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Recuadros:

Diseñar un plan de acción

Resulta indispensable debatir sobre el establecimiento y control de cumplimiento de las normas de garantía de la calidad ambiental, la distribución planetaria del empleo y la riqueza, la puja entre la actual sociedad de consumo irresponsable y desigual y el establecimiento de pautas culturales de consumo responsable, la orientación de la evolución tecnológica y la aparición de tecnologías crecientemente menos agresivas para con el ambiente...

No hay dudas de que, de acuerdo a cómo se lleve adelante la necesaria transformación desde un orden socio-económico-político de producción y consumo basado en la explotación intensiva de recursos naturales en pos de otro orden sujeto a restricciones en beneficio de legítimos intereses colectivos, dependerá la suerte de sociedades y territorios concretos y del planeta.

Sin embargo la solución no surgirá desde una formulación teórica, sino desde una iniciativa política con todos los ingredientes necesarios: incorporación o valoración del tema en la agenda pública, aparición y consolidación de un núcleo militante de defensa de los valores ambientales emergentes en lugares donde hasta ahora no fueron el centro de la atención política, y lucha en los espacios de definición política (parlamentos, gabinetes, etc) contra las fuerzas socio-económicas defensoras del statu quo, por instrumentos que garanticen el establecimiento de políticas fundadas en una nueva perspectiva, más abarcadora.

Analizar el contexto

Es sobre esta cuestión que debe centrarse el enfoque, desde una perspectiva que no excluya consideraciones técnicas, políticas, históricas, económicas, sociales y culturales. Existe el temor (por cierto, no infundado) de que las imprescindibles luchas sociales por la sostenibilidad se transformen en reacciones comarcales carentes de contextualización, o bien que definitivamente se consolide a escala global un estándar dual, no determinado ya exclusivamente por niveles de pobreza/ riqueza sino por la calidad política.

Para los países de "desarrollo insuficiente" 1, resulta indispensable que la protección de sus recursos naturales y el ambiente no se convierta en un impedimento para el desarrollo. Como condición previa es necesario que el debate deje de pendular exclusivamente entre la defensa de la rentabilidad privada (sobre todo de corto plazo) y una cierta visión ambientalista, cuasi-religiosa, de los recursos y su uso. No para buscar un "justo medio" conciliador, sino porque tales extremos "fuertes" ocultan otros aspectos que también deben analizarse. Vayan como ejemplos algunos tópicos formulados como afirmaciones -obviamente sujetos a cuestionamiento- y dados como aportes al necesario debate:

a) Las "revoluciones tecnológicas", a la vez causa y consecuencia de un mayor nivel de actividad y complejidad económica, pueden dar soporte a las políticas de extensión de la ciudadanía y el bienestar y nunca ocurren en el vacío.

En efecto, no es posible avanzar hacia una sociedad de "desarrollo suficiente" en un contexto de baja actividad económica. El volumen de ésta es condición necesaria (no suficiente) de impulso a la reflexión crítica y a la agregación inteligente de valor, no sólo de la producción destinada al mercado, sino en lo referido a todos los aspectos de la esfera pública.

b) Las actuales "revoluciones tecnológicas" en marcha ponen en cuestión el modelo de explotación intensiva de los recursos naturales.

Esto es una buena noticia. Tanto la revolución de la informática y las comunicaciones, como la genética, la popularización de técnicas racionales de uso del agua (sobre todo el riego gota a gota) e incluso la explosión de los combustibles "bio", posibilitarían alcanzar estándares crecientes de actividad económica y generación de producto con una menor lesión al ambiente. Sin embargo, no está claro que esas revoluciones se expandan a escala planetaria en idéntico sentido; para ello se necesita una articulación política a favor de la innovación, imposible en contextos de baja calidad institucional y con reglas de funcionamiento arbitrarias, o en sociedades refractarias a las transformaciones.

c) En el actual estado del desarrollo político y tecnológico, para poder preservar recursos naturales es indispensable contar con un soporte económico que evite la presión sobre los mismos.

