámico", que dejó 85 muertos y más de 200 heridos. Pocas semanas después, Estados Unidos sugirió una pista que conducía a la oficina del agregado cultural de la embajada de Irán en Buenos Aires, Moshe Rabbani. Pero también se invocaron otras varias hipótesis. Como por ejemplo, la de los "carapintadas" 4: una fuerte corriente antisemita circula en la policía y el ejército argentinos implicados en la última dictadura (1976-1983). Otra hipótesis fue la del antisemitismo "corriente": miles de nazis alemanes y de ustashis croatas hallaron refugio en Argentina al fin de la Segunda Guerra Mundial, una presencia que siempre inquietó a la comunidad judía argentina 5. Una por una, todas esas elucubraciones fueron dejadas de lado. La explicación o sospecha más habitual -e igualmente plausible- era la que remitía a Medio Oriente.
Fue esa pista la que volvió a surgir el 25 de octubre de 2006, cuando los fiscales argentinos Alberto Nisman y Alberto Martínez Burgos acusaron oficialmente al gobierno iraní y al Hezbollah libanés de ser los responsables del atentado, y solicitaron al juez Rodolfo Canicoba emitir las órdenes internacionales de detención contra siete dignatarios iraníes. Los fiscales sostienen que la destrucción del edificio de la AMIA fue un acto de represalia por la decisión adoptada en 1991 por el entonces presidente peronista Carlos Menem, de suspender unilateralmente la asistencia tecnológica nuclear que hasta entonces Buenos Aires brindaba a Teherán 6. Las primeras teorías que se elaboraron ponían el acento en el descontento del mundo musulmán por la participación argentina en la primera guerra desatada por Estados Unidos contra Irak, aunque Irán era muy hostil al Irak de Saddam Hussein luego de la guerra particularmente mortífera entre ambos países (1980-1988). Ese "resentimiento musulmán" se habría visto alimentado también por otros motivos: los daños causados a Irak, financista de Egipto y potencial beneficiario del proyecto de misiles Cóndor, desarrollado conjuntamente con Argentina, pero abandonado por Menem por imposición de Estados Unidos; la decepción de Trípoli, luego de haber invertido fondos en la campaña electoral de Menem; la distancia que tomó Argentina respecto del Movimiento de No Alineados en 1991 y su acercamiento a Estados Unidos; la desilusión experimentada por Damasco ante los diversos viajes de Menem a Medio Oriente en los que no visitó Siria (el país de sus ancestros), a la vez que se convertía en el primer Presidente argentino en viajar a Israel.

Las pruebas de la CIA y el Mossad

Para George W. Bush, Irán forma parte del "eje del mal". Al volverse a Teherán en busca de los responsables del atentado contra la AMIA, las instancias jurídicas argentinas suministran a Washington un nuevo argumento en su intento de frenar las aspiraciones nucleares iraníes. Lo que explica la reacción de la Casa Blanca a la iniciativa de Canicoba: "Aplaudimos al sistema judicial de la Argentina por su búsqueda tenaz de (...) los responsables de este terrible atentado", se congratuló inmediatamente el portavoz de Bush.

