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La defensa antimisil en la psiquis estadounidense

Los ministros de Defensa de la OTAN aprobaron tácitamente, el pasado 14 de junio, el proyecto de escudo antimisil estadounidense en Europa, mientras aceptaban el ofrecimiento ruso de cooperación. El activismo de Estados Unidos, que contrasta con la inexistente visión europea, se funda más en una “teología política” que en un análisis estratégico.

En un informe parlamentario del 28 de marzo de 2001, la Asamblea Nacional francesa examinó los proyectos estadounidenses de defensa antimisil 1. Publicado seis meses antes de que fueran derribadas las torres gemelas de Nueva York, el documento interpretaba estos proyectos como basados no tanto en un "análisis estratégico" como en una "teología política". Esta teología estaría dotada de una trinidad identificable: el "fantasma de seguridad absoluta de Estados Unidos", "el mito de la frontera" (aquí, la frontera tecnológica) y "una dicotomía buenos-malvados". Entonces, el informe denunciaba: "El Imperio del Mal ya no es un determinado Estado, la Unión Soviética, sino una categoría de Estados relativamente fluctuante, hoy Corea del Norte, Irak o Irán, y mañana quizás otros".

A principios de 2007, el anuncio de la próxima instalación en Europa de elementos del programa "Missile Defense" estadounidense vino a reactivar las especulaciones sobre su significado. Los interceptores de Polonia y los radares checos provocaron la reacción de Moscú, preocuparon a los "Viejos Europeos" y marginalizaron a una Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), repentinamente muy incómoda.

Los comentarios de la prensa se concentran sobre todo en las reacciones rusas, pretexto para establecer innumerables paralelismos históricos que resucitan la Guerra Fría. Sin embargo, el fondo del debate se sitúa en otra parte. Por ejemplo, en las pistas que lanzó el informe parlamentario francés de 2001. Obsesión de invulnerabilidad, tropismo de frontera y "moralización" de la política internacional: ¿cómo explica esta grilla de lectura el eterno regreso de la defensa antimisil estadounidense, a pesar de los nuevos cuestionamientos consecuencia del 11 de septiembre?

 Armas nucleares obsoletas

 En 1957, la defensa antimisil estadounidense nació de una brutal toma de conciencia, la de la vulnerabilidad de Estados Unidos. En efecto, el primer Sputnik comenzó a girar alrededor del planeta. Traumatizado por su famosa señal, que en sus oídos sonaba como el doblar de campanas, Estados Unidos tuvo que dejar de pensarse como una isla inalcanzable: este éxito espacial abría a los soviéticos la posibilidad de alcanzar el territorio estadounidense con ayuda de misiles balísticos intercontinentales.

Desde 1957 el programa defensivo "Nike-Zeus" previó interceptores de largo alcance con carga nuclear, capaces de destruir en vuelo los misiles que apuntaran a Estados Unidos. John Fitzgerald Kennedy, elegido en 1960 con un discurso sobre el "retraso americano" en materia balística (el missile gap), fue el primer Presidente que comprometió resueltamente a su país tanto en un programa de perfeccionamiento de los misiles balísticos intercontinentales 2 como en la vía de la defensa antimisil. En 1966, el programa "Sentinel" planteaba instalar silos de misiles interceptores en torno a algunas ciudades estadounidenses para proteger los grandes centros de población, probables objetivos soviéticos. Se previó la protección de veinticinco sitios, dotándolos también de misiles con cabeza nuclear que se suponía podían destruir los misiles enemigos tanto más acá como más allá de la capa atmosférica.

Ante la fuerte reacción negativa de los ciudadanos estadounidenses que no concebían vivir con armas nucleares en su puerta, "Sentinel" se transformó en 1974 en "Safeguard", un programa "derivado" que no protegía ya los centros urbanos, sino los lugares de lanzamiento de misiles intercontinentales. No obstante, en esos años '70 Vietnam profundizó los déficits y, ante el costo del proyecto, "Safeguard" se instaló en un único lugar. Por su parte, la URSS construyó silos de defensa antimisil alrededor de Moscú sin que ninguna reacción de la población impidiera realizar el proyecto de instalación de misiles Galosh, contrariamente a lo sucedido en Estados Unidos.

El Tratado Antimisil Balístico (ABM, en inglés) 3 de 1972 paralizó estos progresos antimisiles paralelos rusos y estadounidenses, creando un equilibrio estratégico. Sin embargo, a partir de 1976 se abandonó el sistema estadounidense por razones de política interior, presupuesto y eficacia técnica, mientras que el sistema instalado alrededor de Moscú, aunque poco potente, permaneció. Para Estados Unidos esta primera carrera antimisil constituyó por lo tanto un fracaso. El joven secretario de Defensa estadounidense que en ese momento debió resignarse a cancelar "Safeguard" se llamaba Donald Rumsfeld. Para Washington, a partir de entonces, el aspecto ofensivo basado en la mejora de los misiles intercontinentales marginalizó lógicamente el aspecto defensivo. Pero este eclipse de la defensa antimisil terminó con la resonante declaración del 23 de marzo de 1983.

