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El voto contra

"Los populismos y gobiernos de centroizquierda que hoy representan las aspiraciones de las grandes mayorías en varios países latinoamericanos, deben tomar en cuenta que o superan de algún modo la lógica interna del sistema, o esa misma lógica acabará por apartarlos del apoyo popular" 1.
Suele considerarse de mal gusto citar la propia prosa, pero es difícil en este caso resistir a la necesidad: las derrotas oficialistas en los comicios de la Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego, que deben agregarse a otras anteriores -Misiones, Santiago del Estero 2- acaban de certificar que el gobierno de Néstor Kirchner empieza a ser percibido por variados y cada vez más amplios sectores de la ciudadanía como "más de lo mismo", la peor de las calificaciones por parte de una sociedad que hace apenas un lustro exigió que "se vayan todos" los miembros de la clase dirigente.
Es preciso recordar para entender. Después de la pueblada de diciembre de 2001, y a pesar de ser casi un desconocido a escala nacional, Néstor Kirchner fue designado candidato del peronismo porque casi todos sus correligionarios figuraban en primerísimo lugar en la lista del "que se vayan". Luego, su rival en la segunda vuelta de las presidenciales, Carlos Menem, otro peronista, decidió no presentarse porque siendo el mascarón de proa de todo lo que la sociedad rechazaba en ese momento, las encuestas lo daban perdedor hasta tal punto que, entre dos papelones, eligió el más acorde con su naturaleza: esconderse, no dar la cara, huir del veredicto popular. Y no resulta arbitrario recordar aquí, porque prueba que el lento despertar de conciencia de la sociedad viene de lejos, que si el ignoto peronista Kirchner triunfó con su promesa de "país en serio", un par de décadas antes el radical Raúl Alfonsín había derrotado al peronismo, por primera vez en elecciones nacionales, citando el Preámbulo de la Constitución...
Alfonsín terminó como ya se sabe, víctima de un golpe financiero y de sus propias vacilaciones, a pesar de algunos notables avances en el plano institucional, con el ejemplar juicio a las Juntas Militares como emblema. Kirchner puede terminar como se está viendo, porque no ha sabido, o no ha querido hasta ahora, diferenciarse de la fatídica percepción ciudadana de que acabará siendo "más de lo mismo".

Negociar con el establishment

¿Es justo afirmar esto de un gobierno que asumió en las condiciones en que asumió para enfrentar una crisis de extrema gravedad? A estas alturas, sin la menor duda. Todo lo que en los dos primeros años podía y debía atribuirse a la necesidad de instalarse, formar un equipo, definir prioridades y una agenda de crisis, etc., en el contexto de una dirigencia corrupta e ineficaz y una sociedad movilizada, pero desencantada, de escasísima cultura cívica y por momentos y sectores decididamente frívola y superficial, ya no es posible justificarlo ahora.
En la alternativa de montarse en la ola de descontento y movilización popular o negociar con el establishment económico, político, mediático y sindical para intentar el prometido "país en serio", Néstor Kirchner no tardó en mostrar qué camino había elegido. Su única apelación directa a la ciudadanía en un tema trascendente se produjo cuando se dirigió al país por la cadena nacional de radio y televisión para anunciar que había solicitado del Congreso una solución rápida a la necesidad de renovar de manera inmediata y transparente la Corte Suprema de Justicia.
Pero luego del óptimo resultado obtenido, no volvió a intentar el método. Sus únicas líneas claras de trabajo hacia un "país en serio" fueron en su momento la renegociación de la deuda externa y, desde el principio, orientaciones republicanas firmes en el Ministerio de Salud y en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, lo que por cierto le ha valido la oposición cerrada de la Iglesia Católica y del establishment de derechas.
En cuanto al resto, no puede decirse hasta ahora que no sea "más de lo mismo", o al menos de la misma inmovilidad. Se han pospuesto -quizá anulado; en cualquier caso no se habla- los proyectos de reforma fiscal, de transparencia institucional, de reforma de la Ley de Asociaciones Profesionales, de reforma política y financiación de los partidos políticos. Se han renovado en cambio entre gallos y medianoche, y de manera ilegal, los permisos de antena a los grandes grupos mediáticos; continúan las escandalosas subvenciones a empresas privadas de transporte sin una contraparte de control y exigencias de calidad; deviene fuertemente sospechosa la pasividad oficial ante las compañías multinacionales que explotan los recursos energéticos, cuando resulta evidente que el país se encamina hacia una crisis muy grave en el sector 3; continúa el remate de centenares de miles de hectáreas a inversores extranjeros, fenómeno único en el mundo 4 y el promedio de deforestación en el país es seis veces mayor que la media mundial 5; comienzan a emerger turbios negocios en los que estarían involucrados altos funcionarios que para colmo, luego de ser desplazados ante el escándalo y la investigación judicial, "reaparecen" subrepticiamente en otras funciones 6; sale progresivamente a la luz una corte de empresarios "amigos" que hacen negocios con obras públicas, casinos, multimedios 7...