Hasta 1979 los primeros pasos del programa nuclear iraní no habían alarmado a Tel Aviv, debido a su amistad con el sha Mohamed Reza Pahlavi. Fue varios años después de su caída que Irán comenzó a ser considerado como la amenaza principal, y más aun una vez neutralizado el régimen de Saddam Hussein. Es decir, mucho antes de que Mahmud Ahmadinejad cuestionara la existencia del genocidio cometido por los nazis, y de que hablara de erradicar Israel de Medio Oriente o del universo. Esa vociferación, que incluso muchos iraníes evalúan como irresponsable, hizo que la amenaza tomara un carácter "existencial", y dio lugar a la retórica del "segundo Holocausto".
Implícitamente, el pedido argentino confirma la tesis estadounidense-israelí: no se puede confiar en ningún iraní si está al frente de un país capaz de fabricar armas nucleares (al fin de cuentas, como India, Israel, Pakistán y otros...). Y ello aunque se trate de alguien que conjugue pragmatismo y críticas a la gestión de Ahmadinejad, como sería el caso de Rafsandjani. Esto último quedó demostrado en las elecciones de diciembre de 2006, en las que Rafsandjani propinó un duro revés a Ahmadinejad en la Asamblea de Expertos, órgano que elige y supervisa al jefe supremo, en la actualidad el ayatollah Ali Khamenei. El resultado de esas elecciones permite alentar esperanzas de cambios políticos en Irán generados desde el interior, y varios observadores señalan que Rafsandjani es el mejor ubicado para suceder a Khamenei como guía supremo, a causa de las maniobras de este último por poner límites al presidente Ahmadinejad 7.
Ahora bien, la acusación presentada en Buenos Aires contra el ex presidente iraní no se apoya en pruebas descubiertas en Argentina, sino en informes provenientes de los servicios secretos de Estados Unidos y de Israel. Según Zéev Schiff, especialista en temas militares, "la inteligencia israelí descubrió la mayoría de los detalles de la participación iraní" 8. Sin embargo, ni el Mossad ni la CIA, como tampoco la Secretaría de Informaciones del Estado argentina (SIDE) fueron capaces de anticipar los acontecimientos. No previnieron el ataque contra la embajada de Israel en Buenos Aires del 17 de marzo de 1992 (29 muertos, 242 heridos), ni contra la AMIA, dos años después, ambos durante la presidencia de Menem.
Esos fiascos no permiten descartar a priori la tesis israelí-estadounidense, pero invitan a no ignorar sus puntos débiles. Las pruebas se fundan en gran medida en declaraciones de iraníes arrepentidos, desencantados, cuya credibilidad se vio cuestionada en instancias como la policía y la justicia, ante las cuales se mostraron poco coherentes. Uno de esos iranés es, por ejemplo, el ex director de los servicios de inteligencia, Abolhassan Mezbahi. Fue el primero en afirmar, en agosto de 1993, que el atentado contra la AMIA había sido organizado por Rafsandjani y Khamenei, y declaró que la fortuna personal de Menem había aumentado en 10 millones de dólares luego del atentado, gracias a una inyección de fondos destinada a evitar que la investigación culminara en acusaciones contra Teherán. Por notas diplomáticas del 7 de noviembre de 2003 y del 13 de julio de 2004, la Oficina Federal de Justicia de Suiza comunicó a las autoridades argentinas que la investigación realizada ante el establecimiento bancario indicado había resultado infructuosa. Por otra parte, el 2 de septiembre de 2004, un primer proceso absolvió a cinco argentinos -entre ellos varios ex miembros de la policía de la provincia de Buenos Aires sospechados de haber colaborado en la organización del crimen-. Uno de ellos estaba acusado de haber recibido 400.000 dólares de la SIDE para orientar su testimonio contra Irán, de acuerdo con los deseos del juez Juan José Galeano. Este magistrado fue acusado y apartado del caso en agosto de 2005 (¡11 años después del atentado!) a raíz de esa y otras irregularidades en la investigación 9.
Los mismos interrogantes pesan sobre la fiabilidad de otros testigos de cargo, como los Mujaidines Khalq, apoyados por Saddam Hussein durante la guerra Irán-Irak, y catalogados de "organización terrorista" por Washington. El bombardeo de su campamento en Irak por parte de Estados Unidos en 2003 fue un reconocimiento de facto de la ayuda que Teherán aportó en la lucha contra los talibanes (esa asistencia incluía el uso del espacio aéreo iraní por los aviones estadounidenses que se dirigían a Afganistán) 10.
Nada de lo antedicho significa descartar la raíz mesoriental, fundamentalista y/u otra del atentado. Pero conviene pensar que así como las "armas de destrucción masiva" de Saddam Hussein, tan evocadas y nunca halladas, sirvieron para justificar la invasión a Irak, así también las acusaciones contra Rafsandjani y otros, pueden terminar mañana integrando el arsenal propagandístico para promover acciones bélicas contra Irán. Cabe recordar que cuatro años después de la voladura de la AMIA, expresiones de responsables israelíes sobre la existencia de evidencias concretas de la implicación iraní llevaron al canciller de Menem, Guido Di Tella (famoso por declarar que su país mantenía "relaciones carnales" con Estados Unidos), a afirmar que si el responsable del atentado era un país cuyo nombre comenzaba "con I, hay más probabilidades de que sea Irán, que Italia", antes de añadir, eso sí: "Pero lo que faltan son pruebas concretas".
Ocho años después, el 10 de noviembre de 2006, La Nación, diario argentino que es difícil ubicar entre los medios antitéticos a Washington y Tel Aviv, concluyó que "las pruebas faltan en el dictamen". Su análisis subrayó que "la causa AMIA sigue lejos de las pruebas y las normas", convertida "en una cuestión de fe, no de pruebas".
De hecho, las pruebas argentinas fueron consideradas insuficientes por Londres, que sin embargo es un fiel aliado de Estados Unidos. Hadi Soleimanpur, embajador iraní en Buenos Aires en 1994, que había sido detenido en el Reino Unido, fue liberado en noviembre de 2003 por falta de pruebas. La justicia británica consideró entonces que el material en apoyo del pedido de extradición "no cumplió, prima facie, con los requisitos probatorios exigidos por el Reino Unido" 11.

