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El temible naufragio de Palestina

Estados Unidos y la Unión Europea reanudaron la ayuda a la Autoridad Palestina tras la expulsión de Hamas –vencedor en las elecciones– del gobierno. La pregunta clave es si Israel está dispuesto a retirarse de los territorios ocupados en 1967 y a permitir un Estado palestino independiente. La complacencia de la comunidad internacional para con el gobierno israelí desde hace 10 años deja poco lugar al optimismo.

¡Hay que salvar al presidente Mahmud Abbas!, proclama unánime y a los cuatro vientos la "comunidad internacional". Y presenta audaces propuestas: reanudar la ayuda a la Autoridad Palestina; aliviar el sufrimiento de la población civil; iniciar negociaciones de paz para apoyar a los palestinos "moderados". Hasta Ehud Olmert descubre de repente que Abbas es un "interlocutor" con el que se puede discutir la paz. La Casa Blanca y la Unión Europea, que durante años ignoraron los abrumadores informes sobre la situación en Cisjordania y en Gaza, publicados por instituciones tan dispares como el Banco Mundial, Amnesty International o la Organización Mundial de la Salud, parecen por fin salir de su prolongado letargo.

Ese repentino despertar fue provocado por la inapelable victoria de Hamas en Gaza. Sin embargo, ni Estados Unidos ni Israel habían escatimado los medios militares provistos a Al Fatah para que pudiera imponerse, autorizando en varias ocasiones el paso de armas para la Guardia Presidencial y para la Seguridad Preventiva 1. De nada sirvió. La deserción de la mayoría de los responsables militares de Al Fatah (Mohammed Dahlan, Rachid Abu-Shabak, Samir Masharawi), que prefirieron esconderse en Cisjordania o en Egipto en lugar de mantenerse junto a sus tropas, es uno de los elementos que explican la dura derrota. Otro factor fue la incapacidad de Al Fatah para reformarse, para cambiar su condición de partido-Estado en un Estado inexistente, por el de una fuerza política "normal": el nepotismo, la corrupción y el clanismo siguen gangrenando la organización fundada por Yasser Arafat.

Pero la injustificable ferocidad de los enfrentamientos registrados en Gaza entre Hamas y Al Fatah muestra también el desquicio de la sociedad palestina, acelerado por dieciocho meses de boicot internacional. Ejecuciones sumarias, venganzas y saqueos caracterizaron los combates, en los cuales cada bando acusaba al otro de estar pagado por fuerzas extranjeras. Ya el 12 de enero, en el curso de una reunión organizada en Gaza, Dahlan había incitado a la muchedumbre a acusar a los "chiitas" de Hamas 2. Por su parte, la organización islámica denuncia a sus enemigos como agentes de Israel y de Estados Unidos, o simplemente los acusa de koffars (infieles). La periodista israelí Amira Hass apunta que "los dos bandos transforman a los civiles en rehenes, y los condenan a morir en los combates callejeros, sacrificando la causa palestina en el altar de su rivalidad" 3. Palestina paga la militarización de la lucha política; militarización a la que se suman el culto de la violencia y una cultura machista.  

En un texto desesperado, enviado por internet el 12 de junio, el psiquiatra palestino Eyad Serraj lamentaba la situación: "Cuánto odio y cuántos llamados tribales a la venganza. No se trata sólo de una lucha político-militar por el poder (...) Todos nosotros fuimos derrotados por Israel, y ese sentimiento de humillación se proyecta contra enemigos más pequeños en nuestro propio seno. Israel nos maltrató mediante la opresión y la tortura, provocando dolor y traumatismos que ahora muestran su rostro ruin a través de una violencia tóxica y crónica...".

Por su parte, el periodista israelí Gideon Levy describe así el legado de cuarenta años de ocupación: "Esos jóvenes que vimos matarse unos a otros con tanta crueldad, son los hijos del invierno de 1987, los hijos de la primera Intifada. La mayoría nunca había salido de Gaza. Durante años vieron a sus hermanos mayores golpeados e insultados, a sus padres prisioneros en su propia casa, sin trabajo y sin esperanzas. Toda su vida transcurrió a la sombra de la violencia israelí" 4.

Boicot económico internacional

¿Puede aún detenerse el naufragio de Palestina? Quizás, si se vieran -por una vez- los efectos de las declaraciones estadounidenses y europeas; si la "comunidad internacional" decidiera por fin imponer la creación de un Estado palestino. Hace cinco años, en junio de 2002, el propio presidente George W. Bush adhirió a una paz fundada en la existencia de dos Estados que vivirían uno junto al otro. Sin embargo, desde entonces no se hizo nada.