Ese día, en el discurso que oficializó la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDS, en inglés, conocida como "guerra de las galaxias"), el presidente Ronald Reagan anunció su ambición de marginalizar las armas nucleares "obsoletas e ineficaces". El medio: una defensa antimisil global, fundada en satélites y láseres espaciales capaces de interceptar cualquier disparo de misiles balísticos intercontinentales con carga nuclear procedentes de la Unión Soviética 4. Ese discurso marcó la memoria colectiva porque inducía a la carrera de armamentos y a la consecutiva asfixia que puso de rodillas al sistema soviético. Sin embargo, hay que establecer ciertos matices: como se vio, en ese entonces la URSS estaba más adelantada que Estados Unidos en materia antimisilística. Además, la ambición de la IDS fue rápidamente revisada y reducida. En 1987 ya no se trataba de proteger los sitios de lanzamiento de misiles de un primer ataque ruso.

En 1991, la IDS fue rebautizada Protección Global contra los Ataques Limitados y se redujo el número de objetivos que debían interceptarse. Se reprodujo la misma lógica que en 1976 había desembocado en el abandono de "Safeguard": la IDS se desvirtuó con rapidez. El año 1991 marcó una ruptura con el impulso reaganiano, encarnada en la National Missile Defense Act, que en adelante concentró el esfuerzo nacional en una defensa antimisil de teatro (operativa in situ) capaz de interceptar vectores de corto alcance lanzados por Estados "ilegales": la lección de la primera Guerra del Golfo (1990-1991) y de la mediatización de los ataques de los Scud iraquíes, particularmente sobre Israel, surtió efecto. La defensa antimisil de teatro sustituyó entonces a la defensa antimisil de territorio (es decir intercontinental, basada en la oposición entre las dos superpotencias).

De manera que, entre 1957 y 1991, sólo la URSS pudo desplegar un sistema de defensa antimisil intercontinental efectivo. En Estados Unidos se sucedieron los programas apoyados en aparatosas declaraciones políticas, pero ninguno desembocó en un sistema operativo generalizado y coherente.

 Razones morales

 Electo en 1992, el presidente William Clinton había tomado nota del paso de una defensa del territorio a una defensa de teatro, rebautizando la muy reaganiana Organización de Iniciativa de Defensa Estratégica como Organización de Defensa Antimisil Balística, menos ideológica. No obstante, fue bajo su presidencia que apareció por tercera vez el tema antimisil, fruto de una relación de fuerza entre una presidencia demócrata debilitada y, a partir de 1995, un Congreso republicano triunfante en el plano de las ideas. El elemento clave que respaldaba este Congreso era la publicación, en 1998, del informe de una comisión parlamentaria presidida por Rumsfeld, que evaluó de nuevo la amenaza balística mundial basándose ya no en las intenciones de los protagonistas, sino en sus capacidades.

Ese mismo año los ensayos nucleares paquistaníes e indios, el disparo de un misil Taepo-Dong I norcoreano y de un misil iraní validaron el análisis de la comisión Rumsfeld, colocando a los demócratas a la defensiva. Al asumir en el año 2000, el presidente George W. Bush capitalizó este éxito dando un nuevo impulso a la defensa antimisil. La sistematización del concepto por parte de los estadounidenses, así como una extensión geográfica que aumenta las posibilidades de interceptar los proyectiles enemigos en fase de lanzamiento, constituyen desde entonces los signos visibles de esta tercera saga antimisil en la historia estratégica estadounidense.

La idea de defensa antimisil no data por tanto de la segunda presidencia Bush. La seguridad de una invulnerabilidad de su territorio, bendecido por la geografía, ha fundado desde siempre el sentimiento sobre la seguridad de Estados Unidos, que el providencialismo de sus fundadores asimiló muy pronto a una Jerusalén terrestre. En ese contexto, todo ataque a su territorio no sólo constituye una afrenta, sino una profanación del tabernáculo de la libertad. El que lo comete es un sacrílego, pasible de ser alcanzado por el fuego divino. En esta eventualidad de guerra punitiva, la estrategia estadounidense descansa al mismo tiempo sobre una dilección por la ofensiva, influenciada por el general Antoine Henri de Jomini 5, y el postulado de aniquilación estratégica del adversario.

De hecho, la tríada de medios nucleares -submarinos con sistemas de lanzamiento, misiles balísticos intercontinentales, bombarderos estratégicos- permite a Estados Unidos alcanzar prácticamente todo el planeta. ¿Pero de qué vale todo ese potencial ofensivo si la invulnerabilidad del santuario -el territorio estadounidense- ya no está garantizada? Apenas borrada la profanación de Pearl Harbour mediante el fuego nuclear desencadenado sobre Hiroshima, a partir de los años '50 Estados Unidos vivió la capacidad balística nuclear rusa -que podía alcanzar su territorio- como una nueva herejía que se oponía a su destino manifiesto. Herejía tanto más dolorosa cuanto que la postura disuasiva a la cual se ve obligado deja que su defensa repose en la seguridad de una destrucción mutua, que se supone congela el desencadenamiento del apocalipsis. Casuística nuclear perversa, que en la mentalidad estadounidense significa pactar de manera inaceptable con el Mal.