Perón y Mossadegh

Este caso actual nos lleva al segundo episodio, porque recuerda en ciertos aspectos la época en que Irán nacionalizó la Anglo Iranian Oil Company, en marzo de 1951, y la llegada al poder del nacionalista Mohamed Mossadegh. Con el apoyo del Foreign Office, que logró sumar a Estados Unidos a su causa, la compañía amenazó a todos los potenciales compradores de petróleo iraní. Logró así bloquear las exportaciones de hidrocarburos de ese país, cuya producción tuvo una caída espectacular: de 240 millones de barriles anuales antes de la nacionalización, pasó a escasos 9 millones en 1953.

Buscando escapar de ese chaleco de fuerza, Teherán quiso orientar sus exportaciones petroleras hacia Argentina. Buenos Aires compartía con Irán su declarada neutralidad durante ambas guerras mundiales (al menos, en el caso iraní, hasta la invasión de su territorio por la URSS y Gran Bretaña en 1941); un Tratado de Amistad suscripto en 1937; y la generalmente ignorada preferencia del sha Reza, padre del depuesto en 1979, de exiliarse en Buenos Aires y no en la Isla Mauricio, donde había sido enviado luego de la citada invasión anglo-rusa.
Las gestiones iniciadas por el ministro de Finanzas de Mossadegh se concretaron en 1952-1953, con una oferta de petróleo a Argentina en condiciones preferenciales. Irán proponía una rebaja del 30% y aceptaba cobrar en mercancías. Sin embargo la validación del negocio quedó sujeta a un acuerdo anglo-iraní que legitimara el derecho de Teherán a vender libremente su petróleo y a ofrecer rebajas contractuales. Sin ese acuerdo la operación no podía concretarse. A pesar del extraordinario interés económico de la propuesta y de sus garantías legales, Argentina se abstuvo de cerrar trato. En cambio, a fines de 1952, el gobierno de Juan Perón suscribió una extensión a su acuerdo comercial de 1949 con el Reino Unido, que lo comprometía a adquirir a ese país 4 millones de toneladas anuales de crudo, fuel oil, nafta para aeronavegación y lubricantes. Ese volumen no dejaba lugar para más petróleo importado.
Después del derrocamiento de Mossadegh por un golpe orquestado por la CIA, en agosto de 1953, el Ministerio de Comercio argentino arrojó luz sobre las consideraciones que habían primado en Buenos Aires: "Pese al interés económico que ofrecían para nuestro país las propuestas, particularmente la relativa al pago con mercaderías, no se estimó conveniente concretar la operación, por cuanto desde el punto de vista político, el Ministerio de Relaciones Exteriores consideró que el clima de inestabilidad que ofrecía el gobierno de Mossadegh hacía aconsejable mantener una posición de expectativa".
En suma, Argentina creyó imprudente hacerse del instrumento que abriría la puerta a una compra ventajosa mientras no se resolviera el diferendo anglo-iraní. Eso podía acarrearle la animadversión británica, y agravar la siempre latente antipatía de Estados Unidos.
Pero, ¿cuál es el común denominador entre la renuncia a una transacción económicamente favorable en los años de posguerra, y la reciente pérdida de significativas exportaciones, a raíz de la disminución de compras iraníes a Argentina 12? Si bien el Irán de los ayatollahs difiere del imperial, y la Argentina de Kirchner es disímil de aquella del primer Perón, la relación bilateral -ascendente en la década de 1950, descendente desde el caso AMIA- se vio afectada en ambas coyunturas por consideraciones políticas semejantes: la prioridad asignada por Buenos Aires al vínculo con las potencias y el imperativo de no verse enredado en conflictos remotos. Así como la cautela de Perón ante la oferta de Mossadegh era consecuente con sus votaciones en la ONU en asuntos vinculados con la descolonización -más afines con los intereses de las potencias europeas-, así también la captura pedida de Rafsandjani et alia es parte de las señales de humo que Kirchner, más atento que sus predecesores al caso AMIA 13, dirige a los Estados Unidos.