Recordemos los hechos. Durante los años 2003-2004 el gobierno israelí proclamaba que el único obstáculo a la paz era Yasser Arafat. El viejo líder estaba sitiado en los pocos metros cuadrados de su cuartel general de la Muqata, en Ramallah, y Ariel Sharon proclamaba: "Nuestro Ben Laden es Yasser Arafat". La "comunidad internacional" dejaba hacer.

Cuando Arafat murió el 11 de noviembre de 2004, Mahmud Abbas lo reemplazó al frente de la Autoridad Palestina. El más "moderado" de los dirigentes de la Organización de Liberación de Palestina (OLP) estaba resuelto a reactivar el "proceso de paz", pero sus gestos de apertura no dieron resultado: se aceleró la colonización y también la construcción del muro de separación; los puestos de control hicieron que ir de un pueblo a otro se convirtiera en una odisea de resultado incierto. Así se creó un terreno fértil para la victoria de Hamas en las elecciones del Consejo legislativo de enero de 2006.

Frente a la población, Hamas supo utilizar tres importantes bazas a su favor: su participación en la resistencia a la ocupación; su red de ayuda social; y la indiscutible entrega de sus cuadros. ¿Pero los electores votaron por el movimiento islamita porque rechazaban la idea de una paz con Israel? ¿Porque deseaban más atentados suicidas? No, todas las encuestas lo confirman: la mayoría de la población aspiraba a una solución basada en la existencia de dos Estados. Por otra parte, Hamas había comprendido eso perfectamente: su plataforma política electoral difería en mucho de su Carta orgánica, que -como la de la OLP en los años 1960- preconizaba la destrucción del Estado de Israel. Varios de sus dirigentes afirmaban que, bajo ciertas condiciones, su movimiento estaba dispuesto a adherir a la creación de un Estado palestino que tuviera como único territorio el ocupado en 1967. 

Inmediatamente después de las elecciones del Consejo legislativo, en enero de 2006, se puso en marcha una estrategia orquestada por Estados Unidos y por Israel, avalada por la Unión Europea, y a la que se sumó una fracción de Al Fatah, consistente en revertir por cualquier medio el resultado de las urnas. Hamas deseaba formar un gobierno de unión nacional, pero las presiones de Estados Unidos impidieron ese acuerdo. El boicot económico castigaba a la población por haber "votado equivocadamente". No afectó para nada la capacidad financiera y militar de Hamas, como lo demostraron los combates en Gaza, pero empobreció a Palestina, y sobre todo aceleró la desintegración de las instituciones.

La "comunidad internacional" había olvidado las lecciones de Irak: cerca de doce años de sanciones contra el régimen de Saddam Hussein no tuvieron ningún efecto sobre la estabilidad del régimen ni sobre el nivel de vida de sus dirigentes. En cambio, el embargo perjudicó a la población, y sobre todo contribuyó a vaciar al Estado de todo contenido: los funcionarios desertaban de sus trabajos para tratar de ganarse la vida, las instituciones básicas dejaron de funcionar, la solidaridad tribal reemplazó al Estado providencia. Cuando Estados Unidos invadió Irak, en marzo de 2003, el Estado se desmoronó como un castillo de naipes. Es cierto que no existe un Estado palestino, pero las estructuras que la Autoridad logró difícilmente construir desde 1993 tampoco resistieron al boicot internacional.

Los acuerdos de La Meca

En febrero de 2007 se abrió una puerta de salida a ese atolladero, con la firma de los acuerdos de La Meca entre Hamas y Al Fatah, bajo patrocinio del rey saudita Abdala. El 12 de febrero, en una entrevista concedida a la televisión saudita Al-Ikhbariyya, el jefe del buró político de Hamas, Khaled Meshal, explicó el programa del gobierno de unión nacional: "No será el de un grupo en particular (...) Cada facción tiene sus convicciones, pero en tanto que gobierno de unión nacional, nos pusimos de acuerdo sobre bases políticas, las que definen nuestros objetivos nacionales y nuestra aspiración, un Estado palestino dentro de las fronteras del 4 de junio de 1967". Esa declaración, como muchas otras, confirmaba una evolución de Hamas 5 que podía ser puesta a prueba por la comunidad internacional. Más aun en la medida en que esa muestra de flexibilidad se vio seguida por la reactivación de la iniciativa de paz árabe, que proponía a Israel una normalización de relaciones con su entorno a cambio de la creación de un Estado palestino 6.