Por lo tanto el desarrollo no sólo no es antagónico con el cuidado ambiental, sino que, al contrario, es condición de su existencia. Aunque no siempre fue así, lo cierto es que actualmente, y al menos desde la crisis del petróleo de 1973, los países que más y mejor cuidan el ambiente son aquellos que han construido poderosas economías y gobiernos calificados (el emblema son los países escandinavos), y por lo tanto disponen de recursos suficientes y bien dirigidos a varios fines: financiar la investigación científica, promover la renovación tecnológica con estímulos públicos, sustraer espacios naturales de la voracidad mercadista, orientar a su ciudadanía hacia la demanda de productos cuya producción supone un menor impacto ambiental, etc.

d) La simplificación pendular entre el uso o el no-uso de los recursos naturales evita la discusión sobre el necesario cambio cultural en los modos de consumo y producción, mucho menos impulsado en los países de "desarrollo insuficiente".

La opción restrictiva (no explotar una mina, no emprender una actividad, no permitir la pesca comercial, no consumir tal o cual cosa, etc.) para preservar los recursos naturales puede ser indispensable en muchos casos para compensar años de abusos; pero aun en el dudoso caso de que pudiera controlarse taxativamente, no deja de ser simplificadora, porque evita el difícil pero necesario abordaje sobre modos de uso posible de los recursos y tiende a la sobre-especialización territorial. Cualquier actividad mal desarrollada (el turismo, la agricultura, la minería, el comercio, etc) es lesiva para el ambiente, mientras que bien desarrollada puede promover un contexto económico complejo y la cohesión social.

Por lo tanto, debe incentivarse la mirada sobre el "cómo", antes que sobre el "sí" o el "no" sin matices ni atenuantes. Ya no se trata de usar (explotar) o no usar (no explotar) los recursos, sino de cómo y en qué condiciones hacerlo.

e) El desarrollo no tiene que ver con lo que una sociedad tiene, sino con qué se hace con los recursos de que dispone.

Ni antes, cuando en el auge del industrialismo se manifestaba desprecio por la disponibilidad de recursos naturales, ni ahora, cuando la valoración de los recursos naturales es creciente, la sola disponibilidad de estos recursos impulsa o impide un proceso de desarrollo. El tema es... ¿qué hacer?. Lo que determina el desarrollo es la inteligencia institucional para dotarse de herramientas de uso y explotación racional de los recursos.

f) No existe a la fecha, aunque pareciera indispensable y urgente que se construya, un mecanismo de compensación económica hacia los territorios que, requeridos por un mejor orden ambiental global, se abstienen de usar (en beneficio global y a raíz de una restricción de ese orden) recursos que podrían incluir en el proceso económico.

Resulta poco responsable de parte de los Estados desarrollados impulsar, sugerir o generar condiciones de no-uso de los recursos naturales en los territorios de "desarrollo insuficiente" (como los bonos verdes derivados del mantenimiento del bosque nativo), luego de que, en los últimos 200 años, esos Estados han tenido en general una actitud predatoria, que entre otras cosas les permitió acumular el excedente económico suficiente para constituir sociedades cohesionadas socialmente y relativamente mejor organizadas.

El "negocio" económico de la preservación absoluta tiene como contracara migraciones masivas y órdenes políticos de altísima hegemonía estatal, por falta de una actividad económica suficiente para constituir una sociedad civil lo suficientemente autónoma de los recursos estatales.

g) Por último, pero no menos importante, es preciso señalar que hay un correlato casi perfecto entre subdesarrollo y sospecha al poder público, a causa de la toma de decisiones no fundada en información de calidad y basada en intuiciones o en propaganda mediática. A la inversa, la existencia de instituciones públicas creíbles y la toma de decisiones contextualizadas parecieran ser fundamento de procesos de desarrollo.

La experiencia histórica indica que poner bajo sospecha las palabras del poder es una actitud al menos prudente; pero la constitución de una sociedad de desconfianza se transforma en un escenario paralizante que, a la larga, ni permite el desarrollo ni garantiza la sostenibilidad ambiental.