Entre Chávez y Bush

Nada permite afirmar que el gobierno o el propio jefe del Estado interfieren directamente en el funcionamiento de la justicia argentina o que le dictan sus conclusiones, pues la "pista iraní" fue totalmente fabricada bajo, o por, el gobierno de Menem. Pero parece evidente que Kirchner la utiliza para mostrarse amistoso respecto de Washington en tiempos en que las relaciones entre ambas capitales no son las mejores. No hay que olvidar el interés de Buenos Aires por atraer inversiones extranjeras, incluidas las estadounidenses. Ello impulsó a Kirchner, por ejemplo, a dejar de lado los pruritos "sesentaiochistas" que le atribuyera un embajador de Francia, para dar el campanazo de apertura de sesión en la bolsa neoyorquina, en septiembre de 2006. Por otra parte, el pedido de extradición de Rafsandjani y otros, sirve para diferenciarse internamente de sus predecesores, en particular de Carlos Menem y Eduardo Duhalde, así como, en el ámbito exterior, de la Venezuela de Hugo Chávez, que mantiene excelentes relaciones con Teherán. Más allá de la supresión de las "relaciones carnales" con Estados Unidos, iniciadas en su tiempo por Menem, oponerse a la proliferación de armas nucleares y responsabilizar a Irán por la voladura de la AMIA, permite al presidente argentino dar a entender a Bush que la compra venezolana de 3.500 millones de dólares en bonos argentinos, con la perspectiva de una nueva suscripción por otros 2.000 millones, y el ingreso de Caracas al Mercosur, no implican una política antiestadounidense 14 ni el deterioro de relaciones con el aliado israelí de Washington. Tan efervescente con Bush como amigo de Teherán, Chávez es el único líder regional que en 2006 retiró su embajador de Israel (un encargado de negocios) para solidarizarse con las víctimas libanesas, aunque sin cortar relaciones.

Un difícil equilibrio

Influida también por la guerra contra el terrorismo y el tráfico de drogas, esta manera de manejar las relaciones diplomáticas con Washington dista sin embargo de significar una total armonía entre las dos capitales. Un testimonio elocuente es que Argentina, en este caso junto a Brasil y Paraguay, discrepa con Estados Unidos, para quien la Triple Frontera (zona limítrofe de esos tres países sudamericanos) sería un centro de financiación de las actividades terroristas del Hezbollah. En marzo de 2006, al paso por Buenos Aires de un funcionario del Tesoro de Estados Unidos que alegó tal cosa, el ministro del Interior argentino le solicitó que presentara pruebas al respecto. En efecto, muchos libaneses chiitas llegaron a la ciudad paraguaya de Ciudad del Este en 1976 a causa de la guerra civil en su país. Hoy están principalmente afincados en la brasileña Foz do Iguaçu, y por supuesto que envían fondos a su país y hacen donaciones, algunas de las cuales podrían llegar al Hezbollah, partido que posee una amplia red social y una fuerte representación parlamentaria.
Así como Perón no se desvinculó del Irán de Mossadegh, Kirchner hasta ahora no quiso cortar el nexo diplomático con Teherán. Su primer canciller, Rafael Bielsa, había afirmado que se habían "frenado las relaciones comerciales y culturales", pero que Argentina "no va a aceptar presiones de quienes quieren que rompamos relaciones diplomáticas con Irán" 15. Esto explica que los silbidos a Kirchner en julio de 2005, durante la recordación anual del atentado a la AMIA, se tradujeran en su ausencia el año siguiente. A su vez, los dirigentes judíos estadounidenses que pidieron verlo en septiembre de 2006, en ocasión de la Asamblea General de la ONU, fueron recibidos por la primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, quien, ante una objeción sobre la amistad con Chávez, replicó que "nadie le elige los amigos a Argentina" 16.
A comienzos de febrero, durante su visita casi simultánea, Alberto Gonzáles, fiscal general estadounidense, y Nicholas Burns, número tres del Departamento de Estado, volvieron a evocar las relaciones con Venezuela. Los interlocutores gubernamentales argentinos les recordaron: "No seguimos a Chávez en todo". Por su parte, aludiendo a Teherán, Burns afirmó que su país tiene en Argentina "el socio más fuerte en la región en cuanto a los temas de no proliferación y terrorismo". Si el ex canciller argentino Rafael Bielsa, actualmente legislador con aspiraciones a la gobernación de la provincia de Santa Fe, dijo en noviembre pasado que el vínculo argentino-iraní "es de esa sustancia que precede a la inexistencia" 17, el gobierno argentino optó por subrayar ahora que "sostiene una posición más moderada y diplomática". Un equilibrio siempre difícil de mantener...