Un lenta erosión

Pero con todo, no parecen ser éstos, al menos por ahora, los principales factores de erosión del crédito oficial ante los ciudadanos. En cuanto a "negocios", si en algo se diferencia este gobierno de los demás es que parece haberlos acotado a un círculo áulico algo más estrecho. Y no hay que olvidar que Néstor Kirchner gobierna a la misma sociedad que votó dos veces a Carlos Menem; a la misma clase media que se hizo famosa en Miami como la "deme dos" y a los mismos sectores populares que toleran y hasta aplauden a dirigentes sindicales y políticos notoriamente corruptos. A una sociedad, en suma, bastante lamentable.
Lo que está minando al gobierno nacional desde los bordes, es decir desde las municipalidades y provincias, es su manifiesta ineficacia ante los problemas cotidianos de la gente. Si se toma por caso la Ciudad de Buenos Aires, a poco de asumir y con el respaldo de la esperanza ciudadana, el gobierno no tuvo problemas en que su candidato Aníbal Ibarra fuese reelecto y derrotara a Mauricio Macri, el mismo que ahora ha derrotado ampliamente al candidato oficialista Daniel Filmus. Ocurre que la gestión de Ibarra no pasó, como las anteriores, del "marketineo" político. Fue nula en el tema del tránsito, del transporte, de la limpieza, de la seguridad, de los ruidos, de la polución, de los "ñoquis" 8, de la eficacia administrativa. Ibarra fue desplazado porque le "cayó" la tragedia de Cromañón 9, del mismo modo que una tragedia similar puede caerle a cualquier gobierno tan inoperante y simulador como el suyo.
Y si un gobierno -municipal, provincial o nacional- no es capaz de atacar con un mínimo de resultados problemas del orden de la pura gestión de las cosas, ¿qué otra cosa que el repudio ciudadano puede esperar? El tema de los trenes de cercanías en Buenos Aires, con sus subsidios millonarios, su desvergonzada gestión y su humillante ineficacia -que ya ha provocado más de un motín grave y cualquier día provoca una tragedia peor que Cromañón- clama al cielo; del mismo modo que el tema de los radares y la gestión de los aeropuertos nacionales. O el del fútbol y sus tragedias semanales (la última, a finales de junio), que cualquier gobierno medianamente firme y eficaz ya hubiese intentado empezar a resolver suspendiendo el campeonato e interviniendo la Asociación del Fútbol Argentino...
Y si el gobierno -municipal, provincial, nacional- no puede resolver algunos o ninguno de esos problemas porque se ha encontrado con un entramado político-empresario-sindical-policial de enorme poder, ¿acaso espera solucionarlos negociando con el entramado, o creando un entramado paralelo?
Un analista llama a Mauricio Macri, con toda razón, "hombre de negocios con el Estado" 10, como si hacer negocios con el Estado fuese ilegal o como si todos los gobiernos argentinos, incluyendo al actual, no hubiesen tenido "sus" hombres de negocios. Desde el punto de vista ciudadano, el problema es que esos negocios sean legales, transparentes y que redunden en beneficios para todos, que para eso interviene el Estado. Y si casi nunca ha sido así, tampoco ahora.
El gobierno o sus aliados han sido derrotados por un radical en Santiago del Estero, por un cura católico en Misiones, por un neoliberal en la Ciudad de Buenos Aires y por una mujer de centroizquierdas en Tierra del Fuego. Es altamente posible que en septiembre próximo pierda en Santa Fe ante Hermes Binner, un socialista. Parece evidente que por ahora no se trata de una "ola de derechas", sino de un reclamo de honestidad y eficacia; de cambiar a ineptos y/o corruptos por, al menos, una nueva esperanza.
El caso de los socialistas santafesinos es emblemático. Desde 1989 han ido ganando adhesión popular mediante una eficaz, sensible, honesta y discreta gestión de la municipalidad de Rosario, seguramente la ciudad mejor administrada del país y la que mejor luce. Esos antecedentes, y no el "marketineo" o el pasteleo político, es lo que votarán los santafesinos el próximo septiembre.
En las últimas cuatro décadas el peronismo ha tenido la oportunidad de mostrar todas sus caras en el gobierno: el lópezreguismo con Juan Perón; el neoliberalismo con Carlos Menem y ahora, con Néstor Kirchner, lo que podría llamarse el neocamporismo, es decir una versión madura de aquel peronismo juvenil, progresista y renovador al que sólo se permitió gobernar 45 días, entre mayo y junio de 1973.
Pero este gobierno ya lleva casi cuatro años, y aunque es muy probable, no es seguro que vaya a disponer de cuatro más para demostrar que no es más de lo mismo.

  1. Carlos Gabetta, "Tareas para las izquierdas", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Bs. As., junio de 2007.
  2. Eduardo Aulicino, "Otro golpe al mito de la invencibilidad", Clarín, Buenos Aires, 25-6-07.
  3. Alfredo E. Calcagno y Eric Calcagno, "Al borde del abismo energético", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Bs. As., abril de 2005. Los nuevos contratos fueron denunciados por el ex senador radical Hipólito Solari Irigoyen y por el ex gobernador kirchnerista Sergio Acevedo. Ver en este número Bernal, pág. 4 y "Acevedo sigue con sus denuncias...", Clarín, Bs. As., 28-6-07.
  4. W. Pengue, "Extranjerización del territorio argentino", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Bs. As., abril de 2007.
  5. El País, Madrid, 26-7-07.
  6. Jesica Bossi, "Sospechoso con nuevo empleo", Noticias, Buenos Aires, 23-6-07.
  7. Alfredo Sainz, "Empresarios K: negocios de la mano del poder", La Nación, Buenos Aires, 24-6-07.
  8. Así se llama en Argentina a los empleados públicos (muchos miles, en todo el país) que cobran su salario sin cumplir función alguna.
  9. En diciembre de 2004, un incendio en la discoteca Cromañón, de Buenos Aires, provocó la muerte de 197 jóvenes. La discoteca estaba habilitada, a pesar de sus pésimas o inexistentes condiciones de seguridad.
  10. Horacio Verbitsky, Página/12, Buenos Aires.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 97 - Julio 2007
Páginas:3
Temas Ciencias Políticas, Estado (Política)
Países Argentina