Superación de los conflictos

En suma, se debe evitar la lectura simplificada del fenómeno "desarrollo y ambiente", sin que ello implique dejar de impulsar políticas nacionales, provinciales y locales articuladas que hagan de nuestro entorno una prioridad. Resulta necesario generar estándares, fortalecer y calificar al Estado; evitar el regresionismo; comprender la complejidad económico-social de desmontar una economía global basada en el consumo; contribuir propositivamente en el impulso de espacios de planificación; fortalecer el cuidado ambiental-local; repensar nuestras ciudades (que se proyectan cada vez más energético-dependientes); formar recursos humanos que en todos los planos incluyan la mirada de sostenibilidad ambiental y, sobre todo, trabajar para reconstruir un espacio público (material y simbólico) de calidad basado en el diálogo, la confianza, el cumplimiento de la ley, el reconocimiento de intereses y la creación de un clima orientado a la superación de conflictos. 

  1. Esta denominación designa a aquellos Estados nacionales signados por un conjunto de características típicas, fácilmente verificables en términos estadísticos, sobre todo basadas en estas cuestiones: nivel de producto per cápita relativamente bajo, pero en especial mal distribuido tanto social como territorialmente; amplios sectores sociales sin acceso a los beneficios formalmente consagrados de la ciudadanía social; un sistema político relativamente débil para equilibrar intereses; economía altamente dependiente de uno o unos pocos sectores competitivos a escala internacional (y por lo tanto muy vulnerables externamente); baja producción de alternativas tecnológicas propias (patentes) basadas en una reflexión sobre producción y sostenibilidad.
  2. A partir de la firma del Protocolo de Kyoto, y crecientemente en la medida en que la cuestión se regule por parte de los Estados signatarios, las empresas podrán "compensar" acciones ambientales negativas (por ejemplo, ciertas emanaciones), con la certificación de acciones en sentido opuesto, por ejemplo el sostenimiento de un bosque nativo o la implantación de nuevos con especies adecuadas. En el primer caso, la opción -aunque ambientalmente valedera y elogiable- si fuera llevada a extremos implicaría una detracción decidida de recursos del sistema productivo. De todos modos, estas acciones, denominadas "estímulo a los mecanismos de Desarrollo Limpio" deben ir incorporándose y perfeccionándose.

Provincia de Corrientes: algunos datos estadísticos

Quetglas, Fabio J.

Habitantes: 930.991 (Censo 2001, INDEC)
Personas NBI: 28,5% (Censo 2001, INDEC)
Pobreza: 56,1% (segundo semestre del 2005/ EPH -
Nivel país: 33,8%).
Indigencia: 24,4% (segundo semestre del 2005/ EPH -
Nivel país: 12,2%).
Desocupación: 7,9% (segundo semestre del 2005)
Subocupación: 7,9% (segundo semestre del 2005)
Empleo: 34,3% (segundo semestre del 2005)
Empleados públicos: 59.353 (fuente: Sisper, Ministerio de Hacienda, Corrientes, 2006)

El nivel de desempleo relativamente bajo oculta un alto porcentaje de la población desalentada de buscar empleo (por la larga extensión de la crisis pasada, por disponer de otras estrategias de supervivencia, por la vigencia de niveles salariales no atractivos y también por una estructura etaria de base muy amplia que ubica a un porcentaje grande de la población en la adolescencia y la primera juventud).

Sector forestal
 340.000 hectáreas forestadas (fuente: Dirección de Recursos Forestales, Corrientes, 2006).
 1.500.000 hectáreas potenciales para forestar.
 Participación del sector en el PBI (en diez años pasó del 4,9 al 19%)
 235 aserraderos en la provincia ocupan a 4.500 personas.
 Tasa promedio de crecimiento de la implantación:
6-8%/año.
 Participación de las manufacturas de origen forestal en las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario de la provincia (70%).

Un crecimiento moderado (un 5% anual) de la inversión de manera relativamente homogénea en los distintos eslabones de la cadena forestoindustrial (plantines, implantación –17.000 has adicionales por año–, cuidados, raleo, aserramiento, secaderos, manejo de residuos, elaboración de las manufacturas más simples: tablones, molduras, impregnaciones, pisos) implicaría una creación aproximada de 3.000 empleos directos (1% de la PEA por año) y un enorme impacto en la cantidad y calidad de los empleos indirectos, dependiendo del grado de territorialización de la agregación de valor.


Autor/es Fabio J. Quetglas
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 95 - Mayo 2007
Páginas:40,41
Temas Desarrollo, Política, Trabajo