  1. Sin embargo, una evaluación realizada por la CIA en 2006 reveló que no se hallaron pruebas definitivas de que exista un programa militar iraní secreto, paralelo al programa civil. Elias Harfouch, "Limited Options with Iran", Al-Hayat, Londres, 6-10-06; Seymour M. Hersch, "The Next Act ", The New Yorker, 27-11-06.
  2. James Woolsey, "Chess with Iran", Ynet, Tel Aviv, 25-1-07.
  3. Dominique Moïsi, "Which Historical Bogeyman is Iran's Regime Closest To?", Daily Star, Beirut, 5-1-07.
  4. Militares argentinos de extrema derecha amotinados en 1987 y 1990, que posteriormente gozaron de una gracia presidencial de Carlos Menem.
  5. Es la más importante de América Latina: cuenta con cerca de 300.000 miembros.
  6. Esa colaboración comenzó durante el mandato de Raúl Alfonsín (1983-1989), hasta que el gobierno de Carlos Menem (1989-1999) adhirió al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Sin embargo, el informe del fiscal argentino muestra que Buenos Aires nunca suspendió totalmente su cooperación nuclear con Teherán, y que Argentina seguía suministrándole uranio poco enriquecido. Además, estaban en curso negociaciones entre ambos países para reanudar una cooperación más importante. Ver aquí.
  7. Graham Underwood y Ali Afshari, "Iran's Post-Election Balance", Open Democracy, 22-1-07.
  8. Haaretz, Tel Aviv, 25-10-06.
  9. El 19-9-06, el juez federal Ariel Lijo procesó al ex secretario de Inteligencia de Menem, Hugo Anzorregui, al ex juez Juan José Galeano y al ex titular de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Rubén Beraja, por presunto delito en la investigación del atentado a la AMIA. Clarín, Buenos Aires, 20-9-06.
  10. Mahmud Mobarak, "The Reality of the Iran-US Game", Al-Hayat, 27-12-06.
  11. BBC World, 13-11-03. Paralelamente a ese informe la prensa argentina se hizo eco de consideraciones políticas británicas, opuestas a la extradición (ver el precedente de Augusto Pinochet).
  12. El comercio entre ambos países había dejado un saldo superior a 6.000 millones de dólares en favor de Argentina en el período 1979-2003.
  13. Los sucesivos gobiernos argentinos, sobre todo el de Carlos Menem, Presidente en el momento de los hechos, fueron cuestionados por las graves carencias de la justicia.
  14. Chávez aceptó reemplazar su embajador en Buenos Aires, luego de que éste tratara de demostrar que había funcionarios argentinos que estaban en desacuerdo con Kirchner respecto de Irán. Clarín, 24-11-06.
  15. Clarín, Buenos Aires, 6-9-03.
  16. La Nación, Buenos Aires, 24-9-06.
  17. Clarín, Buenos Aires, 12-11-06.
Autor/es Ignacio Klich
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 93 - Marzo 2007
Páginas:7,8,9
TraducciónCarlos Alberto Zito
Temas Estado (Política), Política internacional
Países Argentina, Irán