A Oskar Morgenstern, fundador de la Teoría de los Juegos, que en 1959 en The Question of National Defense aún defendía la ofensiva aplicada a la estrategia nuclear, Bernard Brodie pudo responderle al publicar ese mismo año La estrategia en la era de los misiles 6 que la MAD (Destrucción Mutua Asegurada), que "hace depender la seguridad de Estados Unidos de la capacidad del Kremlin de seguir siendo racional", es inaceptable por razones morales 7. De esta necesidad metafísica de una mejor distribución entre ataque y defensa se deriva el categórico imperativo de la defensa antimisil, necesidad moral a la cual la psiquis estadounidense se ve atraída sin cesar.

Es muy importante la fecha del debate de 1959 entre Brodie y Morgenstern, dos años antes de que accediera al poder el presidente Kennedy. Comportarse "moralmente" en la era nuclear implica no considerar la vulnerabilidad estadounidense como una fatalidad. Significativamente, en ese país se cita a menudo el famoso sermón de 1630 A Model of Christian Charity, en el cual el pastor puritano John Whintrop utiliza una fórmula que adquirió una fama asombrosa. Lejos, muy lejos de Maquiavelo, describe a Estados Unidos como una "ciudad sobre la colina" -"City upon the Hill"-, punto de mira regenerador del mundo, obligado a implicarse moralmente en la construcción de las naciones. Once días antes de entrar en funciones, Kennedy citó este sermón 8. Ronald Reagan hizo lo mismo varias veces. A estas dos presidencias "morales" se vincula, como una fuerte señal, el lanzamiento de consecuentes programas antimisiles 9.

En esta filiación, los actuales proyectos renuevan el ciclo. Así, en un discurso de 2000 que precedió a su elección, Bush destacaba su objetivo de reducir la cantidad de misiles nucleares ofensivos "al menor número posible compatible con nuestra seguridad nacional" 10. Ese mismo año, durante una gira europea, el secretario de Defensa Rumsfeld declaraba que proseguir con la defensa antimisil era "una cuestión de moral" y no tecnológica 11. A inicios de su primer mandato 12 el mismo presidente Bush lanzó una revisión nuclear (Nuclear Review) que se pareció a un examen de conciencia nacional que renovaba las purificaciones rituales que Kennedy y Reagan habían anunciado en su época.

El informe parlamentario francés de 2001, que señalaba el fundamento de la defensa antimisil estadounidense como una "teología política", brindaba una de las claves del debate. La primacía de la metafísica providencialista en la psiquis estadounidense y la historia de los programas de Missile Defense, que desde 1957 siempre está recomenzando, dejan entrever que nada hará renunciar a Washington al movimiento que se volvió a reactivar.

  1. Informe Nº 2.961 sobre los proyectos estadounidenses de defensa antimisil, registrado el 28 de marzo de 2001 en la presidencia de la Asamblea Nacional.
  2. Entre otros, aumento del número de misiles Polaris y compra de nuevos bombarderos estratégicos.
  3. Estados Unidos anunció su retiro del tratado, que se hizo efectivo en junio de 2002.
  4. Norman Spinrad, "Guerra de las galaxias: de fantasía literaria a realidad militar", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, julio de 1999.
  5. Militar e historiador, formó parte del Estado Mayor de Napoleón. Escribió varias obras de teoría militar, en especial Précis de l'art de la guerre (1839).
  6. Bernard Brodie, Strategy in the Missile Age, Princeton University Press, 1959.
  7. "Hay que tener una fe extraordinaria en la tecnología o estar desesperado por soluciones alternativas para depender sólo de las defensas activas", Strategy in the Missile Age, citado por Jean-Philippe Baulon en Soixante ans de défense contre les missiles balistiques, Instituto de Estrategia Comparada, París, 2005.
  8. Discurso del presidente John F. Kennedy, Boston, Massachusetts, 9-1-61.
  9. La justificación "moral" de la IDS marcó las mentes: "¿No sería mejor salvar vidas que vengarlas?" (Ronald Reagan, discurso televisado del 23-3-83).
  10. "Press Conference on Security Matters at the National Press Club", Federal News Service, Washington, 23-5-00.
  11. Citado por Ivo Daadler y Karla Nieting en La stratégie de défense antimissile des États-Unis, Anuario francés de relaciones internacionales, París, 2002.
  12. El objetivo de esta revisión era la posible reducción de las cabezas nucleares estadounidenses: de 7.500 a 2.500.
Autor/es Olivier Zajec
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 97 - Julio 2007
Páginas:16,17
Traducción Teresa Garufi
Temas Ciencias Políticas, Relaciones internacionales, Armamentismo
Países Estados Unidos