Robert Malley, director del Programa Medio Oriente del International Crisis Group y ex consejero del presidente William Clinton, escribió de manera premonitoria: "El éxito de La Meca dependerá (...) en gran medida, de la actitud internacional. Ya se levantan voces que mientras saludan hipócritamente el esfuerzo saudita, reclaman del futuro gobierno que respete las condiciones previamente impuestas. De la administración Bush no se esperaba nada mejor, ¿pero Europa no aprendió nada de ese fracaso colectivo? Si efectivamente hubo un acuerdo en Arabia Saudita, se debió a que Hamas no fue obligado a realizar una revolución ideológica, que no hará, sino más bien alentado a efectuar una evolución pragmática, que quizás cumpla. (...) El itinerario de Hamas justifica que se lo ponga a prueba: ¿está dispuesto a aceptar y a imponer un alto el fuego recíproco? ¿Está dispuesto a dejar al presidente Abbas libre para que -con el debido mandato en calidad de dirigente de la OLP-  negocie con Israel? ¿Está de acuerdo en que cualquier acuerdo concluido por Mahmud Abbas sea sometido a referéndum? ¿Se compromete a respetar el resultado de tal referéndum?" 7.

Ciega, la "comunidad internacional" se hundió aun más en un atolladero. Mantuvo el boicot, que lo único que podía lograr era reforzar a los elementos más radicales de Hamas. Miró con indiferencia cómo se desintegraba la sociedad palestina. Esa posición tomada se basa en una lógica que acaba de denunciar, en un informe confidencial y abrumador, Álvaro de Soto, coordinador de las Naciones Unidas para el proceso de paz en Medio Oriente 8. Allí explica que a Israel se lo trata "con una gran consideración, casi con ternura". El Cuarteto 9 se convirtió en "un organismo que impone sanciones contra el gobierno electo de un pueblo que vive bajo ocupación, y que para establecer el diálogo impone condiciones imposibles de cumplir", a la vez que evitó cualquier presión sobre el gobierno israelí, en particular en lo que hace a la colonización y al avance del muro. 

En junio de 2006 fue secuestrado un soldado israelí: la "comunidad internacional" prácticamente no reaccionó ante la destrucción, a modo de represalia, de la central eléctrica y de varios edificios civiles en Gaza, ni ante una ofensiva militar que dejó cientos de víctimas. En julio de 2006, dos soldados israelíes fueron hechos prisioneros en la frontera libanesa: durante treinta días la "comunidad internacional" dejó destruir el país del Cedro y sus infraestructuras. De esa manera, al parecer, Israel ejerce su derecho a la "legítima defensa". Y mientras tanto, la instalación de nuevas colonias hace cada vez más improbable la creación de un Estado palestino.

Sin embargo, la extensión del caos no garantiza en absoluto la seguridad de los israelíes. La guerra del Líbano, en el verano de 2006, ya había demostrado su vulnerabilidad ante una guerrilla decidida y bien armada. La prosecución de disparos de cohetes sobre Sderot y la incapacidad del ejército israelí para impedirlos, significa una seria derrota, como lo admitió Zeev Schiff, cronista militar de Haaretz, pocos días antes de que la franja de Gaza pasara bajo control del Hamas: "Israel fue efectivamente derrotado (...) Israel vivió en Sderot algo sin precedentes desde la guerra de independencia, y que quizás no había padecido nunca: el enemigo logró silenciar una ciudad entera y detener en ella cualquier tipo de vida normal" 10. Lo que está ocurriendo en Nahr El-Bared y en los campamentos de refugiados del Líbano, e incluso en Gaza, es decir, la implantación de células extremistas vinculadas con Al-Qaeda, debería recordar a todos que el naufragio de Palestina generará una radicalización descontrolada, y cataclismos para Israel y para toda la región.

  1. Amos Harel y Avi Issacharoff, "Fatah to Israel: Let us get arms to fight Hamas", Haaretz, Tel Aviv, 6-6-07.
  2. Todos los palestinos de Gaza son sunnitas. Pero el apoyo que Teherán brinda a Hamas "justifica" ese tipo de acusaciones.
  3. "Sacrificing the Palestinian struggle", Haaretz, 14-6-07.
  4. Gideon Levy, "Flight from Gaza. Last to leave did turn out the lights", Haaretz, 17-6-07.
  5. Véase Paul Delmotte, "Hamas y el reconocimiento de Israel", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2007.
  6. Contrariamente a lo que afirmaba la propaganda del gobierno israelí, a menudo repetida sin verificación por los medios, esa iniciativa no preveía el "derecho al regreso" de los refugiados palestinos. Exigía una solución "justa" y "negociada" del problema de los refugiados, sobre la base de la Resolución 194 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
  7. "Palestine, l'Europe face à ses responsabilités", Le Monde, París, 13-3-07.
  8. http://image.guardian.co.uk/sys-files/Guardian/documents/2007/06/12/DeSotoReport.pdf
  9. Órgano creado en 2003 para coordinar la acción en Medio Oriente, que reúne a Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas.
  10. "An Israeli defeat in Sderot", Haaretz, 8-6-07.
Autor/es Alain Gresh
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 97 - Julio 2007
Páginas:24,25
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Conflictos Armados, Militares, Geopolítica, Unión Europea
Países Estados Unidos, Israel, Palestina